Criadas y Señoras, de Kathryn Stockett

10/31/2014 3 Comments

EEUU en la década de los 60. Los últimos coletazos de la segregación racial (de la legal, claro, porque de la otra todavía sigue habiendo, aunque intenten negarlo). En un pueblo del profundo sur, una joven soltera de 22 años, Skeeter, recién llegada de terminar sus estudios en la universidad y con una pasión, escribir, intenta no asfixiarse ante las presiones de la sociedad. Mientras todos intentan encontrarle un marido adecuado con urgencia (ya tiene 22 años, se le pasa el arroz), ella busca una manera de que la industria editorial la tome en serio. Cosa harto difícil en esa época para una mujer, por muy blanca que sea.

La misteriosa desaparición de la criada de la familia y mujer que la crió, de la que nadie quiere darle explicaciones, junto con el choque emocional al ver cómo sus amigas de toda la vida tratan a sus criadas, ahora que son madres de familia, la impulsará a intentar recopilar el otro punto de vista de la historia, el de las sirvientas. Esas mujeres que tienen que dejar a sus propios hijos en casa para cuidar de los de otra mujer. Que ven cómo las injusticias que han sufrido se repiten una y otra vez, sin poder hacer nada para evitarlo. Las mujeres sin voz que sustentan el estilo de vida de la clase acomodada.

Esas mujeres, junto a Skeeter, aterrorizadas por el miedo a ser descubiertas, van reuniendo historias de dolor, humillación, crueldad. Pero también historias tiernas y dulces, haciendo un retrato de la sociedad de la época, donde las propias mujeres son las que rechazan todo lo que no se ajusta a esa esposa perfecta que se supone deben ser. Donde todas esconden algún secreto inconfesable tras la puerta de sus casas. Y donde muchas veces, esa sirvienta que tiene que usar un váter colocado fuera de la casa para no contagiar enfermedades, es la única madre que los niños de clase media conocen. 

Una visión un poco sesgada, desde mi punto de vista, pues solo cuentan la parte buena de las sirvientas, retratándolas como empleadas ideales, con solo alguna excelente excepción. Pero muy recomendable de todas formas, pues se trata un tema espinoso y dramático con toques de humor, quitándole un poco de la seriedad que lo caracteriza. La escritora consigue hacerlo más cercano y ameno, para que nos sintamos identificados y nos encariñemos con los personajes, cosa que consigue sin esfuerzo. Una muy buena ambientación que te transporta y te sumerge en un escenario racista y opresor. Un libro con visión femenina, donde los hombres solo juegan un papel secundario. El retrato de mujeres fuertes, que consiguen dejar huella y aportar su granito de arena para cambiar el mundo.

Un libro excelente y tierno, que ha producido una película también excelente. Aunque, por supuesto, nunca comparable a la riqueza de una buena novela.

Publicado por Silvia Calo   

La fiesta de la insignificancia, de Milan Kundera

10/29/2014 3 Comments

La fiesta de la insignificancia es la novela con la que el autor checo Milan Kundera rompe un silencio de 14 años. Tras esta dilatada ausencia, retoma su habitual análisis sobre el mundo y la condición humana y nos sorprende con menor pesimismo del acostumbrado relacionando el humor, sarcástico, con la insignificancia.

Si vale la simplificación, la novela se compone de un conglomerado de temas recurrentes en la trayectoria del autor, como son la maternidad, el poder, la infancia, la sexualidad, el perdón, la amistad y la existencia. Resulta imposible huir de evocaciones a sus obras anteriores, ya que La fiesta de la insignificancia es, en síntesis, Kundera concentrado en poco más de cien páginas. 

A quienes ya conozcan a Kundera no les sorprenderá la dificultad que supone resumir sus obras. Esta fiesta se inicia con la contemplación de un ombligo con tintes eróticos, y acaba con un señor mutilando a tiros las estatuas de las reinas de Francia en los Jardines de Luxemburgo. Entre tanto la trama no existe más allá de las andaduras de Alain, Ramón, Charles y Calibán, cuatro amigos que viven en París, a través de cuyas historias, como un rompecabezas, se alternan evocaciones al totalitarismo, exposiciones de Chagall, idiomas inventados, anécdotas sobre Stalin, encuentros casuales y mentiras, un niño que ve a su madre por última vez y los problemas de próstata de un presidente del soviet. 

Tras el carácter hiperbólico de su título, la novela ensalza como si nada la trascendencia de lo cotidiano, la ligereza y el absurdo. Con naturalidad de sobremesa transita entre anécdotas triviales y temáticas más hondas, mostrándonos con ironía taciturna lo pequeño antes que lo grande en un juego de espejos en el que la inconsistencia define todo cuanto pasa. 

No hay grandes celebraciones tras la ausencia por casi tres lustros de un autor que reina en el olimpo de las letras. Con 85 años, Kundera regresa al escenario con una obra corta, fácil de leer y difícil de digerir; una tragicomedia filosófica y cotidiana compuesta como un puzle en siete actos que gusta y desconcierta, y con la que regresa a sus comienzos literarios cerrando el ciclo iniciado en 1967 con La broma, y en lo que podría ser una declaración de última voluntad, satiriza con el lector y le invita a reflexionar sobre la insignificancia de la vida.


     ANDREA NAVAZO
                                                               

El niño que sabía hablar el idioma de los perros, de Joanna Gruda

10/28/2014 2 Comments

Joanna Gruda (Polonia, 1967) siempre supo que la historia de su padre, Julek Gruda, un hijo de militantes del Partido Comunista intentando sobrevivir y pasar desapercibido durante la Segunda Guerra Mundial, era una historia apasionante y que merecía la pena ser inmortalizada. Pero su padre nunca se decidió a escribir unas memorias, así que un día lo hizo sentarse frente a una grabadora y contarle todas sus aventuras, para conservarlas en el entorno familiar. Sin embargo, después de un tiempo esas memorias se convirtieron en su primera novela: El niño que sabía hablar el idioma de los perros, publicada en España por la editorial Blackie Books.

