Claus y Lucas, de Agota Kristof

Inma 12/27/2012 5 Comments

Esta es mi primera reseña en El buscalibros. Llegué aquí por invitación de mi amigo virtual Fran Rodríguez que es el cerebro y creador de este blog. Me llamo Inma y me gusta leer todo aquello que cae en mis manos, aunque no destaco por tener un criterio particular en mis lecturas. Hoy quiero hablaros y recomendaros la trilogía de Agota Kristof, escritora húngara que tuve la suerte de conocer tan solo hace unos meses . Esta autora residía en Suiza y escribió en francés, para los que como yo, prefieren leer en “versión original”. La trilogía se compone de tres libros “El Gran Cuaderno”, “La Prueba” y “La Tercera Mentira”, y al conjunto de estos libros se les conoce también como “Claus y Lucas”. Dicen que los libros se escribieron para que pudieran ser independientes entre sí. Dicen. Pero yo no me los leería en desorden y no dejaría ninguno por leer. Es difícil hablar de estos libros sin decir demasiado y fastidiar la lectura a sus potenciales lectores. Pero os diré lo suficiente como para que os entren ganas de ir a la librería o a la biblioteca a buscarlos.

El Gran cuaderno narra la historia desgarradora de dos gemelos que durante la segunda guerra mundial su madre se ve forzada a abandonar para dejarlos con su abuela, que vive en un pueblo fronterizo. La abuela es fría, cruel, sucia y los niños la apodan “La Bruja”. Los niños sobrevivirán a esta dura vida gracias a la tremenda forma que inventan para educarse a sí mismos, su gran astucia y sobre todo la iniciativa de escribir todo aquello que les ocurre en el Gran Cuaderno. El libro está narrado en la primera persona del plural, no se hace diferencia alguna entre los dos niños, porque son una unidad y en ningún momento se nombra el país y ciudad en los que se encuentran.

La Prueba cambia totalmente de registro. Narra la vida de Lucas en nuestro ya conocido pueblo fronterizo. Está narrado en tercera persona del singular y hay ciertos detalles que nos chirrían, que nos hacen cuestionarnos si leímos bien el primer libro, porque sencillamente no cuadran. Y es que, por ejemplo, durante buena parte del libro parece que Claus no ha existido nunca.

La tercera mentira se ocupa sobre todo la vida de Claus y también está narrado en tercera persona. Es un libro incómodo, porque hay cosas que no nos gustan y que no sabemos si creernos o no. ¿Nos está contando toda la verdad o por el contrario una gran mentira? ¿Quién es Lucas, quién es Claus?

Si te gusta leer un libro y rumiarlo durante semanas posteriormente, has encontrado tu siguiente lectura. Luego, vuelve y cuéntame tu opinión.

Publicado por Inma Gallego   

Los recuerdos, de David Foenkinos

12/24/2012 8 Comments

Sucede a veces que las historias más sencillas, cuando están bien contadas, son las más hermosas. Esto es justo lo que consigue David Foenkinos en Los recuerdos: emocionarnos con una prosa que rezuma gracia y ternura.

La historia comienza con la inesperada muerte del abuelo del joven protagonista. Éste, sumido en tan trágico momento, sólo logra dilucidar que el tiempo es algo tan volátil que debe ser aprovechado al máximo; y así lo hace. La trama se desarrolla circundando a la familia del protagonista, que es el narrador, e intercalándose ésta con divertidas digresiones en forma de retazos, de imágenes ancladas a la memoria, que conforman una vida. Resulta curioso cómo los recuerdos de Nietzsche, de Van Gogh o de Scott Fitzgerald -entre otros-, tienen cabida en este libro.


