El francotirador paciente, de Arturo Pérez-Reverte

2/28/2014 4 Comments

Hay algo en mí de atracción gravitatoria en torno a la literatura de Arturo Pérez-Reverte. Soy como los satélites que giran alrededor de los planetas: siempre vuelvo a sus libros. En ellos me siento como en casa: personajes, descripciones, ambientes... todo me es familiar.

Su última novela es El francotirador paciente editada por Alfaguara, un thriller ambientado en el mundo del grafiti a través del que el autor nos describe el periplo de Alejandra Varela (Lex) en la búsqueda de un famoso grafitero, Sniper (lease esnaiper), que vive en la oscuridad de la noche, agazapado en las esquinas y cubierto con la inconfundible capucha de felpa de los grafiteros. Todo responde a un encargo: M. Bosque, editor de Birnan Wood, quiere sacar a la luz todo el material que sea posible recopilar de Sniper, preparar una edición especial y organizar una retrospectiva sobre el artista en alguna de las grandes galerías de arte del Mundo. Y para ello necesita su aprobación en forma de rúbrica en un cheque con varios ceros al portador.

Ese encargo se vuelve en una caza debido a lo escurridizo de la presa. Sniper no se muestra accesible al modo de los artistas convencionales. Prefiere "la guerrilla urbana", el arte como ataque al sistema, como denuncia social. Por eso huye de los medios de comunicación y vive entre las sombras de la noche. A esto también ayuda que su cabeza sea buscada por más de uno. Entre ellos L. Biscarrues, un afamado coleccionista de arte propietario de un imperio textil que vio como su hijo falleció en una "intervención" propuesta por Sniper.

Esa es la forma de actuar de Sniper. Él propone un objetivo y los miles de seguidores que tiene en el Mundo se mueven para realizarlo, por peligroso que sea. Este es el punto más controvertido del guerrillero urbano. Lo es porque a través de su personaje, Pérez-Reverte expone una crítica dura al arte actual y al modo en que se valora al artista y su obra.

El arte actual es un fraude gigantesco [...]. Una desgracia. Objetos sin valor sobrevalorados por idiotas y por tenderos de élite que se llaman galeristas con sus cómplices a sueldo, que son los medio y los críticos influyentes que pueden encumbrar a cualquiera, o destruirlo.

Del otro lado está Lex, la cazadora, un personaje de los que les gusta a Pérez-Reverte. Una mujer independiente, hecha a sí misma, conocedora de su oficio, inteligente, sin más temores que los del día a día. Me ha recordado a muchos protagonistas de otras de sus novelas: hombres o mujeres que miran de frente a los problemas; que son sometidos a grandes dilemas humanos, con decisiones drásticas en las que la propia existencia siempre está presente. Lex organiza una captura no solo de un personaje físico, sino también en busca de su paz interior, de limpiar sus cuentas con el Destino.

Mientras pensaba en la propuesta que iba a cambiar el sentido de mi vida, pensé que la palabra azar es equívoca, o inexacta. El Destino es un cazador paciente. Ciertas casualidades están escritas de antemano, como francotiradores agazapados con un ojo en el visor y un dedo en el gatillo, esperando el momento idóneo...

Lex es el hilo conductor de una historia narrada en primera persona, otra de esas peculiaridades de Pérez-Reverte. Ella es la que mueve los engranajes de toda la maquinaria del libro, la luz que guía al espectador en su periplo por Madrid, Lisboa, Verona y Nápoles en busca de Sniper. Y en esa búsqueda, yo no he dejado de aprender cosas. Esa es otra de las cualidades de Pérez-Reverte: la documentación previa a la construcción de novela hace que sus novelas no tengan fisuras ni rendijas en las que ver un claroscuro.

Quizá me quedo con eso más que con cualquier otro matiz de la novela. He aprendido sobre un mundo que nunca me ha llamado la atención. Los grafitis, el arte urbano... o como más os guste denominarlo, aparecen reflejados en la novela en toda su extensión, con toda su terminología. Además, el libro menciona a personajes reales, como El Muelle, grafitero madrileño muy activo en los 80; o algunas intervenciones que en la novela son atribuidas a Sniper, pero que en realidad existieron, como atrancar los vagones de metro con la palanca de emergencia y poder así cubrirlos con grafitis de arriba a abajo.

Cuando terminé la novela busqué en Internet entrevistas a Pérez-Reverte hablando de su novela y me encontré con dos ( Telediario RTVE y Lecturalia) que me ayudaron a terminar de construir ésta reseña y entender un poco mejor todos los personajes. Os recomiendo que los veáis como introducción a la lectura de El francotirador paciente.

Espero que disfrutéis de la novela, tanto aquellos que somos adictos a Pérez-Reverte, como a los que empezaron a leer otras de sus novelas y las abandonaron a las 100 páginas (que me sé de alguno que hizo eso y además se atreve a opinar sobre el autor) pensando que había otras cosas mejor que hacer y os perdisteis grandes relatos. Si después de haberla leído seguís pensando lo mismo, pensad que por lo menos ya sabréis que hay varios tipos de "escritores" y que un "tag" no es una bebida azucarada que se obtiene mezclando polvos con agua fría.


Para Laura, que me ayuda a seguir siendo adicto a los libros.

Publicado por Carlos Masó

El olor de la guayaba, de Plinio Apuleyo Mendoza y Gabriel García Márquez

Dolega 2/26/2014 3 Comments

García Márquez es un escritor que gusta mucho o no gusta nada, que te muestra una realidad subyugante o te cuenta una historia que ni te va ni te viene y que ni entiendes ni te interesa.

Siempre lo vi más como periodista y cronista de su tiempo y de su realidad, que como inventor de historias increíbles y surrealistas.

Gabo, en mi opinión, lo único que hace es describir el Caribe mezclando nombres, situaciones y lugares y este libro nos ayuda a entender cómo ocurre.

El olor de la guayaba, a primera vista, es simplemente la conversación de dos amigos que se conocen desde siempre, que han compartido gran parte de la vida y por lo tanto no tienen nada nuevo que decirse y a la vez necesitan profundizar en lo que ya saben el uno del otro.

Como es lógico Plinio Apuleyo, periodista y escritor colombiano, se pone al servicio de su amigo, Gabriel García Márquez para hacer esta especie de “diccionario” de su obra.

Plinio pregunta, objeta, opina y estimula al de Aracataca para que enseñe a sus lectores de donde surgen las claves de sus libros, cómo nacen sus personajes confeccionados con retazos de personas conocidas que a pesar de mezclar sabiamente, la madre de Gabo siempre logra reconocer.

