El Fin de la Eternidad, de Isaac Asimov

4/29/2013 11 Comments
En una época, ésta en la que vivimos, en la que estamos hartos de ver viajes en el tiempo, realidades alternativas, universos paralelos y demás situaciones siempre presentes en el cine y en televisión, pensaba que ya nada me podría sorprender. Descubrir El Fin de la Eternidad, de Isaac Asimov (1955) ha sido para mí una grata sorpresa. 

Planteémonos el libro en cuestión en la época en la que fue escrito, con la introducción de la televisión en color en los diferentes países, para que nos hagamos una idea. De repente me encuentro leyendo una novela escrita durante esa época que nos habla de algo tan, digamos sugerente, como una institución llamada La Eternidad, que opera fuera del (fisio) tiempo normal. Esta institución, creada en el siglo 27, está formada por diferentes jerarquías que se encargan de velar por la seguridad de la especie humana, estudiando las variables de las infinitas Realidades posibles e induciendo los mínimos cambios necesarios para evitar catástrofes, guerras, devastaciones, invasiones, y cualquier peligro para la existencia de la humanidad.



El protagonista de esta novela es el Ejecutor Andrew Harlan, a quien su superior Laban Twissell, el principal Programador de la Eternidad, le encargará educar personalmente a B. S Cooper, un Aprendiz dentro de Eternidad, en Historia Antigua, que comprende todos los siglos que preceden al descubrimiento de los viajes en el tiempo. Harlan apunta maneras de ser el Ejecutor perfecto, frío, tenaz, y sin emociones aparentes más que desvivirse por su trabajo de realizar los cambios programados. Todo esto se tambaleará al conocer a Löys Lambert en una misión que le es encargada; su superior Finge le enviará al siglo 482º durante una semana completa para estudiar la aristocracia de la época, por lo que se alojará con Löys. Irremediablemente cae rendido a sus pies y aquí empieza una vorágine de saltos entre siglos. 

Harlan decide encubrir a Löys llevándola a los Siglos Ocultos, donde la Eternidad nunca ha conseguido llegar, para salvar su relación prohibida. Es entonces cuando Harlan descubre su verdadera misión para con la Eternidad, que no es otra sino dejarla avanzar, dejar de privarla de asumir riesgos, vivir decadencias posiblemente necesarias para una evolución física, material y espiritual hacia un ser humano mejor.

Una novela no demasiado extensa, con una capacidad de atraparte increíble, que vale la pena leer hasta llegar a su punto máximo, que es la última frase. Una frase imperdible. Si os gusta la ciencia ficción me parece una novela perfecta para iniciarse en la lectura de este género, no demasiado complicada en cuanto a jerga y como ya he comentado, muy adictiva. Personajes fáciles, mucha acción y todo un ejercicio para poner en forma nuestra imaginación.
Publicado por Cristina Serrano   

Alta fidelidad, de Nick Hornby

4/25/2013 3 Comments

Hace algunos años, cuando empezaron a comercializarse los reproductores de DVDs, era costumbre encontrar ofertas de reproductores con pequeñas colecciones de películas, normalmente una mezcla de títulos taquilleros, con otros que habían caído en el olvido bien por la pobreza de su argumento, bien por la escasa distribución que habían tenido. El primer reproductor de DVD que entró en mi casa venía con una de esas colecciones, y entre aquellos títulos llamaba la atención uno en el que aparecía John Cusack en la portada bajo el título Alta Fidelidad

La película me gustó, aunque por aquellos días desconocía que se trataba de la adaptación de un libro. Eso lo descubriría unos cuantos años después, cuando paseaba la vista distraído por las estanterías de una librería nueva. Publicado en España por Anagrama, la novela vio la luz en 1995 en Inglaterra, y no llegó a España hasta 2007.

Alta Fidelidad nos acerca la vida de Rob Fleming, un treintañero soltero, que regenta una tienda de discos antiguos (en vinilo, por supuesto) con una extraña afición a clasificarlo todo "las cinco mejores canciones de Elvis Costello", o "las cinco mejores películas", o "mis cinco rupturas amorosas más memorables". Rob tiene un punto friki, igual que los empleados de su tienda: obsesionados por la música son capaces de insultar a un cliente por desconocer tal o cual disco de alguno de sus ídolos.