El libro, narrado en primera persona, nos cuenta la historia de un niño, Julek, desde su nacimiento en Moscú en 1929 hasta el final de la Segunda Guerra Mundial. Su vida está marcada por la política desde antes incluso de nacer, pues su nacimiento se produjo tras una votación del Partido Comunista sobre si era conveniente que una de sus activistas se distrajera con el cuidado del niño. Obviamente, la votación es favorable al nacimiento, pero con la condición de que no serán sus padres los que se encarguen del niño.

Julek crecerá al cuidado de sus tíos, aunque realmente él cree que son sus padres, hasta que, cuando su verdadero padre desaparece en la guerra, su verdadera madre va en su busca para llevárselo a París, y comienza así el desfile del pequeño Julek por distintos hogares, distintas familias, distintas zonas de Francia, y adoptando distintos nombres; mientras su madre se dedica a participar activamente en el partido.

A través de la visión del niño iremos viviendo algunas de sus travesuras y ocurrencias, pero también algunos de los momentos históricos más importantes. Pero no tendremos una visión idealizada o fantasiosa, sino que la mirada de Julek será realista, con la inocencia propia de un niño, pero también con la madurez que le obligarán a adquirir algunas situaciones. Como por ejemplo el abandono de su madre, que siempre busca orfanatos o casas de acogida para que se encarguen de él; al principio el niño cree que su madre no le quiere, aunque con el paso del tiempo irá entendiendo por qué su madre hace todo eso.

Encontramos, pues, una visión mucho más seria y formal que la que podemos encontrar en otras obras parecidas con las que se ha comparado a esta historia, como la del niño de la película La vida es bella o la de El niño con el pijama de rayas, libro en el que encontrábamos una visión demasiado infantil y fantasiosa. Encuentro en el tono de esta historia más similitudes con obras como el Diario de Ana Frank, sobre todo por el hecho de que ambas son historias reales.

El lenguaje utilizado es bastante sencillo, sin tratar de ser infantil, aunque manteniendo muy acertadamente ese punto de vista de un niño. No intenta tampoco nunca tratar de ser lacrimógeno, a pesar de que podría haberlo sido en numerosas ocasiones. En la mayoría de situaciones es bastante objetivo.

Debido a los varios hogares de Julek a lo largo de su infancia, conocemos a muchos personajes, algunos más curiosos e interesantes que otros, de distintos pensamientos políticos, cada uno de ellos con una visión de la guerra y una actitud frente a ella muy distinta. Desde personas involucradas en la lucha con fuertes convicciones políticas, hasta esos millones de personas que vivieron esa guerra, pero que no hicieron nada para entrar en ella y lo único que querían era sobrevivir y pasar desapercibidos.

Se suceden también las anécdotas del pequeño Julek, que resultan mucho más especiales sabiendo que fueron reales. Le dan a todo el ambiente político y de guerra un toque más entretenido y divertido (en varias ocasiones las ocurrencias del niño consiguen sacarte una sonrisa).

La lectura de El niño que sabía hablar el idioma de los perros me ha resultado bastante atractiva, en ningún momento se me ha hecho pesada, y me ha encantado conocer a Julek y a muchos de los personajes con los que se relaciona en su historia. Me he reído y me ha conmovido por momentos.

En definitiva, es un libro fresco, que nos ofrece una perspectiva de esos acontecimientos históricos bastante peculiar y especial al tratarse de una historia real, que no busca la lágrima fácil ni convertir a sus personajes en héroes, simplemente contar la historia de un niño tratando de entender y sobrevivir al sinsentido de un mundo de adultos.
El niño que sabía hablar el idioma de los perros. Joanna Gruda. Traducción de Amaya García Gallego. Ilustración de cubierta de Álvaro Martínez Bueno. ISBN: 978-84-942247-9-9. Blackie Books. Barcelona, 2014. 251 páginas. 19 euros.

El mundo después del cumpleaños, de Lionel Shriver

10/27/2014 1 Comment

Irina y Lawrence son dos americanos que viven en Londres. Él es un intelectual, experto en relaciones internacionales, que trabaja en un centro de investigación muy prestigioso. Ella, que ha venido a Londres un poco a la zaga de Lawrence, ilustra libros para niños. Desde hace cinco años, el seis de julio, día del cumpleaños de su amigo Ramsey Acton, siempre cenan con él. Ramsey es un jugador profesional de snooker, célebre, elegante, atractivo, que ha ganado mucho dinero con el juego, y tiene muy poco que ver con el mundo de Irina y Lawrence. Aunque se conocieron porque Irina ilustraba los libros de la ex esposa de Ramsey, y al principio fueron un amistoso cuarteto, ahora la relación se sustenta en la complicidad masculina y el snooker. Irina se compadece un poco de Ramsey, que está solo desde su divorcio, y siempre ha evitado quedarse a solas con él porque no sabría de qué hablar. Y cuando llega el día del cumpleaños, Lawrence, ausente en un viaje de trabajo, insiste en que Irina salga a cenar con Ramsey y no rompan la tradición. Aunque ella no tenga ninguna gana, van a un refinado restaurante japonés, y después a casa de él a fumar un porro. E Irina descubre a un Ramsey que desconocía, y lo que iba a ser un encuentro inocuo se convierte en la divisoria de las aguas, en ese instante único en el que la decisión que se tome -o que no- cambia para siempre la vida.

Esta es, tal cual, la sinopsis de la contraportada y un perfecto resumen de lo que ocurre en el primer capítulo de esta novela. En el segundo capítulo, Irina vuelve a casa después de haber pasado la noche con Ramsey, completamente noqueada y abducida por lo que ha vivido. Y esta iba a ser una historia más o menos normal de infidelidad, euforia y remordimientos, hasta que, cuál fue mi sorpresa, termino el capítulo y me encuentro con que hay un segundo "segundo capítulo". En este, Irina ha vencido la tentación y, con todo lo borracha y fumada que estaba, consigue volver a casa sin haberle puesto los cuernos a su pareja.