Por su parte, el autor de Cien años de soledad, se deja llevar por su amigo y desgrana su pensamiento al ritmo de la brisa del Caribe y a través de sus palabras puedes oler los lirios, escuchar las guacamayas y sentir en tu cara los últimos rayos de un sol relajado y omnipresente haciendo posible que entendamos todas y cada una de las claves de sus obras, pero el libro es mucho más; es el conocimiento de la personalidad del escritor, de sus temores, su esperanzas, sus opiniones morales y políticas.

Si no han leído nada de García Márquez, les recomiendo este libro para adentrarse en la semblanza de un escritor al que le cuesta creerse que lo que narra pueda fascinar a millones de personas. Su proceso creativo es difícil y pienso que es, porque su alma de cronista puede más que su alma de inventor de historias. Intenta que ambos tengan su parte de protagonismo.

Si han leído algo de él, este libro será la bitácora con la que podrán entender por qué el mundo de García Márquez es como es; por qué sus personajes piensan y actúan como lo hacen y por qué aparecen y desaparecen en su obra a su antojo y sin pedir permiso.

Por último, El olor de la guayaba es un vivero de frases y pensamientos del autor que nos muestra que al fin y al cabo solo es hijo de su tiempo y sobre todo de su pueblo, por qué no a todo el mundo lo lleva su padre a conocer el hielo…
 
Publicado por Dolega Martín   

La obediencia nocturna, de Juan Vicente Melo

2/24/2014 2 Comments

En el periodo 2000 a 2009 el porcentaje de traducciones publicadas en España osciló entre el 22,9% y 27,2%. Cifras muy elevadas y que contrastan con el 3%, que es el porcentaje medio de traducciones que se publica anualmente en Estados Unidos. Tal y como señala Luis Magrinyà en su artículo «¡Vivan las traducciones!», la traducción en Estados Unidos, pero también en Inglaterra, es un fenómeno extraño, insólito y sospechoso. Su idioma es hegemónico y domina con la certeza impuesta de un pensamiento colonial.

Pero los datos anteriores también nos deben hacer reflexionar en otro dirección: hablamos y pensamos y escribimos en español, una lengua transoceánica, de una riqueza y diversidad cultural enormes, y donde cualquier gusto estético puede quedar de sobras satisfecho. ¿Por qué entonces ese elevado porcentaje? ¿No será que estamos aceptando resignados la invasión editorial extranjera? ¿No será que rebajamos nuestro criterio ante lo que viene de fuera, y multiplicamos nuestra exigencia con lo próximo? Porque cuesta creer que un idioma sobre el que han creado Cervantes, Galdós, Borges, García Márquez, un idioma en el que ahora escriben Muñoz Molina, Piglia, Mendoza, Marsé o Marías, no logré ser el vehículo de ficción principal de todo un pueblo.

Y porque por encima de su amplitud geográfica, y por lo tanto de su variedad, y por encima también de las firmas que han pasado por su historia, y han hecho su tradición, el lector nativo o competente de español goza de un privilegio: leer sin necesidad de traducciones. Es un lujo inmerecido abrir un libro de Cortázar o Rulfo y saber que vemos el espejo exacto de lo que Cortázar o Rulfo pensaron y escribieron. Toda traducción es una cirugía, un proceso sin retorno donde el timbre y el tono cambian, donde se mantiene un título y una portada pero ninguna palabra coincide con lo que su autor pensó y escribió. 

Por este motivo La obediencia nocturna (1969) es un libro luminoso desde su nacimiento. Escrito por el mejicano Juan Vicente Melo, es el resultado de un parto natural, sin modificaciones, tal y como él lo quiso. No debería sorprendernos esta obviedad, pero sí que hay que destacarlo cuando uno de cada cuatro libros salen de ese hospital de las traducciones, y ojalá muchos se hubieran quedado en una eterna convalecencia. Que el libro mencionado sea un reflejo exacto de su autor no significa nada más que eso, porque la novela en sí ni es fácil de conseguir, ni tampoco de leer e interpretar. 

La fortuna de una novela, menos mal, no la dan tanto la cantidad de su lectores como la calidad de los mismos. La obediencia nocturna es celebrada alegremente por una minoría lectora, pero ignorada con la misma intensidad por el gran público. He tratado en vano de recordar dónde leí su recomendación: sé que fue en una entrevista a algún escritor que admiro, que apunté de inmediato el título y su autor en mi cuaderno, porque si algo he aprendido con los años es que no hay mejor recomendación literaria que la de un escritor, pero no consigo visualizar ni el medio de comunicación ni la persona entrevistada.

Decidido a empezar su lectura, la primera gran dificultad es encontrar la novela. La editorial Era la publicó en 1969, y solo en 1994 ha recibido una segunda reimpresión. Según leo en la red la serie Lecturas Mexicanas de la SEP la publicó en 1987, con un tiraje de veinte mil ejemplares, y su edición está agotada. Tecleando su título en el omnipresente Amazon solo existe un volumen a la venta, evidentemente de segunda mano y con un precio elevado para sus apenas doscientas páginas. 

¿Merece la pena, me pregunto, hacer crítica de una novela que presumiblemente nadie va a leer, porque ya solo el hecho de conseguirla es toda una proeza? Sí, rotundamente sí: el gozo de su lectura me obliga a ser parte de esa cadena minoritaria que, ojalá, deje de serlo con estas palabras, o que al menos logre avanzar otro eslabón. Porque no hay que olvidar el propósito de una buena crítica: buscar el milagro de cambiar la vida. La labor de un crítico debe ser enseñar al lector esa obra de arte capaz de cambiar la vida. Al público, ¡yo mismo también!, nos adormece lo placentero, pero como bien señalaba Platón lo bello es lo difícil, y hay que mirarse en los espejos donde continuar esa luz milagrosa, minoritaria, un haz al que alguien nos está invitando, y que busca un reflejo.

No solo es La obediencia nocturna una novela difícil de conseguir, sino también de comprender. El resumen de su argumento es tan complejo como llegar a la propia obra, y lamentablemente no evoca la belleza oscura de la novela. En mi contracubierta de la edición de la biblioteca ERA, un volumen de hojas amarillentas a punto de soltarse, que han ennegrecido, y que al moverse huelen a tiempo, se presenta de forma breve la siguiente sinopsis: «Cuando el narrador de esta historia llega a estudiar a México, hace ya tiempo que su infancia provinciana quedó enterrada (...): «El juego ha terminado». Pero el verdadero juego va a empezar apenas. Sólo que éste es un juego siniestro, asfixiantes, sin escapatoria. El narrador se ve envuelto sin saber cómo en una vasta e incomprensible conspiración nocturna (...) a la que ya no podrá dejar de obedecer. Es el elegido, es decir, la presa (...)».