Rob encarna el Peter Pan que todos los que tenemos más de treinta años llevamos dentro, y eso lo demuestra en su desastrosa vida amorosa, llena de inseguridades, plagada de recuerdos que a cada paso lo hacen dudar de si va por el camino correcto. Pero en este sentido, su autor Nick Hornby, no plantea esta cuestión desde un punto de vista ñoño, sino al revés se aprovecha de ella para hacernos reír, una risa agridulce tal vez, pero que nos hace ver en las humillaciones amorosas de Rob una versión veraz de los asuntos del amor en los hombres.

Hornby no es de los autores más conocidos (o por lo menos para mí) y por eso creo necesario decir que en Inglaterra es un clásico de la literatura cómica, tratando de diseccionar la psicología del  hombre con un matiz socarrón que queda planteado perfectamente en Alta Fidelidad.

Otra cosa que tiene el libro es mucha música (que podéis escuchar aquí), éxitos que van desde James Brown a los Sex Pistols, una auténtica colección de música que acompaña al libro como la banda sonora de una película. Quizá es ese otro de los matices más notorios de la novela: es muy "cinematográfica". Realmente, cuando se lee la novela es fácil imaginarte las tomas de una película, ambientar la escena con la música que se propone, por ejemplo una versión del "Baby I Love Your Way" de Peter Frampton, interpretada por Big Mountain con Lisa Bonet, una de las protagonistas de la adaptación al cine de Alta Fidelidad, y que fue, la versión, uno de los temas más comercializados de la BSO de la misma.

Es, en definitiva, una novela divertida, muy recomendable, de lectura ágil en la que te sientes identificado en multitud de ocasiones. Solo puedo recomendarla y desear os guste tanto como me gustó a mí. Y lo mismo puedo decir de la película. No dudéis en verla si en algún momento podéis acceder a ella.

Publicado por Carlos Masó   

Memoria de mis putas tristes, de Gabriel García Márquez

4/22/2013 3 Comments

Los momentos decisivos de una vida suelen venir en silencio y con un golpe de novedad: un beso mudo en la escalera, un incendio de amor en la parte de atrás del coche, de puntillas por un pasillo para no ser descubierto en la huida del deseo. A veces se recuerdan hechos menores cuando coinciden con un acontecimiento exterior que al existir ya es historia, recuerdo: jugando al fútbol mientras cae el muro de Berlín, en un cine de tarde y las Torres Gemelas derrumbándose. Unos y otros recuerdos se guardan en la memoria con una rotundidad notarial. El gesto de abrir un libro de Gabriel García Márquez, en apariencia un movimiento menor, repetido tantas otras veces, tiene sin embargo la misma cualidad del recuerdo puro, sin huecos: una lectura nueva sobre sueños y realidad, y de la que uno siempre sale pensando que no va a leer nada mejor en lo que le falte de vida.

Sin saberlo uno y otro, la vida de García Márquez y la de mi abuela han estado enlazadas. El primero habita hoy con la tristeza tal vez de que ya nunca podrá volver a escribir, y negado repentinamente de un reconocimiento que será ya póstumo. La segunda con la certeza de que ya nunca más podrá leerle, ella que siempre disfrutó de sus novelas sentada en el fresco de la salita de estar, las piernas amplias cruzadas bajo el batín, con la persiana aliviando el calor de la tarde y en el jardín el abanico de flecos de la palmera, sus hojas agotadas también del sofoco y apoyadas sobre la cal blanca de la fachada, como buscando alivio. Todo el mundo de mi abuela sumergido en una tranquilidad de modorra: apenas los perros ladrando al Atlántico desde lo alto de la montaña y la sombra del día avanzando sobre las baldosas negras, buscando el lugar donde el libro será cerrado y habrá que regar el jardín.

García Márquez escribía y a mi abuela llegaba luego el mensaje de su botella, el regalo de sus libros desde la librería Isla de Santa Cruz hasta la silla de mimbre de su jardín. Libros que yo también devoraba durante el verano en esa misma casa pero desde distintos lugares: la escalerita de caracol hacia la puerta de la cocina, la azotea al mar y su incómodo gotelé rascándome la espalda, tumbado bocarriba en la cama grande que fue la de mi madre de niña, con la ventana de madera abierta y el fantasma de la cortina entrando y saliendo del quicio, como un columpio. Acabada la lectura agradecía a Gabo el hacernos tan felices a mi abuela y a mí con su prosa tan real, periodística, y al mismo tiempo tan mentirosa, tan llena de fantasía, su atención hacia los detalles de los sentidos, su brevedad en la escritura: ninguna línea superflua, ninguna tendencia expansiva ni concesión de estilo.