El marido de Sonia era de origen ruso, un origen que dictaba su manera de comportarse. Y así fue como en 1941 decidió abandonar Francia para unirse a las tropas del Ejército Rojo. Ella trató de disuadirlo, pero fue en vano. No volvió a tener noticias suyas, y se vio sola con su hija. 
Pasaron los años, y ella se resignó a seguir su vida sin él. Concentró toda su energía y su corazón en su obsesión por la danza. Se convirtió en una grandísima artista que irradiaba elegancia en cada ballet. Su reputación cruzó fronteras, y al final fue invitada a bailar en Rusia. En esa época, en plena Guerra Fría, nadie quería ir allí. Pero ella animó a toda su compañía para hacer ese viaje. Soñaba con Moscú, soñaba con saber por fin qué había sido de su marido. Las funciones fueron un auténtico éxito. Consiguió una cita con un alto funcionario que prometió investigar el paradero de su marido. Al día siguiente le dio una dirección. Esa noche le costó mucho bailar. No dejaba de pensar en la dirección. Así pues, su marido estaba vivo. Se le ocurrían miles de hipótesis; sobre todo, por supuesto, la posibilidad de que hubiera vuelto a casarse. Lloró mucho durante los aplausos, y todo el mundo vio en ello la muestra de cuán profunda era su sensibilidad de artista.
Le pidió a un bailarín de su compañía que la acompañara a la dirección en cuestión. Estaba a punto de poner fin a diez años de dolor y de incertidumbre. Llegaron y aparcaron el coche ante un pequeño edificio de los suburbios de Moscú. En el portal, buscó su nombre en los buzones, pero en aquella época en Rusia los buzones no llevaban nombre. Subió las escaleras despacito y llamó a la puerta. Le abrió una mujer, que le preguntó qué quería. Era una mujer, de modo que sí, se había vuelto a casar. Pero Sonia, tras quedarse absorta unos segundos, se dio cuenta de que esa mujer era demasiado mayor. No podía ser su esposa. Pronunció el nombre de su marido, y la anciana la invitó a pasar. Estaba ahí. Sí, estaba ahí. Sentado en una silla, en la cocina. Sonia se quedó parada. Era él. Era el hombre de su vida. El hombre al que tanto había llorado.
Pasó un minuto entero, un minuto durante el cual ella lo observó. Él no movía la cabeza. Sonia avanzó hacia él y comprendió entonces que estaba ciego. Había preferido desaparecer antes que volver a Francia y no poder ver nunca más a su mujer y a su hija. Sonia apoyó la cabeza en su hombro. Meses más tarde, consiguió de la administración soviética el permiso para llevárselo a Francia con ella. Una noche, él le dijo en voz baja: "Aún recuerdo tu rostro".

Una palabra tuya, de Elvira Lindo

12/20/2012 6 Comments

"Suele suceder que cuando uno dice que va a callarse es cuando a continuación confiesa todo aquello que le tortura."

Muchas veces cogemos un libro para refugiarnos de un mundo que no nos gusta, de una realidad gris, triste y desesperanzada; nos perdemos en el tiempo, nos calzamos armaduras, empuñamos espadas o nos dejamos seducir por unas relucientes esposas. Así el libro se convierte en parapeto y billete de ida con vuelta garantizada. 

En el caso del que os propongo hoy esa magia no funciona. Una palabra tuya apenas te alejará de tu sillón y como te descuides te encontrarás con la escoba entre las manos. Aquí, el sortilegio no se esconde tras palabras rebuscadas, sorprendentes giros gramaticales, escenarios exóticos o inesperados cambios de guión, sino en frases sencillas, situaciones reales y sentimientos cercanos. 

Las protagonistas, Rosario y Milagros, sobreviven en un mundo que les muestra su rostro más sucio y gris, vienen de caminos diferentes y enfrentan la realidad con ópticas casi opuestas. 

Los sueños rotos, las ilusiones perdidas, la dependencia, la familia, la muerte, la amistad e incluso el amor se hacen un hueco en este libro de apenas doscientas cincuenta páginas como lo que son, parte del equipaje de personas normales en un mundo tan real que duele por dentro. 

Y es así como Elvira Lindo te atrapa, un libro donde se confunden las voces interiores y los diálogos descarnados, un libro que no trae un mensaje escrito en mayúsculas, una historia con héroes reales, los que buscan la felicidad aunque sea en minúsculas y pelean a diario con el miedo de no merecerla.

Publicado por Pilar Vaquero   

Siempre a mi lado, de Ben Sherwood

12/18/2012 7 Comments

Creo en los milagros. Ésta es la primera frase que aparece en la introducción. Y para leer este libro, hay que creer. Hay que creer en cosas imposibles, hay que creer en que hay algo más allá y ante todo hay que creer en la fuerza de una promesa.

