Los perros y los lobos, de Irène Némirovsky

3/31/2014 1 Comment

Irène Némirovsky nació en Kiev en 1903. De origen judío, desarrolló su carrera literaria en Francia. Los perros y los lobos apareció en 1940. Fue su última novela publicada en vida: en 1942 fue deportada a Auschwitz donde, al igual que su marido, sería asesinada. A sus dos hijas les dejó una maleta con numerosos manuscritos. Uno de ellos, Suite francesa, fue publicado en 2004, recuperándola postreramente del olvido, y desencadenando un éxito de crítica y público sin precedentes.

Los perros y los lobos dibuja un movimiento que es el de la propia autora. El relato comienza en Ucrania, su país natal, a principios del siglo XX. Irène Némirovsky escapó de la revolución bolchevique en diciembre de 1918, apenas con quince años, y así también lo hace Ada, protagonista de la novela, subiéndose a un tren en mayo de 1914. Los primeros capítulos de la obra nos describen la forma de vida de una familia judía en Ucrania y cómo, a sus ojos, se estratifican los barrios. A través de Ada leemos que es el dinero lo que diferencia unas zonas de otras. El dinero «era bueno para cualquiera, pero para el judío era como el agua que bebía y el aire que respiraba. ¿Cómo vivir sin dinero? ¿Cómo pagar los sobornos? ¿Cómo meter a los hijos en la escuela cuando se había cubierto el cupo? ¿Cómo conseguir la autorización para ir aquí o allá, para vender esto a aquello? ¿Cómo librarse del servicio militar? ¡Ay, Dios mío! ¿Cómo vivir sin dinero?» (página 24). 

Junto al dinero, Ada y su primo Harry Sinner son los protagonistas de la novela. Irène Némirovsky, que fue hija de un banquero judío, y casada igualmente con un banquero, los sitúa en los extremos de la pirámide social y económica. La autora, aprovechando sus distintas fortunas, nos describe las maneras de ambición de uno y otro. El éxito y la ruina fluctúan con facilidad y definen el carácter de los judíos: «La suerte y la desgracia, la prosperidad y la misera los fulminaban como los rayos del cielo al ganado, lo que originaba en ellos tanto una perpetua inquietud como una esperanza invencible» (página 67). Frente a Ada su primo Harry «temblaba de aquel modo ante ella», y «no era porque a sus ojos representara la pobreza, sino el infortunio». Porque al final «para un judío no había más salvación que la riqueza» (página 75) y el dinero era su idioma (página 160).

Los dotes de la autora para observar cómo afecta el dinero a cada uno deja fragmentos admirables: «Los judíos de la ciudad baja eran religiosos y fanáticamente apegados a sus costumbres. Los de los barrios ricos se limitaban a observarlas. Los primeros sentían que la fe judaica estaba arraigada en ellos a tal punto que les habría resultado tan difícil prescindir de ella como vivir sin corazón. A los segundos, la fidelidad a los ritos les parecía de buen tono (...). Entre esos dos grupos, piadosos cada cual a su manera, estaba la pequeña y mediana burguesía, que vivía de otro modo. Invocaba a Dios para que bendijera un negocio o curara al hijo (...), pero acto seguido se olvidaba de Él o, si se acordaba, era con una mezcla de miedo supersticioso y tímido resentimiento: Dios nunca concedía lo que se le pedía... del todo» (página 40).

Esta visión de su propia comunidad hizo que la misma rechazara a Némirovski, acusándola de antisemita. Todo una paradoja sabiendo cuál fue su terrible destino. Pero tampoco fue aceptada por la patria francesa, a la cual ella siempre aspiró. Porque Los perros y los lobos, siguiendo el itinerario biográfico de la autora, se cierra en una Francia que imaginamos ocupada por los alemanes. Según Némirovsky la alta burguesía parisina tiene como único interés el buen vivir, y es indiferente a un mundo que se derrumba. Suponemos que Europa está en guerra, pero la novela nos oculta los hechos. Mudos los diarios, la obra observa las consecuencias de la contienda sobre las costumbres, y así consigue hacer crítica social. Pese a la crudeza de esta crítica Némirovsky nunca dio la espalda a su país de adopción, se convirtió inútilmente al catolicismo y, tal vez agotada, no intentó ni siquiera huir cuando Francia capituló y tuvo tiempo para hacerlo.

Los sentimientos entre Ada y Harry complican la peripecia de la novela. Son parientes cercanos pero media entre ellos una distancia inaudita, medida por sus fortunas tan dispares. Si el amor se hace común es porque se levanta sobre la experiencia individual: los enamorados se identifican en la memoria común de un pueblo perseguido, dividido entre perros fieles y lobos salvajes, entre el servilismo y la insolencia. Este amor responde por lo tanto a una oscura llamada de la sangre. Un amor estólido, porque los judíos son «una raza ávida, hambrienta desde hace tanto tiempo que la realidad no basta para alimentarnos», y logrado gracias a una «necesidad casi salvaje de conseguir lo que se desea (...)» (página 130).

Esa pasión prevista entre Ada y Harry se alcanza tras unas escenas memorables: de un lirismo amargo son los lienzos que ella pinta y cuelga en una librería, esperando que Harry algún día los vea y, activándose los mecanismos del recuerdo, llegue a París una realidad lejana y olvidada. El arte funciona como una vía para que Harry consiga encontrarse consigo mismo, con su historia, y por lo tanto con Ada. Pero también causa una honda impresión la imagen de Ada sentada en un banco de la calle, observando una fiesta en el palacio de Harry, las risas y las copas y las intrigas y todo lo que imagina que la gente habla desde los balcones abiertos. Ada y Harry, dos ruedas que confunden voluntariamente «el pasado y el presente, el sueño y la realidad» (página 146) y que giran desde su nacimiento sobre el mismo eje.

La obra se cierra con un movimiento que es la biografía de un pueblo: el espanto del regreso al lugar del que se había huido. Irène Némirovski, su marido y sus dos hijas tenían suficientes razones como para escapar del odio nazi: una familia acomodada, de origen judío y ruso. No lo hicieron, y en ese momento la biografía de Irène y de Ada se separan para siempre. 

La primera permaneció en Francia, pensando que tal vez la conversión al catolicismo y su dinero, y por lo tanto sus contactos, podrían salvarla. No fue así: fue obligada a portar la cruz amarilla que estigmatizaba su origen judío, deportada y finalmente asesinada en las cámaras de gas de Auschwitz. En julio de 1942 escribe una última nota dirigida a su familia: «Mi querido amor. Mis queridas niñas. Creo que marchamos hoy. Fuerza y esperanza. Estáis en mi corazón. Os quiero». No supieron nunca más de ella.