Pero en Memoria de mis putas tristes el proceso tuvo que ser distinto. Nadie recogió el libro en las aguas de Tenerife, y ha sido la primera y última novela de Gabo que he leído tomándola en préstamo, sorprendido un poco al ver que fue publicada en 2004 (¡hace casi diez años!), y constatando así el doloroso calendario de la enfermedad que sufrió mi abuela. Preparé mi casa para disfrutar de su lectura, sabiendo que las buenas historias del Nobel suelen apearte de la realidad, y que este libro lo iba a leer para mi abuela y para mí. Tumbado en el sofá abrí la puerta a la historia y estaba caminando ya en su interior cuando de golpe una página en blanco, y una más y otra más y así el resto: ¡un error de imprenta! ¿Cómo no me había dado cuenta al coger el libro? Miré la hoja de seguimiento de préstamos, con multitud de sellos con distintas fechas y colores: ¡no había sido el único ingenuo!

De golpe la tarde se había quedado suspendida, sin plan alguno. Abrí la ventana para que corriera algo de aire y, en lugar de la estación de Chamartín, encontré que el horizonte lo dominaba un río grande, de anchura rusa. Extrañado, decidí vestirme y salir a la calle, donde el calor se multiplicaba en gotas húmedas que aparecían sobre las frentes quebradas y en discos bajo las axilas. De camino hacia la biblioteca advertí que Mateo Inurria era una calle amplia, de arenas calientes, y en cuyas fachadas se arracimaban parrandas de viernes. Con el corazón desbocado comencé a correr cuesta arriba, con la seguridad de conocer bien el itinerario, hasta la tienda de Rosa Cabarcas. No había nadie en la recepción, así que crucé el patio y, bajo una techumbre, me encontré con Gabo. Le miré de arriba a abajo, sin discreción, tratando de averiguar en qué lugar de su cuerpo residía el talento.

- Supongo que sabes por qué he venido. Las páginas de tu último libro me llevaron hasta aquí, y aquí me han detenido, en el interior de este burdel.
- Así es -y me extrañó pensar que García Márquez hablaba, cuando sus libros eran una narración sin diálogos. Se abotonaba parsimoniosamente una guayabera, mientras a su lado yo recupera el resuello de la carrera. ¿Y qué esperas encontrar aquí?
- Te esperaba encontrar a ti. Darte las gracias. Por todos tus libros. De parte mía. También de mi abuela. Y egoístamente esperaba saber cómo continuaba la historia. Mi ejemplar es ahora una página en blanco -concluí de hablar con el ánimo más resuelto.
- La historia la tenías ya escrita en el libro. Solo tenías que seguir leyendo. Vivir la ficción desde sus páginas. Pensabas en el vacío de tu abuela, y al libro se le han caído las letras.
- ¿No es real entonces nuestra conversación? ¿Es solo ficción? -le pregunté desconcertado.
- ¿Realidad, ficción? ¿Importan algo esos límites? ¿Por qué no mezclarlos? ¿Acaso existen en la Tierra fronteras entre lo que es cierto y lo que no? ¿Y son relevantes en un libro?
- Ahora que lo dices –le respondí – al principio pensaba que la masacre de las bananeras fue una creación tuya. Y que tu relato periodístico Caracas sin agua una invención. Luego descubrí que estaba equivocado. Era justamente lo contrario.
- ¿Y cambió ello algo? -me miró a los ojos y me sostuvo el brazo, como si fuera a decirme algo importante-. Todas nuestras vidas están llenas de elementos fantásticos: sentimientos que predicen realidades. Gente que nace y muere por la sola acción del recuerdo, como tú lo haces ahora con tu abuela. Y ese mundo onírico y real se mezcla con otro terrenal, formado por autobuses repletos de gente o colas para pagar impuestos. La literatura tiene la magia de juntarlos: solo la literatura.

De nuevo en la calle me golpeó el calor seco de Madrid. Al fondo de la ciudad, como desde la trastienda de un sueño, me llegó la megafonía familiar de la estación de Chamartín, y experimenté un cierto alivio. A medida que caminaba el libro se fue escribiendo solo, sin necesidad de ninguna intervención: la mirada iba creando las líneas que antes eran papel vacío y me estremecían sin pausa, como los brincos de una montaña rusa, un big bang de los sentidos. Las letras habían vuelto y la narración avanzaba con esa naturalidad de las historias orales, como recién ocurridas y repetidas con detalles minuciosos. Había conocido por fin a Gabo, y se había accionado el motor de sus últimas líneas, las de Memorias de mis putas tristes, una historia de amor contada con maestría, alzándose por encima de la realidad y también la ficción. Una lectura que me dejó en el estado feliz de haber vivido dentro de una obra maestra.