Y así, doblando capítulos, Lionel Shriver nos conduce por la vida de Irina los años siguientes, si se hubiese liado con Ramsey y si no lo hubiese hecho. Los acontecimientos históricos se mantienen en las dos posibilidades (el 11-S, por ejemplo, las Navidades en EEUU visitando a la familia), pero la vida -y la propia personalidad- de los protagonistas cambia muchísimo según haya tomado ella una decisión o la otra. Puede parecer mareante, pero juro que no lo es. Un poco demasiado de snooker (un juego parecido al billar), aunque tiene su lógica, teniendo en cuenta que Ramsey es jugador profesional, pero merece la pena. A ratos una vida te parece la repera y la otra una auténtica mierda, y al cabo de unos capítulos es al revés. Y acabas cerrando el libro con una sensación extraña, como de nihilismo satisfecho (y no me digáis que eso es imposible, porque lo es y lo entenderéis si leéis esta novela) y con ganas de seguir leyendo a esta autora.

Es la misma que escribió Tenemos que hablar de Kevin, un libro que cogí por casualidad y que me chocó muchísimo, no sólo por la historia, que también, sino porque Shriver tiene una forma muy peculiar de escribir. Por un lado es muy explícita en todo, tanto sexual como emocionalmente, pero tiene un estilo tan inocente y cantarín, y tan cercano también, que diga lo que diga, no te impacta. No suena feo, ni exagerado, ni provocativo. Y tiene unas reflexiones brillantes. 

Vamos, que, por si no se ha notado, me ha encantado.


     FÁTIMA CASASECA
                                                               

Persépolis, de Marjane Satrapi

Bettie Jander 10/25/2014 6 Comments

Me hace mucha ilusión iniciarme como colaboradora en este blog con Persépolis, la opera prima de Marjane Satrapi, pues se trata de uno de esos libros que son realmente especiales para mí. En esta novela gráfica Satrapi narra sus vivencias en Irán durante y tras la Revolución Islámica (que no fue tal en principio). Estamos, por tanto, ante una autobiografía. Me gusta comparar este libro con el Diario de Ana Frank. Al fin y al cabo se trata de circunstancias bastante parecidas: ambas son niñas padeciendo la barbarie.

La lectura de Persépolis me parece enriquecedora a muchos niveles. Por un lado, se trata de una fuente de información bastante interesante sobre lo que ocurrió en Irán en aquellos años. Cuando Persépolis cayó en mis manos yo no sabía nada de Irán, más allá de lo que aparecía en los medios, y mucho menos tenía nociones de su historia. Yo pensaba, estúpidamente, que en Irán las cosas siempre habían sido así. Me sorprendí descubriendo, ¡en las páginas de un cómic!, un Irán muy diferente: con grandes desigualdades sociales, sí, pero muy occidentalizado. No había ni rastro de ese Irán opresivo que veía en las noticias. Qué cosas, ¿verdad? Un día vuelves a casa quejándote del montón de deberes que te han puesto en el Liceo Francés y al día siguiente está cerrado y, mientras te pones el velo, te planteas si vas a poder seguir educándote...

También es una obra muy interesante a nivel humano. En primer lugar, creo que proporciona una ocasión perfecta para acercarnos a otra cultura. No es que Persépolis esté narrado por una persona totalmente ajena a Occidente: Marjane Satrapi vive actualmente en Francia y pasó parte de su juventud en Austria. Sin embargo es innegable que en su forma de contar su historia están muy presentes sus raíces persas, su cultura, su religión. De esta manera podemos entrar en contacto con ellos desde nuestra propia perspectiva. Persépolis es una manera de acercarnos a Irán y al islam desmontando prejuicios casi sin darnos cuenta. 

Además, es difícil no estremecerse tras leer Persépolis. Se trata de esa clase de estremecimiento que nos humaniza, que nos hace empatizar con otros humanos que están lejos en el espacio y en el tiempo. Nos obliga a detectar y detestar las injusticias. Y nos pone en contacto con esa parte oscura del género humano que, al parecer, estamos lejos de poder dominar. 

El cómic, si te detienes a analizarlo, es muy duro. Sin embargo, la manera que Marjane Satrapi tiene de narrarlo en ambos planos, el visual (simple, rozando la caricatura) y el lingüístico, hace que esta obra pueda leerla un adolescente sin traumatizarse y un adulto sin perder el estómago. Es fascinante cómo pone humor en situaciones que son cualquier cosa menos graciosas. Supongo que ese es uno de los grandes méritos de Persépolis: narrar el drama a la vez que dibuja una sonrisa en la cara del lector. A pesar de todo hay ocasiones en las que es imposible no dar un respingo.

En cuanto a los temas que atraviesan el cómic son tantos y tan diversos... Persépolis da para un análisis profundo y concienzudo. A través de Marjane entramos en contacto con la guerra, la inmigración, la pobreza, la religión, las drogas, el abandono, la rebeldía, la dictadura, la opresión, el amor y el desamor... Y la lista podría seguir.

Se trata de una novela gráfica informativa a la vez que entretenida, intensa a la vez que amena, seria a la vez que divertida. Una de esas lecturas extrañas que no dejan indiferente. 

Si tuviera que daros una razón para leer Persépolis sería que es uno de esos libros capaces de cambiar la manera de ver el mundo de una persona. Y añadiría que no creo que haya nadie que, después de leerlo, pueda decir que el cómic es una cosa de niños.

Publicado por Bettie Jander   

Firmin, de Sam Savage

10/24/2014 2 Comments

Ningún animal en el mundo ha podido despertar tantos sentimientos como lo hace Firmin, una pequeña rata nacida en uno de los barrios más pobres de Boston. “Éste es el relato más triste que nunca he oído”, nos desvela el autor, Sam Savage, tras una breve introducción sobre las oberturas que más le han conmovido. Le aseguro, buen lector de esta humilde reseña, que el autor del libro no pretendía mentirle en ningún momento. La historia de la rata Firmin es el más arduo de los dramas desde Las moscas, de Sartre. El golpe y el dolor se dosifican por el hecho de que es una rata, pero los sentimientos que nos destrozan con cada penuria de esta magnífica aventura son reales. ¿Quién iba a decirnos a los lectores que compramos un libro con una rata con una cabeza extrañamente grande en la portada que nos íbamos a conmocionar tanto con su historia?

