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Blancanieves debe morir, de Nele Neuhaus


“¿Cómo que Blancanieves debe morir? Mira qué curiosa la portada. ¿Una veleta asociada a Blancanieves? ¿Qué es lo que está pasando aquí?” Estos fueron mis primeros pensamientos a la hora de escoger este libro entre tantos que había en una conocida librería madrileña. Luego leí las primeras páginas allí de pie… y no pude hacer otra cosa que llevármelo a casa para disfrutar de la historia en toda su plenitud.

El libro tiene, en principio, un argumento sencillo con los ingredientes necesarios para crear un buen thriller policíaco. Un doble asesinato de adolescentes, donde los cuerpos no aparecen y que sirven para que se condene a uno de sus compañeros, Tobías, a diez años de prisión. Transcurrido el plazo, el condenado sale de la cárcel y vuelve a su pueblo natal, donde cometió los asesinatos. Al mismo tiempo, uno de los cadáveres aparece y el pueblo, que teme una nueva desgracia, rechaza el regreso de Tobías, un condenado que sigue proclamando su inocencia, a pesar de que él mismo duda de ella, ya que no es capaz de recodar nada debido a una borrachera.

No es una novela policíaca al uso. En vez de centrarse en la investigación, Nele Neuhaus decide darnos una visión más personal de la historia que se está investigando. Poco a poco vamos viendo que la manzana tan apetitosa que puede llegar a ser un pueblo tranquilo americano, está llena de veneno, mentiras y traiciones. Todo lo que parece verdad se vuelve en neblina deslumbrante que no nos permite ver bien la bondad y la maldad que habita en los seres humanos. Nele Neuhaus nos narra esta historia desde el punto de vista de los personajes, desde sus dramas personales, dejando a un lado la palabrería y la burocracia policial que caracteriza a un thriller típico policiaco. Y es lo que nos llama la atención, cómo va hilando estos dramas personales con la historia principal para hacernos notar que muchas veces nuestras propias experiencias nos hacen ver detalles que en otras ocasiones nos habrían pasado desapercibidos.

Si quieres averiguar quién es Blancanieves, quién la mató y por qué, puedes hacerlo en muy poco tiempo, puesto que es un libro que se lee solo. Sin prisas pero sin pausas. Engancha.

Publicado por Ana Gigante   

Personajes secundarios, de Joyce Johnson


La Generación Beat parece estar de moda. La adaptación cinematográfica de On the road quizá haya contribuido a ello. O quizá, la actualidad de un ambiente de descontento juvenil ante una sociedad medida al detalle, opresiva en sus modos y predecible en sus formas. Sin duda, la apología de lo imprevisible de Kerouac, Cassady, Ginsberg… suponía la denuncia más flagrante hacia el modo de vida norteamericano, ya que lo desarmaba de raíz; sin modificarlo, hacía más evidente sus limitaciones. 

En ese American walk of life, el papel de la mujer era el peor parado, y por eso resulta verdaderamente interesante leer Personajes secundarios, de Joyce Johnson, amante de Jack Kerouac cuando apenas contaba veinte años. De familia judía de clase media, Johnson va narrando su vida como adolescente en un Nueva York que empezaba a destilar la necesidad del cambio y la ruptura, desde el jazz más potente hasta la pintura más brutal. Desde muy joven, Johnson se revela como una gran crítica con el momento que le tocaba vivir y con el puritanismo machista que le ponía trabas a la hora de emborracharse de la vida que empezaba a cocerse en el ambiente neoyorquino más cool. Podría pensarse que lo que ensalzará la obra será su encuentro con Kerouac, sus experiencias de primera mano con el héroe. Pero no. El modo de escribir de Johnson, y la riqueza de sus vivencias en todos los campos -laboral, cultural, familiar…-, hacen que su relación amorosa con el autor de En el camino sea sólo un modo más de contar su primera persona; el de una joven judía crítica con el momento, deseosa de darse a conocer como escritora, que se enamora del espíritu bohemio de Kerouac, a la vez que espera redimirlo de su éxtasis permanente en cualquier casa de cualquier parte del continente. 

El análisis que hace de él y del grupo es, indiscutiblemente, uno de los puntos fuertes de la obra, ya que los muestra en su realidad más directa, sin intentos de redención ni de sublimación. Amante de la literatura por encima de todas las cosas, su relación con la Generación Beat pasa, en todo momento, por el respeto primero a su producción, entendiendo desde ella las cuitas de las vidas de sus personajes, de las que ella se supo siempre espectadora. 

Cultura, juventud y amor enlazan esta novela. La primera persona de una joven que abría un tiempo nuevo para América. Imprescindible para saberse hipster con derecho.

Publicado por Charo Bejarano   

El Atlas de las Nubes, de David Mitchell


Hace un par de años vi un trailer en el cine que me hizo rogarle a mi chico una y otra vez que me regalara un libro: El Atlas de las Nubes, de David Mitchell. Y en esa ocasión (a diferencia de muchas otras) quiso el destino que no me fallara la intuición, ya que disfruté sobremanera leyendo estas ¡6! historias que se cruzan y se entrelazan a lo largo de la historia. 

Me explico. El Atlas de las Nubes requiere atención, paciencia y tiempo, no es una lectura ligera pero atrapa sin quererlo. El argumento se basa en seis historias, seis vidas, seis experiencias vitales que ocurren cronológicamente del principio a la mitad del libro, y que decrecen cronológicamente de la mitad al final. ¿Confusos? Está bien, seguimos. Cada decisión de cada personaje afectará a la historia siguiente puesto que todo es una red bien tejida en la que cada movimiento afectará en mayor o menor medida a su homólogo en su historia siguiente. 

¿Aún me estáis leyendo? De acuerdo, para liaros más, comentaros que (en la versión cinematográfica) sólo 6 personas llevan el peso de las historias siendo aquí más patente que en el libro que los personajes fluyen a lo largo de la historia. La curiosidad de la versión escrita radica en las diferentes topografías, dialectos y formas de comunicación de cada una de las historias. 

Estos 6 relatos transcurren desde el siglo XIX hasta un futuro postapocalíptico. El Atlas de las Nubes comienza con la historia de Adam Ewing, quien relatará su tortuoso viaje en barco en el siglo XIX escribiendo un diario, que años más tarde llegará a las manos del compositor Robert Frobisher, quien compondrá "El Atlas de las Nubes" tres años antes que estalle la II guerra Mundial. Esta canción la encontrará una periodista de los años 70 en una tienda de discos. Y no quiero desvelar más, ya que como éstas aún le suceden 3 historias más, con un filo hilo de conexión, llámenle karma casualidad o como quieran hacerlo. Al llegar a la mitad de libro, la historia deshace su intrincado nudo y vamos resolviendo cada una de las historias en un viaje lleno de emociones: ira, ternura, traición, confianza, y por encima de todo amor.

La esencia de la(s) historia(s) es comprender que da igual el medio (carta, diario, música, o incluso un telefilm antiguo), lo esencial es el MENSAJE y como éste cala en generaciones venideras o es capaz incluso, de cambiar por completo el curso de la historia. Me quedo aquí con una de las frases que leí en su momento, en plena promoción de la película: ¿Es posible que cuando alguien plasme una melodía o escriba una carta esté brindándole al futuro un legado?

Publicado por Cristina Serrano   

El francotirador paciente, de Arturo Pérez-Reverte

http://www.perezreverte.com/
Hay algo en mí de atracción gravitatoria en torno a la literatura de Arturo Pérez-Reverte. Soy como los satélites que giran alrededor de los planetas: siempre vuelvo a sus libros. En ellos me siento como en casa: personajes, descripciones, ambientes... todo me es familiar.

Su última novela es El francotirador paciente editada por Alfaguara, un thriller ambientado en el mundo del grafiti a través del que el autor nos describe el periplo de Alejandra Varela (Lex) en la búsqueda de un famoso grafitero, Sniper (lease esnaiper), que vive en la oscuridad de la noche, agazapado en las esquinas y cubierto con la inconfundible capucha de felpa de los grafiteros. Todo responde a un encargo: M. Bosque, editor de Birnan Wood, quiere sacar a la luz todo el material que sea posible recopilar de Sniper, preparar una edición especial y organizar una retrospectiva sobre el artista en alguna de las grandes galerías de arte del Mundo. Y para ello necesita su aprobación en forma de rúbrica en un cheque con varios ceros al portador.