El Comisario Maigret, de Georges Simenon

Inma 4/18/2013 4 Comments
Hoy quiero "resucitar" a un clásico de la literatura policíaca y detectivesca: "El Comisario Maigret".
¿Lo conocéis?

El prolífico creador de Maigret fue el belga Georges Simenon. Escribió nada menos que 75 novelas y 28 historias cortas sobre las aventuras de este gran comisario.Y yo me las he leído todas. El escenario de estas novelas es la Francia de 1930 a finales de 1960. De la Francia de los cabarets, de hombres con sombrero y gabardina, de  mujeres de labios rojos y de las porteras que lo sabían todo. Fueron publicadas entre 1931 y 1972.

El Comisario Maigret, de Georges Simenon

Y ahora os cuento por qué admiro tanto al Comisario, a Georges Simenon y a lo que lograron juntos. Imaginaros: un detective peculiar, casado, sin hijos, ancho de hombros, fumador incasable pipa y dado al buen comer. Apreciado por sus inspectores e incluso por los delincuentes a los que casi siempre atrapa y llamado por su apellido por su propia mujer. No duda a dejar de dormir por perseguir a un sospechoso o quedarse horas pasando frío bajo su ventana, vigilándolo en la noche. Le da igual perseguir a una banda, a una mujer o a un pobre tipo nervioso...
Su método de investigación se basa en la psicología, en el conocimiento del ser humano. Es decir, en interrogar a cuanto testigo sea necesario y allí, amigos, allí es donde Simenon me atrapó. Maigret entra en las casas de las porteras que huelen a coliflor y a marido sudado, en las casas de familias donde reina el desorden y huele a un rico puchero, a casas donde no huele a comida, solo a cigarrillo rancio y a mujer apática, a hogares de gente de posibles donde la frialdad y el orden reinan... y el lector se ve transportado a ese París de los años 50, a esos hogares. El lector puede oler la camiseta sudada del trabajador y el olor a mujer recién levantada de la cama, a anís de bar de viejos y a cigarrillo mojado....El misterio, por supuesto, también engancha...pero los personajes que desfilan en cada una de sus obras están perfilados al detalle que son una pequeña obra de arte escrita. Maigret a través de lo que describe nos despierta todos los sentidos.
Mi consejo: que si no lo conocéis... vayáis a estrecharle la mano.

El contenido del silencio

4/17/2013 6 Comments

Y a mí me devoraba la nostalgia de los lugares y los afectos perdidos, por más que sabía que no serían como los recordaba, porque la nostalgia no es más que una mentira.



Lucía Etxebarría es, por muchos motivos, una de mis escritoras favoritas. Hace muchísimos años que leí “Beatriz y los cuerpos celestes” y me pareció un libro excelente. Desde entonces he leído prácticamente todo lo que ha escrito. “El contenido del silencio” no iba a ser menos. Tenía muchas expectativas en este libro ya que hacía mucho que no leía nada suyo y el título me parecía muy atractivo.

La historia trata sobre Gabriel, un chico que vive en Inglaterra y que está a punto de casarse. Un día se entera de que su hermana Cordelia, a la que hace más de 10 años que no ve y que vive en Tenerife, ha desaparecido. En su viaje al archipiélago Canario conocerá a Elena, la mejor amiga de su hermana. Este viaje también será un viaje interior para Gabriel, que le hará mirarse a sí mismo con distancia y cuestionarse cómo era su vida hasta ese momento.

El libro comienza muy bien y engancha desde el principio. Sin embargo, llega un momento en el que comienza a hacerse pesado. La historia avanza constantemente a través de las historias que Elena o Virgilio le van contando a Gabriel, algo que acaba cansando. El texto se desvía demasiado de lo que yo considero que es el punto de interés de la historia, por lo que el lector puede llegar a perder la motivación de seguir leyendo.

En todas estas historias Gabriel descubrirá cosas de su pasado que desconocía acerca de su madre y de su hermana. Estas historias acabarán teniendo relación con temas tan interesantes y morbosos como el nazismo y las sectas, algo que sin duda dota de interés al libro, pero a lo que se le da más peso del que debería.

En general no es un mal libro, pero considero que le falta consistencia. “La Etxebarría” esta vez se ha ido “por las ramas”, desmereciendo tal vez una historia que tenía todos los ingredientes para ser fascinante.