“Mamá nos dejaba solos todas las noches y se iba a ratear un rato por la plaza”, así relata su primer trauma Firmin: el abandono de su madre. Todos sus hermanos mamaban mientras él, el más pequeño de los trece, nunca conseguía un hueco. Firmin es rechazado por su familia, pues no se comporta como una rata, y también es rechazado por los humanos, pues es una sucia rata, pero incluso las sucias ratas raras necesitan cariño y comer, así que Firmin comienza a comerse los libros de una librería del barrio, lo que provocará que su inteligencia vaya en aumento y aprenda a leer y a entender a los humanos. La historia de Firmin es una historia de soledad y rechazo, una historia sobre alguien que busca su lugar en el mundo, pero pasan los días y nunca lo encuentra. No les engañaré, hay personas que nunca encontrarán su lugar en el mundo y hay ratas, o por lo menos hay una rata, que tampoco lo hará.

El rechazo hacia Firmin lo encontraremos desde su infancia, cuando intenta abalanzarse sobre su hermana, víctima de un sentimiento que no es capaz de controlar, hasta su madurez, cuando parezca que encuentra un pequeño rincón en el mundo, breve optimismo que se amargará a los pocos párrafos.

Pero Firmin no es tan sólo la triste historia de una rata que aprende a leer, sino que es una oda al amor por la literatura. Me atrevería a decir que tan sólo nuestro hidalgo Don Quijote llegó a amar tanto la literatura como lo hace Firmin en este libro. Por esto, no es sólo la triste historia de una sucia rata, sino que es la historia de la lucha y el esfuerzo máximo por alcanzar un objetivo.

Pero en la literatura no todo es la historia que se cuenta, sino que tiene gran importancia el cómo. Mi opinión es que a este libro no le falta ni una sola palabra. El estilo fugaz de Sam Savage hace que la lectura de esta triste historia sea muy rápida y entretenida, pues siempre encuentra espacio, en medio de la desgracia, para que puedas romper a carcajadas con las ideas de este peculiar animal. Además del impecable estilo de Savage, hay que destacar las maravillosas ilustraciones de Fernando Krahn, pues se amoldan perfectamente a la historia contada.

No quiero añadir más a esta historia, pues creo que sería injusto para el lector privarle de las aventuras de este tierno personaje. No lean la obra pensando en él como una sucia rata, piensen en él como una persona que sólo busca encontrar su sitio. Pero léanla, no se arrepentirán.


     LUISMI CLEMENTE
                                                               

Amor perdurable, de Ian McEwan

10/23/2014 2 Comments

Una mujer francesa de cincuenta y tres años creía que el Rey George V estaba enamorado de ella. Con insistencia lo persiguió desde el año 1918. En sus varios viajes a Londres, la mujer lo esperaba sin éxito frente a Buckingham Palace. Ello no la desanimaba, porque era el Rey quien había iniciado la relación. En una de sus visitas vio cómo una cortina parecía moverse detrás de las ventanas del palacio. La mujer lo interpretó como una señal del Rey hacia sus sentimientos. ¡El amor era recíproco!, se felicitaba. Al volver a Francia, la mujer afirmaba que todos los londinenses sabían de ese amor de dos direcciones, pero que el mismo Rey le había impedido encontrar alojamiento en Londres para estar juntos.

Este ejemplo ficticio de delirio persecutorio es propuesto como un anexo en la novela Amor perdurable, de Ian McEwan. El delirio recibe el nombre de síndrome de Clérambault o delirio erotomaníaco. La peculiaridad de esta enfermedad está en que los pacientes creen que el otro está perdidamente enamorado de ellos. Ha sido ese otro, generalmente de mayor rango social, quien ha despertado su amor. El paciente intenta explicar la paradoja en el comportamiento de esa otra persona ya que, aunque teóricamente enamorada de ellos, les ignora o evita, y por eso que el paciente interpreta erróneamente la realidad, como el movimiento de la cortina en Buckingham Palace. La realidad le dice a esta mujer francesa: no. Pero ella piensa que ese desafecto no es sino una prueba para la resistencia de su amor, y de ahí que multiplique su obsesión sobre el otro.

En Amor perdurable, Parry es un hombre socialmente vacío. Vive en una mansión heredada en Hampstead, al norte de Londres. No necesita trabajar y cultiva un fanatismo religioso singular. Sabemos de Parry cuando, en un paseo por el campo a las afueras de Londres, observa cómo un globo aerostático se descontrola y comienza a perder altura. Un grupo de personas tratan en vano de evitar la tragedia. Él es uno de ellos. La transformación de una vida social inexistente a un momento intenso y breve, último, de trabajo en equipo y de estrés máximo, le precipita al abismo del delirio erotomaníaco. Porque Parry se enamora entonces de Joe, un hombre de ciencia, racional y ateo, y que estaba a punto de disfrutar de una merienda con Clarissa, su pareja.

Con esta parábola, de movimiento y de significado, empieza Amor perdurable, de Ian McEwan. El primer capítulo es un prodigio literario, un puñetazo contra la mala literatura, una defensa de por qué los autores deben asumir riesgos, y en definitiva una exhibición pura de talento literario. «Cada hoja parecía brillar con una luz propia. Hablamos de la pureza de color. De cómo brota la hoja del haya, y de cómo se libera la mente al observarlo». En tan bellos pensamientos se encontraba Joe cuando el globo hizo sombra a la botella que estaban a punto de disfrutar. Se levantó, dejó caer el sacacorchos, Clarissa aún en el césped, y comenzó entonces una carrera para evitar el accidente, y cada zancada le alejaba de Clarissa, y le acercaba a la obsesión mental de Parry, a un hombre atormentado que está a punto de entrar en su vida y quedarse para siempre. Porque desde ese día los destinos de los tres quedan no solo cruzados, sino también invalidados.

