Cosas que los nietos deberían saber, de Mark Oliver Everett


Mark Oliver Everett es el vocalista y compositor del grupo The Eels. Y Cosas que los nietos deberían saber es su biografía. Contada en una primera persona más directa de lo habitual, con una descarnadura digna de la confidencialidad del más íntimo de los amigos, el autor nos va recorriendo su vida en un estricto orden cronológico, desde el final de su infancia y comienzos de adolescencia, hasta el momento actual, donde lidera una exitosa banda indie/rock de permanente gira mundial.

Y hago hincapié en la descarnadura de su relato porque, pese a saber de la reconocida posición musical del autor y el momento en el que escribe la obra, la atmósfera con la que recrea su vida y todos los avatares que la rodearon es tal, que uno se siente tentado a pensar que el éxito no le llegaría nunca, o que algo terriblemente fatídico enturbiaría, aún más, su penoso camino como músico. Pero, a decir verdad, desde el comienzo, el libro deja caer su peso en las historias de la familia Everett y en los intentos de amoríos del propio autor, narrado todo en el escenario de esa América de principios de los 80, con el calor de los ocasos de verano en Virginia, los descapotables y los porches de las casas esperando, como una pintura de Hopper, que la música suene y la chica dé el primer paso. 

No en vano el eje sobre el que gira su obra y, por tanto, su vida, son las mujeres. Desde el comienzo, el autor va analizando cada tipo de relación que ha tenido y cómo cada mujer ha ido marcando su vida, reconociendo que rara vez se fijó en la acertada. Además, su hermana Liz, con una vida trágica, y su madre, protagonista, por desgracia, de uno de los mejores capítulos del libro, son los puntos de referencia de cada hecho de su vida y, posteriormente, de su música. La relación de la hermana mayor con las drogas; el padre, eminencia en física cuántica, pero figura ausente en la vida de sus hijos y su mujer, hacen que la trayectoria del autor aún sea más digna de admiración, puesto que la dureza emocional que se le ha exigido desde pequeño, fue fraguando en una sublimación artística a la que no abandonó la constancia. Llamando a todas las puertas; presentando grabaciones que pasaban por ser maquetas de estudio; dejando en cada letra el dolor de una vida que nunca alcanzaba a comprender, Everett fue capaz de ir dando los pasos necesarios para lograr el éxito que a día de hoy disfruta. Pero quizá, lo más llamativo de esta historia, es que si bien la música parece ser el esperado colofón de la historia, no resta en ningún momento protagonismo a lo que el autor verdaderamente quiere contar; a saber, la historia de su familia. La historia de él mismo a través de su familia. 

Y es a ella a quien se dirige el final de esta obra. Y el principio, claro. A unos hipotéticos nietos que se pregunten por la causa de todo. Porque, al más puro estilo freudiano, Everett nunca se redime del todo de sus antecedentes y su arte es, una vez más, un tributo a sus orígenes y un canto, desde éstos, hacia el futuro.

Con sinceridad, con estilo y con muy buena música. Así se lee este libro que recomiendo a los amantes de una lectura directa, comprometida y viva.

Publicado por Charo Bejarano   

Los niños del Brasil, de Ira Levin


"Noventa y cuatro hombres tienen que morir en las fechas señaladas y en un plazo de dos años y medio. Todos tienen 65 años. Su muerte constituye el último paso de una operación a cuyo éxito tanto yo como la Organización hemos dedicado muchos años, un gran esfuerzo y buena parte de nuestra fortuna. La esperanza y el destino de la raza aria dependen del resultado."

Así comienza uno de los libros que más impacto me causó al leerlo con 16 años. Recomendado por mi profesora de genética, caí en las garras de esta impresionante historia, que parte de esta base: el asesinato de un centenar de hombres, al parecer sin nada en común; de diferentes nacionalidades y ocupaciones. Sin embargo, por algún extraño motivo, están en una lista negra y empiezan a morir. 

Los niños del Brasil fue escrito en 1976. Aunque el tema que trata puede no parecer tan sorprendente en los tiempos que corren, al leer un libro siempre intento situarme en su marco histórico para comprender el alcance de su contenido. Y es innegable que fue innovador por las técnicas y cruel en su argumento, con un científico loco, frío y calculador. 

Partiendo de un personaje real (aunque la trama es ficticia), nos relata las vivencias y esfuerzos del Dr. Josef Mengele, acérrimo seguidor de Hitler, quien después de la segunda guerra mundial se refugia en las selvas brasileñas donde monta un laboratorio y comienza a clonar (once clones en total) a su ídolo. Es quizá este tema el que más inadvertido pasa en la novela y que quizá hoy en día hubiera podido atraer a más lectores: el exilio de los nazis en Sudamérica.

Para no desprenderse del factor ambiental y educativo de los pequeñines, Mengele trata de recrear y reproducir cada uno los episodios que marcaron la vida del líder nazi. Así que escoge a 94 familias en circunstancias similares a las del propio Hitler y les entrega uno de sus clones a cada una, para 14 años después, organizar una matanza de todos los padres adoptivos, así como ocurriera en la vida del verdadero Hitler. 

Al otro lado de la conspiración, nos encontramos al protagonista, al bueno, al que todos tomaron por loco. Lieberman será el encargado de destapar toda esta conspiración y evitar así la instauración del IV Reich. A lo largo de la novela descubrimos dos personajes totalmente opuestos y a la vez parecidos: dos viejos sin apoyo económico ni moral para los que el tiempo juega en contra y que no consiguen despegarse de sus pasados de viejas glorias, ya sea como alabado científico loco y mano derecha del Fuhrer o como aclamado cazador de nazis.

Magistralmente protagonizada por Gregory Peck y Laurence Olivier, la adaptación cinematográfica de esta obra literaria, rodada en 1978 por Franklin J. Schaffner, es bastante fiel al libro, lamentablemente con un guión demasiado "literal" en algunas ocasiones. Los niños del Brasil se convirtió en una de las primeras películas en tratar temas como la clonación y duplicación humanas que posteriormente han dado para numerosas historias escritas o filmadas, motivo por el cual hay que adentrarse en la historia siendo consciente de los años que lleva ya a sus espaldas.

Publicado por Cristina Serrano   

El factor humano, de John Carlin


Al hablar de deporte no siempre se tiene en cuenta que detrás de un equipo siempre hay una persona que se entrega a su pasión con todas sus fuerzas. Cuando se habla de deportes es fácil ensalzar la figura de algún deportista en particular, nombrando sus logros, sus títulos... aquellas cosas que quedaron en la retina y que nos dieron una idea de cómo es en realidad. Más bien idealizamos a los deportistas como héroes: personas de una fuerza sobrenatural que con su esfuerzo nos administran una dosis temporal de bienestar, como un placebo.