La segunda, Ada, seguirá viva en la memoria libre de quienes hoy leemos esta obra. A pesar de algunos brincos temporales y de ciertas descripciones estereotipadas, sobre todo en referencia a los rasgos judíos, todo parece vivo y real. Cada detalle encaja con el resto y ningún dato resulta superfluo, y hace que la obra tenga la perfección liviana de los buenos cuentos.

Los perros y los lobos es una instantánea tomada sin cámara: el relato de un espanto que la propia Irène rechazó mirar, tal vez porque no pensó que lo escrito pudiera ser cierto. El libro se cierra con nostalgia: el sentimiento entre Ada y Harry supera el tiempo de la novela. Parecen Tristán e Isolda, condenados a quererse, y por eso que aún hoy escribo estas líneas sobre ese amor, compartiendo un sentimiento único mezclado de fuerza y de esperanza; de servilismo e insolencia; de austeridad y riqueza; de perros y lobos, como leitmotiv de un pueblo extranjero y solo. Un pueblo y un amor perseguidos por un pasado más largo que el resto de los mortales.

Los números de página indicados en la reseña corresponden a la edición de Salamandra, S.A. en su catálogo de «Letras de Bolsillo». En este enlace se puede escuchar una entrevista a la hija de la autora (en francés).

Publicado por Daniel Dilla   

Viaje a la Alcarria, de Camilo José Cela

3/28/2014 2 Comments

La recuerdo más de lo que debería. Más de lo que cualquier amigo te aconsejaría cuando te ayuda a cerrar una herida. Recuerdo aquella mañana más que otras muchas que han sido mejores en mi vida. Era a finales de septiembre. Una mañana "manchega", de cielo azul intenso y sol en lo alto. El coche aguardaba en la acera contraria a la puerta de mi casa. Cargado hasta arriba de bártulos y equipaje unidos por un halo de pena y nostalgia. En el umbral de la puerta los dos nos abrazábamos, llorosos, cerrando de un portazo todas nuestras ilusiones y abriendo la puerta de una nueva oportunidad. De una nueva vida que ninguno queríamos vivir. Con voz callada, como un susurro, oí decir "¿A dónde vamos?". En ese momento quise mostrar una leve sonrisa, que parecía más una mueca, al decir "Nos vamos a la Alcarria". 

Así empezó mi particular "viaje a la Alcarria" y es la razón de que meses más tarde, sentado en una cafetería hablando de libros con Imuka, mencionará lo especial que sería leer Viaje a la Alcarria de Camilo José Cela. "A buen entendedor pocas palabras bastan" debió de pensar la buena de Imuka cuando buscó para mi el libro que hoy os vengo a recomendar.

La primera edición del libro es de 1948, aunque esa edición fue mejorada y corregida en varias ocasiones, la primera de ellas en 1952, ya con la editorial que hoy conserva sus derechos de impresión, Austral. La edición que hoy os comento es de 2012. Se trata de una edición especial, que no solo incluye la obra del premio Nobel, sino también una extensa introducción de José María Pozuelo Yvancos; y una completa guía de lectura de Mª Paz Díez-Taboada. Se nota que es una edición pensada para estudiantes de bachillerato o de la universidad, pero que ayuda al lector de cualquier edad a comprender mejor la dimensión de la obra.

Tampoco puedo obviar comentar, aunque sea ligeramente, la figura de Camilo José Cela. Influenciado por la Generación del 98, Cela alcanza protagonismo en la literatura durante la etapa de posguerra española tras la publicación de La familia de Pascual Duarte en 1942. Novelista, ensayista, poeta... el genial autor gallego alcanzó el reconocimiento mundial en 1989 cuando recibió el Premio Nobel de Literatura. No solo éste, sino también el Premio Príncipe de Asturias en 1987, y el Premio Cervantes en 1995, hacen de Cela uno de los autores más respetados y conocidos de las letras hispanas.

- Sí, la Alcarria. Debe ser un buen sitio para andar, un buen país. Luego, ya veremos; a lo mejor no salgo más; depende. 
El viajero enciende otro cigarrillo - a poco más se quema el dedo con el mixto -, se sirve otro whisky. 
- La Alcarria de Guadalajara. La de Cuenca, ya no; por Cuenca puede que ande el pinar; o la Mancha, ¡quién sabe!, con sus lentos caminos.

Existía una tradición viajera en la Generación del 98. Baroja, Azorín, Unamuno... iniciaron un género literario dedicado al viaje y la observación del paisaje. Pretendían hacer del paisaje un elemento más de la novela, un protagonista al que hacer caso y dedicarle el tiempo que fuera necesario. Cela se siente heredero de esa tradición y decide echarse al campo a andar. Y aunque él mismo relata como observa un mapa lleno de líneas y círculos que señalan rutas y pueblos, se presenta ante el viaje sin más propósito que el de andar y ver, a veces con un rumbo fijo, otras guiándose de su intuición.

Se presenta así mismo como "el viajero", siempre en tercera persona, con una caracterización cercana al vagabundo que va de sitio en sitio sin más pertenencias que su morral y su manta. Esa caracterización es buscada por Cela para ficcionar su propia persona y crear un personaje que le permita cierta libertad en la escritura, sin las ataduras que una autobiografía conlleva. De hecho que, el viaje en sí, Cela lo realizó entre el 6 y el 15 de junio de 1946, durante el que tomó las notas que serían la columna vertebral del relato que, ya en Madrid, construyó en los meses sucesivos hasta la fecha de su publicación.

Su periplo comienza en la estación de Atocha (Madrid) donde coge el tren a Guadalajara. Desde la capital alcarreña comienza su viaje a pie por el paisaje alto, raso y de poca hierba que caracteriza a la Alcarria. En sus primeras etapas, el viajero parece preocupado en buscar un sitio donde comer y descansar. Se dedica a la contemplación del paisaje, a su descripción y al conocimiento de las gentes que se va encontrando. Al principio del viaje se recrea en los campos que va observando y poco a poco va surgiendo en él las ganas de componer versos o coplillas que desde este momento acompañaran al lector hasta el final de la obra.

Un parador. 
Tres casas. 
Cuatro mulas. 
Cinco mozas. 
Seis hidalgos. 
Siete zagalas. 
El camino de Brihuega 
va a la derecha. 
Por el de Zaragoza 
bajan dos mozas.