El accidente sirve a su autor para analizar sus consecuencias. Estas son de tal intensidad que hay un momento en que la historia del globo parece que nunca ha existido. Porque sobre esa historia se ha derrumbado una sombra aún mayor: la obsesión enfermiza de Parry hacia Joe, un amor homoerótico que destroza la tranquila vida intelectual de Joe y su feliz relación de pareja. McEwan utiliza las secuelas del accidente para hablarnos de la ruptura de la inocencia, ese gran tema del autor ya presente en obras anteriores (no en vano una de ellas titulada El inocente). El accidente provoca un sentimiento de culpa entre los adultos que trataron de evitarlo. ¿Quién fue el primero en soltar la cuerda? ¿Por qué lo hizo: por miedo, por falta de solidaridad? La culpa se apodera de todos ellos, y la inocencia ya no es posible de restaurar. Necesitamos a los otros para sobrevivir, pero ello no basta: hace falta también tener fe en los otros. Saber que estarán allí, sí, pero que no soltarán la cuerda. El amor, y también la fe.

En ese paralelismo entre la obsesión amorosa y el fanatismo religioso está Parry, enamorado perdidamente de Joe. Parry escribe cartas a Joe, Joe se siente incapaz de hablar abiertamente de este problema con Clarissa, y ésta comienza a sospechar que Joe está perdiendo la razón e inventando parte del problema. Parry deja mensajes en el contestador, pero Joe los borra, en un intento vano de racionalizar esas llamadas, y Clarissa nunca los escucha. Parry está esperando siempre a Joe fuera de la casa, pero Clarissa nunca lo ve cuando sale o entra. Esta fractura en la relación de verdad entre Clarissa y Joe es un momento magistral de la novela: cómo McEwan balancea la verdad de un extremo a otro, haciéndonos dudar de golpe sobre la historia que nos cuenta Joe, y sospechar entonces que posiblemente sea él quien tenga un problema. ¿Es la ansiedad que provoca en Joe tratar de entender la realidad lo que le está haciendo perder el juicio? ¡Qué forma de mostrar todas estas dudas en la escena doméstica del baño, cuando Joe y Clarissa se hablan y no se escuchan, cada uno cada vez más necesitado del otro, y cada uno cada vez más lejos del otro!

Amor perdurable es una novela de ideas. Tal y como señala McEwan, «me interesa pensar en la novela como una forma de exploración, de investigación, y en mis últimas obras me he propuesto poner a los personajes al límite de una catástrofe, de una crisis, para ver cómo reaccionan». El accidente, del accidente sus secuelas: un hombre que fallece, una viuda celosa, dos niños de golpe huérfanos. Y sobre todo lo anterior, la revelación en Parry de su amor hacia Joe, y el objetivo maníaco del primero la salvación del segundo a través de la fe, y de ese objetivo el enfrentamiento de los discursos científico y religioso, porque la verdad es móvil, una veleta alocada. Como también gira y se fractura la relación de Joe y Clarissa: la botella que no se abrió en el parque, la rutina doméstica como una salvación imposible, tratar en vano de seguir dando clases ella y escribiendo artículos él. La salvación es imposible porque la inocencia está perdida, y la realidad se observa desde distintos lugares. Lo ocurrido va durar para siempre en sus vidas, y ahí está Parry para demostrarlo, o tal vez no, le objeta Clarissa a Joe. Parry o su ausencia en la puerta de su casa, llueva o haga sol, una presencia incómoda que el lector confirma o desmiente según quien habla de él. 

El sentimiento suicida de Parry es metáfora del propio título de la novela. Amor perdurable nos muestra un doble significado: el amor como algo perdurable, más allá de los límites del tiempo, y por lo tanto un sentimiento inhumano, irreal, maravillosamente inalcanzable, y por otro lado el amor no deseado, el amor visto como un elemento incómodo, perturbador, y que se manifiesta en la obsesión enfermiza de Parry hacia Joe. ¿O es todo una invención de este último? Solo la lectura de esta novela podrá aclarar lo ocurrido, restituir un espacio para la certeza. Porque la inocencia, sin embargo, nunca podrá ser restituida. Como el globo, es un aguijón pinchado en las personas que corrieron hasta el precipicio, que en vano agarraron las cuerdas, como tiras gruesas de una piñata, confiando los unos en los otros para que la tragedia no ocurriera, pero los otros, que eran todos, fallaron, porque no basta el lado social, no basta decir estamos todos, hacen falta relaciones de dependencia, de fe de unos con otros. Pero eso no ocurrió, no fueron un buen equipo, el globo cayó, luego la ambulancia, la policía, una investigación, etcétera y para el resto de sus vidas una negociación imposible: ¿qué hacemos con la culpa?

Gracias a mi amiga Cassandra por las notas a esta obra y por habérmela regalado. Y a Michael Woods por su gran artículo sobre esta novela (London Review of Books, 04/09/97).


     DANIEL DILLA
                                                               

La puerta de los pájaros, de Gustavo Martín Garzo

10/22/2014 2 Comments

"Hace ya mucho tiempo vivía en Portugal un rey que se llamaba Dinis. Tenía una única hija a la que puso de nombre Constanza. El rey había enviudado muy joven y solo vivía para hacer feliz a la princesa, que era el vivo retrato de su amada esposa. Constanza siempre estaba atendiendo a los pobres y a los más desfavorecidos. Era muy discreta, y prefería la soledad del palacio y la quietud de sus jardines al bullicio de los mercados y de las fiestas."

Así comienza La puerta de los pájaros, un título inspirado en una construcción que realizó Gaudí en Comillas (Cantabria). Un palacete que tiene un frontal con tres vanos o entradas: una para carruajes, otra para personas y un vano más pequeño (óculo circular) y en lo alto, para pájaros. Pero esto solo explica el título. ¿Y el contenido...? ¿Te gustan los cuentos o, como ya has crecido, han dejado de interesarte?

Constanza es una joven princesa de Portugal. Vive en un palacio, repleto de tapices, en los que se ven doncellas rodeadas de unicornios (esos seres mágicos que aparecen en algunas leyendas...). Esas doncellas, representadas en los tapices, parece ser –según cuenta la leyenda– que encontraban a los unicornios cuando se introducían solas en el bosque; de modo que Constanza encontró el modo de escapar sola al bosque al encuentro de alguno de ellos.