Por su parte, la contracubierta de la edición de la SEP presenta también su propio resumen del argumento, algo más clarificador, y que dice así: «El narrador de La obediencia nocturna se halla envuelto en una vasta e inexplicable conspiración en la que desempeña el papel de víctima. Perseguido por el recuerdo fantasmal de su hermana Adriana, confundido por las equívocas señales de los sentidos y las imágenes contradictorias que le ofrece la memoria, se aplica a descifrar un misterioso cuaderno que ponen en sus manos Marcos y Enrique, dos compañeros de estudios cuyas identidades parecen ser intercambiables, y se esfuerza por alcanzar a una Beatriz ideal y escurridiza, cuya última realidad es sólo un nombre y una fotografía».

La obediencia nocturna es un libro maldito, en el sentido de que, como ya indicado, está condenado a llegar a muy pocos, a ser interpretado con cierta dificultad y desde puntos de vista a veces opuestos, y maldito también porque, hermenéuticamente, las referencias dantescas atraviesan el texto desde su propia esencia: el centro de la obra es ese misterioso cuaderno del señor Villaranda, una colección incomprensible de signos y garabatos que deben ser descifrados para dar sentido a la realidad, y liberar así al elegido de su penosa carga.

Como bien señalan los resúmenes ya apuntados, la obra se inicia con el fin de la infancia del protagonista. Digo protagonista porque nunca sabremos su nombre, y más tarde descubriremos que los personajes pueden ser, incluso, intercambiables. Son de una calidad poética y musical inusuales las páginas donde se describe el descubrimiento del mundo adulto, la felicidad última del protagonista con su hermana Adriana y la lucha de éste contra el perro-tigre, epítome de la angustia que dominará entonces su vida. El perro-tigre es también una evocación del incesto, pero sobre todo la victoria del mal contra la pureza de la infancia, la destrucción definitiva del paraíso.

Parece claro pensar que la pérdida de la pureza conduce a la perdición. Se despierta uno del letargo infantil, donde el amor era ignorante, y por lo tanto puro; se pierden las certezas, que son las que dan un sentido a la vida, y ésta misma queda cuestionada. «No se puede vivir. Eso dijo y sentí vergüenza de creer lo contrario y estar vivo. Porque no se puede vivir», es un leit motiv que recorre la novela.

Acabada pues la infancia, surge un mundo subversivo y de opresión mucho más fuerte que los creados por Kafka o cualquier escritor de la generación beat. El protagonista se hunde en un mundo cerrado y dominado por el mal, un mundo que le somete, le alcoholiza y le domina la consciencia. Un mundo en el que todo está controlado, su vida domesticada, y sin embargo nunca toma las decisiones adecuadas, siempre llega tarde y se equivoca y no logra los objetivos que para él se han definido por un plan superior y desconocido. 

Los recuerdos son elementos invasores que hace aún más dura la existencia, multiplicando su humillación y su locura. El recuerdo fantasmal de su hermana Adriana, pero también la ausencia de Beatriz, que acaso no llegó nunca a existir sino como un ideal soñado de perfección. Recuerdos confusos porque le traiciona la información de sus propios sentidos, y así que el lector de esta obra exigente, inverosímil y a la vez del todo creíble, se ahoga también en esa falta de cualquier certeza.

¿Y cuál parece que es la única certeza, la única puerta para escapar a ese mundo de perdición? Podríamos pensar en el desciframiento de ese cuaderno del señor Villaranda, un mandato nocturno que exige de obediencia. Un cuaderno en cuya última página se encuentran los siguientes versos: «O tal vez no sepamos nada, no inventemos nada, tal vez no sepamos con exactitud si fuimos palpados por una vida que no acertamos a conocer (...)».

Descifrar el cuaderno, como la vida, parece carecer de cualquier propósito. Es una broma pesada, un rito impuesto que se debe cumplir, y que nadie elige voluntariamente. Es un mandato nocturno a obedecer, un papel que hay que representar, y los encargados de descifrarlo cumplen su misión con la rigurosidad de una orden monástica. El rito, de fuerte cariz religioso, es más bien una amenaza que parece que ha conseguido de antemano su fin, y así que los personajes se nos muestran completamente acabados. Frases del Réquiem Latino adelantan los pasajes más significativos de la novela, y parecen justificar esta idea.

Frente al cuaderno, que es el misterio de la vida, todos somos los mismos, nadie es el otro, y de ahí que los personajes, en otra dificultad más de la novela, sean intercambiables: «Enrique y Marcos (...) me miran sorprendidos. ¿A quién me parezco yo? ¿A él, al otro?», se pregunta el protagonista, sumergido en ese sueño de delirio que es toda la novela, esa dolorosa búsqueda de lo que significa el cuaderno y que, metafísicamente, le lleva a buscar el origen de la culpa como única posibilidad para recuperar la certeza, la cual solo habita en el mundo de la infancia, y así la felicidad.

Estilísticamente la novela combina unos pocos elementos de forma repetitiva. Esta austeridad de medios remarca que nos encontramos ante una obsesión, el texto es circular, y de ahí que abunden las repeticiones, los espejos, los puntos de partida a los que se vuelve una y otra vez por cada uno de los personajes, que a veces parecen ser uno solo. En definitiva un único movimiento repetido una y otra vez, que trata de cumplir el rito y así trascender a la muerte, dejando en el camino el agotamiento paranoico de los personajes.

Son frecuentes las referencias a la música, con epígrafes de los réquiems de Mozart y Verdi. Pero el propio tiempo narrativo es también musical y no en vano su autor, médico de profesión, fue periodista y crítico musical. Juan Vicente Melo buscó en la música una salvación a su propia vida, marcada por el tabaquismo, el alcohol y los vaivenes anímicos. En el texto se insertan fragmentos gráficos de códigos musicales que, según el propio autor, debían leerse literariamente, como distintas formas de llamar a una presencia inexistente, y enfrentando así dos códigos distintos al lector.

También encontramos abundantes notas religiosas, pues el rito exige de una dedicación absoluta, mística. El señor Villaranda es un poder en la sombra: despliega una teología que somete a todos los personajes, y también al lector. Unos y otros acabamos la novela moralmente agotados. Pero también le ocurrió algo parecido a su autor: Juan Vicente Melo tardó dieciséis años en volver a publicar, un silencio contundente y en cierta manera inevitable, como lo que en esta novela se cuenta.

En resumen, La obediencia nocturna es una novela metafísica, dominada por la noche, la ebriedad como vía al conocimiento, y la perdición a la que conducen la falta de certezas. Solo la infancia parece un lugar donde merezca la pena vivir. El mundo adulto está gobernado por planes que trascienden a los personajes, planes dictados por otros y que dominan y ahogan sus vidas. La lucha por dotar de significado al tiempo está contada en un lenguaje austero, con elementos circulares, donde cada personaje se perfile como él mismo y también como los demás. Un lenguaje moteado con referencias musicales y religiosas, y en el que brillan momentos de gran belleza poética: son  instantes fugaces, que parecen no buscados en un texto donde el sueño es siempre pesadilla.