Ese encargo se vuelve en una caza debido a lo escurridizo de la presa. Sniper no se muestra accesible al modo de los artistas convencionales. Prefiere "la guerrilla urbana", el arte como ataque al sistema, como denuncia social. Por eso huye de los medios de comunicación y vive entre las sombras de la noche. A esto también ayuda que su cabeza sea buscada por más de uno. Entre ellos L. Biscarrues, un afamado coleccionista de arte propietario de un imperio textil que vio como su hijo falleció en una "intervención" propuesta por Sniper.

Esa es la forma de actuar de Sniper. Él propone un objetivo y los miles de seguidores que tiene en el Mundo se mueven para realizarlo, por peligroso que sea. Este es el punto más controvertido del guerrillero urbano. Lo es porque a través de su personaje, Pérez-Reverte expone una crítica dura al arte actual y al modo en que se valora al artista y su obra.

El arte actual es un fraude gigantesco [...]. Una desgracia. Objetos sin valor sobrevalorados por idiotas y por tenderos de élite que se llaman galeristas con sus cómplices a sueldo, que son los medio y los críticos influyentes que pueden encumbrar a cualquiera, o destruirlo.

Del otro lado está Lex, la cazadora, un personaje de los que les gusta a Pérez-Reverte. Una mujer independiente, hecha a sí misma, conocedora de su oficio, inteligente, sin más temores que los del día a día. Me ha recordado a muchos protagonistas de otras de sus novelas: hombres o mujeres que miran de frente a los problemas; que son sometidos a grandes dilemas humanos, con decisiones drásticas en las que la propia existencia siempre está presente. Lex organiza una captura no solo de un personaje físico, sino también en busca de su paz interior, de limpiar sus cuentas con el Destino.

Mientras pensaba en la propuesta que iba a cambiar el sentido de mi vida, pensé que la palabra azar es equívoca, o inexacta. El Destino es un cazador paciente. Ciertas casualidades están escritas de antemano, como francotiradores agazapados con un ojo en el visor y un dedo en el gatillo, esperando el momento idóneo...

Lex es el hilo conductor de una historia narrada en primera persona, otra de esas peculiaridades de Pérez-Reverte. Ella es la que mueve los engranajes de toda la maquinaria del libro, la luz que guía al espectador en su periplo por Madrid, Lisboa, Verona y Nápoles en busca de Sniper. Y en esa búsqueda, yo no he dejado de aprender cosas. Esa es otra de las cualidades de Pérez-Reverte: la documentación previa a la construcción de novela hace que sus novelas no tengan fisuras ni rendijas en las que ver un claroscuro.

Quizá me quedo con eso más que con cualquier otro matiz de la novela. He aprendido sobre un mundo que nunca me ha llamado la atención. Los grafitis, el arte urbano... o como más os guste denominarlo, aparecen reflejados en la novela en toda su extensión, con toda su terminología. Además, el libro menciona a personajes reales, como El Muelle, grafitero madrileño muy activo en los 80; o algunas intervenciones que en la novela son atribuidas a Sniper, pero que en realidad existieron, como atrancar los vagones de metro con la palanca de emergencia y poder así cubrirlos con grafitis de arriba a abajo.

Cuando terminé la novela busqué en Internet entrevistas a Pérez-Reverte hablando de su novela y me encontré con dos ( Telediario RTVE y Lecturalia) que me ayudaron a terminar de construir ésta reseña y entender un poco mejor todos los personajes. Os recomiendo que los veáis como introducción a la lectura de El francotirador paciente.

Espero que disfrutéis de la novela, tanto aquellos que somos adictos a Pérez-Reverte, como a los que empezaron a leer otras de sus novelas y las abandonaron a las 100 páginas (que me sé de alguno que hizo eso y además se atreve a opinar sobre el autor) pensando que había otras cosas mejor que hacer y os perdisteis grandes relatos. Si después de haberla leído seguís pensando lo mismo, pensad que por lo menos ya sabréis que hay varios tipos de "escritores" y que un "tag" no es una bebida azucarada que se obtiene mezclando polvos con agua fría.


Para Laura, que me ayuda a seguir siendo adicto a los libros.

Publicado por Carlos Masó

El olor de la guayaba, de Plinio Apuleyo Mendoza y Gabriel García Márquez


García Márquez es un escritor que gusta mucho o no gusta nada, que te muestra una realidad subyugante o te cuenta una historia que ni te va ni te viene y que ni entiendes ni te interesa.

Siempre lo vi más como periodista y cronista de su tiempo y de su realidad, que como inventor de historias increíbles y surrealistas.

Gabo, en mi opinión, lo único que hace es describir el Caribe mezclando nombres, situaciones y lugares y este libro nos ayuda a entender cómo ocurre.

El olor de la guayaba, a primera vista, es simplemente la conversación de dos amigos que se conocen desde siempre, que han compartido gran parte de la vida y por lo tanto no tienen nada nuevo que decirse y a la vez necesitan profundizar en lo que ya saben el uno del otro.

Como es lógico Plinio Apuleyo, periodista y escritor colombiano, se pone al servicio de su amigo, Gabriel García Márquez para hacer esta especie de “diccionario” de su obra.

Plinio pregunta, objeta, opina y estimula al de Aracataca para que enseñe a sus lectores de donde surgen las claves de sus libros, cómo nacen sus personajes confeccionados con retazos de personas conocidas que a pesar de mezclar sabiamente, la madre de Gabo siempre logra reconocer.

Por su parte, el autor de Cien años de soledad, se deja llevar por su amigo y desgrana su pensamiento al ritmo de la brisa del Caribe y a través de sus palabras puedes oler los lirios, escuchar las guacamayas y sentir en tu cara los últimos rayos de un sol relajado y omnipresente haciendo posible que entendamos todas y cada una de las claves de sus obras, pero el libro es mucho más; es el conocimiento de la personalidad del escritor, de sus temores, su esperanzas, sus opiniones morales y políticas.

Si no han leído nada de García Márquez, les recomiendo este libro para adentrarse en la semblanza de un escritor al que le cuesta creerse que lo que narra pueda fascinar a millones de personas. Su proceso creativo es difícil y pienso que es, porque su alma de cronista puede más que su alma de inventor de historias. Intenta que ambos tengan su parte de protagonismo.

Si han leído algo de él, este libro será la bitácora con la que podrán entender por qué el mundo de García Márquez es como es; por qué sus personajes piensan y actúan como lo hacen y por qué aparecen y desaparecen en su obra a su antojo y sin pedir permiso.

Por último, El olor de la guayaba es un vivero de frases y pensamientos del autor que nos muestra que al fin y al cabo solo es hijo de su tiempo y sobre todo de su pueblo, por qué no a todo el mundo lo lleva su padre a conocer el hielo…
 
Publicado por Dolega Martín   

La obediencia nocturna, de Juan Vicente Melo


En el periodo 2000 a 2009 el porcentaje de traducciones publicadas en España osciló entre el 22,9% y 27,2%. Cifras muy elevadas y que contrastan con el 3%, que es el porcentaje medio de traducciones que se publica anualmente en Estados Unidos. Tal y como señala Luis Magrinyà en su artículo «¡Vivan las traducciones!», la traducción en Estados Unidos, pero también en Inglaterra, es un fenómeno extraño, insólito y sospechoso. Su idioma es hegemónico y domina con la certeza impuesta de un pensamiento colonial.

Pero los datos anteriores también nos deben hacer reflexionar en otro dirección: hablamos y pensamos y escribimos en español, una lengua transoceánica, de una riqueza y diversidad cultural enormes, y donde cualquier gusto estético puede quedar de sobras satisfecho. ¿Por qué entonces ese elevado porcentaje? ¿No será que estamos aceptando resignados la invasión editorial extranjera? ¿No será que rebajamos nuestro criterio ante lo que viene de fuera, y multiplicamos nuestra exigencia con lo próximo? Porque cuesta creer que un idioma sobre el que han creado Cervantes, Galdós, Borges, García Márquez, un idioma en el que ahora escriben Muñoz Molina, Piglia, Mendoza, Marsé o Marías, no logré ser el vehículo de ficción principal de todo un pueblo.