El caso es que estamos ante un libro curioso. Todo en él parece atractivamente antiguo: el tema, la historia, la apariencia física del libro y las ilustraciones de Pablo Auladell. Un libro que igual puede leerlo un adulto que un niño. Para una persona adulta es como un reencuentro o una despedida de la infancia. Hay, como decía, unicornios, princesas, doncellas, historias dentro de la historia, cascabeles mágicos, magos, reyes y una trouppe de gitanos húngaros... Dinis, Constanza, Merlín, Esmeralda, Amadís, Luzdelbosque, Placeroscuro... y una “cabecita sola”.

“... A menudo, Constanza se detenía en la sala de los tapices y se quedaba mirando a la bella dama. Había preparado para el unicornio la tienda más preciosa y le esperaba con timidez en su puerta...”

Martín Garzo nos invita a abrir la puerta que guarda nuestros recuerdos de infancia ¿para dejar entrar a los pájaros? Y nos sumerge en los cuentos que leíamos o escuchábamos de niños, articulando una historia de fantasía y magia y, aunque aparentemente ya no estamos en edad de leer cuentos, él se empeña en que lo hagamos. Que sintamos placer y curiosidad por conocer la historia de esta princesa portuguesa que pasó muchos años durmiendo sin que su cuerpo envejeciera; de los viajes que realizó dormida; de las personas que la cuidaron y de lo que ocurrió en el reino de Portugal, con un padre envejecido...

“Te darán a elegir entre la justicia y el amor –le dijo su padre, al cederle los asuntos del trono–; niégate a hacerlo. Ninguna de las cosas es nada sin la otra...”

Ya son pistas suficientes para que te decidas a leerla, en una de estas tardes de otoño, por ejemplo. La mejor garantía de que harás una buena elección es la prosa de Martín Garzo; un autor de sólida obra, que trata el lenguaje con exquisito cuidado y derrama su sensibilidad en todo lo que escribe.


     MARIANO CORONAS
                                                               

Dies irae, de César Pérez Gellida

10/20/2014 1 Comment

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Día de la ira, aquel día 
en que los siglos se reduzcan a cenizas; 
como testigos el rey David y la Sibila. 
¡Cuánto terror habrá en el futuro
cuando el juez haya de venir 
a juzgar todo estrictamente! 

Tras 'Memento Mori', Pérez Gellida se embarca en la segunda parte de la trilogía 'Versos, canciones y trocitos de carne'. 'Dies irae' se mantiene fiel a la marca de la casa y se desarrolla extensamente a lo largo de treinta y tres capítulos precedidos de un prólogo firmado por Jon Sistiaga simplemente imprescindible, tampoco faltan en esta segunda entrega los estremecedores poemas que el asesino brinda a un mundo que supone pendiente de su genio, la música que se entreteje llenando en ocasiones lo que el texto no precisa, las frases en latín, los refranes o la utilización de títulos de canciones para los capítulos, en este caso de Vetusta Morla (aunque Bunbury siempre anda cerca).

Pero no es una simple continuación de las atrocidades de Augusto Ledesma, trasladado a Trieste tras las sentimentales huellas de Joyce, y su alter ego el inspector Ramiro Sancho, obsesionado con capturarle, ni se agota en la intrincada historia de Armando Lopategui, «Carapocha», que recorre ahora las calles de Belgrado junto a su hija Erika tratando de zanjar cuentas con un pasado que les impide afrontar el futuro. Es a través de los recuerdos de Carapocha como el autor introduce el otro gran tema de la novela, la cercana, olvidada y quizás nunca suficientemente comprendida Guerra de los Balcanes junto a alguno de sus menos honorables protagonistas, como Ratko Mladi, sin que por ello la historia principal se resienta. 

Jugando con los narradores —Augusto ha crecido hasta ganarse el derecho de contarse en primera persona— y los saltos temporales, César Pérez Gellida profundiza en la psicología de los personajes y desvela parte de las relaciones que explican quiénes son y cómo se comportan entre ellos.

El ritmo de la narración se mantiene ágil e incluso se acelera de la mano de una acción que si bien no es trepidante mantiene ese estilo cinematográfico que sorprendía tan gratamente en su primera entrega, con descripciones precisas de un entorno sigue siendo un secundario de lujo y amplios diálogos que dejan poco espacio a la elucubración. La nómina de personajes sufre algunos cambios, desdibujándose aquellos que quedan en Valladolid, cobrando cuerpo los solo esbozados en 'Memento Mori', como Erica, e incorporando a quienes el viaje nos trae, como la inspectora italiana Gracia Galo.

A pesar de las limitaciones de una novela a mitad de camino entre el principio y el fin, 'Dies irae 'supera con creces el riesgo de convertirse en una especie de relleno o una colección de anécdotas, la historia principal crece en ella de modo sustancial y a pesar de que sabes que no esconde la respuesta última, no defrauda en ningún momento.

A mi modesto entender el autor va camino de ser un grande, sin necesidad de ser noruego.

Metamorfosis en el cielo, de Mathias Malzieu

10/18/2014 4 Comments

Creo que he leído ya todos los libros de Mathias Malzieu. Con La mecánica del corazón conocí los efectos que puede tener el amor en un corazón delicado. Y entre las líneas de aquel cuento tan especial descubrí a un autor diferente y mágico. Así pues me lancé a leer La alargada sombra del amor, que me mostró una triste y emotiva historia sobre la pérdida de un ser querido. Terminado este libro, descubrí Metamorfosis en el cielo, pero no me atreví con él. Creo que fue el dibujo de la portada, que a pesar de estar muy bien hecho y ser bonito, me generaba algo de rechazo por lo perturbador que me parecía. Por eso lo dejé de lado y cuando apareció El beso más pequeño, retomé con muchas ganas a uno de mis autores predilectos. Me quedé con ganas de más, y finalmente rescaté Metamorfosis en el cielo. Y la verdad que no me arrepiento.