El carácter observador del viajero se va tornando en un espíritu crítico. A lo largo del viaje se nota la transformación de un personaje al principio expectante, que busca de la compañía de gente humilde, vagabundos, chamarileros y otros que van apareciendo en el camino, para convertirse en una viajero escrutador que no duda en criticar lo que ve. También cambian sus compañías: deja atrás los personajes populares para relacionarse con viajantes, médicos y alcaldes de los pueblos que visita.

En Pastrana podría encontrarse quizá la clave de algo que sucede en España con más frecuencia de la necesaria. El pasado esplendor agobia y, para colmo, agosta las voluntades; y sin voluntad, a lo que se ve, y dedicándose a contemplar las pretéritas grandezas, mal se atiende al problema de todos los días.

Un camino jalonado de gentes y pueblos que visitar. El viajero se presenta ante el camino como uno más del paisaje. Al atravesar un pueblo trata de seguir integrado, que su presencia no chirríe entre los invisibles lazos que unen a los vecinos de un pueblo. Se queda con los nombres de unos y otros, sus apodos, de los que apunta todos ellos como una colección de nombres exóticos (Los de La Puerta / pantorrilludos / siete pares de medias / llevan algunos); se aprende sus coplillas y las integra en sus versos (Las Tetas de Viana / muchos las ven / y pocos las maman). Incluso intercede en alguna ocasión como mensajero entre vecinos de uno y otro pueblo. A veces se integra de más y siente una dulce sensación de bienestar que quiere cortar de una, no fuera a acostumbrarse a lo bueno quedando camino por recorrer.

Al viajero le invade un sopor peligroso. En la mecedora del médico de Budia se está demasiado bien. Hacia el mediodía sale de nuevo a la calle, con ánimo de echarse al camino en seguida.

Ese intento de cortar por lo sano con la sensación de bienestar que más de una vez le invade durante el viaje, concuerda con la tendencia que el propio Cela inauguró en La familia de Pascual Duarte: el "tremendismo". Es una tendencia o género que se manifestó en la novela española de la posguerra, producto de escritores que fueron testigos de la Guerra Civil. Se caracteriza por una crudeza en la narración y en la trama, aunque no se relaten hechos exclusivamente bélicos. El lenguaje es duro, las escenas brutales y grotescas, y los personajes viciosos, obsesivos y violentos.

Pasa por la plaza un mendigo adolescente, tonto, a quien falta un ojo. Camina rígido, hierático, con lentitud, y va rodeado por dos docenas de muchachos que lo miran en silencio. El tonto tiene una descalabradura, aún sangrante, en la cabeza, y un aire de profunda tristeza [...] Una mujer con un niño a cuestas se ha asomado a un portal. -¡Lástima no reventases, perro!

El camino se termina como empieza, tranquilo y disfrutando de cada momento. Saboreando una tierra que deja onda huella en el viajero. Igual que el viajero, el lector siente tranquilidad al leer su viaje. El lector de Viaje a la Alcarria sabe de antemano que el viaje se acaba, que da igual que avances las páginas para ver en donde termina o si tal o cual personaje sigue vivo, como a veces hacemos los lectores impacientes con las obras de acción. Aquí no hay la angustia de un final inesperado, sino un tranquilo deambular por la Alcarria observando como el viajero elige caminos y compañías con la única curiosidad de descubrir nuevas tierras.

¿Por qué no echar la vista atrás y recuperar "un clásico" de la literatura de viajes española? Eso mismo pensaba cuando pensé en leerlo. Aprendes tanto con un libro así, que es cuando realmente adviertes la grandeza de un autor. Cuando entiendes que en algo más de 200 páginas el escritor consigue mostrarte tanto de un lugar tan desconocido para muchos y cercano para tantos. Sólo espero que algún día os acordéis de esta recomendación y os acerquéis a la Alcarria, aunque sea a través de la literatura.

Con especial dedicación a Laura e Imuka de Sebastiane.

Publicado por Carlos Masó   

La comodidad de lo sólido, de Humberto Dib

Dolega 3/26/2014 26 Comments

Descubrir un escritor en este mundo de los blogs no es sencillo. Aquellos que tenemos uno, yo la primera, escribimos, contamos cosas; unos con más pretensiones que otros, es cierto, y todos al final ponemos en un folio virtual nuestros pensamientos, aventuras u opiniones; pero ser escritor, en mi opinión, es otra cosa. Es tener la capacidad de hacer cómplice de lo que escribimos a alguien a quién no conocemos de nada, y eso no es fácil. Si encima le sumamos que lo tenemos que encontrar entre los miles y miles de blogs que proliferan por la red de redes ya la cosa adquiere tintes épicos, pero ocurre.

Un buen día ando no recuerdo muy bien por dónde y me topo con un relato inquietante en un blog totalmente negro al que tengo que subirle la fuente al máximo para que mis dioptrías no sufran demasiado.

"Nada de lo que diga es cierto, querría aclararlo de antemano.

No es cierto que esté caminando por una carretera solitaria en las afueras de Somerset, y que -cada cien metros- una luz estire mi sombra hacia adelante sobre el asfalto para que luego otra luz la atrape y la arrastre hacia atrás. No es exacto que hayan transcurrido más de veinte minutos sin que pase ningún vehículo. Tampoco es verdad que -la última vez- las cosas no hayan salido como yo lo esperaba, ni que esté perdiendo la destreza. No es cierto que haya sido un Chrysler azul el que me levantó aquella madrugada, como tampoco es verdadero que el conductor se hubiera dado cuenta de lo que estaba sucediendo sólo cuando me vio sacar el cuchillo. Por supuesto que no es correcto que -al día siguiente- la policía haya encontrado el cuerpo dentro del auto en el arcén de la carretera 76, a pocos kilómetros de Pittsburgh. Es mentira que arda de deseo de sesgar otra vida. No es cierto que un camión se acaba de detener y que -desde la cabina- una voz me pregunte si quiero que me acerque hasta el próximo pueblo, pero más falso es afirmar que yo acepto. Es un engaño decir que yo me haya arrellanado en el asiento del acompañante y que esté contándole al chófer las mismas mentiras que a todos los demás. No es verdad que yo no supiera que las intenciones de él eran idénticas a las mías. Es mentira que se haya anticipado a mis movimientos y que me haya atravesado el cuello con un destornillador, tan falso como que yo ahora sea un cadáver sanguinolento arrojado en la maleza.

Nada de esto es cierto, creer en la palabra de un muerto sería un total disparate."