Charlie y Sam son dos hermanos que están muy unidos. El inicio del libro nos sitúa en un momento trágico: un accidente en el que Charlie sobrevive milagrosamente gracias a la actuación de un bombero, pero que a Sam le cuesta la vida. Dos hermanos que son todo el uno para el otro, son separados de modo forzoso. Pero Charlie se niega a romper la promesa que le hizo: “Nunca jamás te dejaré”.

Los años pasan y Charlie todavía está intentando asimilar la pérdida. Sigue en el mismo lugar y haciendo las mismas cosas día tras día. Pero hay algo en esa rutina que llena sus días de magia y puede permitirse ser un niño otra vez. Es entonces cuando aparece la cautivadora Tess Carroll, una aventurera navegante con muchas ganas de vivir. Charlie deberá elegir entre la vida y la muerte; entre el pasado y el presente; deberá elegir si quiere vivir el amor. 

Una historia de amor y de segundas oportunidades, con elementos fantásticos que hacen la historia algo inverosímil, pero bonita después de todo. Novela corta, sencilla, con final bastante esperado. Perfecta para leer sin tener que pensar y dejarte llevar por sus personajes y sus sentimientos. Personalmente me quedo con el valor de una promesa. Ya que, ante todo, las promesas son para cumplirlas.

Publicado por Claudia Pina   

Dime quién soy, de Julia Navarro

12/13/2012 8 Comments

Antes de nada presentarme, me llamo David y aunque soy de Madrid ahora mismo resido en Matrix.

Llego a este blog invitado por Fran, al que agradezco la confianza que ha depositado en mí, (no se si sabe lo que hace) y al que espero no defraudar.

Os quiero hablar de Dime quién Soy, un libro de Julia Navarro publicado en el 2010 y que me leí el año pasado.

Para mi fue apasionante su lectura, me gustó mucho, aunque comprendo que te tiene que gustar la historia para que te gusten este tipo de novelas ambientadas en alguna época en concreto.
Esta novela nos lleva desde la segunda república hasta después de la caída del muro de Berlín allá por el 89 o 90 si no recuerdo mal.

A un joven periodista casi en paro le contrata un familiar suyo para que investigue la vida de su propia bisabuela, de la cual nadie sabe nada.
Como el que manda es el dinero y es un trabajo bien pagado el chaval se pone a investigar y descubre que la vida de su antepasada es fascinante, llena de intrigas y aventuras dignas de una espía alemana más que de un ciudadano español.

Recorremos muchos lugares del mundo leyendo el libro ya que el protagonista se recorre medio mundo para investigar a su bisabuela, todo con la ayuda del personaje que lo contrata que le pone en contacto con toda la gente que pudo conocer a Amelia Garayoa, nombre de la investigada.

Es un libro fácil de leer ya que la autora nos envuelve en la historia y trama de la novela, nos hace ver cómo fue aquella tremenda época, cómo fueron las guerras y sobre todo y lo que es peor las posguerras  Cómo afectaba el hambre a la población, incluso a la que era hasta algo más acomodada en aquellos años.
Nos conducirá a lugares como a la Unión Soviética y nos hará ver que lo contrario a lo que teníamos aquí tampoco era tan bueno, que cualquier dictadura es mala y que en las guerras todo el mundo pierde.

Este libro confirma mi teoría: que aunque cualquier enfermedad es mala, ésta sin duda alguna es la más triste. No recordar a tu propio hijo, no recordar aquél primer beso o no recordar a tu gran amor tiene que ser terrible y lo que es peor, morir sin saber quién eres.

Os recomiendo que lo leáis, es un libro bastante tocho son poco más de 1.000 páginas con lo que para la gente que lee en el transporte público es una putada porque al final duele el brazo de sujetar el libro. Imagino que ya tendrá su formato digital con lo que los amantes del e-book (aparato del demonio) tendrán más fácil su transporte, desde luego pesa menos. Pero para los que leemos en casa os recomiendo su edición en papel.