Sirva un ejemplo de esta altura poética como punto final de la recomendación, y como invitación o punto de partida para la búsqueda y lectura de esta obra maestra. Una obra que por su exigencia lectora y su amplitud interpretativa ha quedado relegada al goce de un círculo minoritario.

«Cuando entro en el cementerio suena una campana. Me detengo, sorprendido. Un ataúd avanza lentamente seguido por cuatro mujeres viejas. Sus rostros ajados están cubiertos por afeites que resbalan con el sudor. Caminan con pasitos tambaleantes, sosteniéndose unas a otras. De trecho en trecho, se detienen, respiran profundamente, se arreglan los sombreros, el cabello grisáceo, las mechas que caen o se revuelven, las faldas. Luego, dan una carrerita y siguen al ataúd. Sus gemidos, sus voces se confunden con el lamento de la campana. Empiezo a llorar. Veo cómo se detienen, al fin, sofocadas por el calor y el esfuerzo. Veo cómo desciende el cajón negro. Las veo, inclinadas, arrojando flores marchitas, fotografías, reliquias, en el agujero. Tratan de contener los sollozos. Se ha ido -dicen en coro-, se ha ido y nos ha dejado solas. ¿Quién de nosotras nos abandonará primero? Eso nos preguntamos todos los días después de persignarnos, desde hace ya no sabemos cuántos años. Se murió primero ella, la más olvidada del mundo. Las mujeres regresan después de echar la última mirada a la tierra que se amontona tontamente. No tuve tiempo de esconderme y las mujeres me han visto que estoy llorando. Era una gran artista -eso dicen, en coro-, la mejor artista del mundo. Pero ya nadie se acuerda de ella. Rece usted por ella. Rece usted por la salvación de su alma. Solicite usted el eterno descanso de ella. Yo, siento una gran vergüenza.

No, no es ésta. La tumba blanca de tu madre virgen se halla en otra ciudad cuyo nombre te parece extraño. Tampoco está aquí la tumba de tu tío por la sencilla razón de que él morirá tres años más tarde. Eso, al menos, anunció la Presencia. «Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo». Solo el murmullo de las oraciones interrumpe el silencio tranquilo. Los cipreses se balancean lentamente. Por primera vez, comprendo que el silencio, los cipreses, las tumbas, son otra cosa y, por tanto, lo único que me pertenece. ¿Una de estas tumbas es la de mi madre? ¿O la de mi padre, el que desapareció, el que decidió ser un nómada, el que se fue -acaso- en busca de la honra, el que quiso fundar otro hogar, el que se fue -acaso- para vivir, todavía vivo, pensando en fundar la ciudad que solo podrá edificarse con su palabra, con la única palabra por él inventada, él, todavía vivo, bautizado con el nombre de Abel, oculto bajo otro nombre? Padre Nuestro. Tu ataúd pasa frente a mí. Nos hemos perdido. Hoy, esta tarde, te encuentro, te reconozco. Estoy suponiendo que te quería, padre, tú, desconocido, quiero decirte que soy tu hijo, para que así, padre, tú sepas que fuiste mi padre, padre, yo, el siempre fiel, el único capaz por tanto de traicionarte.

Ya no quiero preguntarme qué hago aquí, a esta hora. Voy al sitio en que acaban de enterrar a esa mujer cuyo cortejo formaban las cuatro o cinco mujeres disfrazadas. Murmuro, tontamente: «Ruego por la salvación de tu alma».

A lo lejos apareces. «Beatriz», me digo, tratando de aplacar el golpeteo del corazón. Pero no: es Graciela, que camina con pasos lentos, tan lentos que parece no avanzar porque estoy en el presente. No es hoy o mañana: tampoco sueño ni soy víctima del recuerdo. Es de día. El sol no se ha oscurecido. Palpo ávidamente todo mi cuerpo. Permito que el aire inunde mis pulmones hasta que me duelan de tanto tragarlo. Graciela avanza. Reto al sol: a ver quién cierra primero los ojos, a ver quién es más fuerte. Graciela avanza y eso quiere decir que estoy en el presente, en el primer día, que ella va a invitarme a una fiesta, que todo está en orden y en su sitio. Al fin, ya está a mi lado y toma una de mis manos. Caminamos en silencio. Graciela es otra. No podría precisar exactamente en qué consiste la diferencia. Adivina mis pensamientos y sonríe, apenas. «Sí, he envejecido». Luego, me mira con ojos bondadosos. «Tú también», murmura. «Tú también ya no eres el mismo»».

Publicado por Daniel Dilla   

Los reyes de lo cool, de Don Winslow

2/22/2014 2 Comments

Esta es mi primera vez con Don Winslow pero tengo pensado repetir. Este autor estadounidense es muy reconocido dentro de las novelas de crímenes y misterio, aunque a mí se me escapaba. He empezado con Los reyes de lo cool, su última obra del año 2012, que viene a ser la precuela de otra novela que escribió anteriormente (Salvajes, en 2010 y que Oliver Stone llevó al cine en 2012). 

Los reyes de lo cool nos cuenta la historia de Ben, Chon y O (Ophelia) en el año 2005. Estos tres amigos viven a tope en Laguna Beach, al sur de California. Ben es el pacifista del grupo, Chon es miembro de las fuerzas especiales del ejército, y O es su chica multiorgásmica a la que ellos quieren por encima de todo. En su última misión en Afganistán, Chon vuelve a casa con una semilla de Viuda Blanca (cannabis del bueno, cargado de THC) para venderla, y a partir de ahí es cuando empiezan los problemas. Realmente el negocio no es la droga como tal, sino controlar el sitio y a los que venden allí. Si no pagas el derecho a vender, estás muerto. Y Ben y Chon, no tienen ninguna intención de pagar a nadie ni de dejarse chantajear. 

A su vez, dentro de la novela, nos remontamos a los 70, también en Laguna Beach, pero con otros personajes, que son los que llevaban el negocio de la droga de aquella época. Ambos tiempos se intercalarán para llegar a un desenlace donde todo confluye. 

Se trata de una novela actual, con temas tan recurrentes como policías corruptos sin moral con afán de ascender y de hacer dinero fácil; el tráfico de drogas; las mafias que se montan a raíz de ello; y las vidas de los jóvenes que viven por y para la droga. 

Como curiosidades de la novela, la primera de todas fue el inicio del primer capítulo. Constaba de una sola frase en medio de una hoja: “Que me jodan”. El vocabulario resulta peculiar, especialmente cuando habla O, ya que es partidaria de hablar con siglas, y que personalmente me ha hecho retroceder hojas del libro para saber a qué se refería. Muchos son capítulos muy cortos, excesivamente cortos en ocasiones, y eso hace que pierdas el hilo y no llegues a conectar bien con lo que te están contando, especialmente al principio.