Es un relato cortísimo pero siento que me ha atrapado y que no es igual a lo que suelo leer por este medio. En ese momento descubro que estoy leyendo a un escritor, no importa que esté en un blog, el tipo que escribe tiene entidad y calidad suficiente para hacerme cómplice de lo que dice. 

Me lo imagino haciendo historias con la realidad que ve pasar ante sus ojos, mientras construye personajes y sentimientos a base de escrutar miradas y movimiento de manos de transeúntes anónimos. 

Igual que hay veces que leo algo y seguidamente le pongo música o siento que necesito recitarlo, los relatos de Humberto Dib tiendo a querer vivirlos, a meterme en la historia que en muchos casos solo consta de algunos renglones, pero que encierran un mundo de emociones. 

Me convierto en una asidua a su blog y un buen día anuncia que viene a España desde Argentina a presentar su último libro y voy a la presentación porque me gusta lo que escribe, es así de sencillo. 

Llega con La Comodidad de lo sólido debajo del brazo, un libro de relatos de apenas 156 páginas, que se lee en un suspiro y se saborea por mucho tiempo.

Se empeña, como todo escritor, en explicar el sentido del título, el proceso creativo y de cómo y por qué ha dividido los relatos, sin darse cuenta de que su obra ya se ha convertido en tantas obras como lectores tenga y que por mucho que lo intente, sus historias ya solo le pertenecen a quién las lee y las interpreta. Él solo tiene su autoría, pero nada más. 

Estoy segura de que este es el prólogo de una exitosa carrera literaria. 

Está deseoso de “jugar en las grandes ligas” en referencia a las editoriales de primera fila. Pienso que lo conseguirá y que sus personajes harán que deseemos fervientemente vivir y sentir como ellos porque su autor, Humberto Dib, es un excelente espectador de las mil caras de la realidad. 

Pueden encontrarlo en Amazon, en la editorial o directamente a través de su autor.

Publicado por Dolega Martín   

La salvación de una santa, de Keigo Higashino

Inma 3/21/2014 1 Comment

Keigo Higashino nos plantea de nuevo un enigma que logra mantenernos en vilo hasta las últimas páginas de su novela, a pesar de que el qué, el cómo, el quién y el por qué nos es revelado desde el primer momento. 

Esta vez, el Inspector Kusanagi se enfrenta a la misteriosa muerte del empresario Yoshitaka Mashiba. La víctima ha aparecido muerta en el salón de su casa, justo después de tomarse una taza de café envenenada. Lo que Kusanagi no sabe es que justo dos días antes, Mashiba había dejado a su mujer, Ayané, de la manera más fría, porque no lograba darle hijos. Al igual que en las otras novelas de Keigo Higashino, la policía termina pidiendo la ayuda extraoficial del excéntrico y analítico físico Yukawa para resolver el misterio. 

El autor, Keigo Higashino, es uno de los maestros de la novela policíaca japonesa, y de nuevo, no nos decepciona. Siguiendo su línea literaria, nos cuenta casi todo en las dos o tres primeras páginas, y aún así, logra sorprendernos guardándose lo mejor y lo inesperado para el final. En La Salvación de una santa, como lectora, he echado de menos los escenarios de la vida cotidiana de los que disfruté en La devoción del sospechoso X, aunque me he sentido mucho más cercana a los personajes, tanto a los policías como a los sospechosos. 

Me gustaría añadir a título personal, que una buena parte de la novela se basa en las elucubraciones de cómo el veneno llegó a la taza de café. Tal vez se le da demasiadas vueltas, y algunas de ellas pueden resultar algo repetitivas para el lector. Me gusta el género policíaco, me gusta la literatura japonesa… por tanto, sólo puedo recomendar esta novela.

Publicado por Inma Gallego   

Traducciones / Perversiones, de Leopoldo María Panero

3/18/2014 5 Comments

Leopoldo María Panero, poeta español fallecido recientemente, fue conocido en vida sobre todo por su obra poética, obra que ni él quería etiquetar, ni resulta posible hacerlo, pues su estilo singular y característico no encaja en ningún grupo ni corriente. Sus poemas fueron, sin embargo, incluidos en la antología de José María Castellet, Nueve novísimos poetas españoles, junto a importantes poetas como Pere Gimferrer, Guillermo Carnero, o Ana María Moix, fallecida también este año, entre otros. No obstante, es asimismo destacable su peculiar trabajo como traductor, que siguió la senda y el estilo marcados por su poesía. Uno de los máximos conocedores de su obra, el catedrático de la Universidad de Zaragoza Túa Blesa, que editó sus antologías poéticas Poesía Completa. 1970-2000 y Poesía Completa. 2000-2010, se encargó también en 2011 de sus traducciones de autores extranjeros, recogidas en un volumen titulado Traducciones / Perversiones.

En una amplia introducción al mismo, titulada Teoría y práctica de la traducción como perversión, Blesa desarrolla sus ideas y teoría de la traducción, y cómo, sobre todo en Panero, esta se convierte en una perversión.

Panero se incluiría en una concepción de traductor como escritor, como creador. La idea tradicional, y algo anticuada, de traducción sería la de los traductores que no hacen propia esa posición de escritor, sino que piensan en un ideal de fidelidad. Para Panero, su función como traductor es la de desarrollar o superar el original, no limitarse a trasladarlo. Es por eso que podemos calificar sus traducciones de singulares, y él mismo llega a referirse a su tarea como “antitraducción”. Algunos críticos en su momento no aceptarían esta forma de traducir, no comprendían que Panero antepusiese su lectura personal a la literal, si es que algo así es posible en alguna traducción.

Pero, ¿qué textos traduce Panero? No son textos al azar o que se encuentren ajenos a su propia obra. Traduce autores provenzales, como Georges Bataille o Guilhem de Peitieu, ya que es sabida por los conocedores de su obra la afición de Panero por la poesía provenzal. Además, traduce obras de autores que tradicionalmente se considerarían para niños, como Lewis Carroll o Edward Lear, puesto que Panero ve dos antecedentes en la literatura moderna o de vanguardia que él practica a su manera: la literatura de terror y la literatura infantil. Pero en sus traducciones, estos textos exceden el dominio de lo infantil, y van hacia algo más oscuro, más sexual, más pervertido. También traduce a Catulo, con el que se podría relacionar porque en su momento fue un neóteroi (innovador), así como Panero fue un novísimo en la antología de Castellet. No se puede separar pues su trabajo como traductor de su propia trayectoria poética, aunque seguramente este oficio no respondiera solo a cuestiones estéticas, sino también económicas, siendo la literatura el único trabajo del poeta.