Hace poco vi el libro en una librería de mi barrio por 16,50 euros pero, como no vais a venir hasta Matrix, os podéis acercar a la Casa del Libro que también lo tendrán.

Me dejaron este libro cuando me lo leí, pero en cuanto acabe unas historias en las que estoy metido y vuelva a leer, me lo compraré.

Por el gusto de tenerlo.

Publicado por David    

El guardián entre el centeno, de J.D. Salinger

Dolega 12/10/2012 19 Comments
Me paso el día entero diciendo que estoy encantado de haberlas conocido a personas que me importan un comino. Pero supongo que si uno quiere seguir viviendo, tiene que decir tonterías de esas.
Lo leí allá por los años setenta, cuando tenía 19 años, y esta hubiera sido mi crítica:

Comprendí desde la primera página al protagonista Holden Caulfield, un chico de 16 años. Su manera de hablar, de pensar y todas sus inquietudes me son cercanas.

Entendí a la perfección su indiferencia ante su expulsión de Pencey, ese colegio en Pensilvania, donde sus padres habían decidido que estudiara, después de ser expulsado de unos cuantos más. Tengo muchos ejemplos a mi alrededor.

La trama me atrapó desde el primer momento. Su manera de contar las cosas es cercana, la entiendo, habla mi mismo lenguaje. 

Tiene esa melancolía que produce la vida cuando andas en busca de no sé qué. Ese hacerte el duro ante las cosas que te dañan profundamente y que siempre quieres disfrazar. Sé que la muerte de su hermano ha sido mucho más desgarradora para él de lo que quiere hacer ver.

Cuando parte hacia Nueva York, aprovechando los días que tiene de margen hasta que les llegue a sus padres la carta comunicando su nueva situación, empieza un viaje de libertad como lo hubiera sido para cualquiera de nosotros. 

Piensa y cuenta sin tapujos lo que todos vivimos, en mayor o menor medida, lejos de ese mundo edulcorado en que nos imaginan los mayores. Habla del sexo, de las drogas, de nuestras relaciones con los demás. De esas expectativas que por ahora son ninguna, porque sabes que lo que te gustaría es imposible. Siempre estamos pensando en cosas imposibles, para hablar de lo probable ya están ellos, los mayores.

Lo lees y hay momentos en que esperas que ocurra algo terrible. Que él se decida a hacer algo definitivo, porque nunca lo dice, pero sabes que lo piensa, que duda, que se contiene.

Mira al mundo con nuestros ojos, y por eso es una joya de libro y por eso les digo que todo adolescente tiene que leerlo.

Lo he vuelto a leer hace dos semanas para hacer esta reseña y el libro me ha hecho reflexionar acerca de lo poco que cambiamos a pesar del tiempo.

Contado en primera persona, el lenguaje adolescente ha cambiado bastante poco en su mensaje. Ahora es más duro en su forma, pero en su fondo continúa su búsqueda de ese no sé qué y te atrapa al descubrir que sigue estando vigente. 

La trama de niño bien, tratando de superar traumas familiares y adolescencia a un tiempo sigue siendo de absoluta actualidad en nuestros días.

El viaje a una Nueva York de suburbio donde pasea por los bajos fondos de una ciudad fría, experimenta, padece y disfruta en ocasiones como un adulto por el simple hecho de llevar dinero, hasta recalar en la seguridad de su casa de clase acomodada, donde una hermana pequeña con una madurez fuera de lo habitual, se convierte en su único refugio, te acerca sin remedio a los miedos e inquietudes que sigues viendo en los jóvenes de hoy en día. A sus temores y a sus angustias por querer vivir cosas, que ni ellos saben a ciencia cierta definir.

Cuando lo lees como adulto, lo ves mucho más gris y melancólico que hace cuarenta años. Lo que en su época escandalizó por tratar temas de los que apenas se hablaba, hoy no causaría ni el más mínimo sonrojo al más mojigato de los lectores, pero te sigue acercando de manera precisa a ese mundo adolescente tan complicado y difícil de entender cuando estas fuera de él.

Sigue siendo la joya de libro que hubiera recomendado cuando tenía 19 años, pero ahora de lectura obligada a los padres. Es una novela que relata con mucha naturalidad lo que siente una mente en formación.