Admito que me costó engancharme, pero conforme el libro va avanzando mejora, el ritmo acelera convirtiéndose en algo casi vertiginoso, y los capítulos empiezan a hilarse, tanto los que pertenecen al presente como los que hablan de la época anterior. 

Finalmente se me ha quedado un muy buen sabor de boca, tanto, que quiero leer Salvajes, para saber qué ha sido de estos carismáticos personajes. Y luego veré la película, que tiene buenas críticas.

Publicado por Claudia Pina   

De qué hablo cuando hablo de correr, de Haruki Murakami

Inma 2/21/2014 4 Comments
De qué hablo cuando hablo de correr, de Haruki Murakami

Murakami nos sorprende con este libro, en el que nos desvela su gran afición: correr. En De qué hablo cuando hablo de correr, Murakami comparte con nosotros lo que siente frente a este deporte, haciéndonos partícipes de sus esfuerzos por superarse a sí mismo. Es un libro recomendable para los amantes de este deporte, y también para los que aunque no corramos, somos incondicionales de este autor, ya que nos aproximamos por primera vez a su vida. 

Se trata realmente de un libro íntimo, en el que Murakami nos revela sus sentimientos y cómo se enfrenta en su día a día a este deporte. Al mismo tiempo, nos describe minuciosamente cómo se prepara para su próxima maratón, o su próximo triatlón, al igual que sus sentimientos y pensamientos durante cada competición.

Para los que al igual que me pasaba a mí, correr les parezca un solemne aburrimiento, este libro nos abre un nuevo punto de vista: el de la superación, la constancia, el esfuerzo y la satisfacción de superar un reto. 

Si eres un incondicional de Murakami, no lo puedes dejar de leer. Por primera vez, este fantástico y adictivo autor, parece recompensarnos y nos deja mirar por el resquicio de una puerta entornada, una faceta de su vida.

Publicado por Inma Gallego   

Helen no puede dormir, de Marian Keyes

2/14/2014 4 Comments

El mundo de Helen Walsh se desploma. Es detective privado y cada vez tiene menos trabajo, por lo que debe dejar su perfecto piso (el cual le ha costado mucho tener a su gusto) y tiene que volver a vivir con sus padres. 

De pronto recibe un nuevo encargo, pero viene de la mano de Jay Parker, un ex novio con el que las cosas terminaron bastante mal, y Helen se ve en la tesitura de aceptar el trabajo (aunque le repatea que sea Jay quien ha acudido a ella) o estar sin un duro y con demasiado tiempo libre para pensar. Finalmente decide aceptar la oferta y se pone manos a la obra para encontrar al cantante de un antiguo grupo, que tuvo fama en su juventud y que vuelve a juntarse para dar una serie de conciertos en Irlanda. Helen debe encontrar a Wayne Diffney en cinco días. 

A la vez que la investigación empieza a surtir efecto y empiezan a salir los primeros secretos del resto de miembros del grupo, también conoceremos un poco más de la vida de Helen como por ejemplo cómo conoció a Jay y qué pasó entre ellos; que ocurrió con su mejor amiga; la relación con los miembros de su familia; un período de depresión sufrido por la protagonista (y que aún causa estragos en la actualidad) y cómo es la relación que mantiene con un hombre divorciado que aún tiene muy cerca a su maravillosa ex mujer. 

No es el primer libro que leo de Marian y la verdad que ha sido algo diferente a lo que estaba acostumbrada. Antes todo era juerga, borracheras, sexo y vida nocturna. Este libro es un poquito más dramático, especialmente en lo que se refiere al tema de la depresión. Marian Keyes es una de las grandes autoras de chick-Lit, con varias novelas enmarcadas en este género, pero que ha ido evolucionando y haciendo sus escritos más serios, manteniendo una prosa fresca y con un toque de humor. Helen no puede dormir es una de esas novelas modernas y contemporáneas, que engancha, entretiene y se lee rápido. 

A los que os gusta esta autora, decir que es diferente pero aún se reconoce el toque Keyes. A los que no queréis saber nada de chick-lit, éste es un buen título para darle una oportunidad.

Publicado por Claudia Pina   

Todo lo que podríamos haber sido tú y yo si no fuéramos tú y yo, de Albert Espinosa

Casiopea 2/11/2014 8 Comments
Me gusta dormir, quizá es lo que más me gusta en esta vida. Y quizá me gusta tanto porque me cuesta mucho conciliar el sueño.
Si hay una palabra que se pueda aplicar, en mi opinión, al comienzo de Todo lo que podríamos haber sido tú y yo si no fuéramos tú y yo, de Albert Espinosa, es inusual. Primero, porque el título le da injustamente al libro un aire de género de autoayuda al que no pertenece en absoluto (de hecho, se trata de una novela distópica) y segundo, porque no es muy común que la afición principal de una persona o personaje sea dormir. Mucho menos si ese personaje es el protagonista. Al empezar una historia de ficción esperamos del personaje principal que tenga aficiones peculiares como coleccionar mariposas, ediciones diferentes de El guardián entre el centeno o salvar damiselas en apuros saliendo en mallas de una cabina. Cosas heroicas o estrambóticas que lo hagan único. Y sin embargo, que la principal afición del protagonista sea dormir lo convierte en más especial que cualquier otra.

A través de Marcos, su dormilón protagonista, Albert Espinosa nos traslada a un mundo distópico en el que la gente vive su vida como vosotros y yo vivimos la nuestra, pero con una particularidad crucial: muchos han dejado de dormir gracias a un medicamento que permite, en una sola toma, permanecer en vela para siempre. La trama de Todo lo que podríamos haber sido tú y yo si no fuéramos tú y yo se urde a partir del supuesto de la posibilidad de dejar de dormir y gira en torno a una decisión: la de si el protagonista, que ama el sueño, tomará el medicamento o no. A partir de aquí se articulan varias subtramas que, en ocasiones, parecen estar al mismo nivel de importancia que la principal, pero, puesto que la característica fundamental del mundo ideado por Espinosa es el sueño (o la ausencia del mismo), en mi opinión es esta decisión la que vertebra la historia y da pie a todas las demás. Y recalco, decisión. Porque estamos ante una novela de decisiones.

La novela está muy bien contada en primera persona, y matizo que muy bien porque a veces los libros en primera tienden a perderse en los vericuetos mentales del personaje que cuenta la historia en una suerte de literatura improductiva que, en este caso, no se da. Todo lo que Marcos nos cuenta tiene un papel en la historia y además, Espinosa consigue desgranarlo poco a poco de manera natural, como si tuviera que ser contado así y no de otra manera, creando un acertado clima de tensión constante sin escamotear de forma poco honesta datos al lector para mantener el suspense. Espinosa lo muestra todo, pero en el momento justo en que debe ser desvelado. Ni antes ni después. Esto, junto con la prosa ágil y sin artificio de Espinosa, contribuye a que la novela se lea de una sentada.