En las traducciones (o perversiones) de Panero encontraremos versos añadidos que no aparecen en los textos originales; la perversión encuentra en el texto grietas, vacíos, en los que el traductor penetrará para rellenar el original, para perfeccionarlo o terminarlo. Asimismo, habrá estrofas sin traducir. Encontraremos también traducciones de términos que se contraponen al sentido de los originales: “young lady” lo traduce como “vieja”, “ta bouche” lo traslada como “tu ano”, o “That Young Person of Kiev” como “esta joven imbécil de Kew”, entre otros muchos ejemplos. También, en el caso de las traducciones de los limericks de Edward Lear (poesías breves acompañadas de una imagen), la traducción que nos ofrezca Panero estará condicionada además por el dibujo que acompaña al original; así, traducirá “She wore a small Wig / And rode out on a Pig” como “Púsose Opsibina una peluca / Para montar en un cerdo y darle la espalda”, ya que en la imagen vemos al personaje montado en un cerdo, pero al revés.


Es el propio Panero el que llama a estas traducciones “perversiones”, palabra que incluye el término “versión” (sinónimo de traducción), pero que con el prefijo per- cambia el significado, y así defiende que puede modificar y suprimir lo que a él le parece.

Nos encontramos pues frente a una excelente edición llevada a cabo con el cariño y conocimientos que solo Túa Blesa podría proporcionar sobre el tema. Un libro para abrirse a otros puntos de vista; para adentrarse en el mundo de Panero, o para conocer su faceta como traductor, aparte de la ya conocida de poeta; un libro para dar lugar a la perversión.

Publicado por Carlos Carranza Comercio   

Legado en los huesos, de Dolores Redondo

3/14/2014 5 Comments

Dicen que segundas partes (o terceras, o cuartas) nunca fueron buenas. Pero todos hemos encontrado una de esas continuaciones que merecen la pena. Legado en los huesos es una de ellas. Dolores Redondo continúa la trilogía del Baztán de la mejor manera posible. El guardián invisible deja con ganas de más, y Legado en los huesos cumple de sobras con las expectativas. 

El caso del Basajaun quedó cerrado, pero el juicio al asesino que intentó imitar dichos crímenes todavía no se ha celebrado. Este es el inicio del libro, ese juicio que en realidad no llega a celebrarse porque el acusado se suicida en los baños del juzgado dejando una nota para la inspectora Amaia Salazar, protagonista de la saga. El mensaje es algo extraño, ya que se trata de una sola palabra: “Tarttalo”. Lo que parece un suicidio aislado, en realidad es sólo uno más de los que van a tener lugar, todos ellos con el mismo mensaje. Además, se le asigna otra investigación a Amaia: la de una serie de profanaciones a una iglesia del valle del Baztán. 

De nuevo, en este volumen vuelven a mezclarse la magia de las leyendas del valle navarro, y la vida personal de Amaia y su familia. Como punto fuerte de la novela, destacar las descripciones (son de quitarse el sombrero), ni se hacen pesadas ni te dejan con la sensación de que falta algo. La autora tiene un don para la descripción, es capaz de meterte dentro de los bosques y de hacerte sentir lo que están viviendo sus personajes. Otra cosa que también ha mejorado mucho son éstos precisamente. Ya conocíamos a Amaia, James, la tía Engrasi, las hermanas Ros y Flora, y los compañeros de trabajo de la inspectora, pero es ahora cuando se aprecian los verdaderos lazos que los unen y cómo son las relaciones que se dan entre ellos. Siento que en este tipo de novelas que continúan, es preciso profundizar en los personajes, no quedarnos sólo con el caso que se ha de resolver. Amaia es un personaje complejo, con dos partes muy diferenciadas: la parte familiar y la parte policía, dos partes que en ocasiones le traen quebraderos de cabeza ya que son difíciles de compaginar. Es algo que Dolores Redondo ha sido capaz de reflejar muy bien en el libro y es entonces cuando te das cuenta de que el personaje es real. 

En mi opinión, Legado en los huesos ha superado al primer volumen de la trilogía: los casos a resolver (aparentemente inconexos) me han llamado mucho la atención y me han tenido en vilo hasta el final, y el acierto de profundizar en la historia familiar de Amaia le da un toque que hace que se salga de la típica novela negra. Estos dos puntos son cruciales para engancharte y no poder soltar el libro hasta la última página. 

La espera de Legado en los huesos se me ha hecho larga, pero tal y como ha quedado esta entrega, la espera del final de la trilogía, se me va a hacer aún más larga.

Publicado por Claudia Pina   

El tiempo mientras tanto, de Carmen Amoraga

3/12/2014 2 Comments

Este imprescindible de Carmen Amoraga, finalista Premio Planeta 2010, es una novela no apta para corazones débiles, ni almas de lágrimas fácil, que encuentra el punto de partida en una tragedia, la de María José, a la que un accidente de tráfico ha dejado postrada en la cama de un hospital. A partir del desgraciado acontecimiento ya nada volverá a ser igual para quienes han formado parte de la vida de la joven.

"La mujer que va a morir y no lo sabe, o quizás, sí, tiene los ojos cerrados, el cuerpo rígido, las manos abiertas, los dedos extendidos." El libro comienza desvelando su final para dejar paso a lo verdaderamente relevante, la historia de un puñado de personajes que han desaprovechado muchas oportunidades para ser felices.

Mientras espera la muerte, todas las tardes recibe la visita de su madre, Pilar, convertida tras el abandono de su amor de juventud en una señora rancia, infeliz por deporte, amargada y amargante, soberbia y destructora de cualquier soplo de felicidad que perciba a su alrededor. Ese áspero carácter ha propiciado que la relación con su hija nunca haya sido todo lo intensa que se espera de un vinculo materno filial. Ahora que ya es tarde, porque María José vive sus últimos días en este mundo, Pilar se pregunta quién era realmente su hija, tan desconocida para ella y tan cercana con su padre Paco, otro damnificado de la personalidad de su mujer, al que conocemos en estas líneas: "Hay gente que es feliz de forma inconsciente. Paco, no. Paco ha sido un hombre triste desde que nació, sólo que no se había dado cuenta antes porque le parecía que eso era lo normal."

También se acercan al hospital su amiga Marga, la hermana que nunca tuvo y la mejor confidente que le pudo regalar la vida; Cleopatra, una cubana pluriempleada con una mochila cargada de sacrificio y bondad, y Joaquín, el miserable del que se enamoró siendo una niña en el ascensor de su casa.