El guardián entre el centeno. J.D. Salinger. Alianza Editorial. ISBN: 9788420674209. España, 2010. 288 páginas. 9,95 euros. COMPRAR 'El guardián entre el centeno' en Amazon

Relato: Desesperación

12/06/2012 4 Comments

La música martillea mis neuronas. No hay parte de mi cuerpo que no retumbe. A veces necesito sentir como mi cabeza está a punto de explotar para volver a reaccionar y sentir que sigo aquí en la Tierra. Que el día continua y la vida sigue aunque hace tiempo que esto dejó de tener sentido para mí.

El pasillo se alarga hasta una puerta que solo se distingue en la penumbra por el barniz reluciente de su marco. A los lados, grupos de personas se agolpan junto a las paredes y entre los huecos que las puertas que se disponen cada pocos metros forman a modo de recodo. Me parecen masas informes, sin rostros reconocibles. Avanzo sin remedio hacia la puerta del fondo hasta que una figura acurrucada en el suelo, con el rostro cubierto por un pelo negro, largo y rizado me hace parar. Me acerco con la esperanza de que seas tú, pero al contacto de mis dedos con el pelo, que ha formado una barrera de hielo a tu alrededor, te desvaneces como agua que se evapora, dejando un rastro de desesperación en mi cara. Al momento la puerta se abre para dar paso a un precipicio lleno de luz cegadora por el que me escurro mientras las baldosas que piso se hunden a cada paso que doy…
    
Imagen: fede1845

…Sobresaltado, sudoroso y seco, salto de la cama una vez más. Como un perro cuando merodea alrededor de su amo, esa pesadilla me acompaña en las últimas semanas. Son las 5 de la mañana, muy pronto para beber, pero la botella de ginebra reluce sobre el aparador al atraer la tenue luz que entra de la calle. Sentado sobre el suelo, con la espalda apoyada en la pared, la brasa de mi cigarro me sirve de guía para ponerme otra copa más.
     
A las 7, la alarma del despertador atruena mis oídos. Un resto seco de alcohol se acumula en mis labios. La ducha caliente y el café recién hecho me devuelven la lucidez suficiente para aferrar mi cartera, las llaves del coche y salir de casa.

En la calle el aire es fresco. A lo lejos, el cielo empieza a teñirse de colores anaranjados desvelando un nuevo día, dándome un nuevo impulso para continuar mi rutina matinal sin pararme a pensar en los movimientos que hago. Al contacto con la llave, el motor del coche comienza su particular juego de engranajes y ruidos que son más que familiares. Tras un mínimo silencio, la música comienza a filtrarse por los altavoces dejando escapar el suave néctar de sus melodías “Capitán de las alturas la belleza y la inocencia se perdieron…” Como una inyección, los acordes de Annapurna se mezclan en mi sangre inmunizándome de cualquier mal recuerdo “…ser tú mismo vulnerable y aceptarte… aunque tú cambies de rumbo porque aquí imperan leyes que no entienden…”

Sobre el asfalto de la recta avenida que afronto todos los días, hoy mi coche parece levitar. Al final de aquel pasillo que se desvanecía bajo mis pies veo por fin algo dónde asirme y aguantar la caída. Comprendo que por mucho que pase tú seguirás allí, guardada en lo más profundo de mi alma, sólo para mí. Aunque pase tiempo y no consiga verte, un reflejo de ti quedará siempre en un cajón de mi corazón.

Sentado en el sillón de mi despacho del piso 25 de esta montaña de oficinas que se yergue sobre la ciudad, me asomo al ventanal que me separa del precipicio urbano que hay sobre mis pies. Un hálito de esperanza florece en mi interior. A veces hay que subir muy alto para entender que la vida tiene sus propias reglas.