El Principito, de Antoine de Saint-Exupéry

4/12/2013 7 Comments

Hace años que tenía esta lectura pendiente. Mi profesora de catequesis nos lo regaló a todos los niños que íbamos a clase para que tuviéramos un recuerdo suyo. Y empecé a leerlo una vez, pero no. Y más adelante, otra. Y otra. Pero nunca debí de empezarlo en el momento adecuado porque no conseguía engancharme. Ahora, con la excusa del aniversario (el día 6 de abril hizo 70 años), lo he rescatado de la estantería y por fin lo he terminado. 

No sabría cómo catalogarlo. ¿Libro infantil por la sencillez con la que está escrito y los dibujos que lo acompañan, o tal vez algo más por los temas que trata? Realmente se trata de un libro curioso.

Un aviador tiene una avería y se encuentra perdido en el desierto. Es entonces cuando el principito llega desde su planeta, el asteroide B 612. Se da entre ellos una peculiar relación de amistad, en la que el principito cuenta su viaje por los distintos planetas y estrellas hasta su llegada a la Tierra. Con sus aventuras a su vez, nos trasmite una serie de valores y aprendizajes que a veces tenemos olvidados. Es recomendable leerlo para no olvidar algunas cosas e intentar ser capaces de ver como lo hacen los niños, con esa inocencia. 

"Lo esencial es invisible a los ojos"

Publicado por Claudia Pina   

Una vacante imprevista, de J. K.Rowling

4/08/2013 7 Comments
Me reconozco asidua a la literatura juvenil, podría excusarme en la edad de mis hijos, pero sería eso, una excusa. Así que he leído con gusto a autoras patrias como Laura Gallego García o extranjeras como J.K.Rowling, disfrutando de los mundos mágicos de la primera y de las aventuras de Harry Potter tanto o más que los pequeños.

Esperaba con cierta curiosidad la primera novela "para adultos" de la británica y ha merecido la pena. 

Una vacante imprevista es una novela interesante, de algún modo no demasiado alejada del mundo muggle de Harry, con personajes en edad de residir en Howards y profundamente inglesa.

Una muerte inesperada nos introduce en la idílica localidad de Pagford, con sus calles adoquinadas, su abadía, su lord cercano pero no próximo y su colegio de chaqueta y corbata. Un pequeño pueblecito donde todo es lo que parece a simple vista o quizás no.

Una obra coral donde las voces de adolescentes se mezclan con las de sus padres, un mundo relajado frente al arrabal que nadie quiere mirar, historias sencillas, crudas, veraces y un desenlace que apenas cambia nada, pudiendo cambiarlo todo.

Ha tenido críticas pésimas y otras excelentes, quizás sea tan sólo un libro para cerrar la puerta a la magia y comenzar a mirar la realidad sin maquillaje. Realismo social, critica política, relaciones sentimentales, maltrato, abandono...todo un cambio, en el que apenas se salva una pizca de magia.

¿Te gusta "Una vacante imprevista", de J. K.Rowling? ¡Consíguelo aquí!

Al amigo que no me salvó la vida, de Hervé Guibert

4/04/2013 6 Comments



Libro que nos narra la vida del autor al contraer la maldita peste del siglo XX, el Sida. 

Libro que nos hace ver lo hipócritas que podemos llegar a ser, cómo los enfermos de sida y sobre todo en aquella primera etapa, cuando se dio a conocer la enfermedad, eran totalmente apartados de la sociedad, donde los amigos no eran tan amigos, donde todo el mundo en realidad, te daba de lado, aunque cuando estaban con el enfermo querían hacerle creer que estaban con él.
Hipocresía humana cuando queremos quedar bien ante el condenado a muerte pero que cuando no nos oye le ponemos verde.

El autor nos hace ver todo esto además de la impotencia de no poder hacer nada para salvarse, del paso de un tiempo que es crucial, del juego de la mente que te hace pensar en todo y de todo se pasa por la mente, desde el suicidio hasta el dejar que todo pase como tenga que pasar. Nos hace ver como se truncan todas las ilusiones, las metas y los retos que se ha propuesto. Como toda su vida se ha ido al garete por una enfermedad de la que nadie conoce nada, de la que no se tiene información y de la que ni siquiera sabes cómo te ha podido pasar a ti.

Libro del periodista francés Hervé Guibert, fallecido allá por el año '91 a causa de esta enfermedad, libro que me leí hace ya bastante tiempo y que desde luego os recomiendo. A parte de por cómo el autor trata su propia enfermedad, por ver lo cruel que puede llegar a ser el ser humano.

Menos mal que con el paso del tiempo y sobre todo, gracias a la información, cada vez se contagia menos gente, ahora solo falta que nos anuncien la vacuna contra esta enfermedad.

Publicado por David