Pero, ¿dónde queda en esa idealización, el "factor humano"? Muchos tenemos en nuestra memoria imágenes recientes de acontecimientos deportivos, como el gol de Iniesta, o Nadal rebozado en la arcilla de Roland Garros... Pero tan solo en algunos destellos de esas imágenes vemos el "lado humano" de estos súper hombres. Lo que John Carlin nos propone en su libro El Factor Humano es analizar los condicionantes humanos que rodearon a un acontecimiento deportivo extraordinario. Nos induce a observar los factores humanos que desencadenaron una serie de acontecimientos imprevistos pero muy deseados, que transformaron un acontecimiento deportivo en un hito de la historia nacional de Sudáfrica. 

El Factor Humano es el título escogido por la editorial Seix Barral para la edición en castellano, aunque el título original sea Playing the Enemy. Esta novela de no-ficción es editada en 2008, con la imagen de Mandela y F. Pienaar (capitán del equipo sudafricano de rugby), en el acto de entrega de la Copa del Mundo de rugby, mientras que en las ediciones posteriores a la película Invictus, protagonizada por Morgan Freeman y Matt Damon y dirigida por Clint Eastwood, que adapta al cine la novela de Carlin, la portada cambia por una imagen de los actores antes nombrados.


La novela comienza unas horas antes de la histórica final de la Copa del Mundo de rugby de 1995, celebrada en Sudáfrica, que enfrentó a los sudafricanos Springboks, contra los temidos All Blacks neozelandeses. Carlin dibuja en la novela los sentimientos que algunos de los protagonistas de la misma tenían justo antes del inicio de tan crucial partido. Aunque todo el protagonismo se vuelca en la figura del presidente Mandela, que será el hilo conductor de todo el libro.

En un flashback, la trama se sitúa en el año 1985 para hablarnos de las relaciones entre Mandela, encarcelado desde 1962, y el ministro de interior del gobierno afrikaner de Sudáfrica, el gobierno del apartheid que elaboró leyes que ponían por escrito la existencia de diferentes razas de hombres desiguales entre ellos y en las que la raza blanca era superior a las demás.
Carlin traza un relato sobre la lucha de Mandela en la cárcel, una lucha silenciosa y constante a través de entrevistas con los miembros más destacados del aparato del apartheid, forjando la figura del líder carismático que siempre ha tenido. A través de entrevistas en las que negociaba las condiciones de su salida de la cárcel, fue esbozando la idea de una nueva Sudáfrica en la que no hubiera razas ni desigualdades, ni discriminaciones... pero tampoco revanchismo. Consiguió hacer creer a los más destacados y recalcitrantes miembros del apartheid, que un gobierno negro presidido por él buscaría la reconciliación, algo que parecía una quimera.

Cuando en 1990 Mandela es liberado, ya era todo un líder internacional, referencia en la lucha por los Derechos Humanos de todos los seres humanos, en especial de los negros (Mandela recibió el premio nobel de la Paz junto con de Klerk en 1993). Sin embargo no todos los blancos creían su discurso de reconciliación, por lo que en más de una ocasión la guerra civil planeó por las cabezas de los sudafricanos.
El rugby, tradicionalmente reservado a los blancos, era un símbolo del opresor blanco. Los Springboks, equipo nacional sudafricano, solo representaba hasta 1995 a la minoría blanca. Mandela consiguió que la nación arco iris que nació tras su entrada en el poder en 1994 sintiera como suyo un equipo de jugadores recios y fuertes, pero más blancos y rubios que un anuncio de champú Johnson (salvo uno de ellos, que era mulato).

Y eso es lo que nos cuenta El Factor Humano, la historia de como un equipo de rugby consigue unir a toda una nación dividida durante décadas por luchas encarnizadas, años de desconocimiento y temor mutuo que se terminaron cuando el bueno de Mandela apareció vistiendo la elástica de los Springboks como otro hincha más.

Mandela es el protagonista absoluto de esta historia real, pero en la novela aparecen multitud de personajes reales, como su carcelero, compañeros de partido político (el Congreso Nacional Africano), los presidentes del apartheid, miembros de la ultraderecha, deportistas... y una larga lista que van dando forma a través de sus testimonios a la historia de un mundial de rugby que cambió la historia de los sudafricanos.

No siempre la mezcla de deporte y política tiene buen fin. No siempre combinan bien y muchos políticos aprovechan los acontecimientos deportivos para ensalzar la diferencia y manipular torticeramente a unos deportistas que dejan de luchar por un resultado deportivo, para combatir por unos ideales políticos de dudoso fin. Pero no en este libro. En todo momento el deporte se presenta como la única posibilidad de realizar la reconciliación de bandos irreconciliables. Ese "factor humano" es el que John Carlin ensalza en este relato.

Leedlo, está muy bien escrito. Trata temas políticos e históricos con un lenguaje asequible, directo y sin dobleces. Es de estos libros con los que aprendes sin proponértelo y que además te crea la curiosidad de indagar sobre aquellas cuestiones que solo se esbozan pero que tienen un hondo calado. Espero que os guste.   

Publicado por Carlos Masó   

El capote, de Nikolái Gógol


Nikolái Gógol es el padre de la novela moderna rusa y el artífice de este delicioso relato dónde la ironía y la tragedia se dan la mano, como en toda la obra del autor.

Mientras se lee, vemos que a pesar de estar escrito a finales del siglo XIX, describe personajes y situaciones que bien podrían ser de hoy mismo. En el fondo, la sociedad cambia mucho más despacio de lo que nos creemos.

Akakiy Akakievich es un oscuro funcionario que debe su nombre a la resignación de su madre, al ver las alternativas del calendario. Tiene un trabajo totalmente anodino y rutinario que ha ido conformando su vida y su cerebro de forma que, literalmente, solo vive para él. Es objeto de burla y befa por parte de sus compañeros, pero lo considera parte de su existencia.

El inminente invierno sobre San Petersburgo hará que nuestro protagonista necesite un nuevo abrigo y éste se convertirá en todo un símbolo.

Gógol nos muestra con magistrales pinceladas cargadas de ironía que las expresiones tales como “no sabe con quién está usted hablando”, para reafirmar la posición de los superiores, no son algo nuevo. Igualmente nos describe el oscuro y enrevesado entramado burocrático que parece que los siglos no han logrado clarificar y simplificar, ya que se percibe como algo muy cercano a nosotros hoy en día.