Y porque por encima de su amplitud geográfica, y por lo tanto de su variedad, y por encima también de las firmas que han pasado por su historia, y han hecho su tradición, el lector nativo o competente de español goza de un privilegio: leer sin necesidad de traducciones. Es un lujo inmerecido abrir un libro de Cortázar o Rulfo y saber que vemos el espejo exacto de lo que Cortázar o Rulfo pensaron y escribieron. Toda traducción es una cirugía, un proceso sin retorno donde el timbre y el tono cambian, donde se mantiene un título y una portada pero ninguna palabra coincide con lo que su autor pensó y escribió. 

Por este motivo La obediencia nocturna (1969) es un libro luminoso desde su nacimiento. Escrito por el mejicano Juan Vicente Melo, es el resultado de un parto natural, sin modificaciones, tal y como él lo quiso. No debería sorprendernos esta obviedad, pero sí que hay que destacarlo cuando uno de cada cuatro libros salen de ese hospital de las traducciones, y ojalá muchos se hubieran quedado en una eterna convalecencia. Que el libro mencionado sea un reflejo exacto de su autor no significa nada más que eso, porque la novela en sí ni es fácil de conseguir, ni tampoco de leer e interpretar. 

La fortuna de una novela, menos mal, no la dan tanto la cantidad de su lectores como la calidad de los mismos. La obediencia nocturna es celebrada alegremente por una minoría lectora, pero ignorada con la misma intensidad por el gran público. He tratado en vano de recordar dónde leí su recomendación: sé que fue en una entrevista a algún escritor que admiro, que apunté de inmediato el título y su autor en mi cuaderno, porque si algo he aprendido con los años es que no hay mejor recomendación literaria que la de un escritor, pero no consigo visualizar ni el medio de comunicación ni la persona entrevistada.

Decidido a empezar su lectura, la primera gran dificultad es encontrar la novela. La editorial Era la publicó en 1969, y solo en 1994 ha recibido una segunda reimpresión. Según leo en la red la serie Lecturas Mexicanas de la SEP la publicó en 1987, con un tiraje de veinte mil ejemplares, y su edición está agotada. Tecleando su título en el omnipresente Amazon solo existe un volumen a la venta, evidentemente de segunda mano y con un precio elevado para sus apenas doscientas páginas. 

¿Merece la pena, me pregunto, hacer crítica de una novela que presumiblemente nadie va a leer, porque ya solo el hecho de conseguirla es toda una proeza? Sí, rotundamente sí: el gozo de su lectura me obliga a ser parte de esa cadena minoritaria que, ojalá, deje de serlo con estas palabras, o que al menos logre avanzar otro eslabón. Porque no hay que olvidar el propósito de una buena crítica: buscar el milagro de cambiar la vida. La labor de un crítico debe ser enseñar al lector esa obra de arte capaz de cambiar la vida. Al público, ¡yo mismo también!, nos adormece lo placentero, pero como bien señalaba Platón lo bello es lo difícil, y hay que mirarse en los espejos donde continuar esa luz milagrosa, minoritaria, un haz al que alguien nos está invitando, y que busca un reflejo.

No solo es La obediencia nocturna una novela difícil de conseguir, sino también de comprender. El resumen de su argumento es tan complejo como llegar a la propia obra, y lamentablemente no evoca la belleza oscura de la novela. En mi contracubierta de la edición de la biblioteca ERA, un volumen de hojas amarillentas a punto de soltarse, que han ennegrecido, y que al moverse huelen a tiempo, se presenta de forma breve la siguiente sinopsis: «Cuando el narrador de esta historia llega a estudiar a México, hace ya tiempo que su infancia provinciana quedó enterrada (...): «El juego ha terminado». Pero el verdadero juego va a empezar apenas. Sólo que éste es un juego siniestro, asfixiantes, sin escapatoria. El narrador se ve envuelto sin saber cómo en una vasta e incomprensible conspiración nocturna (...) a la que ya no podrá dejar de obedecer. Es el elegido, es decir, la presa (...)».

Por su parte, la contracubierta de la edición de la SEP presenta también su propio resumen del argumento, algo más clarificador, y que dice así: «El narrador de La obediencia nocturna se halla envuelto en una vasta e inexplicable conspiración en la que desempeña el papel de víctima. Perseguido por el recuerdo fantasmal de su hermana Adriana, confundido por las equívocas señales de los sentidos y las imágenes contradictorias que le ofrece la memoria, se aplica a descifrar un misterioso cuaderno que ponen en sus manos Marcos y Enrique, dos compañeros de estudios cuyas identidades parecen ser intercambiables, y se esfuerza por alcanzar a una Beatriz ideal y escurridiza, cuya última realidad es sólo un nombre y una fotografía».

La obediencia nocturna es un libro maldito, en el sentido de que, como ya indicado, está condenado a llegar a muy pocos, a ser interpretado con cierta dificultad y desde puntos de vista a veces opuestos, y maldito también porque, hermenéuticamente, las referencias dantescas atraviesan el texto desde su propia esencia: el centro de la obra es ese misterioso cuaderno del señor Villaranda, una colección incomprensible de signos y garabatos que deben ser descifrados para dar sentido a la realidad, y liberar así al elegido de su penosa carga.

Como bien señalan los resúmenes ya apuntados, la obra se inicia con el fin de la infancia del protagonista. Digo protagonista porque nunca sabremos su nombre, y más tarde descubriremos que los personajes pueden ser, incluso, intercambiables. Son de una calidad poética y musical inusuales las páginas donde se describe el descubrimiento del mundo adulto, la felicidad última del protagonista con su hermana Adriana y la lucha de éste contra el perro-tigre, epítome de la angustia que dominará entonces su vida. El perro-tigre es también una evocación del incesto, pero sobre todo la victoria del mal contra la pureza de la infancia, la destrucción definitiva del paraíso.

Parece claro pensar que la pérdida de la pureza conduce a la perdición. Se despierta uno del letargo infantil, donde el amor era ignorante, y por lo tanto puro; se pierden las certezas, que son las que dan un sentido a la vida, y ésta misma queda cuestionada. «No se puede vivir. Eso dijo y sentí vergüenza de creer lo contrario y estar vivo. Porque no se puede vivir», es un leit motiv que recorre la novela.

Acabada pues la infancia, surge un mundo subversivo y de opresión mucho más fuerte que los creados por Kafka o cualquier escritor de la generación beat. El protagonista se hunde en un mundo cerrado y dominado por el mal, un mundo que le somete, le alcoholiza y le domina la consciencia. Un mundo en el que todo está controlado, su vida domesticada, y sin embargo nunca toma las decisiones adecuadas, siempre llega tarde y se equivoca y no logra los objetivos que para él se han definido por un plan superior y desconocido. 

Los recuerdos son elementos invasores que hace aún más dura la existencia, multiplicando su humillación y su locura. El recuerdo fantasmal de su hermana Adriana, pero también la ausencia de Beatriz, que acaso no llegó nunca a existir sino como un ideal soñado de perfección. Recuerdos confusos porque le traiciona la información de sus propios sentidos, y así que el lector de esta obra exigente, inverosímil y a la vez del todo creíble, se ahoga también en esa falta de cualquier certeza.

¿Y cuál parece que es la única certeza, la única puerta para escapar a ese mundo de perdición? Podríamos pensar en el desciframiento de ese cuaderno del señor Villaranda, un mandato nocturno que exige de obediencia. Un cuaderno en cuya última página se encuentran los siguientes versos: «O tal vez no sepamos nada, no inventemos nada, tal vez no sepamos con exactitud si fuimos palpados por una vida que no acertamos a conocer (...)».

Descifrar el cuaderno, como la vida, parece carecer de cualquier propósito. Es una broma pesada, un rito impuesto que se debe cumplir, y que nadie elige voluntariamente. Es un mandato nocturno a obedecer, un papel que hay que representar, y los encargados de descifrarlo cumplen su misión con la rigurosidad de una orden monástica. El rito, de fuerte cariz religioso, es más bien una amenaza que parece que ha conseguido de antemano su fin, y así que los personajes se nos muestran completamente acabados. Frases del Réquiem Latino adelantan los pasajes más significativos de la novela, y parecen justificar esta idea.

