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Oso, de Marian Engel

7/09/2015 Comenta

Lou trabajaba en la biblioteca de un instituto canadiense, en Ontario. Vivía encerrada entre libros, mapas, manuscritos... en el sótano del instituto, como si fuera un topo. Un día recibió un encargo curioso del director de su centro. Debía partir al norte (al norte del norte, se entiende, porque Canadá ya está al norte de América del Norte, je, je). El instituto donde trabajaba había recibido la noticia de que el pleito que mantenía sobre la propiedad Cary se había resuelto finalmente a su favor. Se trataba de una mansión victoriana, situada en un islita canadiense. Allí debería realizar un exhaustivo inventario de los libros que albergaba la biblioteca de la mansión (porque, según el testamento, los libros no podían salir de la casa) y tendría que hacerse cargo de otros asuntos imprevistos, como por ejemplo, de la existencia y cuidado de un oso que no le fue comunicada hasta que había hecho el viaje y se había entrevistado con su enlace. Éste no era otro que Homer, dueño de una tienda en el poblado más próximo a la propiedad. Homer la acompañará en el tramo final del viaje, donde deberán utilizar una barca para llegar a la mansión y acarrear las provisiones. Homer le mostrará las instalaciones, le enseñará a encender lámparas, dónde está la leñera, cómo encender el fuego, etc. Lou necesitará pocas explicaciones para manejarse con soltura y aprenderá rápido a manejarse con la barca para desplazarse río arriba y río abajo cuando necesite recoger o enviar correspondencia o comprar alimentos en la tienda de Homer.

Los días pasan y Lou se entrega con entusiasmo, tanto al trabajo con los libros, como al disfrute de la naturaleza que tiene a su alcance: el bosque, el río, la laguna, los olores, el silencio, los cantos de las aves, las nieves primaverales, los animales que se dejan observar... y el oso que se halla atado con una cadena en un viejo establo. Todo resulta un regalo para sus sentidos.

Cumple sus jornadas de trabajo en la biblioteca con responsabilidad, a pesar de ser la única habitante de la isla y se ocupa del oso, de mejorar sus condiciones de vida. Primero se acerca a darle de comer y comprueba que es bastante manso; a los pocos días, lo lleva atado de la cadena hasta el río para que se lave, luego se bañan juntos; va perdiendo el posible miedo que pudiera tener y la relación empieza a ser más estrecha; le permite que entre en casa, que se tumbe cerca del hogar encendido e incluso que suba hasta su habitación... Día a día, la relación entre la mujer y el animal se hace más íntima. Una noche, cerca del fuego, Lou siente calor y se desnuda y acaricia al oso, que sigue a su lado adormilado; cuando despierta de su sopor y ve a Lou, comienza... 
“El oso lamía. Buscaba. Lou podría haber sido una pulga a la que él estaba persiguiendo. Le lamió los pezones hasta que se le pusieron duros y le relamió el ombligo. Ella lo guió con suaves jadeos hacia abajo. Movió las caderas: se lo puso fácil.
—Oso, oso— susurró, acariciándole las orejas. La lengua, no solo musculosa sino también capaz de alargarse como una anguila, encontró todos sus rincones secretos. Y, como la de ningún ser humano que hubiera conocido, perseveró en darle placer. Al correrse sollozó, y el oso le enjugó las lágrimas”. 
Y este acto erótico, contado con toda naturalidad, será el preludio de otros encuentros que la autora insinúa con delicadeza.

El trabajo de Lou está llegando al final y va recibiendo cartas de su director para que vuelva... Y ahí la protagonista nos explica por qué el citado tiene ganas de que Lou regrese. Antes de regresar tiene algún desencuentro con su protector Homer, que le ayuda en algunas tareas para las que se necesitan más manos y más fuerza, y también algún encuentro posterior para mitigar el anterior desencuentro. Lou se muestra, en todo momento, como una responsable bibliotecaria, realizando su trabajo en un entorno especial, pero también como una mujer sensitiva que protagoniza una novela que es también un canto a la naturaleza, con un singular componente erótico. De hecho, 'Oso' es una obra maestra de la literatura canadiense (al decir de los expertos) y también de la literatura erótica universal. En definitiva, un libro bien escrito que se lee con placer y que nos sumerge en una historia bastante sorprendente.