La historia adquiere tintes de tragedia cuando, después de adquirir la prenda deseada, Akakiy la pierde en terribles circunstancias. Aquí el autor nos vuelve a mostrar, a finales del siglo XIX, la conveniencia de utilizar las influencias y la creencia popular de que lo mejor es ir a la cabeza para resolver los propios problemas, ya que la maquinaria del estado se ha revelado como algo realmente lento, cuando no directamente inútil para resolver el día a día de los ciudadanos. ¿De qué nos suenan a nosotros esos conceptos hoy en día?

Gógol logra, en muy pocas palabras, recrear unos personajes, una sociedad y unas circunstancias con una sencillez magistral.

El final de la historia, como no podía ser de otra forma, contiene una moraleja social muy propia de la época, eso sí, vestida de farsa como le gustaba tanto a su autor.

Es un breve relato que se lee en un suspiro y en ese espacio de tiempo, el lector mantiene una sonrisa acompañada de un permanente sentimiento de misericordia hacia su protagonista. Sirva este relato como prólogo para aquellos que no conozcan a este magnífico autor y les anime a adentrarse en el mundo de Nikolái Gógol; un universo plagado de ironía y crítica social a partes iguales.

Publicado por Dolega Martín   

La casa de Riverton, de Kate Morton


Hace dos años recibí de mis padres, como regalo de Reyes, un pack de tres libros de Kate Morton. El primero era La casa de Riverton. En un principio no me llamó mucho la atención, ya que por aquel entonces estaba en mi época de novela negra e histórica de los Tudor, pero es que no hay nada como el frío para ayudarte a escoger el libro más aparente que tengas a mano.

Suelo tardar poco en leerme un libro, sobre todo si me engancha, pero con éste creo que he batido récords. Aquellos que hayáis visto Downtown Abbey os podréis imaginar mejor a los personajes, aunque no haga falta, puesto que Kate Morton pincela con grandes trazos y gran maestría los dos mundos de una época que estaba drásticamente cambiando a causa de una guerra mundial que destrozó Europa, tanto moral como económicamente. Sinceramente, si tuviera que escoger algo del libro, sería la ingeniosa forma de describir la época de la ruptura de las tradiciones en una Inglaterra anclada en el pasado, tan dispuesta a seguir en ese enraizamiento, que no es capaz de asimilar las consecuencias de una guerra que se llevó a tantos y tantos hombres al frente. Este hecho provocó que las mujeres tuvieran que tomar las riendas del país (como en todos los países que se vieron involucrados) y que se empezara a hablar del derecho a voto, del derecho a la emancipación, de la independencia económica que tanto asustó a los hombres y mujeres de esa época.

El argumento gira en torno a Grace, una humilde sirvienta de la casa Riverton. Allí ésta conoce a David, Hanna y Emmeline, los tres “señoritos” del hogar, tan importantes para ella como para la historia. Grace narra las experiencias que vive con Hanna, ya que termina convirtiéndose en su doncella, y un trágico suceso (la muerte de un famoso poeta en el lago de la casa) a través de un ingenioso y maravilloso uso de flashbacks, ya que la “Grace narradora” es una adorable viejecita en el año 1999. Y Grace esconde un secreto… un gran secreto que había olvidado entre las sombras de los años. Y ese gran secreto sale a la luz de su memoria gracias a una película que están rodando sobre la muerte de R.S. Hunter.

Quizá la historia empieza de una forma lenta y tediosa. Quizá sea para dibujarnos a través de las palabras la sensación de sosiego y tranquilidad que para los dos mundos de la sociedad inglesa de principios de siglo XX era tan necesaria. Quizá el libro termina en una vorágine de sucesos, como si la narradora tuviera prisa por terminar su historia. Quizá sea por transmitirnos la velocidad vertiginosa que alcanzó el mundo en general, e Inglaterra en particular, tras una guerra que demostró al mundo los demonios más inmorales que puede tener el ser humano.

Un gran libro, una gran historia, y una gran maestría descriptora. Altamente recomendable para todos aquellos a los que os guste un libro de fácil y rápida lectura. Y sobre todo, para aquellos a los que os guste una época histórica de drásticos cambios.

Publicado por Ana Gigante   

La nostalgia feliz, de Amélie Nothomb


Reseño el nuevo libro de la belga Amélie Nothomb, La nostalgia feliz, que aún no está traducido al español en el momento de publicar esta reseña.

Los seguidores de Amélie Nothomb conocemos bien el impacto que Japón ha tenido en esta escritora. Es el país donde pasó su más tierna infancia y al que volvió para hacer sus prácticas empresariales. De esta experiencia nace su más famosa novela, Estupor y temblores, en la que nos acerca al peculiar mundo laboral japonés.

La nostalgia feliz es simplemente el libro más íntimo de Amélie Nothomb. La autora nos narra el viaje que hace a Japón a petición de una cadena de televisión francesa. El objetivo de este viaje es rodar un documental sobre su reencuentro con el país de su infancia, ya que el libro Metafísica de los tubos acaba de publicarse en japonés. Amélie nos lleva de la mano, contándonos, desmigándonos, todas y cada una de sus emociones. Nos acerca a las ausencias provocadas por el terremoto y tsunami de 2011. También participamos en sus emotivos reencuentros. Junto a Amélie nos reencontramos con Rinri, su primer amor y protagonista de Ni Eva ni Adán. También visitamos a Nishio-san, su niñera, su madre japonesa. Con ella recorremos las ruinas de Fukushima. Visitamos parques que ya no son parques, descubrimos juntos, en suma, un nuevo sentimiento para el que no tenemos una palabra: "la nostalgia feliz".

En resumen, un libro íntimo y lleno de sentimientos, que nos acerca a la escritora, y nos hace sentir como si nos estuviera hablando al oído. Lo recomiendo para los que ya son lectores de Amélie. Si no has leído nada de ella, tómate el tiempo de perderte en algunos de sus libros antes de leerte éste.

Publicado por Inma Gallego   

El imposible olvido, de Antonio Gala


Este libro llegó a mis manos de casualidad. Se lo regalé a la que en aquel momento era mi suegra, una de las personas que más he querido en la vida, y sólo recuerdo que lo leyó del tirón y me dijo: "Esto has de leerlo". 

Así que no sin cierto escepticismo, ya que no es mi género favorito, me lancé a la piscina con mi primero de Antonio Gala (y he de confesar que el último). No me malinterpretéis, no es que no me gustara o no lo disfrutara, todo lo contrario, es sólo que sabía que ningún otro me aportaría lo que éste. Y de hecho me costó abandonarme a sus páginas hasta que fui atando cabos de la historia, o al menos la historia que yo fui creando en mi imaginación.