Frente al cuaderno, que es el misterio de la vida, todos somos los mismos, nadie es el otro, y de ahí que los personajes, en otra dificultad más de la novela, sean intercambiables: «Enrique y Marcos (...) me miran sorprendidos. ¿A quién me parezco yo? ¿A él, al otro?», se pregunta el protagonista, sumergido en ese sueño de delirio que es toda la novela, esa dolorosa búsqueda de lo que significa el cuaderno y que, metafísicamente, le lleva a buscar el origen de la culpa como única posibilidad para recuperar la certeza, la cual solo habita en el mundo de la infancia, y así la felicidad.

Estilísticamente la novela combina unos pocos elementos de forma repetitiva. Esta austeridad de medios remarca que nos encontramos ante una obsesión, el texto es circular, y de ahí que abunden las repeticiones, los espejos, los puntos de partida a los que se vuelve una y otra vez por cada uno de los personajes, que a veces parecen ser uno solo. En definitiva un único movimiento repetido una y otra vez, que trata de cumplir el rito y así trascender a la muerte, dejando en el camino el agotamiento paranoico de los personajes.

Son frecuentes las referencias a la música, con epígrafes de los réquiems de Mozart y Verdi. Pero el propio tiempo narrativo es también musical y no en vano su autor, médico de profesión, fue periodista y crítico musical. Juan Vicente Melo buscó en la música una salvación a su propia vida, marcada por el tabaquismo, el alcohol y los vaivenes anímicos. En el texto se insertan fragmentos gráficos de códigos musicales que, según el propio autor, debían leerse literariamente, como distintas formas de llamar a una presencia inexistente, y enfrentando así dos códigos distintos al lector.

También encontramos abundantes notas religiosas, pues el rito exige de una dedicación absoluta, mística. El señor Villaranda es un poder en la sombra: despliega una teología que somete a todos los personajes, y también al lector. Unos y otros acabamos la novela moralmente agotados. Pero también le ocurrió algo parecido a su autor: Juan Vicente Melo tardó dieciséis años en volver a publicar, un silencio contundente y en cierta manera inevitable, como lo que en esta novela se cuenta.

En resumen, La obediencia nocturna es una novela metafísica, dominada por la noche, la ebriedad como vía al conocimiento, y la perdición a la que conducen la falta de certezas. Solo la infancia parece un lugar donde merezca la pena vivir. El mundo adulto está gobernado por planes que trascienden a los personajes, planes dictados por otros y que dominan y ahogan sus vidas. La lucha por dotar de significado al tiempo está contada en un lenguaje austero, con elementos circulares, donde cada personaje se perfile como él mismo y también como los demás. Un lenguaje moteado con referencias musicales y religiosas, y en el que brillan momentos de gran belleza poética: son  instantes fugaces, que parecen no buscados en un texto donde el sueño es siempre pesadilla.

Sirva un ejemplo de esta altura poética como punto final de la recomendación, y como invitación o punto de partida para la búsqueda y lectura de esta obra maestra. Una obra que por su exigencia lectora y su amplitud interpretativa ha quedado relegada al goce de un círculo minoritario.

«Cuando entro en el cementerio suena una campana. Me detengo, sorprendido. Un ataúd avanza lentamente seguido por cuatro mujeres viejas. Sus rostros ajados están cubiertos por afeites que resbalan con el sudor. Caminan con pasitos tambaleantes, sosteniéndose unas a otras. De trecho en trecho, se detienen, respiran profundamente, se arreglan los sombreros, el cabello grisáceo, las mechas que caen o se revuelven, las faldas. Luego, dan una carrerita y siguen al ataúd. Sus gemidos, sus voces se confunden con el lamento de la campana. Empiezo a llorar. Veo cómo se detienen, al fin, sofocadas por el calor y el esfuerzo. Veo cómo desciende el cajón negro. Las veo, inclinadas, arrojando flores marchitas, fotografías, reliquias, en el agujero. Tratan de contener los sollozos. Se ha ido -dicen en coro-, se ha ido y nos ha dejado solas. ¿Quién de nosotras nos abandonará primero? Eso nos preguntamos todos los días después de persignarnos, desde hace ya no sabemos cuántos años. Se murió primero ella, la más olvidada del mundo. Las mujeres regresan después de echar la última mirada a la tierra que se amontona tontamente. No tuve tiempo de esconderme y las mujeres me han visto que estoy llorando. Era una gran artista -eso dicen, en coro-, la mejor artista del mundo. Pero ya nadie se acuerda de ella. Rece usted por ella. Rece usted por la salvación de su alma. Solicite usted el eterno descanso de ella. Yo, siento una gran vergüenza.

No, no es ésta. La tumba blanca de tu madre virgen se halla en otra ciudad cuyo nombre te parece extraño. Tampoco está aquí la tumba de tu tío por la sencilla razón de que él morirá tres años más tarde. Eso, al menos, anunció la Presencia. «Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo». Solo el murmullo de las oraciones interrumpe el silencio tranquilo. Los cipreses se balancean lentamente. Por primera vez, comprendo que el silencio, los cipreses, las tumbas, son otra cosa y, por tanto, lo único que me pertenece. ¿Una de estas tumbas es la de mi madre? ¿O la de mi padre, el que desapareció, el que decidió ser un nómada, el que se fue -acaso- en busca de la honra, el que quiso fundar otro hogar, el que se fue -acaso- para vivir, todavía vivo, pensando en fundar la ciudad que solo podrá edificarse con su palabra, con la única palabra por él inventada, él, todavía vivo, bautizado con el nombre de Abel, oculto bajo otro nombre? Padre Nuestro. Tu ataúd pasa frente a mí. Nos hemos perdido. Hoy, esta tarde, te encuentro, te reconozco. Estoy suponiendo que te quería, padre, tú, desconocido, quiero decirte que soy tu hijo, para que así, padre, tú sepas que fuiste mi padre, padre, yo, el siempre fiel, el único capaz por tanto de traicionarte.

Ya no quiero preguntarme qué hago aquí, a esta hora. Voy al sitio en que acaban de enterrar a esa mujer cuyo cortejo formaban las cuatro o cinco mujeres disfrazadas. Murmuro, tontamente: «Ruego por la salvación de tu alma».

A lo lejos apareces. «Beatriz», me digo, tratando de aplacar el golpeteo del corazón. Pero no: es Graciela, que camina con pasos lentos, tan lentos que parece no avanzar porque estoy en el presente. No es hoy o mañana: tampoco sueño ni soy víctima del recuerdo. Es de día. El sol no se ha oscurecido. Palpo ávidamente todo mi cuerpo. Permito que el aire inunde mis pulmones hasta que me duelan de tanto tragarlo. Graciela avanza. Reto al sol: a ver quién cierra primero los ojos, a ver quién es más fuerte. Graciela avanza y eso quiere decir que estoy en el presente, en el primer día, que ella va a invitarme a una fiesta, que todo está en orden y en su sitio. Al fin, ya está a mi lado y toma una de mis manos. Caminamos en silencio. Graciela es otra. No podría precisar exactamente en qué consiste la diferencia. Adivina mis pensamientos y sonríe, apenas. «Sí, he envejecido». Luego, me mira con ojos bondadosos. «Tú también», murmura. «Tú también ya no eres el mismo»».

Publicado por Daniel Dilla   

Los reyes de lo cool, de Don Winslow


Esta es mi primera vez con Don Winslow pero tengo pensado repetir. Este autor estadounidense es muy reconocido dentro de las novelas de crímenes y misterio, aunque a mí se me escapaba. He empezado con Los reyes de lo cool, su última obra del año 2012, que viene a ser la precuela de otra novela que escribió anteriormente (Salvajes, en 2010 y que Oliver Stone llevó al cine en 2012). 

Los reyes de lo cool nos cuenta la historia de Ben, Chon y O (Ophelia) en el año 2005. Estos tres amigos viven a tope en Laguna Beach, al sur de California. Ben es el pacifista del grupo, Chon es miembro de las fuerzas especiales del ejército, y O es su chica multiorgásmica a la que ellos quieren por encima de todo. En su última misión en Afganistán, Chon vuelve a casa con una semilla de Viuda Blanca (cannabis del bueno, cargado de THC) para venderla, y a partir de ahí es cuando empiezan los problemas. Realmente el negocio no es la droga como tal, sino controlar el sitio y a los que venden allí. Si no pagas el derecho a vender, estás muerto. Y Ben y Chon, no tienen ninguna intención de pagar a nadie ni de dejarse chantajear. 