Publicado por Carlos Masó   

El inocente, de Ian McEwan

12/03/2012 2 Comments

Durante la primavera de 1956 llovió con fuerza en Berlín. Hubo inundaciones y muchos cables de teléfono y telégrafo se estropearon, provocando cortes en el suministro. Una de las líneas afectadas comunicaba el Berlín soviético con Moscú. En la medianoche del 22 de abril un grupo de cincuenta hombres trataban de arreglar el cableado, excavando en el suelo, cuando accidentalmente descubrieron un largo túnel con micrófonos: las conversaciones soviéticas, aunque encriptadas, estaban siendo escuchadas. En una ciudad en reconstrucción y plagada de espías, agentes dobles y militares, parecía que la lluvia había sacado a la luz la operación Gold.

La operación Gold había comenzado cinco años antes en Viena, otra ciudad también dividida, y bajo el nombre de Operación Silver. Una tienda de ropa tweed servía al MI6 británico como tapadera: en sus cimientos arrancaba un modesto túnel desde el cual acceder a las líneas de comunicación enemigas. Pese a que los mensajes soviéticos se transmitían encriptados, la máquina de envío producía un débil eco electrónico, conteniendo el mensaje original antes de ser cifrado. Para alcanzar ese eco se debía estar cerca del emisor, y de ahí la necesidad del túnel. Como si de un argumento de Woody Allen se tratara, el éxito de la tienda de ropa tweed interfería con la operación, y tuvo que ser cerrada.

El túnel de Berlín concluía en un edificio militar americano, próximo al aeropuerto, y con una antena postiza en su tejado. En su interior Ian McEwan sitúa el despacho de su protagonista, Leonard Marham, un británico encargado de supervisar las máquinas de escucha. The innocent (1990) es el recuento de su vida en Berlín, y ofrece una ficción que supera y arolla, con la fuerza de un tsunami, a la realidad. La atención del lector queda enganchada a la acción de su protagonista, a la representación nítida de su vida cotidiana, su despertar sexual, el amor, los celos, la violencia, el miedo, el conflicto de su identidad británica frente a la alemana, ganador y vencido, y en un segundo plano ese gran decorado histórico que palidece tras sus sentimientos; y ahí reside el gran valor de su novela, pues solo al terminarla, y no antes, uno bucea en la red buscando todos los detalles posibles de la historia real, pero sabiendo que la realidad, aunque fascinante, no alcanzará nunca el vértigo de las páginas leídas.

La operación Gold duró apenas un año, y se interceptaron un millón de llamadas. Pese a ser un éxito técnico, nunca se concluyó el valor real de lo escuchado, salvo para aliviar el miedo de la CIA a una guerra nuclear. George Blake, un agente doble británico, y que tiene un cameo en la novela, informó a los rusos de esta operación desde sus comienzos. La KGB, advertida del proyecto, habría decidido que la construcción del túnel continuara, y utilizado otras líneas de comunicación entre Berlín y Moscú, hasta que, once meses después, publicitara su falso descubrimiento.

Este desconocido episodio de la Guerra Fría es transformado en las manos de Ian McEwan. Uno empieza la lectura pensando que tiene en sus manos una novela sobre espías, pero a mitad del libro aparece una bisagra que cambia el sentido de la historia: la inquietud se multiplica y uno acaba la obra con una satisfacción profunda de alivio, pero también tristeza por alcanzar el final del texto. Las historias de amor y del túnel se mezclan: el amor tiene la cualidad claustrofóbica del túnel, y el destino de éste es tan imprevisible como el del amor. La narración de la vida privada de los personajes centra el eje del libro, y el autor lo hace tan de cerca y con tal precisión que, como en un primer plano cinematográfico, desenfoca el fondo: la escena del rellano frente a la puerta del apartamento, entre Leonard y su vecino de la planta baja, o la opresiva estancia donde coinciden Otto, María y Leonard, en un momento clave de la novela, son páginas magistrales, donde uno puede escuchar incluso la respiración de quien habla o calla, el temporizador de luz de la escalera, la ansiedad que domina los personajes. La cercanía es mínima entre el lector y lo narrado, y uno olvida que detrás de las ventanas existe una Berlín dividida en bloques, aturdida aún y en proceso de reconstrucción, y no es sino porque delante de nuestros ojos se despliega, gracias a la calidad literaria de Ian McEwan, una ficción excitante, necesaria, y profundamente real, que ningún lector olvidará fácilmente.


     DANIEL DILLA