El protagonista de esta peculiar historia es Tom Hematoma Cloudman, el peor acróbata del mundo, cuyo sueño siempre ha sido volar. Por ello se hace acróbata, para poder estar cerca de las nubes, y dar saltos que lo acerquen al cielo. Con tanto salto y pirueta el pobre Tom da con sus huesos en el hospital, donde le detectan una grave enfermedad que lo aparta de lo que tanto quiere. Pero será en ese hospital donde conocerá a una extraña criatura, mitad mujer mitad pájaro, y se enamorará hasta lo más profundo de su corazón. Además de enamorar a nuestro protagonista, la “pajaramujer” tiene también la solución al problema de Tom. Pero claro, hay que pagar un precio, alto en este caso, ya que para derrotar a una temida enfermedad, Tom deberá estar dispuesto a convertirse en pájaro y asumir las consecuencias de esa metamorfosis. La pregunta es, ¿en qué estamos dispuestos a convertirnos por amor?

Nos encontramos de nuevo ante una historia original y diferente. Ahí radica la magia de este autor. Las metáforas con las que Mathias elabora sus textos pueden hacer que aborrezcas el libro nada más empezarlo, o todo lo contrario, como es mi caso, que me tiene enamorada. Algo que me encanta de este autor es la capacidad que tiene para hacer que te acostumbres a lo insólito como si fuera lo más natural. Y una vez que ya estás inmerso en ese mundo extraño, consigue sorprenderte con algún giro inesperado. 

Momentos mágicos de esta novela son el instante en que Tom conoce la identidad de su “pajaramujer”; ver cómo lucha contra su enfermedad; o el desenlace de la historia, bonito y algo triste a la vez.

Verdaderamente, aunque no es el libro de Malzieu que más me ha gustado, es un relato curioso que merece la pena ser leído.

Publicado por Claudia Pina   

Memento de difuntos, de Andreu Martín

10/17/2014 Comenta

No hay nada más placentero para una víctima de malos tratos, que verse librada del verdugo que tiene en casa y que duerme a su lado. Es lo que le pasa a Ángeles, pero como la alegría dura poco en la casa del pobre, el espíritu del marido de Ángeles, policía franquista que acostumbrado a resolver los problemas a bofetones traslada su manera de actuar en la calle a casa, empieza a aparecérsele.

Ángeles acude a un psiquiatra con la ilusión de que éste le ayudará a superar todo el calvario que está viviendo. Pero lo que no sabe es que las visitas al psiquiatra empeoran la situación, ya que el doctor, frágil de mente, acaba por adoptar la personalidad del difunto marido.

Para Ángeles es un calvario, pero más calvario es para el doctor Delclós, psiquiatra que tratará los dos casos: el de su colega y el de la paciente.

Nadie sabe cómo acabará la historia porque los caminos de la maldad, al igual que los del señor, son inescrutables, así que el camino que tomará la historia puede ser sorprendente.

Escrita muy bien, de manera muy clara y muy concisa, de fácil lectura. No dejará de sorprender y será imposible marcar la página por la que vas porque siempre querrás seguir leyendo. Nos llevará al pasado y al presente, por un mundo donde ya no sabrás si lo que ves es de verdad o producto de tu imaginación.

Buen libro para leer y sobresaltarse, recomendable para leer en un día de lluvia con un café como compañero.

Publicado por David   

Misterioso asesinato en Manhattan, de Woody Allen

10/13/2014 1 Comment

Cuando la gente piensa en literatura lo primero que se les viene a la cabeza suelen ser las novelas. Son muchos los géneros que quedan relegados a un segundo plano, y son muchas las personas que acudimos a ellos cuando la prosa comienza a aletargarnos. En este caso, decidí hacer una especie de experimento y combinar dos de los productos culturales que más disfruto en mi tiempo libre: la literatura y el cine. 

Gracias a la influencia que ejerció en mí mi antiguo profesor de teatro, el cine de Woody Allen se ha ido convirtiendo, con el devenir de los años y el visionado de muchas de sus películas, en una auténtica fuente de disfrute personal. Mi rutina en torno a este tema seguía siempre las mismas pautas: veía las películas y, seguidamente, devoraba los guiones. 

He de reconocer que la lectura de guiones es algo que me apasiona, ya que el lenguaje audiovisual siempre me ha parecido una manera muy curiosa de contar una historia. Sustituir de vez en cuando al narrador clásico por la maestría de un buen texto cinematográfico y una sabia elección de planos, es una experiencia que recomiendo a cualquier persona. 

En esta ocasión decidí invertir mi pequeño ritual y acercarme por primera vez a Misterioso asesinato en Manhattan a través del texto. Mi imaginación contaba con la ventaja de no poseer ninguna referencia previa, tanto en la temática del guión, como en la grabación de la película; cosa que agradecí enormemente. 

Misterioso asesinato en Manhattan cuenta la historia de Larry Lipton (Woody Allen), un editor neoyorquino algo neurótico y con predisposición a las excentricidades (cualidades propias de los personajes de Allen), que vive junto con su mujer Carol (Diane Keaton), una ex agente publicitaria que desea abrir su propio restaurante. Una noche, la pareja llega a su casa de Manhattan y entablan conversación por primera vez con sus vecinos, una anciana pareja compuesta por Paul (Jerry Adler) y Lillian House (Lynn Cohen). Tras pasar una pequeña velada junto a ellos, los Lipton regresan a su apartamento. Al día siguiente descubren que Lillian House, su recién conocida vecina, ha muerto en su casa debido a un fulminante infarto. Aunque todas las pistas parecen indicar que la señora House ha muerto por causas naturales, Carol Lipton descubre numerosas pistas que incriminan a su vecino y que apuntan a que ha sido él la persona que ha asesinado a su propia esposa. La pareja empezará a indagar las razones de la supuesta muerte de la señora House a manos de su marido, ayudados por dos viejos amigos de la pareja, Ted (Alan Alda), un escritor amigo de Carol, y Marcia Fox (Anjelica Houston), una escritora por la que Larry siente verdadera devoción. 