A su vez, dentro de la novela, nos remontamos a los 70, también en Laguna Beach, pero con otros personajes, que son los que llevaban el negocio de la droga de aquella época. Ambos tiempos se intercalarán para llegar a un desenlace donde todo confluye. 

Se trata de una novela actual, con temas tan recurrentes como policías corruptos sin moral con afán de ascender y de hacer dinero fácil; el tráfico de drogas; las mafias que se montan a raíz de ello; y las vidas de los jóvenes que viven por y para la droga. 

Como curiosidades de la novela, la primera de todas fue el inicio del primer capítulo. Constaba de una sola frase en medio de una hoja: “Que me jodan”. El vocabulario resulta peculiar, especialmente cuando habla O, ya que es partidaria de hablar con siglas, y que personalmente me ha hecho retroceder hojas del libro para saber a qué se refería. Muchos son capítulos muy cortos, excesivamente cortos en ocasiones, y eso hace que pierdas el hilo y no llegues a conectar bien con lo que te están contando, especialmente al principio.

Admito que me costó engancharme, pero conforme el libro va avanzando mejora, el ritmo acelera convirtiéndose en algo casi vertiginoso, y los capítulos empiezan a hilarse, tanto los que pertenecen al presente como los que hablan de la época anterior. 

Finalmente se me ha quedado un muy buen sabor de boca, tanto, que quiero leer Salvajes, para saber qué ha sido de estos carismáticos personajes. Y luego veré la película, que tiene buenas críticas.

Publicado por Claudia Pina   

De qué hablo cuando hablo de correr, de Haruki Murakami


Murakami nos sorprende con este libro, en el que nos desvela su gran afición: correr. En De qué hablo cuando hablo de correr, Murakami comparte con nosotros lo que siente frente a este deporte, haciéndonos partícipes de sus esfuerzos por superarse a sí mismo. Es un libro recomendable para los amantes de este deporte, y también para los que aunque no corramos, somos incondicionales de este autor, ya que nos aproximamos por primera vez a su vida. 

Se trata realmente de un libro íntimo, en el que Murakami nos revela sus sentimientos y cómo se enfrenta en su día a día a este deporte. Al mismo tiempo, nos describe minuciosamente cómo se prepara para su próxima maratón, o su próximo triatlón, al igual que sus sentimientos y pensamientos durante cada competición.

Para los que al igual que me pasaba a mí, correr les parezca un solemne aburrimiento, este libro nos abre un nuevo punto de vista: el de la superación, la constancia, el esfuerzo y la satisfacción de superar un reto. 

Si eres un incondicional de Murakami, no lo puedes dejar de leer. Por primera vez, este fantástico y adictivo autor, parece recompensarnos y nos deja mirar por el resquicio de una puerta entornada, una faceta de su vida.

Publicado por Inma Gallego   

Helen no puede dormir, de Marian Keyes


El mundo de Helen Walsh se desploma. Es detective privado y cada vez tiene menos trabajo, por lo que debe dejar su perfecto piso (el cual le ha costado mucho tener a su gusto) y tiene que volver a vivir con sus padres. 

De pronto recibe un nuevo encargo, pero viene de la mano de Jay Parker, un ex novio con el que las cosas terminaron bastante mal, y Helen se ve en la tesitura de aceptar el trabajo (aunque le repatea que sea Jay quien ha acudido a ella) o estar sin un duro y con demasiado tiempo libre para pensar. Finalmente decide aceptar la oferta y se pone manos a la obra para encontrar al cantante de un antiguo grupo, que tuvo fama en su juventud y que vuelve a juntarse para dar una serie de conciertos en Irlanda. Helen debe encontrar a Wayne Diffney en cinco días. 

A la vez que la investigación empieza a surtir efecto y empiezan a salir los primeros secretos del resto de miembros del grupo, también conoceremos un poco más de la vida de Helen como por ejemplo cómo conoció a Jay y qué pasó entre ellos; que ocurrió con su mejor amiga; la relación con los miembros de su familia; un período de depresión sufrido por la protagonista (y que aún causa estragos en la actualidad) y cómo es la relación que mantiene con un hombre divorciado que aún tiene muy cerca a su maravillosa ex mujer. 

No es el primer libro que leo de Marian y la verdad que ha sido algo diferente a lo que estaba acostumbrada. Antes todo era juerga, borracheras, sexo y vida nocturna. Este libro es un poquito más dramático, especialmente en lo que se refiere al tema de la depresión. Marian Keyes es una de las grandes autoras de chick-Lit, con varias novelas enmarcadas en este género, pero que ha ido evolucionando y haciendo sus escritos más serios, manteniendo una prosa fresca y con un toque de humor. Helen no puede dormir es una de esas novelas modernas y contemporáneas, que engancha, entretiene y se lee rápido. 

A los que os gusta esta autora, decir que es diferente pero aún se reconoce el toque Keyes. A los que no queréis saber nada de chick-lit, éste es un buen título para darle una oportunidad.

Publicado por Claudia Pina   

Todo lo que podríamos haber sido tú y yo si no fuéramos tú y yo, de Albert Espinosa


“Me gusta dormir, quizá es lo que más me gusta en esta vida. Y quizá me gusta tanto porque me cuesta mucho conciliar el sueño”

Si hay una palabra que se pueda aplicar, en mi opinión, al comienzo de Todo lo que podríamos haber sido tú y yo si no fuéramos tú y yo, de Albert Espinosa (Debolsillo, 2011) es inusual. Primero, porque el título le da injustamente al libro un aire de género de autoayuda al que no pertenece en absoluto (de hecho, se trata de una novela distópica) y segundo, porque no es muy común que la afición principal de una persona o personaje sea dormir. Mucho menos si ese personaje es el protagonista. Al empezar una historia de ficción esperamos del personaje principal que tenga aficiones peculiares como coleccionar mariposas, ediciones diferentes de El guardián entre el centeno o salvar damiselas en apuros saliendo en mallas de una cabina. Cosas heroicas o estrambóticas que lo hagan único. Y sin embargo, que la principal afición del protagonista sea dormir lo convierte en más especial que cualquier otra.

A través de Marcos, su dormilón protagonista, Albert Espinosa nos traslada a un mundo distópico en el que la gente vive su vida como vosotros y yo vivimos la nuestra pero con una particularidad crucial: muchos han dejado de dormir gracias a un medicamento que permite, en una sola toma, permanecer en vela para siempre. La trama de Todo lo que podríamos haber sido tú y yo si no fuéramos tú y yo se urde a partir del supuesto de la posibilidad de dejar de dormir y gira en torno a una decisión: la de si el protagonista, que ama el sueño, tomará el medicamento o no. A partir de aquí se articulan varias subtramas que, en ocasiones, parecen estar al mismo nivel de importancia que la principal pero, puesto que la característica fundamental del mundo ideado por Espinosa es el sueño (o la ausencia del mismo), en mi opinión es esta decisión la que vertebra la historia y da pie a todas las demás. Y recalco, decisión. Porque estamos ante una novela de decisiones.

La novela está muy bien contada en primera persona y matizo que muy bien porque a veces los libros en primera tienden a perderse en los vericuetos mentales del personaje que cuenta la historia en una suerte de literatura improductiva que, en este caso, no se da. Todo lo que Marcos nos cuenta tiene un papel en la historia y además, Espinosa consigue desgranarlo poco a poco de manera natural, como si tuviera que ser contado así y no de otra manera, creando un acertado clima de tensión constante sin escamotear de forma poco honesta datos al lector para mantener el suspense. Espinosa lo muestra todo, pero en el momento justo en que debe ser desvelado. Ni antes ni después. Esto, junto con la prosa ágil y sin artificio de Espinosa, contribuye a que la novela se lea de una sentada.