La historia la narra la hija de Gaspar Barahona, ya que él en vida a nadie se atrevió a narrarla por el miedo a ser tomado por loco. Transcurre en plena época franquista, y la historia nos cuenta cómo Gaspar, en su etapa adolescente, conoce a Minaya Guzmán, un personaje que, como Gala dice "turbaba a hombres y mujeres, enamoraba a niños y a perros. Minaya Guzmán, un misterio". Todo en la vida de Gaspar transcurre pacíficamente, sus sueños poco a poco se van haciendo realidad, siempre con esa sombra de Minaya Guzmán a su alrededor. Una serie de sucesos, uno en especial, marcarán su decadencia y lo llevarán al final de sus días con un terrible secreto a sus espaldas: Minaya no es humano. 

Es por eso que Gaspar en un momento cumbre de la narración se plantea sus sentimientos hacia Minaya. Y no me gustaría desvelar más de la historia por si alguien quiere leerla. Decir también que la historia está dividida en tres partes en orden cronológico y que si bien las dos primeras enganchan, la última es más lenta, quizá para corroborar esa decadencia del personaje y esa perdición que siente.  Mi pega personal, por mi forma y ritmo de lectura, es que es denso, profuso en descripciones, pero así es Gala, una narrativa altamente descriptiva que te hace correr el peligro de desconectar en capítulos en los que transcurre menos acción. 

Para terminar, os dejo aquí dos frases que me hicieron plantearme por completo la historia y tener que reordenar mis pensamientos para entender a qué me enfrentaba con esta novela. Si queréis prendaros de Minaya Guzmán, ésta es vuestra novela. 
"No estamos solos ni podemos ser sustituidos. Nadie. Ninguno... Esa es quizá la verdad que buscamos, la única que nos hace libres".  
“No soy de aquí”, confesó en una ocasión pero no supieron entenderle porque era, sin serlo, como nosotros. Parecía un hombre pero su perfección, su belleza y la sonrisa de sus ojos debieron alertar sobre su diferencia. Era más justo y más pacífico, más respetuoso, sobre todo, más sereno, parecía estar iluminado por dentro. ¿Era un sueño o era más vida que la vida?  

Publicado por Cristina Serrano   

El pequeño ladrón de sombras, de Marc Levy


De nuevo vengo con un libro de Marc Levy. Esta vez os traigo “El pequeño ladrón de sombras” una historia peculiar desde el principio, donde la imaginación tiene un papel importante. 

El pequeño ladrón de sombras es un niño de 12 años al comenzar el libro. Lo primero que me llama la atención, es que el nombre del protagonista no aparece por ningún sitio. Es apodado como “amigo”, “cariño”, o “tío”, por los demás personajes de la novela, pero en ningún momento se le da un nombre. A mí es algo que me descoloca bastante, no estoy acostumbrada a leer sin poner nombre al personaje principal. De hecho llegué a pensar que no había registrado el nombre al leer la novela, pero tras revisar de nuevo el libro me di cuenta de que efectivamente, el niño no tiene nombre.

Durante la primera parte del libro, vivimos de primera mano la infancia del protagonista: sus desventuras en un nuevo colegio donde se siente un bicho raro, su fracaso amoroso al enamorarse de la misma niña que el matón de su clase, su amistad con el que siempre será su mejor amigo, el abandono de su padre, y lo que hace a este niño todavía más especial: una capacidad muy grande de empatizar con los demás debido a su don, ya que este niño es capaz de hablar con las sombras, tanto la suya propia como la de los demás.

La segunda parte de la historia, más rápida, se centra en su último año de carrera, con su amigo aún a su lado, con una chica que no consigue hacer que él olvide a su primer amor, y con una madre orgullosa que sigue presente en su vida, aunque sea en la distancia. 

Emociones, encuentros y pérdidas, sentimientos profundos, recuerdos y memorias que acechan a nuestro protagonista y dan un giro inesperado a su historia. De lectura ágil debido a su narrativa, con diálogos en los momentos adecuados, y con una originalidad que llama la atención desde el primer momento.

Publicado por Claudia Pina   

Cometas en el cielo, de Khaled Hosseini


Le he dicho adiós a la última página de Cometas en el Cielo, una novela que fue editada en 2003, que caló muy hondo en la memoria de los lectores y que hace tiempo tenía pendiente de saborear. Su autor, Khaled Hosseini, médico y escritor en lengua inglesa estadounidense ha acercado al mundo entero la cruel historia del pueblo afgano donde los niños aparecen reflejados como víctimas de un complejo entramado social y de una sucesión de guerras que han masacrado a tantos inocentes: "En Afganistán hay muchos niños, pero poca infancia". Cometas en el Cielo es un libro que habla del difícil papel de los niños en el país Afgano donde, al igual que en otras sociedades asiáticas, la pertenencia a un grupo étnico determina la calidad de vida. En sus páginas, queda patente además, que la maldad y el instinto asesino no son exclusivos de las personalidades adultas. 

Las primeras paginas de Cometas en el Cielo presentan al lector un país muy diferente a lo que hoy conocemos. Corre el año 1973 cuando Kabul dice adiós al reinado del sha Zahir para dar la bienvenida a la república, instaurada tras un golpe de estado. Amir es niño húerfano de madre, de origen pastum pero con la suerte de haber nacido bajo la protección de un padre, Baba, con poder económico y respectado entre sus vecinos. Por si fuera poco, cuenta con la amistad incondicional de su sirviente y amigo Hassan, a quien su madre abandonó al cuidado de su padre al nacer. Los pequeños, aunque con vidas y personalidades antagónicas, comparten una misma afición: el vuelo de cometas.

Cada año, tiene lugar una prestigiosa competición que Amir desea ganar con todas sus fuerzas con el fin de conquistar para siempre el corazón de su padre. Amir es un ávido lector entusiasta de la escritura, afición que hereda de su difunta madre, pero carente de la valentía y arrojo que tanto admira Baba en la persona de su criado Hassan. 

Tras una ardua temporada destinada a preparar el concurso de cometas finalmente llega el gran día. Después de una vibrante competición, narrada por el autor del libro con una bella prosa, Amir se convierte en un héroe al ganar el concurso. "Pero lo único que yo escuchaba, lo único que me permitía escuchar era el ruido sordo de la sangre en mi cabeza. Lo único que veía era la cometa azul. Lo único que olía era la victoria. Salvación. Redención. Si Baba estaba equivocado y, como decían en la escuela existía un Dios, Él me permitiría ganar".