Sin embargo, quizá sea conveniente avisar al lector potencial de que, por mucho que el texto enganche y pida que no lo dejes en la mesa hasta el día siguiente, no es mala idea ir poco a poco, porque la historia es... incómoda. Como una decisión. Espinosa plantea un dilema moral tras otro que el lector se va proponiendo y resolviendo al mismo tiempo que el personaje, sin que el resultado tenga que ser necesariamente el mismo. Ésa esa otra de las grandes aportaciones de la novela: que trasciende la literatura para “obligar” al lector a hacerse preguntas: ¿qué harías si muriera la persona a la que más quieres en el mundo?, ¿y si pudieras dejar de dormir para siempre?, ¿qué harías si pudieras ver los recuerdos más importantes de la gente?, ¿y si pudieras conocer el futuro?, ¿querrías conocerlo aun sabiendo que eso tendría consecuencias en tu presente? Todo lo que podríamos haber sido tú y yo si no fuéramos tú y yo es la búsqueda constante de respuestas, en el personaje y en uno mismo, una búsqueda que ayuda a un mejor conocimiento propio mediante el personaje, por comparación de las elecciones de cada uno en cada situación.

Entrando en lo que es la historia distópica en sí y sin desvelar nada de la misma, en mi opinión se trata de un argumento construido sin fisuras en el que los elementos extraordinarios encajan a la perfección dentro del ambiente que Espinosa crea desde la primera frase y que dan como resultado una novela creíble a pesar de ser cercana a la ciencia ficción.

Formalmente hablando llama la atención la división en capítulos por lo original y acertado de los títulos que acompañan a cada uno de los mismos. De hecho, yo diría que los títulos de cada capítulo son “mejores” que el título del libro en sí, ya que para comprender cuán bien está titulada esta obra de Espinosa es necesario haberla leído entera y hasta llegar ahí, el título crea bajo mi punto de vista prejuicios inmerecidos hacia ella.

Siempre he pensado que lo peor que les puede pasar a un libro y a una persona es parecer lo que no son y que los conozcan de oídas. En el caso del libro que nos ocupa, antes de leerlo estaba convencida de que se trataba de un libro de autoayuda y como no hay género que me resulte menos atractivo, lo cierto es que era uno de esos libros que veía en las estanterías de las librerías y que, por mí misma, no hubiera comprado jamás. Las opiniones sobre él que tenía tampoco invitaban demasiado a su lectura. No porque fueran malas (que no lo eran) sino porque no dejaban claro que el libro es una novela y no una sarta de consejos sobre cómo ser feliz después de una ruptura amorosa o cómo cambiar tu personalidad para ligar siendo aceptado socialmente.

Así que, después de leerlo y comprobar por mí misma que no sólo no es un libro de autocompasión sino que se trata de una novela de lo más original, me quedo con dos enseñanzas fundamentales que se aplican, a mi parecer, tanto en los libros como en la vida, en una especie de metaliteratura vital: que es aconsejable meditar bien si queremos conocer nuestro futuro (por si trae consecuencias en el presente) y que para juzgar un libro con propiedad, primero hay que leerlo. Os recomiendo, encarecidamente, que le deis una oportunidad a éste y que si lo hacéis, tengáis a mano una libreta. Os vais a encontrar con un buen puñado de reflexiones y frases con las que os sentiréis tan identificados como para querer que no se os olviden.

Todo lo que podríamos haber sido tú y yo si no fuéramos tú y yo. Albert Espinosa. Grijalbo. ISBN: 9788425344138. España, 2010. 208 páginas. 15,90 euros. COMPRAR 'Todo lo que podríamos haber sido tú y yo si no fuéramos tú y yo' en Amazon.

No estamos locos, de El Gran Wyoming

2/10/2014 3 Comments

Miguel Ángel Monzón, médico venido a showman, ha revolucionado el mercado literario español últimamente acostumbrado a autores poco convencionales; políticos sin sillón o famosas del universo Sálvame. Con más de 100.000 ejemplares, se ha convertido en un bestseller, ciertamente su creciente audiencia en El Intermedio (se escuchan ruidos de sables sobre la continuidad del programa) le ha hecho popular entre muchas personas que quizás esperaban un libro ameno y divertido.

Y realmente "No estamos locos" tiene sus momentos de reír, pero por no llorar. A lo largo de 300 páginas el autor recorre un camino que no nos es ajeno, se trata de nuestra historia, la de los españoles, una reflexión que pretende resolver dudas existenciales como ¿quién soy? ¿de dónde vengo? ¿adónde voy? y sobre todo ¿por qué se lo llevan con tanto descaro?

No trata Wyoming ser objetivo, escribe en primera persona y según sus palabras desde el desprecio. De la mano de sus recuerdos pasearemos por una España de hidalgos, un país del sur donde el privilegio es no pagar impuestos, elegido por el único Dios verdadero, un lugar en el que a fuerza de aborrecer al señorito se acaba convirtiendo al tirano en modelo.

De la prehistoria a los años 30, de la república a la dictadura, de la transición a la actualidad, el autor no abandona el hilo conductor de su tesis, ¿qué hemos hecho para merecer esto? Reflexiones sobre el robo de los símbolos, la perversión del lenguaje, el pesimista sentido de la inevitabilidad de nuestra desgracias, el trasfondo de la privatización del sistema público, el seguidismo de los medios de comunicación, la teoría de la culpa de un pueblo despilfarrador o el fraude fiscal se trufan con detalles, recordatorios de situaciones pasadas, de escándalos presentes, de pequeñas anécdotas del pasado cercano que se hacen reales de nuevo ante el lector, que con un poco de suerte había conseguido olvidar algunos de estos escándalos que nunca se materializan en condenas.

Si la primera obligación de un Estado no es procurar el bienestar de los ciudadanos, hay que abolirlo llega a afirmar mientras recorre despacio los públicos hitos de la crisis que todo lo impregna, desmontando argumentarios, pelea contra el peso que nos mantiene hundidos y quietos recordándonos que la política no es el problema y que la hora de los hombres honrados ya ha llegado, porque son la mayoría.

No es Stephane Hessel ni Jose Luis Sampedro pero persigue el mismo objetivo; uníos

Publicado por Pilar Vaquero   

El Ocho, de Katherine Neville

2/07/2014 4 Comments

Si hay un objeto que ha inspirado novelas, películas, tramas y suspense es, sin duda, el ajedrez. El Ocho, de Katherine Neville es uno de los mejores libros en los que el ajedrez es el verdadero protagonista de la historia.
Historia que nos lleva desde la época de Carlomagno hasta nuestros días en los que a través de los tiempos los protagonistas intentarán reunir todas las piezas del ajedrez de Montglane.
Piezas que se han dispersado en plena Revolución Francesa, ya que el ajedrez en sí es un verdadero peligro, el que tenga el ajedrez completo tendrá un poder inigualable.