Sin embargo, quizá sea conveniente avisar al lector potencial de que, por mucho que el texto enganche y pida que no lo dejes en la mesa hasta el día siguiente, no es mala idea ir poco a poco, porque la historia es... incómoda. Como una decisión. Espinosa plantea un dilema moral tras otro que el lector se va proponiendo y resolviendo al mismo tiempo que el personaje, sin que el resultado tenga que ser necesariamente el mismo. Ésa esa otra de las grandes aportaciones de la novela: que trasciende la literatura para “obligar” al lector a hacerse preguntas: ¿qué harías si muriera la persona a la que más quieres en el mundo? ¿y si pudieras dejar de dormir para siempre? ¿qué harías si pudieras ver los recuerdos más importantes de la gente? ¿y si pudieras conocer el futuro? ¿querrías conocerlo aun sabiendo que eso tendría consecuencias en tu presente? Todo lo que podríamos haber sido tú y yo si no fuéramos tú y yo es la búsqueda constante de respuestas, en el personaje y en uno mismo, una búsqueda que ayuda a un mejor conocimiento propio mediante el personaje, por comparación de las elecciones de cada uno en cada situación.

Entrando en lo que es la historia distópica en sí y sin desvelar nada de la misma, en mi opinión se trata de un argumento construido sin fisuras en el que los elementos extraordinarios encajan a la perfección dentro del ambiente que Espinosa crea desde la primera frase y que dan como resultado una novela creíble a pesar de ser cercana a la ciencia ficción.

Formalmente hablando llama la atención la división en capítulos por lo original y acertado de los títulos que acompañan a cada uno de los mismos. De hecho, yo diría que los títulos de cada capítulo son “mejores” que el título del libro en sí, ya que para comprender cuán bien está titulada esta obra de Espinosa es necesario haberla leído entera y hasta llegar ahí, el título crea bajo mi punto de vista prejuicios inmerecidos hacia ella.

Siempre he pensado que lo peor que les puede pasar a un libro y a una persona es parecer lo que no son y que los conozcan de oídas. En el caso del libro que nos ocupa, antes de leerlo estaba convencida de que se trataba de un libro de autoayuda y como no hay género que me resulte menos atractivo, lo cierto es que era uno de esos libros que veía en las estanterías de las librerías y que, por mí misma, no hubiera comprado jamás. Las opiniones sobre él que tenía tampoco invitaban demasiado a su lectura. No porque fueran malas (que no lo eran) sino porque no dejaban claro que el libro es una novela y no una sarta de consejos sobre cómo ser feliz después de una ruptura amorosa o cómo cambiar tu personalidad para ligar siendo aceptado socialmente.

Así que, después de leerlo y comprobar por mí misma que no sólo no es un libro de autocompasión sino que se trata de una novela de lo más original, me quedo con dos enseñanzas fundamentales que se aplican, a mi parecer, tanto en los libros como en la vida, en una especie de metaliteratura vital: que es aconsejable meditar bien si queremos conocer nuestro futuro (por si trae consecuencias en el presente) y que para juzgar un libro con propiedad, primero hay que leerlo. Os recomiendo, encarecidamente, que le deis una oportunidad a éste y que si lo hacéis, tengáis a mano una libreta. Os vais a encontrar con un buen puñado de reflexiones y frases con las que os sentiréis tan identificados como para querer que no se os olviden.

Publicado por Casiopea    

El Jardín Olvidado, de Kate Morton


No pude evitarlo. Fue superior a mí. Era como la fuerza de un imán. Con el anterior libro de Kate Morton aún entre mis manos, escogí El Jardín Olvidado, ya que me había quedado con ganas de más. Pensaba, sinceramente, que su historia tendría algo que ver con La Casa de Riverton, pero no fue así. Lo único que pueden tener en común son que las protagonistas son femeninas y que tienen Inglaterra como escenario. A partir de ahí vienen las diferencias que convierten esta historia en una obra de arte que te atrapa y te enreda en el sillón hasta que terminas de leerla. 

Una niña aparece en un puerto australiano y no recuerda ni su nombre. Un amable jefe de puerto la recoge y la lleva a su casa de forma temporal. Pero nadie la reclama, y su mujer y él deciden quedársela sin dar explicaciones a nadie. Los años pasan y esta niña se convierte en una feliz mujer a punto de casarse. Sin embargo, esa felicidad se rompe al contarle Hugh, el amable jefe de puerto, la verdad sobre su pasado. Nell, que así han llamado a la niña, rompe con todo y decide averiguar quién es, qué son los recuerdos con la Autora que le aparecen y por qué fue abandonada. 

La historia no tiene solo un narrador. El narrador es un coro de voces femeninas pertenecientes a tres generaciones de una misma familia. También se narra la historia a través del género epistolar: cartas y diarios que nunca vieron la luz o que fueron acallados para que no se supiera la verdad. Y además intervienen una multitud de buenos vecinos que ayudan a la protagonista, la nieta de Nell, a recuperar la historia familiar de su abuela. 

Me gusta mucho cómo Kate Morton entrelaza las tres líneas temporales y sus tres protagonistas sin que nos perdamos. Me gusta mucho cómo la historia va fluyendo y discurriendo entre nuestros dedos y cómo va haciéndonos descubrir los terribles y hermosos secretos de un jardín paradisíaco y lleno de simbología. Su prosa y sus diálogos hacen que nos envuelva la magia de ese mar embravecido y esos pastos verdes de la Inglaterra más provinciana. Y me cautiva, sí, me cautiva la fuerza arrolladora de dos de sus personajes principales: Nell y Eliza. Y me enamora, me apasiona, me enloquece ver lo que el AMOR puede llegar a mover en un ser humano. 

Después de todo esto, no queda duda. Recomiendo encarecidamente su lectura y disfrute en cualquier momento del año, pero quizá ahora, con el tiempo invernal, nos llegue más al alma.

Publicado por Ana Gigante   

Muerto hasta el anochecer, de Charlaine Harris


Pues ya iba tocando publicar una reseña de vampiros, pero de vampiros de los de siempre, a los que la luz del sol les quema la piel y les encanta la sangre. Muerto hasta el anochecer es el primer libro de los trece que componen la saga The Sourthern Vampire Mysteries, de Charlaine Harris. Sookie Stackhouse es una camarera de Bon Temps (Luisiana) que tiene un especial don, es capaz de leer la mente de todo el mundo a su alrededor, por lo que conoce los más oscuros secretos de todo aquel que se le acerca.  O quizá no, porque es incapaz de leer la mente de los vampiros. Éstos hace ya un tiempo que decidieron salir a la luz y dar a conocer a los humanos su existencia, gracias a la sangre artificial (True Blood) inventada por una empresa japonesa. La invención de la sangre artificial hará posible que los vampiros se alimenten sin necesidad de atacar a los humanos, dejando de ser una amenaza para ellos y buscando así que se les reconozca como ciudadanos legalmente. Sookie se sentirá atraída por Bill el vampiro, sin importarle la reputación de éste y de que muchos de los humanos desconfíen de todos los vampiros. Pero las muertes de varias mujeres en extrañas circunstancias pondrá al pueblo de Bon Temps en alerta, pues algunas de esas mujeres tienen marcas de mordeduras de vampiros.


En la saga de Charlaine Harris podemos encontrar todo lo que esperamos de los vampiros y más. Hay sexo, sangre, violencia, drogas e incluso política. Son novelas corales, porque, aunque Sookie es el eje de los libros, están plagadas de un numeroso y variopinto coro de personajes que poseen sus propias tramas. Los vampiros no serán los únicos que hagan acto de presencia, un nutrido grupo de seres sobrenaturales irán apareciendo a lo largo de las aventuras de Sookie Stackhouse. Y todo ello salpicado con humor, humor negro, a veces macabro. Éste es un libro de los que yo llamo puente, de los que te lees para desconectar de otras lecturas más intensas, para borrar el poso que dejan en mente y alma. Tanto Muerto hasta el anochecer como el resto de la saga se leen rápido, en un par de días o tres, eso sí, si te gustan, son adictivos y cuando terminas uno quieres empezar el siguiente inmediatamente.