Marian Engel era hija de una pareja de maestros, instalados en un pueblecito de Ontario. Esta novela la publicó por primera vez en 1976 y parece que causó un cierto escándalo en una sociedad puritana como la canadiense.

Oso. Marian Engel. Traducción de Magdalena Palmer. Impedimenta. ISBN:978-84-15979-56-2. Madrid, 2015. 168 páginas. 20,95 euros. COMPRAR 'Oso' en Amazon.

Reportaje al pie de la horca, de Julius Fučík

7/01/2015 1 Comment

Sorprendente comienzo (con una metáfora cinematográfica) el que nos regala Fučík en esta reflexión, con la que se inicia este libro, bajo el titular: “Escrito en la cárcel de la Gestapo en Pankrác, durante la primavera de 1943”:
“... Alguien, un día —quizá nunca sepamos quién ni cuándo—, llamó a este cuarto del Palacio Petschek —salón cinematográfico—. ¡Qué idea tan genial! Una sala espaciosa, seis largos bancos en filas apretadas, ocupados por los cuerpos inmóviles de los reos y frente a ellos la pared limpia como una pantalla de cinematógrafo. Ni las productoras de todo el mundo han podido rodar tantos filmes como los proyectados por los ojos de los reos sobre el mu­ro, en espera de nuevo interrogatorio, de la tortura, de la muerte. Películas de vidas enteras o de los más pequeños fragmentos de la vi­da; películas de la madre, de la esposa, de los hijos, del hogar destruido, del porvenir destrozado; películas de camaradas valerosos y de la traición; películas del hombre a quien entregué aquella octavilla, de la sangre que correrá otra vez, del fuerte apretón de manos, del compromiso de honor; películas repletas de terror y de decisión, de odio y de amor, de angustia y de esperanza. De espaldas a la vida, cada uno, contempla aquí, diariamente, su propia muerte. Y no todos resucitan...”.
Praga, ciudad con un fecundo pasado histórico y mitificada, entre otros acontecimientos, por su famosa “primavera” de 1968 que acabó con la invasión soviética de la entonces Checoslovaquia, había vivido, veinticinco años antes, acontecimientos terribles bajo la ocupación nazi. Y fue en la primavera de 1942 cuando el autor de este libro fue detenido por la Gestapo y confinado en una de sus cárceles, el Palacio Petschek, primero y seguidamente en la prisión de Pankrác de la capital checa.

Julius Fučík había nacido a comienzos del siglo (en 1903) y era periodista y escritor reconocido, afiliado al Partido Comunista de Checoslovaquia. Desde su detención hasta su muerte en la horca, pasaron un año y cuatro meses, transcurridos como preso de la Gestapo, sometido a torturas sin nombre para que hablara y delatara a personas que, desde la clandestinidad, estaban tratando de organizarse para luchar contra la ocupación alemana. No consiguieron doblegar su firme voluntad de mantenerse callado y no dar ni una sola información que pudiera poner en peligro la vida de otras personas...

La lectura de este libro, de este curioso reportaje de las propias vivencias que van a conducir a quien las escribe a la muerte (sin duda, una muerte anunciada) produce una notable inquietud. Ya solo la lectura del primer capítulo, titulado “Veinticuatro horas” te lleva a pensar si no será mejor dejar este libro y buscar otra historia más amable... Finalmente, decides continuar para ir descubriendo cómo, en medio del inmenso dolor de las torturas, de la posible desesperación ante la inevitable muerte final, un hombre saca fuerzas del interior para no doblegarse, para cumplir con su deber de dejar constancia de lo que está viviendo; aún tiene tiempo de retratar a algunas de las personas de su entorno en prisión y reconocer en algunos de sus guardianes actitudes dignas de ser reseñadas y escritas para que sean conocidas cuando él ya no esté..., como la del guardián que le proporcionó papel y lápiz para que pudiera escribir y sacó clandestinamente de la cárcel las hojas manuscritas que la compañera de Fučík pudo convertir en este libro, traducido a más de 80 idiomas.