Con semejante panorama y teniendo la imaginación de Woody Allen como hilo conductor, es de esperar que nos encontremos ante una verdadera obra maestra. La comedia y el misterio se palpan en cada una de las escenas del guión, haciendo que su lectura sea una auténtica delicia fácilmente devorable.


     TIBIABÍN HERNÁNDEZ
                                                               

En la orilla, de Rafael Chirbes

10/10/2014 Comenta

Tiene Rafael Chirbes una manera de contar las cosas que es como si te abofeteara. Recio, áspero, sobrio, brutal a veces, contundente, pero al mismo tiempo lleno de fuerza, dominando el lenguaje, sabiendo lo que escribe, lo que se trae entre manos, usando el vocabulario como un martillo pilón con el que acompaña historias desabridas, muy duras, que no dejan lugar a la esperanza ni a la componenda, que no tratan de comprender ni de contemporizar, que simplemente narran, describen, cuentan lo que hay y te envuelven en aquello de lo que no tenemos escapatoria. 

En la orilla cuenta la historia de Esteban, un carpintero al que le estalla la burbuja inmobiliaria en plena cara cuando él ha decidido invertir todo lo que tiene -incluida la carpintería- en un negocio fácil, rápido, de esos que han sido barridos en estos últimos años, oportunidades que han pillado tanto a los que se han pasado de listos como a los pichones de la sociedad que han querido emular lo que veían a su alrededor. 

Esteban no culpa a nadie: él forma parte de esta misma sociedad corrompida y desquiciada por la codicia y el consumo. Pero si lo ha perdido todo es porque no puede perder nada más. Esteban ha fracasado. Quería a una mujer que se fue con el amigo, sin familia, con un padre idiotizado por la vejez al que tiene que cuidar, con unos puntos de referencia que han muerto y forman parte del pasado. Ahora sólo le queda el rencor, la desesperación disfrazada de odio, la amargura que le inspira todo lo que le rodea. 

En la orilla es la historia de una derrota. No es una historia sobre la crisis, como dicen algunas reseñas que he leído por ahí. La crisis es el telón de fondo, la chispa que enciende la hoguera si preferís, pero ya antes Esteban tenía cuentas pendientes, ya antes la ética de la especulación, la codicia, la podredumbre moral, la falta de valores, la hipocresía habitaban el pequeño pueblo de Olba y el imaginario Misent, paradigma de la especulación y el destrozo de la langosta de la construcción en la costa mediterránea. Esteban ya había fracasado en la vida, y da puñetazos al aire porque ya hace tiempo que no tiene nada contra lo que luchar.

Del mismo modo que el vendedor de muebles aspira a ser decorador, el carpintero aspira a ser escultor, a tallar la madera, material que sólo es superado en humildad por la arcilla. En sus sueños, el carpintero quiere esculpir piedra, bronce, hierro. Al despertar, Esteban encuentra las virutas esparcidas y el mobiliario barato, la misma vulgaridad de vida de la que quería escapar. Lo ha perdido todo porque ya no puede perder nada más. O tal vez sí. 

La novela es una obra extraordinaria. Dura, rocosa, nada amable, crítica, descarnada, pero apabullante y magníficamente escrita. Léanla, que vale la pena.


     CARMEN J.
                                                               

El océano al final del camino, de Neil Gaiman

10/07/2014 6 Comments

Mi mujer se marchó a Australia a grabar un disco. Ella estaba contenta y emocionada con su trabajo y yo la echaba terriblemente de menos. La echaba tanto de menos que pensé en hacerle un regalo especial, decidí regalarle mi infancia. No podía llevarla a aquellos lugares en los que había sido niño pero sí podía contarle una historia. Escribí y escribí y escribí. Días y días hasta que me di cuenta de que tenía una novela. Una novela para Amanda pero también para todo el mundo.

Más o menos con estas palabras presentaba Neil Gaiman su novela, el pasado mes de mayo, en Madrid. 

El océano al final del camino es un cuento. Una historia con buenos y malos, con hadas y brujas, con lugares misteriosos e inexplicables, con habitaciones que dan miedo y otros sitios que son mágicos y seguros. Con niños, con padres y madres. Con comidas favoritas. Una historia con la que se pasa miedo y susto y con rincones que te acogen con una luz cálida y confortable. 

Pocas cosas hay más íntimas que contarle un cuento, una historia a alguien a quien quieres: tus hijos, tu pareja. Una historia que puedes estar inventándote pero que en el fondo tiene mucho de ti, es tu reflejo, tu eco. Eres tú. Puedes disfrazarla, adornarla, esconderla, añadir monstruos o quién sabe si disfrazar alguno que en realidad sí existió y crear sitios mágicos donde no has estado pero te gustaría ir. 

¿Quién no quiere susurrarle una historia así a alguien querido? ¿Quién no desea que alguien que le quiere le susurre un cuento? 

Así es la historia que Neil Gaiman ideó para su mujer, Amanda. Es un cuento sobre un hombre que al volver a la que fue su casa tras muchos años, se sienta a recordar su infancia, sus siete años. Imagina o quizás recuerda una especie de aventura con un personaje malvado que llega a su vida y él es el único capaz de ver el peligro. Una cotidianidad confortable y segura que se llena de elementos fantásticos que la transforman y la hacen terrorífica. ¿Acaso hay algo que dé más miedo que no reconocer las cosas que más queremos, a las personas que nos son más queridas?

Neil Gaiman escribe con un estilo sencillo y sin muchas pretensiones. El océano al final del camino no es una gran novela ni una historia que vaya a cambiarte la vida. Se lee con agrado, con inquietud a ratos y proporciona un buen motivo para recordar nuestra infancia y en pensar en nosotros mismos como niños. 

“Te voy a decir algo muy importante: por dentro, los adultos tampoco parecen adultos. Por fuera son grandes y desconsiderados y siempre parece que saben lo que hacen. Por dentro, siguen siendo exactamente igual que han sido siempre. Como cuando tenían tu edad. La verdad es que los adultos no existen. Ni uno solo, en todo el mundo.”

¿Quién no se ha sentido así alguna vez? 


     MOLINOS