Por cierto, hay una serie de la HBO que os recomiendo, basada en los libros de Sookie Stackhouse, llamada True Blood, y su creador es Allan Ball. Quizá a algunos os suene su nombre si fuisteis seguidores de la magnífica serie A dos metros bajo tierra hace unos años. Deciros que la serie es fiel al libro objeto de esta reseña, pero que a partir de la segunda temporada el argumento empieza a tener cada vez más cambios con respecto a los siguientes libros. Os dejo la intro de la serie, que a mí personalmente me gusta mucho, y os confieso que si hay algo que odio son las largas intros de algunas series, pero creo que la canción ayuda a que me guste.



Publicado por Carmen Aguado   

Cosas que los nietos deberían saber, de Mark Oliver Everett


Mark Oliver Everett es el vocalista y compositor del grupo The Eels. Y Cosas que los nietos deberían saber es su biografía. Contada en una primera persona más directa de lo habitual, con una descarnadura digna de la confidencialidad del más íntimo de los amigos, el autor nos va recorriendo su vida en un estricto orden cronológico, desde el final de su infancia y comienzos de adolescencia, hasta el momento actual, donde lidera una exitosa banda indie/rock de permanente gira mundial.

Y hago hincapié en la descarnadura de su relato porque, pese a saber de la reconocida posición musical del autor y el momento en el que escribe la obra, la atmósfera con la que recrea su vida y todos los avatares que la rodearon es tal, que uno se siente tentado a pensar que el éxito no le llegaría nunca, o que algo terriblemente fatídico enturbiaría, aún más, su penoso camino como músico. Pero, a decir verdad, desde el comienzo, el libro deja caer su peso en las historias de la familia Everett y en los intentos de amoríos del propio autor, narrado todo en el escenario de esa América de principios de los 80, con el calor de los ocasos de verano en Virginia, los descapotables y los porches de las casas esperando, como una pintura de Hopper, que la música suene y la chica dé el primer paso. 

No en vano el eje sobre el que gira su obra y, por tanto, su vida, son las mujeres. Desde el comienzo, el autor va analizando cada tipo de relación que ha tenido y cómo cada mujer ha ido marcando su vida, reconociendo que rara vez se fijó en la acertada. Además, su hermana Liz, con una vida trágica, y su madre, protagonista, por desgracia, de uno de los mejores capítulos del libro, son los puntos de referencia de cada hecho de su vida y, posteriormente, de su música. La relación de la hermana mayor con las drogas; el padre, eminencia en física cuántica, pero figura ausente en la vida de sus hijos y su mujer, hacen que la trayectoria del autor aún sea más digna de admiración, puesto que la dureza emocional que se le ha exigido desde pequeño, fue fraguando en una sublimación artística a la que no abandonó la constancia. Llamando a todas las puertas; presentando grabaciones que pasaban por ser maquetas de estudio; dejando en cada letra el dolor de una vida que nunca alcanzaba a comprender, Everett fue capaz de ir dando los pasos necesarios para lograr el éxito que a día de hoy disfruta. Pero quizá, lo más llamativo de esta historia, es que si bien la música parece ser el esperado colofón de la historia, no resta en ningún momento protagonismo a lo que el autor verdaderamente quiere contar; a saber, la historia de su familia. La historia de él mismo a través de su familia. 

Y es a ella a quien se dirige el final de esta obra. Y el principio, claro. A unos hipotéticos nietos que se pregunten por la causa de todo. Porque, al más puro estilo freudiano, Everett nunca se redime del todo de sus antecedentes y su arte es, una vez más, un tributo a sus orígenes y un canto, desde éstos, hacia el futuro.

Con sinceridad, con estilo y con muy buena música. Así se lee este libro que recomiendo a los amantes de una lectura directa, comprometida y viva.

Publicado por Charo Bejarano   

Los niños del Brasil, de Ira Levin


"Noventa y cuatro hombres tienen que morir en las fechas señaladas y en un plazo de dos años y medio. Todos tienen 65 años. Su muerte constituye el último paso de una operación a cuyo éxito tanto yo como la Organización hemos dedicado muchos años, un gran esfuerzo y buena parte de nuestra fortuna. La esperanza y el destino de la raza aria dependen del resultado."

Así comienza uno de los libros que más impacto me causó al leerlo con 16 años. Recomendado por mi profesora de genética, caí en las garras de esta impresionante historia, que parte de esta base: el asesinato de un centenar de hombres, al parecer sin nada en común; de diferentes nacionalidades y ocupaciones. Sin embargo, por algún extraño motivo, están en una lista negra y empiezan a morir. 

Los niños del Brasil fue escrito en 1976. Aunque el tema que trata puede no parecer tan sorprendente en los tiempos que corren, al leer un libro siempre intento situarme en su marco histórico para comprender el alcance de su contenido. Y es innegable que fue innovador por las técnicas y cruel en su argumento, con un científico loco, frío y calculador. 

Partiendo de un personaje real (aunque la trama es ficticia), nos relata las vivencias y esfuerzos del Dr. Josef Mengele, acérrimo seguidor de Hitler, quien después de la segunda guerra mundial se refugia en las selvas brasileñas donde monta un laboratorio y comienza a clonar (once clones en total) a su ídolo. Es quizá este tema el que más inadvertido pasa en la novela y que quizá hoy en día hubiera podido atraer a más lectores: el exilio de los nazis en Sudamérica.

Para no desprenderse del factor ambiental y educativo de los pequeñines, Mengele trata de recrear y reproducir cada uno los episodios que marcaron la vida del líder nazi. Así que escoge a 94 familias en circunstancias similares a las del propio Hitler y les entrega uno de sus clones a cada una, para 14 años después, organizar una matanza de todos los padres adoptivos, así como ocurriera en la vida del verdadero Hitler. 

Al otro lado de la conspiración, nos encontramos al protagonista, al bueno, al que todos tomaron por loco. Lieberman será el encargado de destapar toda esta conspiración y evitar así la instauración del IV Reich. A lo largo de la novela descubrimos dos personajes totalmente opuestos y a la vez parecidos: dos viejos sin apoyo económico ni moral para los que el tiempo juega en contra y que no consiguen despegarse de sus pasados de viejas glorias, ya sea como alabado científico loco y mano derecha del Fuhrer o como aclamado cazador de nazis.

Magistralmente protagonizada por Gregory Peck y Laurence Olivier, la adaptación cinematográfica de esta obra literaria, rodada en 1978 por Franklin J. Schaffner, es bastante fiel al libro, lamentablemente con un guión demasiado "literal" en algunas ocasiones. Los niños del Brasil se convirtió en una de las primeras películas en tratar temas como la clonación y duplicación humanas que posteriormente han dado para numerosas historias escritas o filmadas, motivo por el cual hay que adentrarse en la historia siendo consciente de los años que lleva ya a sus espaldas.

Publicado por Cristina Serrano   

El factor humano, de John Carlin


Al hablar de deporte no siempre se tiene en cuenta que detrás de un equipo hay una persona que se entrega a su pasión con todas sus fuerzas. Cuando se habla de deportes es fácil ensalzar la figura de algún deportista en particular, nombrando sus logros, sus títulos... aquellas cosas que quedaron en la retina y que nos dieron una idea de cómo es en realidad. Más bien idealizamos a los deportistas como héroes: personas de una fuerza sobrenatural que con su esfuerzo nos administran una dosis temporal de bienestar, como un placebo.

Pero, ¿dónde queda en esa idealización el "factor humano"? Muchos tenemos en nuestra memoria imágenes recientes de acontecimientos deportivos, como el gol de Iniesta, o Nadal rebozado en la arcilla de Roland Garros... Pero tan solo en algunos destellos de esas imágenes vemos el "lado humano" de estos súper hombres. Lo que John Carlin nos propone en su libro El Factor Humano es analizar los condicionantes humanos que rodearon a un acontecimiento deportivo extraordinario. Nos induce a observar los factores humanos que desencadenaron una serie de acontecimientos imprevistos pero muy deseados, que transformaron un acontecimiento deportivo en un hito de la historia nacional de Sudáfrica. 

El Factor Humano es el título escogido por la editorial Seix Barral para la edición en castellano, aunque el título original sea Playing the Enemy. Esta novela de no-ficción es editada en 2008, con la imagen de Mandela y F. Pienaar (capitán del equipo sudafricano de rugby), en el acto de entrega de la Copa del Mundo de rugby, mientras que en las ediciones posteriores a la película Invictus, protagonizada por Morgan Freeman y Matt Damon y dirigida por Clint Eastwood, que adapta al cine la novela de Carlin, la portada cambia por una imagen de los actores antes nombrados.