El narrador presenta de forma no lineal la reconstrucción de la historia vital de María José y de quienes la han acompañado durante su viaje por este mundo. Así pues, nos encontramos con el dibujo de acertados perfiles psicológicos tan necesarios para comprender las decisiones y sentimientos de los protagonistas de esta desgarradora historia.

El tiempo mientras tanto es un libro que aborda la evolución del amor incondicional, inagotable, casi platónico, que ha campado a sus anchas por las entrañas de María José durante la mayor parte de su existencia. Su madre no ha tenido mejor suerte que ella, ya que hace muchos años decidió no superar el abandono de un sinvergüenza, pese a haberlo intentado encerrándose en un agrio y débil matrimonio con Paco.

Esta dolorosa novela, que recomiendo leer si se está en un momento fuerte, subraya el peligro que entraña el hecho de permanecer enamorado del amor, anclado en una historia pasajera anhelando un final de película. El mensaje hace reflexionar al lector sobre la inutilidad de regodearse en el desconsuelo, de buscar vanas respuestas o de recrearse más de lo necesario en la pasión vivida porque, el tiempo pasa mientras tanto.

Publicado por Aroa Parras   

Momo, de Michael Ende

Casiopea 3/11/2014 9 Comments

En la noche brilla tu luz.
De dónde, no lo sé.
Tan cerca parece y tan lejos.
Cómo te llamas, no lo sé.
Lo que quiera que seas:
luce, pequeña estrella.

Al volver la portada de Momo, de Michael Ende (Alfaguara Juvenil 2007), lo primero que encuentra el lector es éste fragmento de una antigua canción infantil irlandesa con el que Michael Ende, el autor de Momo, quizá nos está enviando ya el primer mensaje sobre la protagonista de nuestra historia. Y es que la descripción que la canción irlandesa hace de una estrella bien podría aplicarse a Momo: apenas sabemos quién es ni por qué se llama como se llama, pero a lo largo de las páginas iremos conociendo de ella lo importante. Veremos su luz. Y eso es mucho mejor que una biografía. 

Momo es, en realidad, una historia sencilla. Sencilla, que no simple. Su protagonista, Momo, es una niña vagabunda, solitaria y presumiblemente huérfana (aunque esto es una inferencia del lector, puesto que en el libro no se habla de su situación familiar) que tiene un talento especial para rodearse de amigos y para aprovechar el tiempo. Pero aprovecharlo bien, no como nosotros entendemos su aprovechamiento sino haciendo del tiempo un uso vital. Viviendo el tiempo incluso aunque esté mirando a las musarañas. 

A partir de estas dos cualidades de la protagonista, Michael Ende despliega una trama cuajada de secundarios deliciosos y claves para el argumento como el escritor Gigi Girolamo, el barrendero Beppo, el Maestro Hora o la tortuga Casiopea una trama en la que los malos de la historia (y digo malos porque son rematadamente malos, aquí no hay medias tintas), los llamados “hombres grises”, tratan por un lado de hacerse con el tiempo de las personas embaucándolas para que sigan un complejo plan de ahorro, como si el tiempo se pudiera en verdad guardar. Y por el otro lado, luchan a toda costa por reclutar a Momo en las filas de su ejército de ahorradores de tiempo. 

De Momo me gusta, en primer lugar, que es una historia para adultos escrita en un lenguaje casi para niños, de manera que resulta accesible a todas las edades a pesar de que quizá los más pequeños no comprendan la profundidad de la trama en una primera lectura. El acierto de Ende es, bajo mi punto de vista, total al presentar la novela de esta manera. Lástima que el género juvenil no tenga en nuestros días un verdadero reconocimiento y que todavía se considere un género menor. Los prejuicios hacia este tipo de novelas tienen como consecuencia que quienes los poseen se pierdan historias del calado intelectual y vital de Momo. Y eso, francamente, es una verdadera tragedia. 

En segundo lugar, me gusta de Momo que esté presente una pincelada de metaliteratura gracias al personaje de Gigi y a la propia Momo. El escritor suele inventar cuentos (“para muchos y para una”, que diría Ende) tanto para ganarse la vida como para contárselos a Momo y ese encontrar cuentos dentro de la historia siempre es una característica de los libros que me llama la atención y me gusta. En este punto no puedo dejar de haceros una recomendación relacionada con el libro y al mismo tiempo ajena a él: se trata de las ilustraciones que María Hesse ha hecho para el cuento de El espejo mágico, uno de los más bonitos que Gigi cuenta a Momo. 

Me gusta de Momo, en tercer lugar, la importancia de las palabras que tan bien se refleja a lo largo de toda la historia. Escoger las palabras adecuadas lleva a Momo a inventar juegos siempre emocionantes para los niños, a Gigi a narrar las historias más auténticas, a los “hombres grises” a convencer con su discurso cuidado y mentiroso. Pero sobre todo, me gusta cómo el valor de las palabras, de unas pocas palabras dichas en el momento preciso, puede cambiar el rumbo de una trama y de una vida, algo que Michael Ende expresa perfectamente a través del personaje de Casiopea, la tortuga del Maestro Hora. Casiopea apenas puede comunicarse iluminando algunas palabras sobre su caparazón, de ahí que tenga que usar una economía absoluta con las mismas y decir sólo las que importan. Ojalá fuéramos las personas un poco más parecidas a los caparazones de las tortugas. 

Pero, por encima de todo, Momo me parece un libro imprescindible porque es una lección de vida. De cómo vivir la vida para que no haya sido en vano. De cómo vivir el tiempo y vivirlo de verdad, nada de llenarlo de acciones en realidad insignificantes en la creencia de que ya tendremos tiempo mañana de hacer lo que de verdad nos apetece. De cómo es imposible cambiar el futuro aunque sepas lo que va a pasar y que eso, por extraño que parezca, no es una desventaja sino una fortaleza. Saber lo que podemos esperar de la vida nos hace más fuertes. Eso Casiopea lo sabe bien. Momo como novela es un canto a la vuelta a la gente, a compartir lo que haya por poco que sea, aunque sea el tiempo. El tiempo es lo más valioso que una persona tendrá en toda su vida y es una pena que no nos demos cuenta. Momo es una lección para aprender a escuchar. Y a tener muy presente que todo el tiempo que malgastamos no se ahorra en ninguna parte, ni nos lo vamos a encontrar una mañana envuelto y con un lacito a la puerta de casa, listo para usarlo. Por mucho que los “hombres grises” intenten convencernos de lo contrario. 