Sin embargo, y pese a los primeros instantes de felicidad vividos durante la celebración de la victoria, la jornada terminará con un amargo y violento suceso que Amir presencia escondido como un cobarde y que le golpeará en su memoria el resto de su vida.

Han pasado los años y los acontecimientos políticos sitúan a Amir en los Estados Unidos con una prometedora carrera como escritor. El pasado, que siempre vuelve, llama a su teléfono para reabrir esa herida que ahora tendrá la oportunidad si no de borrar, de al menos ayudar a cicatrizar.

Publicado por Aroa Parras   

La canción de Nora, de Erika Lust


"Está claro que este hombre y yo no encajaremos nunca, no hay más que vernos."

La frase con la que he decidido empezar mi reseña de este mes no está al principio de La canción de Nora (España Libros, 2013) sino más o menos hacia la mitad, pero la uso porque es exactamente lo que yo pensé del libro cuando empecé a leerlo: "está claro que este libro y yo no encajaremos nunca". Primero porque la novela erótica no es lo mío y segundo, porque no me gustó el inicio. ¿Por qué lo leíste entonces? Os preguntaréis. Por su autora. A quien admiro profundamente. La canción de Nora entró con un 50% de mal pie pero he de decir, sin querer adelantar acontecimientos, que al final la frase que he escogido para empezar no se me ajusta del todo y que un poco sí acabamos encajando.

En la canción de Nora, la directora de cine porno Erika Lust (no añado lo del "para mujeres" aunque ella a veces lo hace, porque me parece que sus cintas puede disfrutarlas cualquiera a quien le guste el porno con un poco más de enjundia) cuenta la historia de una joven sueca apasionada del cine que, a los 23 años, llega a Barcelona con el sueño de rodar su primera película sin el encorsetamiento creativo de la Suecia de finales del siglo XX y principios del XXI. Junto a las peripecias cinematográficas, la autora mezcla varias historias de amistad y amor cruzadas, todas relacionadas con la protagonista, quien finalmente se debate entre dos hombres a lo largo de toda la trama.

Bajo mi punto de vista, la novela está muy bien escrita. Mucho. Erika da muestra de un conocimiento del español que supera al de muchos escritores nativos, no sólo por la forma de usar el lenguaje sino, sobre todo, por el amplio contexto cultural de expresiones, frases hechas, acontecimientos de la vida cotidiana (y no tanto) española en general y otras referencias que maneja de forma brillante a lo largo de todo el libro. Esto hace que sea de fácil lectura (yo me lo leí en cuatro horas y media, del tirón, la primera vez) y le da un ritmo muy ágil y cercano a toda la trama.

La propia trama, aunque sencilla, no resulta tan previsible como puede parecer en un primer momento cuando lees la sinopsis. De hecho, el final me ha parecido bastante inesperado y también el tipo de relación que va manteniendo la protagonista con los dos hombres entre los que se debate. Sin embargo y a pesar de estar bien hilvanada y de ser bastante redonda (prácticamente todos los detalles que se van desgranando en los capítulos sirven para algo posteriormente y quedan cerrados, o atados, sin cabos sueltos, cosa que me gusta mucho), la historia en sí no termina de engancharme o gustarme.

¿Por qué? Primero porque trata del mundo del cine, que tampoco es que me apasione en realidad más allá del producto final (todo lo que se mueve alrededor de la filmación de una película me parece aburrido, sinceramente). Y segundo porque me parece un poco artificial. Y me explico. Me parece artificial que dos hombres se dediquen desde el primer minuto en que conocen a una mujer a tratar de conquistarla con todas sus fuerzas. Que sí, que es literatura y además erótica y que se trata de fantasear y no perderse en largas conquistas pero... No sé. En la historia, los dos hombres quieren a Nora para una relación, no solo para sexo. Tanto interés al primer vistazo... A mí personalmente no me resulta creíble y eso no me gusta en un libro. Y tampoco ha ayudado la sensación de que la protagonista lo tiene todo fácil porque, aunque es cierto que al leer sabes que no, la sensación que te queda no es ésa. La sensación que te queda es que Nora tiene no una flor, sino un jardín en donde la espalda pierde su nombre. Eso, para mí, hace la novela menos interesante que si se lo hubiera tenido que currar un poco más.

Sin embargo, todos estos son detalles menores que van en gustos, sin más. Lo que más me ha llamado la atención es que la historia no es una historia de sexo, sino una historia de una chica que lucha por rodar una película y en la que, de vez en cuando, se dan escenas de sexo. Me ha sorprendido comprobar que el libro se podría haber contado sin esas escenas (bajo mi punto de vista muy bien narradas, eso sí) y no hubiera pasado nada. Y me ha sorprendido porque esperaba otra cosa. Esperaba una historia con el sexo, contado de la manera que fuera, como hilo conductor, no como accesorio de quita y pon. Es algo que me sucede con prácticamente todas las novelas eróticas que he leído, desde que empecé a los 17 con Las edades de Lulú. De hecho, creo que el único libro que he leído en el que realmente el sexo era un motivo y no un pretexto es precisamente la ópera prima de Almudena Grandes. En el resto, si les quitas las escenas de sexo te queda la historia. Y la historia, por sí sola, funciona igual. En este caso me ha sorprendido porque pensaba que, al ser Erika una profesional de la pornografía, la usaría más como hilo conductor de la trama que como mero adorno.

También me ha sorprendido (y en este caso, para bien) el uso del recurso del sueño (de contar sueños de la protagonista) para ir desarrollando partes de la trama. Más allá de que el sueño del comienzo no me llamara mucho la atención (un sueño húmedo con demasiadas plumas y confeti para mi gusto, pero es que además, en literatura se suele considerar como erróneo utilizar el recurso del sueño para empezar un libro si ese sueño no es absolutamente fundamental para la trama, y en este caso no lo es), pienso que como recurso literario le da mucha fuerza a la forma de contar el argumento, igual que las partes que están narradas en lenguaje cinematográfico. Por detalles como este (entre otros muchos) os decía más arriba que el libro está muy muy bien escrito. Son detalles novedosos a los que, bajo mi punto de vista, luego no hace justicia la trama: me gusta más el continente que el contenido.

Finalmente, los personajes están bastante bien definidos, con caracteres fuertes y perfilados sin caer en los tópicos, que se van desarrollando en la medida que deben hacerlo (unos necesitan evolucionar, otros no y eso está muy bien mostrado en sus maneras de actuar, así como se puede percibir muy bien todo el mundo que hay a su alrededor, antes y después de la novela, como si estuvieran realmente vivos fuera de la letra impresa) y que resultan creíbles para el lector, más allá de lo surrealista que os comentaba de que dos tipos se lancen a por la misma mujer desde el minuto cero. Que igual a vosotras os pasan esas cosas y a vosotros también, queridos lectores. Pero oye, como a mí no me ha pasado nunca (ni a nadie que conozca) pues yo lo veo un poco raro.