Todo comienza con dos monjas saliendo de la abadía de Montglane, con el propósito de dispersar las piezas del ajedrez que tiene la madre superiora en su poder. Van a visitar al padrino de una de ellas con el fin de que las proteja. Todo lo que les sucede es poco, imaginaros a dos novicias en plena revolución francesa. Poderosos como Catalina la Grande o Robespierre, están en busca de esas piezas y no saben que las tienen más cerca de lo que piensan.

La protagonista de nuestro tiempo, Cat, sin saberlo al principio, será la encargada de reunir todas esas piezas. Para ello tendrá que viajar hasta Argel donde, con la ayuda de una amiga multimillonaria, intentará conseguir tamaña empresa. Sobre todo para que las piezas no caigan en las manos equivocadas.

En la persecución se dará cuenta de que ella misma forma parte del ajedrez y de que todas las personas con las que se cruza son piezas del juego. Cada vez que muere alguien es una pieza caída en el tablero, pero qué pieza es ella, dónde está el Rey negro o la Dama Blanca.

Nos hace recorrer periodos de la historia bastante convulsos, conoceremos personajes de lo más variopinto, y veremos que las ansias por conseguir más poder que el de al lado es algo que arrastrará al ser humano hasta el fin de sus días.

Fantástico libro, perfectamente escrito, emocionante desde el principio. Te tiene enganchado desde la primera línea hasta la última.

Publicado en 1988 por Ediciones B con casi 700 páginas, fue uno de los libros más leídos de aquellos años y catapultó a su escritora a la fama. Es un libro altamente recomendado, aunque seguro que la mayoría lo habréis leído.

Yo, dos veces.

Publicado por David    

El Jardín Olvidado, de Kate Morton

2/06/2014 1 Comment

No pude evitarlo. Fue superior a mí. Era como la fuerza de un imán. Con el anterior libro de Kate Morton aún entre mis manos, escogí El Jardín Olvidado, ya que me había quedado con ganas de más. Pensaba, sinceramente, que su historia tendría algo que ver con La Casa de Riverton, pero no fue así. Lo único que pueden tener en común son que las protagonistas son femeninas y que tienen Inglaterra como escenario. A partir de ahí vienen las diferencias que convierten esta historia en una obra de arte que te atrapa y te enreda en el sillón hasta que terminas de leerla. 

Una niña aparece en un puerto australiano y no recuerda ni su nombre. Un amable jefe de puerto la recoge y la lleva a su casa de forma temporal. Pero nadie la reclama, y su mujer y él deciden quedársela sin dar explicaciones a nadie. Los años pasan y esta niña se convierte en una feliz mujer a punto de casarse. Sin embargo, esa felicidad se rompe al contarle Hugh, el amable jefe de puerto, la verdad sobre su pasado. Nell, que así han llamado a la niña, rompe con todo y decide averiguar quién es, qué son los recuerdos con la Autora que le aparecen y por qué fue abandonada. 

La historia no tiene solo un narrador. El narrador es un coro de voces femeninas pertenecientes a tres generaciones de una misma familia. También se narra la historia a través del género epistolar: cartas y diarios que nunca vieron la luz o que fueron acallados para que no se supiera la verdad. Y además intervienen una multitud de buenos vecinos que ayudan a la protagonista, la nieta de Nell, a recuperar la historia familiar de su abuela. 

Me gusta mucho cómo Kate Morton entrelaza las tres líneas temporales y sus tres protagonistas sin que nos perdamos. Me gusta mucho cómo la historia va fluyendo y discurriendo entre nuestros dedos y cómo va haciéndonos descubrir los terribles y hermosos secretos de un jardín paradisíaco y lleno de simbología. Su prosa y sus diálogos hacen que nos envuelva la magia de ese mar embravecido y esos pastos verdes de la Inglaterra más provinciana. Y me cautiva, sí, me cautiva la fuerza arrolladora de dos de sus personajes principales: Nell y Eliza. Y me enamora, me apasiona, me enloquece ver lo que el AMOR puede llegar a mover en un ser humano. 

Después de todo esto, no queda duda. Recomiendo encarecidamente su lectura y disfrute en cualquier momento del año, pero quizá ahora, con el tiempo invernal, nos llegue más al alma.

Publicado por Ana Gigante   

Muerto hasta el anochecer, de Charlaine Harris

2/05/2014 6 Comments

Pues ya iba tocando publicar una reseña de vampiros, pero de vampiros de los de siempre, a los que la luz del sol les quema la piel y les encanta la sangre. Muerto hasta el anochecer es el primer libro de los trece que componen la saga The Sourthern Vampire Mysteries, de Charlaine Harris. Sookie Stackhouse es una camarera de Bon Temps (Luisiana) que tiene un especial don, es capaz de leer la mente de todo el mundo a su alrededor, por lo que conoce los más oscuros secretos de todo aquel que se le acerca.  O quizá no, porque es incapaz de leer la mente de los vampiros. Éstos hace ya un tiempo que decidieron salir a la luz y dar a conocer a los humanos su existencia, gracias a la sangre artificial (True Blood) inventada por una empresa japonesa. La invención de la sangre artificial hará posible que los vampiros se alimenten sin necesidad de atacar a los humanos, dejando de ser una amenaza para ellos y buscando así que se les reconozca como ciudadanos legalmente. Sookie se sentirá atraída por Bill el vampiro, sin importarle la reputación de éste y de que muchos de los humanos desconfíen de todos los vampiros. Pero las muertes de varias mujeres en extrañas circunstancias pondrá al pueblo de Bon Temps en alerta, pues algunas de esas mujeres tienen marcas de mordeduras de vampiros.


En la saga de Charlaine Harris podemos encontrar todo lo que esperamos de los vampiros y más. Hay sexo, sangre, violencia, drogas e incluso política. Son novelas corales, porque, aunque Sookie es el eje de los libros, están plagadas de un numeroso y variopinto coro de personajes que poseen sus propias tramas. Los vampiros no serán los únicos que hagan acto de presencia, un nutrido grupo de seres sobrenaturales irán apareciendo a lo largo de las aventuras de Sookie Stackhouse. Y todo ello salpicado con humor, humor negro, a veces macabro. Éste es un libro de los que yo llamo puente, de los que te lees para desconectar de otras lecturas más intensas, para borrar el poso que dejan en mente y alma. Tanto Muerto hasta el anochecer como el resto de la saga se leen rápido, en un par de días o tres, eso sí, si te gustan, son adictivos y cuando terminas uno quieres empezar el siguiente inmediatamente.