Momo es extraordinaria, como novela, porque trasciende el tiempo y el espacio y sigue siendo tan vigente ahora como cuando Ende la escribió en 1973. O quizá más. Por eso, os recomiendo que la busquéis en alguna de las múltiples ediciones que se comercializan en nuestro país, que la rescatéis de las bibliotecas y os la llevéis a casa. Que si la habéis leído, volváis a hacerlo. Que si no la habéis leído, lo hagáis, la guardéis y en un tiempo la releáis (yo he perdido la cuenta de las relecturas que le he hecho y de las veces que he regalado la novela). Veréis cómo cambia vuestra concepción del tiempo y de cómo hay que aprovecharlo para darlo por vivido.

Publicado por Casiopea    

Las tres bodas de Manolita, de Almudena Grandes

3/10/2014 7 Comments

Hay dos modos de acercarse a esta novela; conscientes de que se trata de la tercera parte del ambicioso proyecto de narrar los Episodios de una Guerra Interminable por parte de una novelista increíblemente dotada para mostrar el universo femenino, o buscando tan sólo disfrutar de la historia de una mujer que afirma que "en los buenos tiempos las chicas se casan por amor; en los malos, muchas lo hacen por interés."

Sea como sea, encontrarás una magnifica escritora que desgranará sin prisas y en una cambiante primera persona, la vida, los miedos, las ilusiones y las penurias de una chica muy joven, ni guapa ni fea, que sin querer meterse en líos, no en vano la apodan Señorita Conmigo No Contéis, se enfrenta a una aventura vital, cruel, dolorosa y al mismo tiempo plena, y del universo que la rodea, gentes pequeñas, de esas que conforman el paisaje de una ciudad sin que nadie se fije en ellos.

Manolita vive en el Madrid de la guerra y después lucha por sobrevivir en el de una posguerra que la convierte en madre de sus hermanos y experta en visitas a las cárceles sin apenas darse cuenta; de una vida corriente a una lucha titánica por sobrevivir en un mundo que apenas comprende.

Junto a ella conoceremos a la Palmera y a Eulalia, unidos por el amor a su hermano Antonio, a los restos de la pandilla del barrio, a las mujeres que afrontan largas colas para ver, alambrada mediante, a sus maridos o a sus hijos en cárceles como Porlier. Junto a ella viviremos los intentos de los perdedores por organizarse en la clandestinidad y cómo el Orejas juega a dos barajas para alcanzar el éxito a pesar del fracaso.

Manolita se casará con Silverio al "módico" precio de doscientas pesetas, un kilo de pasteles y un cartón de tabaco, en un cuartucho sucio, sin muebles, por el que corren las cucarachas con los gemidos del deseo desafiando la muerte como marcha nupcial; pero no es el amor quien la empuja.

Incrustada en la historia de Manolita, viviremos la de sus hermanas Isabel y María Pilar a las que el nuevo régimen brinda la oportunidad de educarse en un internado en Bilbao, para descubrir que los niños también pueden ser declarados culpables y condenados, en un escenario que no puede reducirse al blanco y negro.

Más de 700 páginas narran la historia coral de unos años terribles, los de la victoria, ficción entremezclada con certezas históricas de aquel periodo de tiempo que cada día se aleja más y corremos el peligro de olvidar sin apenas haber tenido la oportunidad de conocerlo, historias de amor y esperanza, porque como dice Manolita "con el tiempo comprendí que la alegría era un arma superior al odio, las sonrisas más útiles, más feroces que los gestos de rabia y desaliento."

Las tres bodas de Manolita te hará llorar, tanto de pena como de rabia, pero será una sonrisa con lo que la termines, quizás es la magia que Almudena Grandes ha aprendido a replicar de su maestro, Don Benito, Galdós por supuesto.

Publicado por Pilar Vaquero   

La lápida templaria, de Nicholas Wilcox

3/07/2014 4 Comments

En esta ocasión os quiero hablar de La Lápida Templaria, de Nicholas Wilcox (Planeta), pseudónimo que utiliza Juan Eslava Galván, escritor español nacido en Jaén en 1948.

Espectacular novela basada en la búsqueda de la Mesa de Salomón por parte de un ex-sacerdote y profesor de secundaria. La Mesa de Salomón pasa por distintos lugares de la geografía y el sacerdote no para de buscarla hasta terminar en Jaén. Ciudad que recorrerá de arriba a abajo para encontrar la lápida al igual que pueblos de alrededor de la capital.

En la búsqueda no está solo y resulta que hay más gente buscando la lápida porque, como pasa siempre, el que encuentre la lápida tendrá un poder casi absoluto, ya que en ella se desvela el verdadero nombre de Dios y este dato hace que se conozcan los verdaderos secretos del universo.
Interesante sobre todo para los que vivís cerca de Jaén, como el escritor es de Arjona, no sé si basándose en hechos históricos o no, gran parte de la novela se desarrolla en este pueblo y para los cercanos a la zona reconoceréis parajes o lugares de la provincia andaluza.

Novela del estilo de El Código Da Vinci aunque algo más lenta, no es tan comercial como el libro de Dan Brown ni mantiene la tensión necesaria para captar al lector que no le gusta la historia. Echa mano de los templarios y eso al principio tiene su gancho.

Novela de algo más de seiscientas páginas, recomendable si eres un enamorado de la historia y pasable si al que la historia le parece un peñazo. Si eres de estos últimos es verdad que hay novelas históricas mejores y que te enganchan más.

De todas maneras para gustos los colores, ¿no?

Publicado por David    

Blancanieves debe morir, de Nele Neuhaus

3/06/2014 2 Comments

“¿Cómo que Blancanieves debe morir? Mira qué curiosa la portada. ¿Una veleta asociada a Blancanieves? ¿Qué es lo que está pasando aquí?” Estos fueron mis primeros pensamientos a la hora de escoger este libro entre tantos que había en una conocida librería madrileña. Luego leí las primeras páginas allí de pie… y no pude hacer otra cosa que llevármelo a casa para disfrutar de la historia en toda su plenitud.

El libro tiene, en principio, un argumento sencillo con los ingredientes necesarios para crear un buen thriller policíaco. Un doble asesinato de adolescentes, donde los cuerpos no aparecen y que sirven para que se condene a uno de sus compañeros, Tobías, a diez años de prisión. Transcurrido el plazo, el condenado sale de la cárcel y vuelve a su pueblo natal, donde cometió los asesinatos. Al mismo tiempo, uno de los cadáveres aparece y el pueblo, que teme una nueva desgracia, rechaza el regreso de Tobías, un condenado que sigue proclamando su inocencia, a pesar de que él mismo duda de ella, ya que no es capaz de recodar nada debido a una borrachera.