Y como postdata, os cuento las tres cosas que más me han gustado de la novela:

1.- Que la protagonista sea pelirrojísima (esto es mero gusto personal: yo soy una pelirroja encerrada en el cuerpo de una morena, o sea que es normal), de piel blanquísima (que estaba ya harta de protagonistas perfectamente bronceadas, como si las chicas de piel lechosa a quienes no se nos pega el sol ni a tiros no pudiéramos existir) y de formas rotundas (¡por fin!).

2.- La existencia de cuatro gatos adorables a lo largo de casi toda la trama (al final sólo aparece ya uno, el único que convive con Nora).

3.- Y el personaje de la abuela española de Nora y su relación con ella. Simplemente genial.

Y ahora viene la cuestión capital. ¿Recomiendo leerlo? Si os gusta la novela erótica sin pretensiones, os interesa un poco el mundillo del cine y os apetece leer escenas de sexo bien planteadas, bien escritas y que excitan al rojo, sí, os lo recomiendo. La canción de Nora es un libro para pasar un buen rato usando las manos (propias o ajenas) debajo de las mantas del sofá en una tarde de lluvia.

Publicado por Casiopea    

Clara y la penumbra, de José Carlos Somoza

Clara y la penumbra

Cuando escribí mi anterior reseña, fantaseaba con que actuase como cebo para ésta. Clara y la penumbra (Planeta) es la primera novela de José Carlos Somoza que cayó en mis manos, para convertirse desde entonces en uno de mis autores preferidos, y eso que me lo tropecé por vez primera en una penosa edición de bolsillo en el aeropuerto de Bruselas, cuando necesitaba imperiosamente que dejase de llover para volver a casa. 

Comienza con una cita de Rilke "Lo bello no es más que el comienzo de lo terrible", y termina en el hermoso pero inquietante cuadro de Rembrant "Susana en el baño, o Susana y los viejos" que recoge el relato bíblico de acuerdo con el Libro de Daniel.

A mitad de camino entre la ciencia ficción y el género policíaco, presenta con elegancia, sensualidad y misterio la historia de un mundo en el que el arte ha dado un paso más allá y los seres humanos son el lienzo del arte hiperdramático.

El uso de las personas, la belleza como negocio, el poder sin límites, y la obra de Rembrant se mezclan con maestría en una novela que te afecta en dos planos diferentes, mientras lees quieres avanzar en la trama, descubrir al asesino, temes por Clara... pero cuando cierras el libro son otras y muy diferentes cuestiones las que te asaltan. ¿Realmente ese mundo es el futuro o ya está aquí?

Publicado por Pilar Vaquero   

Habitaciones cerradas, de Care Santos


Habitaciones Cerradas nos cuenta la historia de la familia Lax, sus secretos, vivencias, carencias y pasiones a lo largo de cuatro generaciones. Los miembros de esta familia irán dejando huecos de su historia familiar sin rellenar, que se irán cubriendo con suposiciones o con versiones no desmentidas, hasta que las reformas en la antigua casa familiar abran puertas escondidas y desentierren los verdaderos hechos del pasado. Y será Violeta Lax, cuarta generación de esta familia, quien reciba el legado moral de juntar todas las piezas del pasado para conocer la auténtica verdad sobre su familia, y colocar así, a cada miembro de la misma en el lugar que le corresponde, para de esta manera poder entenderlos mejor.

Los Lax son una adinerada familia de Barcelona, con quienes conoceremos la modernista Barcelona de finales del siglo XIX y principios del XX. El hijo mayor de los Lax, Amadeo, será además, un famoso pintor de la época, con un carácter huraño, poco dado a sociabilizar con la alta burguesía barcelonesa, mujeriego y juerguista, con un oscuro fondo, frío y distante. Los sirvientes de la casa jugarán, asimismo, un papel muy importante en la historia de esta familia, como será el caso de Conchita, quizá la única receptora del exclusivo cariño que Amadeo es capaz de dar.

En esta novela, Care Santos no sólo nos cuenta la historia de la familia Lax, sino también de la Barcelona de la época. Junto con sus personajes inventados desfilan una serie de personajes históricos, cuyas secundarias apariciones enriquecen la lectura, pero sin llegar a recargar el relato ni desviar al lector de la trama principal. Y si importantes son los personajes, ya sean históricos o no, importantes también son los lugares, ficticios o reales, que también tienen su buena parte de protagonismo, como la casa familiar de los Lax o los almacenes El Siglo, entre cuyas paredes se guardarán grandes secretos.

Esto lo hace Care Santos de la manera más original utilizando el pastiche, que tan magníficamente lo hizo Eduardo Mendoza en su libro La verdad sobre el caso Savolta, también ambientada en la Barcelona modernista. En Habitaciones cerradas Santos se sirve de varios estilos para que veamos la historia desde todos los prismas posibles, desde el estilo narrativo como tal hasta el artículo periodístico, pasando por fichas técnicas de cuadros, informes laborales, actas de asamblea, cartas e incluso modernos emails. El hilo argumental además, no es lineal, ya que va dando saltos en el tiempo llevándonos a diferentes épocas, intercalando pasado y presente. Pero en ningún momento los diferentes estilos narrativos y los flash-backs complicarán el seguimiento de la trama, en absoluto, la escritura de Care Santos es ágil y sencilla, y al principio hará pensar al lector que se encuentra ante un puzzle desarmado, con todas las piezas desparramadas por la mesa que parecen no encajar, pero que poco a poco irán conformando una nítida imagen de lo que se nos está contando.

Debo confesar que cuando una novela se ambienta en la Barcelona modernista de principios del siglo XX, me convierto en una chica fácil, y no necesito que me den muchos argumentos para que decida abrir el libro y comenzar a leer, pero en el caso de Habitaciones cerradas, son más los pros por los que se continúa leyendo y se hace a un ritmo voraz. Siempre te quedas con ganas de más, en ningún momento decae el ritmo y estás deseando pasar la siguiente página para leer lo próximo con lo que Care Santos nos sorprenderá.


Quiero agradecer a la agencia literaria Sandra Bruna el envío de este ejemplar de Habitaciones Cerradas, y por supuesto agradecer a Care Santos la bonita dedicatoria con la que lo firmó, fue toda una sorpresa descubrir el trazo de su letra en la primera página del libro. Gracias Care Santos por este maravilloso "viaje de palabras y tiempo".