Por cierto, hay una serie de la HBO que os recomiendo, basada en los libros de Sookie Stackhouse, llamada True Blood, y su creador es Allan Ball. Quizá a algunos os suene su nombre si fuisteis seguidores de la magnífica serie A dos metros bajo tierra hace unos años. Deciros que la serie es fiel al libro objeto de esta reseña, pero que a partir de la segunda temporada el argumento empieza a tener cada vez más cambios con respecto a los siguientes libros. Os dejo la intro de la serie, que a mí personalmente me gusta mucho, y os confieso que si hay algo que odio son las largas intros de algunas series, pero creo que la canción ayuda a que me guste.



Publicado por Carmen Aguado   

Cosas que los nietos deberían saber, de Mark Oliver Everett

2/04/2014 2 Comments

Mark Oliver Everett es el vocalista y compositor del grupo The Eels. Y Cosas que los nietos deberían saber es su biografía. Contada en una primera persona más directa de lo habitual, con una descarnadura digna de la confidencialidad del más íntimo de los amigos, el autor nos va recorriendo su vida en un estricto orden cronológico, desde el final de su infancia y comienzos de adolescencia, hasta el momento actual, donde lidera una exitosa banda indie/rock de permanente gira mundial.

Y hago hincapié en la descarnadura de su relato porque, pese a saber de la reconocida posición musical del autor y el momento en el que escribe la obra, la atmósfera con la que recrea su vida y todos los avatares que la rodearon es tal, que uno se siente tentado a pensar que el éxito no le llegaría nunca, o que algo terriblemente fatídico enturbiaría, aún más, su penoso camino como músico. Pero, a decir verdad, desde el comienzo, el libro deja caer su peso en las historias de la familia Everett y en los intentos de amoríos del propio autor, narrado todo en el escenario de esa América de principios de los 80, con el calor de los ocasos de verano en Virginia, los descapotables y los porches de las casas esperando, como una pintura de Hopper, que la música suene y la chica dé el primer paso. 

No en vano el eje sobre el que gira su obra y, por tanto, su vida, son las mujeres. Desde el comienzo, el autor va analizando cada tipo de relación que ha tenido y cómo cada mujer ha ido marcando su vida, reconociendo que rara vez se fijó en la acertada. Además, su hermana Liz, con una vida trágica, y su madre, protagonista, por desgracia, de uno de los mejores capítulos del libro, son los puntos de referencia de cada hecho de su vida y, posteriormente, de su música. La relación de la hermana mayor con las drogas; el padre, eminencia en física cuántica, pero figura ausente en la vida de sus hijos y su mujer, hacen que la trayectoria del autor aún sea más digna de admiración, puesto que la dureza emocional que se le ha exigido desde pequeño, fue fraguando en una sublimación artística a la que no abandonó la constancia. Llamando a todas las puertas; presentando grabaciones que pasaban por ser maquetas de estudio; dejando en cada letra el dolor de una vida que nunca alcanzaba a comprender, Everett fue capaz de ir dando los pasos necesarios para lograr el éxito que a día de hoy disfruta. Pero quizá, lo más llamativo de esta historia, es que si bien la música parece ser el esperado colofón de la historia, no resta en ningún momento protagonismo a lo que el autor verdaderamente quiere contar; a saber, la historia de su familia. La historia de él mismo a través de su familia. 

Y es a ella a quien se dirige el final de esta obra. Y el principio, claro. A unos hipotéticos nietos que se pregunten por la causa de todo. Porque, al más puro estilo freudiano, Everett nunca se redime del todo de sus antecedentes y su arte es, una vez más, un tributo a sus orígenes y un canto, desde éstos, hacia el futuro.

Con sinceridad, con estilo y con muy buena música. Así se lee este libro que recomiendo a los amantes de una lectura directa, comprometida y viva.


     CHARO BEJARANO
                                                               

Los niños del Brasil, de Ira Levin

2/03/2014 8 Comments

"Noventa y cuatro hombres tienen que morir en las fechas señaladas y en un plazo de dos años y medio. Todos tienen 65 años. Su muerte constituye el último paso de una operación a cuyo éxito tanto yo como la Organización hemos dedicado muchos años, un gran esfuerzo y buena parte de nuestra fortuna. La esperanza y el destino de la raza aria dependen del resultado."

Así comienza uno de los libros que más impacto me causó al leerlo con 16 años. Recomendado por mi profesora de genética, caí en las garras de esta impresionante historia, que parte de esta base: el asesinato de un centenar de hombres, al parecer sin nada en común; de diferentes nacionalidades y ocupaciones. Sin embargo, por algún extraño motivo, están en una lista negra y empiezan a morir. 

Los niños del Brasil fue escrito en 1976. Aunque el tema que trata puede no parecer tan sorprendente en los tiempos que corren, al leer un libro siempre intento situarme en su marco histórico para comprender el alcance de su contenido. Y es innegable que fue innovador por las técnicas y cruel en su argumento, con un científico loco, frío y calculador. 

Partiendo de un personaje real (aunque la trama es ficticia), nos relata las vivencias y esfuerzos del Dr. Josef Mengele, acérrimo seguidor de Hitler, quien después de la segunda guerra mundial se refugia en las selvas brasileñas donde monta un laboratorio y comienza a clonar (once clones en total) a su ídolo. Es quizá este tema el que más inadvertido pasa en la novela y que quizá hoy en día hubiera podido atraer a más lectores: el exilio de los nazis en Sudamérica.

Para no desprenderse del factor ambiental y educativo de los pequeñines, Mengele trata de recrear y reproducir cada uno los episodios que marcaron la vida del líder nazi. Así que escoge a 94 familias en circunstancias similares a las del propio Hitler y les entrega uno de sus clones a cada una, para 14 años después, organizar una matanza de todos los padres adoptivos, así como ocurriera en la vida del verdadero Hitler. 

Al otro lado de la conspiración, nos encontramos al protagonista, al bueno, al que todos tomaron por loco. Lieberman será el encargado de destapar toda esta conspiración y evitar así la instauración del IV Reich. A lo largo de la novela descubrimos dos personajes totalmente opuestos y a la vez parecidos: dos viejos sin apoyo económico ni moral para los que el tiempo juega en contra y que no consiguen despegarse de sus pasados de viejas glorias, ya sea como alabado científico loco y mano derecha del Fuhrer o como aclamado cazador de nazis.

Magistralmente protagonizada por Gregory Peck y Laurence Olivier, la adaptación cinematográfica de esta obra literaria, rodada en 1978 por Franklin J. Schaffner, es bastante fiel al libro, lamentablemente con un guión demasiado "literal" en algunas ocasiones. Los niños del Brasil se convirtió en una de las primeras películas en tratar temas como la clonación y duplicación humanas que posteriormente han dado para numerosas historias escritas o filmadas, motivo por el cual hay que adentrarse en la historia siendo consciente de los años que lleva ya a sus espaldas.

Publicado por Cristina Serrano