No es una novela policíaca al uso. En vez de centrarse en la investigación, Nele Neuhaus decide darnos una visión más personal de la historia que se está investigando. Poco a poco vamos viendo que la manzana tan apetitosa que puede llegar a ser un pueblo tranquilo americano, está llena de veneno, mentiras y traiciones. Todo lo que parece verdad se vuelve en neblina deslumbrante que no nos permite ver bien la bondad y la maldad que habita en los seres humanos. Nele Neuhaus nos narra esta historia desde el punto de vista de los personajes, desde sus dramas personales, dejando a un lado la palabrería y la burocracia policial que caracteriza a un thriller típico policiaco. Y es lo que nos llama la atención, cómo va hilando estos dramas personales con la historia principal para hacernos notar que muchas veces nuestras propias experiencias nos hacen ver detalles que en otras ocasiones nos habrían pasado desapercibidos.

Si quieres averiguar quién es Blancanieves, quién la mató y por qué, puedes hacerlo en muy poco tiempo, puesto que es un libro que se lee solo. Sin prisas pero sin pausas. Engancha.

Publicado por Ana Gigante   

Personajes secundarios, de Joyce Johnson

3/04/2014 2 Comments

La Generación Beat parece estar de moda. La adaptación cinematográfica de On the road quizá haya contribuido a ello. O quizá, la actualidad de un ambiente de descontento juvenil ante una sociedad medida al detalle, opresiva en sus modos y predecible en sus formas. Sin duda, la apología de lo imprevisible de Kerouac, Cassady, Ginsberg… suponía la denuncia más flagrante hacia el modo de vida norteamericano, ya que lo desarmaba de raíz; sin modificarlo, hacía más evidente sus limitaciones.

En ese American walk of life, el papel de la mujer era el peor parado, y por eso resulta verdaderamente interesante leer Personajes secundarios, de Joyce Johnson, amante de Jack Kerouac cuando apenas contaba veinte años. De familia judía de clase media, Johnson va narrando su vida como adolescente en un Nueva York que empezaba a destilar la necesidad del cambio y la ruptura, desde el jazz más potente hasta la pintura más brutal. Desde muy joven, Johnson se revela como una gran crítica con el momento que le tocaba vivir y con el puritanismo machista que le ponía trabas a la hora de emborracharse de la vida que empezaba a cocerse en el ambiente neoyorquino más cool. Podría pensarse que lo que ensalzará la obra será su encuentro con Kerouac, sus experiencias de primera mano con el héroe. Pero no. El modo de escribir de Johnson, y la riqueza de sus vivencias en todos los campos -laboral, cultural, familiar…-, hacen que su relación amorosa con el autor de En el camino sea sólo un modo más de contar su primera persona; el de una joven judía crítica con el momento, deseosa de darse a conocer como escritora, que se enamora del espíritu bohemio de Kerouac, a la vez que espera redimirlo de su éxtasis permanente en cualquier casa de cualquier parte del continente. 

El análisis que hace de él y del grupo es, indiscutiblemente, uno de los puntos fuertes de la obra, ya que los muestra en su realidad más directa, sin intentos de redención ni de sublimación. Amante de la literatura por encima de todas las cosas, su relación con la Generación Beat pasa, en todo momento, por el respeto primero a su producción, entendiendo desde ella las cuitas de las vidas de sus personajes, de las que ella se supo siempre espectadora. 

Cultura, juventud y amor enlazan esta novela. La primera persona de una joven que abría un tiempo nuevo para América. Imprescindible para saberse hipster con derecho.


     CHARO BEJARANO
                                                               

El Atlas de las Nubes, de David Mitchell

3/03/2014 3 Comments

Hace un par de años vi un trailer en el cine que me hizo rogarle a mi chico una y otra vez que me regalara un libro: El Atlas de las Nubes, de David Mitchell. Y en esa ocasión (a diferencia de muchas otras) quiso el destino que no me fallara la intuición, ya que disfruté sobremanera leyendo estas ¡6! historias que se cruzan y se entrelazan a lo largo de la historia. 

Me explico. El Atlas de las Nubes requiere atención, paciencia y tiempo, no es una lectura ligera pero atrapa sin quererlo. El argumento se basa en seis historias, seis vidas, seis experiencias vitales que ocurren cronológicamente del principio a la mitad del libro, y que decrecen cronológicamente de la mitad al final. ¿Confusos? Está bien, seguimos. Cada decisión de cada personaje afectará a la historia siguiente puesto que todo es una red bien tejida en la que cada movimiento afectará en mayor o menor medida a su homólogo en su historia siguiente. 

¿Aún me estáis leyendo? De acuerdo, para liaros más, comentaros que (en la versión cinematográfica) sólo 6 personas llevan el peso de las historias siendo aquí más patente que en el libro que los personajes fluyen a lo largo de la historia. La curiosidad de la versión escrita radica en las diferentes topografías, dialectos y formas de comunicación de cada una de las historias.

Estos 6 relatos transcurren desde el siglo XIX hasta un futuro postapocalíptico. El Atlas de las Nubes comienza con la historia de Adam Ewing, quien relatará su tortuoso viaje en barco en el siglo XIX escribiendo un diario, que años más tarde llegará a las manos del compositor Robert Frobisher, quien compondrá "El Atlas de las Nubes" tres años antes que estalle la II guerra Mundial. Esta canción la encontrará una periodista de los años 70 en una tienda de discos. Y no quiero desvelar más, ya que como éstas aún le suceden 3 historias más, con un filo hilo de conexión, llámenle karma casualidad o como quieran hacerlo. Al llegar a la mitad de libro, la historia deshace su intrincado nudo y vamos resolviendo cada una de las historias en un viaje lleno de emociones: ira, ternura, traición, confianza, y por encima de todo amor.

La esencia de la(s) historia(s) es comprender que da igual el medio (carta, diario, música, o incluso un telefilm antiguo), lo esencial es el MENSAJE y como éste cala en generaciones venideras o es capaz incluso, de cambiar por completo el curso de la historia. Me quedo aquí con una de las frases que leí en su momento, en plena promoción de la película: ¿Es posible que cuando alguien plasme una melodía o escriba una carta esté brindándole al futuro un legado?

Publicado por Cristina Serrano