La novela comienza unas horas antes de la histórica final de la Copa del Mundo de rugby de 1995, celebrada en Sudáfrica, que enfrentó a los sudafricanos Springboks, contra los temidos All Blacks neozelandeses. Carlin dibuja en la novela los sentimientos que algunos de los protagonistas de la misma tenían justo antes del inicio de tan crucial partido. Aunque todo el protagonismo se vuelca en la figura del presidente Mandela, que será el hilo conductor de todo el libro.

En un flashback, la trama se sitúa en el año 1985 para hablarnos de las relaciones entre Mandela, encarcelado desde 1962, y el ministro de interior del gobierno afrikaner de Sudáfrica, el gobierno del apartheid que elaboró leyes que ponían por escrito la existencia de diferentes razas de hombres desiguales entre ellos y en las que la raza blanca era superior a las demás.
Carlin traza un relato sobre la lucha de Mandela en la cárcel, una lucha silenciosa y constante a través de entrevistas con los miembros más destacados del aparato del apartheid, forjando la figura del líder carismático que siempre ha tenido. A través de entrevistas en las que negociaba las condiciones de su salida de la cárcel, fue esbozando la idea de una nueva Sudáfrica en la que no hubiera razas ni desigualdades, ni discriminaciones... pero tampoco revanchismo. Consiguió hacer creer a los más destacados y recalcitrantes miembros del apartheid, que un gobierno negro presidido por él buscaría la reconciliación, algo que parecía una quimera.

Cuando en 1990 Mandela es liberado, ya era todo un líder internacional, referencia en la lucha por los Derechos Humanos de todos los seres humanos, en especial de los negros (Mandela recibió el premio nobel de la Paz junto con de Klerk en 1993). Sin embargo no todos los blancos creían su discurso de reconciliación, por lo que en más de una ocasión la guerra civil planeó por las cabezas de los sudafricanos.
El rugby, tradicionalmente reservado a los blancos, era un símbolo del opresor blanco. Los Springboks, equipo nacional sudafricano, solo representaba hasta 1995 a la minoría blanca. Mandela consiguió que la nación arco iris que nació tras su entrada en el poder en 1994 sintiera como suyo un equipo de jugadores recios y fuertes, pero más blancos y rubios que un anuncio de champú Johnson (salvo uno de ellos, que era mulato).

Y eso es lo que nos cuenta El Factor Humano, la historia de como un equipo de rugby consigue unir a toda una nación dividida durante décadas por luchas encarnizadas, años de desconocimiento y temor mutuo que se terminaron cuando el bueno de Mandela apareció vistiendo la elástica de los Springboks como otro hincha más.

Mandela es el protagonista absoluto de esta historia real, pero en la novela aparecen multitud de personajes reales, como su carcelero, compañeros de partido político (el Congreso Nacional Africano), los presidentes del apartheid, miembros de la ultraderecha, deportistas... y una larga lista que van dando forma a través de sus testimonios a la historia de un mundial de rugby que cambió la historia de los sudafricanos.

No siempre la mezcla de deporte y política tiene buen fin. No siempre combinan bien y muchos políticos aprovechan los acontecimientos deportivos para ensalzar la diferencia y manipular torticeramente a unos deportistas que dejan de luchar por un resultado deportivo, para combatir por unos ideales políticos de dudoso fin. Pero no en este libro. En todo momento el deporte se presenta como la única posibilidad de realizar la reconciliación de bandos irreconciliables. Ese "factor humano" es el que John Carlin ensalza en este relato.

Leedlo, está muy bien escrito. Trata temas políticos e históricos con un lenguaje asequible, directo y sin dobleces. Es de estos libros con los que aprendes sin proponértelo y que además te crea la curiosidad de indagar sobre aquellas cuestiones que solo se esbozan pero que tienen un hondo calado. Espero que os guste.   

Publicado por Carlos Masó   

El capote, de Nikolái Gógol


Nikolái Gógol es el padre de la novela moderna rusa y el artífice de este delicioso relato dónde la ironía y la tragedia se dan la mano, como en toda la obra del autor.

Mientras se lee, vemos que a pesar de estar escrito a finales del siglo XIX, describe personajes y situaciones que bien podrían ser de hoy mismo. En el fondo, la sociedad cambia mucho más despacio de lo que nos creemos.

Akakiy Akakievich es un oscuro funcionario que debe su nombre a la resignación de su madre, al ver las alternativas del calendario. Tiene un trabajo totalmente anodino y rutinario que ha ido conformando su vida y su cerebro de forma que, literalmente, solo vive para él. Es objeto de burla y befa por parte de sus compañeros, pero lo considera parte de su existencia.

El inminente invierno sobre San Petersburgo hará que nuestro protagonista necesite un nuevo abrigo y éste se convertirá en todo un símbolo.

Gógol nos muestra con magistrales pinceladas cargadas de ironía que las expresiones tales como “no sabe con quién está usted hablando”, para reafirmar la posición de los superiores, no son algo nuevo. Igualmente nos describe el oscuro y enrevesado entramado burocrático que parece que los siglos no han logrado clarificar y simplificar, ya que se percibe como algo muy cercano a nosotros hoy en día.

La historia adquiere tintes de tragedia cuando, después de adquirir la prenda deseada, Akakiy la pierde en terribles circunstancias. Aquí el autor nos vuelve a mostrar, a finales del siglo XIX, la conveniencia de utilizar las influencias y la creencia popular de que lo mejor es ir a la cabeza para resolver los propios problemas, ya que la maquinaria del estado se ha revelado como algo realmente lento, cuando no directamente inútil para resolver el día a día de los ciudadanos. ¿De qué nos suenan a nosotros esos conceptos hoy en día?

Gógol logra, en muy pocas palabras, recrear unos personajes, una sociedad y unas circunstancias con una sencillez magistral.

El final de la historia, como no podía ser de otra forma, contiene una moraleja social muy propia de la época, eso sí, vestida de farsa como le gustaba tanto a su autor.

Es un breve relato que se lee en un suspiro y en ese espacio de tiempo, el lector mantiene una sonrisa acompañada de un permanente sentimiento de misericordia hacia su protagonista. Sirva este relato como prólogo para aquellos que no conozcan a este magnífico autor y les anime a adentrarse en el mundo de Nikolái Gógol; un universo plagado de ironía y crítica social a partes iguales.

Publicado por Dolega Martín   

La nostalgia feliz, de Amélie Nothomb


Reseño el nuevo libro de la belga Amélie Nothomb, La nostalgia feliz, que aún no está traducido al español en el momento de publicar esta reseña.

Los seguidores de Amélie Nothomb conocemos bien el impacto que Japón ha tenido en esta escritora. Es el país donde pasó su más tierna infancia y al que volvió para hacer sus prácticas empresariales. De esta experiencia nace su más famosa novela, Estupor y temblores, en la que nos acerca al peculiar mundo laboral japonés.

La nostalgia feliz es simplemente el libro más íntimo de Amélie Nothomb. La autora nos narra el viaje que hace a Japón a petición de una cadena de televisión francesa. El objetivo de este viaje es rodar un documental sobre su reencuentro con el país de su infancia, ya que el libro Metafísica de los tubos acaba de publicarse en japonés. Amélie nos lleva de la mano, contándonos, desmigándonos, todas y cada una de sus emociones. Nos acerca a las ausencias provocadas por el terremoto y tsunami de 2011. También participamos en sus emotivos reencuentros. Junto a Amélie nos reencontramos con Rinri, su primer amor y protagonista de Ni Eva ni Adán. También visitamos a Nishio-san, su niñera, su madre japonesa. Con ella recorremos las ruinas de Fukushima. Visitamos parques que ya no son parques, descubrimos juntos, en suma, un nuevo sentimiento para el que no tenemos una palabra: "la nostalgia feliz".

En resumen, un libro íntimo y lleno de sentimientos, que nos acerca a la escritora, y nos hace sentir como si nos estuviera hablando al oído. Lo recomiendo para los que ya son lectores de Amélie. Si no has leído nada de ella, tómate el tiempo de perderte en algunos de sus libros antes de leerte éste.

Publicado por Inma Gallego