Julius Fučík, habitante de la celda 267, caminaba hacia la muerte cantando “La Internacional”, según cuenta su esposa Gusta Fučíková y la despedida que deja el escritor en su último texto, fechado el 9 de junio de 1943 es un lacónico: “Hombres: os he amado. ¡Estad alerta!”. Seguimos alerta porque el mal habita entre nosotros.

Este emotivo y duro “reportaje” refleja cómo algunas personas, en situaciones límite, tuvieron una reacción de enorme dignidad y valentía; de una sangre fría y una determinación ejemplares y sintieron en su interior una extraña fuerza que los mantuvo con la cabeza alta, incorruptibles, sabedores de que sus pequeñas acciones podrían contribuir a dejar un futuro mejor para quienes tuvieran la fortuna de vivir en él. Eran seres de una pasta especial, como Julius Fučík, recordado en su país y al que, si lees este libro, no olvidarás.

Esta edición de Navona Editorial se abre con un poema que Pablo Neruda dedicó a Julius Fučík; poema que también se reproduce en la contraportada del libro, y que comienza así:
“Por las calles de Praga, en invierno, cada día, / pasé junto a los muros de la casa de piedra / en que fue torturado Julius Fučík / ...”.
Para terminar esta reseña, aunque pueda parecer consejo innecesario, sugerir una vez finalizada la lectura del libro (o tras la finalización de un capítulo cualquiera) realizar búsquedas en Internet de algunos nombres que aparecen en el texto, sean de personas, de ciudades, de instalaciones y ver fotografías o leer informaciones complementarias; es decir, aprovechar la tecnología para alargar la dimensión del libro leído, siempre que sea posible.

Reportaje al pie de la horca. Julius Fučík. Traducción de Libuse Prokopová. Epílogo de Lea Vélez. Navona Editorial. ISBN 978-84-16259-13-7. España, 2015. 144 páginas. 13 euros. COMPRAR 'Reportaje al pie de la horca' en Amazon.

Tortilla Flat, de John Steinbeck

5/29/2015 1 Comment

No había oído hablar de esta novela. Llegó a mis manos de pura casualidad, pero me lo he pasado “pirata” leyéndola. Es puro desenfado. Perfectamente actual, a pesar de estar escrita en 1935. Y también perfectamente “antigua”, pues uno ve ramalazos del Lazarillo en algunos comportamientos... Es una novela picaresca, ambientada en Monterrey (California), que retrata el modo de vida de un grupo de personas (los “paisanos”: mezcla de indios, hispanos y diversas razas caucásicas...), desposeídos de bienes materiales (indigentes o marginados serían denominados, hoy en día) que tienen un alto concepto de la amistad y de la libertad personal. Esas dos son sus grandes banderas y beber vino su más entrañable afición.

Muy pronto, uno de los protagonistas, Danny (sobre el que giran, en parte, los acontecimientos) hereda dos casas viejas en las colinas de Monterrey. Están situadas en medio de bosques de pinos, en la zona denominada Tortilla Flat (Llano de la Tortilla) y allí van a ir encontrando refugio el resto de los amigos que tantos días y noches pasaron a la intemperie: Big Joe el Portugués, Jesús María Corcorán, Pablo Sanchez, Pilón, El Pirata, Tito Ralph... Importante papel tienen también quienes, aún sin vivir con ellos, aparecen en el libro y en sus vidas de manera intermitente; gente como Dulzuras, Cornelia Ruiz, Torrelli (el propietario del bar más próximo), la señora Morales, Teresina...