Publicado por Carmen Aguado   

La Doctora Cole, de Noah Gordon


Después de reseñar El Médico y Chamány aprovechando el estreno en cines de la primera de ellas, termino la trilogía de Noah Gordon con La doctora Cole. Editado por Ediciones B en 1996, supuso un gran reconocimiento para el autor.

La doctora Cole nos cuenta la historia de una mujer divorciada que deja su puesto en una clínica de la ciudad, para volver a sus raíces, para volver a sentirse viva, para volver a ser lo que su familia ha sido siempre, desde la edad media: ser médico.

En su vuelta al medio rural vuelve a disfrutar del trato humano, vuelve a sentirse útil y a encontrar valores que en la ciudad había perdido, se da cuenta de que no tienen nada que ver la medicina vista desde una clínica en la ciudad, luchando con pacientes, aseguradoras y demás habitantes de la selva de asfalto, en comparación con el trato humano, la visita a la casa del enfermo, incluso encuentra o reencuentra el don que ha tenido su familia desde tiempos inmemorables.

Es un libro de fácil lectura, de casi 400 páginas, que no tiene nada que ver con sus dos antecesores y que después del nivel de éstos hace que La doctora Cole se nos quede un poco flojo. Aconsejable de todas, todas, aunque sea simplemente por terminar la trilogía, ya que merece la pena leerla y acabarla. De todas maneras no me hagáis mucho caso porque al ser un ferviente seguidor de la novela histórica hace que el último libro de la trilogía se quede un poco escaso. Al menos para mí.

Publicado por David    

Lo fácil es sufrir, de José María García García


Lo fácil es sufrir tiene una intención profiláctica, pero sin duda, es una denuncia. Denuncia la aclimatación al dolor en los seres humanos. La conformidad con la incomodidad pero, sobre todo, la ignorancia de otras opciones, como la de que es posible vivir más acordes con nosotros mismos. 

El problema de base que se nos plantea es que no reconocemos ese nosotros mismos, o lo que es peor, lo identificamos como sufrimiento, como si nuestro ser o nuestra esencia estuviese teñida de una mancha inicial, una tara, que nos impidiese ser felices y nos condenase, como la peor maldición de las posibles, a arrastrarnos en pos de algo llamado felicidad, que siempre parece ir por una senda diferente a la nuestra. 

José María García García es un magnífico terapeuta y su gran experiencia le ha llevado a escribir este maravilloso libro que, lejos de intentar ser un manual del happy end, pretende desnudar la condición humana que se ha impuesto en nuestra cultura occidental; ésa que vive en la culpa por no ser todo lo que se espera de ella y que se doblega al miedo, cercenando toda su energía. Y es que, de hecho, la línea de trabajo que propone García es la bioenergética, corriente humanista que trata al hombre no sólo desde su razón, sino también desde el cuerpo; es más, entiende al cuerpo como motor fundamental desde el que entendernos y entender nuestra relación con el mundo. Desde una perspectiva limpia, directa y basada en la comprensión de cualquiera de las cuitas que nos acechan, con un lenguaje claro y cercano, García divide su obra en dos partes; en la primera, nos plantea los pilares fundamentales de cómo entiende él nuestra pertrechada relación con el mundo, cómo olvidamos desde la más temprana infancia la capacidad de amar y de disfrute de la vida y cómo nos anquilosamos en exigencias dañinas. En esta primera sección, y con una riqueza cultural que engloba psicología, filosofía y religión, traza las claves del sufrimiento humano que tan inadvertidas nos pasan en general. La segunda parte está dedicada al trabajo de cada una de estas limitaciones; de cómo entender el cuerpo que ha de respondernos para salir de esa atrofia afectiva. De cómo entender, desde la vida, que lo fácil es sufrir, y que el verdadero trabajo es la conquista de uno mismo. 

Este libro es la defensa del hedonismo, en el sentido más positivo del término; aprender a disfrutarnos a nosotros mismos pero, sobre todo y como anticipo, aprender a identificar cuándo no lo estamos haciendo. Porque, al final, y como dice el propio García, “no pasa nada, sólo la vida”. 

Grandioso libro para todo aquel que quiera asomarse al reto de la autenticidad y el disfrute de sí. 

Publicado por Charo Bejarano   

Cartero, de Charles Bukowski


Es verdad que hay libros que te están esperando tranquilos en la estantería. Están ahí, cómodos, apilados entre más libros sin destacar por una portada brillante, o un lomo de letras grandes. Pero ahí están, emitiendo una señal solo audible para aquellos que al pasar por delante de él se sienten atraídos. Creo que algo de eso ha habido entre Cartero y yo. Cuando lo tuve en mis manos el día que me lo regalaron sentí una extraña atracción que solo pude descifrar después haberlo leído.

Cartero de Charles Bukowski (1920-1994) es la primera de las 6 novelas que el escritor norteamericano escribió entre 1971 y 1994. Es la editorial Anagrama la que ha publicado en España toda su obra dentro de la Colección Compactos. Pensad que la primera edición en España se hizo en 1983, y la última en 2013. Pero sabéis, creo que sigue siendo tan actual como hace 40 años cuando se escribió.

Cartero nos presenta a Henry Chinaski, un tipo cualquiera, vulgar, sin ninguna característica sobresaliente. Bebedor, mujeriego, exprimido por su trabajo, que gusta de apostar en los hipódromos, en fin... alguien sin más. Bukowski elige hablar de si mismo y de su propia vida a través de otro. Decide crear un personaje para relatarnos su vida, creo que con la intención de hablar abiertamente de él sin pensar en que realmente lo está haciendo.


Chinaski empieza a trabajar de cartero casi por casualidad, buscando un trabajo que le permitiera satisfacer sus necesidades más básicas: beber, apostar y comer. No tiene vocación de cartero, ni pretende ascender a un puesto de responsabilidad. Sólo trabaja y trabaja. Y eso es lo que nos cuenta, un relato veraz, realista hasta el extremo, de su situación personal.

Cuando Jonstone me vio al día siguiente a las 5 de la mañana, giró su silla y su cara mostraba el mismo color que su camisa (roja). Pero no dijo nada. No me importaba. Había estado hasta las 2 de la madrugada bebiendo y follando con Betty. Me eché hacía atrás y cerré los ojos.

Cuando empecé con Cartero busqué por Internet y en alguna enciclopedia noticias relacionadas con Bukowski. En alguna de ellas comprobé que su literatura se enmarca dentro de una corriente denominada realismo sucio,y pensé que realmente era acertado. No creo que el autor hiciera una literatura para ser enmarcado dentro de una corriente concreta, pero si pensamos en Cartero como una novela parca en descripciones, casi minimalista, que gusta de ambientes sórdidos y cargados de crudeza, en este sentido, esta novela es un 10.

No hay rastro de moral, los sentimientos se reducen a lo más básico. El sexo aparece como único nexo de unión entre dos personas. Chinaski no quiere una vida más bonita o más de película, se conforma con beber, follar y no trabajar demasiado. No hay rastro de heroísmo en su conducta, sobrevive a pesar de las circunstancias. Ni siquiera la paternidad le conduce a un cambio, solo le anima a alargar su existencia a veces delirante, con la esperanza de estar con su hija.

- Tiene una polla enorme- dijo Fay-. El otro día estábamos juntos y me preguntó: "¿Te qustaría ser follada con una gran polla?" y yo le dije: "Me gustaría ser follada con amor".- Parece ser un hombre de mundo- le dije.

El oficio de cartero es el hilo conductor de la novela, digamos la columna vertebral de un proceso en el que Chinaski experimenta una constante frustración por no hacer algo que realmente le permita vivir sin ser destrozado por la burocracia postal. Por eso dentro de la novela encontramos numerosos fragmentos de documentos oficiales sobre las amonestaciones que tiene dentro de su trabajo. Amonestaciones por ausentarse injustificadamente, o trabajar más despacio que el ritmo impuesto por el reglamento, etc. Y de nuevo sin intención de cambiar el Mundo. Si es amonestado, lejos de reconducir su situación, vuelve errático a cometerlos, sin importar las consecuencias.

No sé como ocurren las cosas. Tenía que mantener a mi hija, necesitaba algo para beber, pagar el alquiler, zapatos, camisas, todas esas cosas. Como cualquier otro, necesitaba un coche, algo de comer, por no hablar de todos los pequeños detalles intangibles.

Cartero fue el oficio de Bukowski antes de convertirse en escritor. Pues también tiene "cera" para los escritores. No para todos los escritores, si no para aquellos que abusan de la petulancia para darse importancia sin tenerla. Ahí no puedes encontrar a Bukowski, más bien al extremo contrario, donde las palabras ocupan un lugar primordial para ser ordenadas de forma cruda sin intención crear algo bello.

Había sido un domingo brutal. Habían venido algunos amigos de Fay, se habían instalado en el sofá y habían empezado a cacarear lo grandes escritores que eran, realmente lo mejor de la nación. La única razón de que no fueran publicados era, decían, porque no enseñaban su obra a los editores.

Ese extraño magnetismo que comentaba al principio se debía a que yo también estaba en ese momento desmotivado con mi trabajo. Porque en más de una ocasión me hubiera apetecido ser Chinaski. Me siento atraído por esas personas que son capaces de mandar todo al carajo sin hacer caso de las consecuencias, y volver a empezar de 0, sea donde sea y sea como sea.

Os recomiendo Cartero a todos aquellos ávidos de una literatura veraz y sin ambajes. A los que salgáis de alguna lectura tediosa o cargada de amor y romance y tengáis el azúcar por las nubes. A los curiosos de encontrar nuevos autores desconocidos... En definitiva, a los lectores sin prejuicios.

Publicado por Carlos Masó   

La Conjura de los necios, de John Kennedy Toole


Siempre he pensado que un libro se convierte en clásico, cuando hay mucha más gente que lo cita como si lo hubiera leído, de la que realmente lo ha hecho y la historia de Ignatius J. Reilly en uno de ellos.

La novela de Kennedy Toole toma una realidad, en este caso los años sesenta en Estados Unidos, con sus conflictos sociales y raciales, sus movimientos estudiantiles, sus sueños de obtención de bienes de consumo por una floreciente clase media y elabora una magistral caricatura totalmente surrealista dejando al descubierto, entre carcajada y carcajada, las miserias de todo un sistema.

Ignatius es el hijo único de una viuda de clase media que ha invertido todos sus ahorros en que el chico vaya a la universidad, pero el resultado no es el esperado ya que nuestro protagonista, una vez terminados sus estudios solo dedica su tiempo a escribir, encerrado en su cuarto, en cuadernos escolares lo que será su gran obra maestra, a engullir sin control comida basura, lo que hace que sea un constante bullir de gases y eructos y por supuesto a esquivar la posibilidad del mayor ultraje que le pueda ocurrir: TRABAJAR.

Debido a unos acontecimientos totalmente absurdos y desternillantes, su madre acaba contrayendo una deuda que hará que nuestro personaje tenga que encontrar un empleo y lo encuentra en una fábrica de pantalones totalmente atípica en la que destaca Trixie, una administrativa a la que la esposa del dueño le impide jubilarse, para que se pueda seguir sintiendo útil en la vida.

Esta primera experiencia laboral hace que Ignatius pueda demostrarle a Myrna, antigua compañera de universidad, militante de corrientes intelectuales y políticas de lo más peregrinas y único ser que se ha fijado en él como hombre, su capacidad para luchar por los derechos de los trabajadores, con nefastos resultados.

A partir de ese momento el autor nos sumerge en la bulliciosa New Orleans, en su barrio francés, en sus tugurios y ambientes criollos donde la mezcla de colores y razas forman un mundo aparte y dónde hay cabida para unas escenas y diálogos absolutamente magistrales entre Ignitius, ahora vendedor ambulante de salchichas y Dorian Green, un divertidísimo homosexual de Nebraska al que su familia lo mantiene alejado de casa a base de enviarle sustanciosas cantidades de dinero.

Hay momentos en que el lector siente que se encuentra en un descacharrante vodevil donde los personajes entran y salen de escena dando pie a situaciones rocambolescas, pero debajo de la sonrisa que produce la historia siempre está ese componente ácido y cruel que Reilly nos hace recordar con su imagen obesa, desagradable, sus eructos, con sus pensamientos y opiniones, en muchos casos zafios, que no son más que opiniones de su tiempo despojadas de lo políticamente correcto. En definitiva, una imagen descarnada de una realidad que todos vemos ordenada y cálida, pero que este genial escritor nos muestra con sus desconchones y humedades.

Recuerdo que lo leí cuando tenía 19 años y me hizo soltar carcajadas durante su lectura, pero también me enseñó cómo el humor del absurdo y las escenas surrealistas pueden contener una crítica feroz y despiadada del ambiente que retratan.

Disfrútenla teniendo en cuenta que también es amarga.
 
Publicado por Dolega Martín