Sus vidas transcurren al margen de los latidos de la sociedad y aprovechan todas las rendijas posibles de la misma para llevar adelante su existencia que, como ya hemos sugerido, está jalonada por una aversión al trabajo, un vagabundeo sin prisas, una fraternal camaradería, un amor desmedido al vino, algunos ramalazos de lujuria y un alto concepto de la libertad. Todos, personajes excéntricos, pero muy reales, con relaciones personales complicadas y, en muchas ocasiones, divertidas que nos hacen sonreír, pero que también invitan a la reflexión. Son gente buena, generosa, ingenua y feliz que se han desentendido de convenciones sociales, que no trabajan, ni pagan impuestos; a quienes les gusta tomar el sol, disfrutar de la pereza, estafar a sus vecinos y beber vino en grandes cantidades; pero que son capaces de proteger a otros como ellos y ayudar a quien lo necesite, aunque lo hagan, en ocasiones, como dice el traductor en el prólogo, en plan filibustero.

Como ejemplo del tono humorístico, utilizado por Steinbeck, reproduzco el siguiente fragmento en el que se narra la conexión entre la afición a beber vino y a comunicar sentimientos; dos cuestiones que —según el autor— van indisolublemente unidas, cuando se trata de beberse dos garrafas de vino: 
“Espiritualmente, los tragos pueden graduarse así: justo bajo el gollete de la primera botella, conversación seria y reposada. Cuatro centímetros más abajo, tristes y dulces nostalgias. Cinco centímetros más, recuerdos de viejos amores felices. Dos centímetros, recuerdos de viejos amores desdichados. Fondo de la primera botella, una vaga tristeza general. Gollete de la segunda botella, negro e impío abatimiento. Dos dedos más abajo, una canción sobre la muerte o la añoranza. Un pulgar, cualquier otra canción que uno conozca. Las graduaciones se detienen aquí porque se pierde todo rastro y ya no es posible ninguna certeza. A partir de este punto cualquier cosa puede ocurrir”.
El libro se lee con alegría porque Steinbeck lo cuenta todo con inteligencia y sentido del humor. En definitiva, su lectura garantiza un tiempo de goce intelectual, de modo que si dispones de unas tres horas libres, puedes hacerte este regalo. Yo, te lo recomiendo.

Tortilla Flat. John Steinbeck. Traducción de José Luis Piquero. Navona Editorial. ISBN: 978-84-16259-09-0. Barcelona, 2015. 272 páginas. 14 euros. COMPRAR 'Tortilla Flat' en Amazon.

Los mejores cuentos del Gran Norte, de Jack London

4/08/2015 2 Comments

Leyendo estos cuentos se pasa realmente frío, mucho frío. He disfrutado de una prosa recia y minuciosa que me ha hecho vivir lo que London cuenta con una gran dosis de realismo. No se puede leer de otra manera a este hombre que también sucumbió un tiempo a la fiebre del oro del Klondike y que, por tanto, sabe de lo que habla. La lectura de estos relatos es una experiencia muy física porque notas cómo las condiciones meteorológicas se apoderan de ti, aunque estés cerca de un radiador de calefacción…

Uno imagina el espacio geográfico en el que estos cuentos desarrollan su acción, como una de las últimas fronteras de supervivencia, como uno de los lugares más inhóspitos del planeta, en el que los hombres, los perros y la ambición se enfrentan a un clima brutal, a esfuerzos sobrehumanos y ponen a prueba la capacidad de relación y el instinto para sobrevivir en las peores condiciones posibles. Son relatos tan realistas que la lectora y el lector —como he dicho anteriormente con la sensación de frío— sienten los golpes que reciben los perros o la crueldad con la que son tratados, pero también la tristeza ante quien, estoicamente, espera la muerte en la soledad del infierno blanco o la soledad definitiva de quien camina hacia la muerte por congelación mientras la cabeza pretende llevarlo a un refugio salvador que nunca llega. Vivimos la angustia ante la imposibilidad de encender una hoguera salvadora y nos enfurece el trato desconsiderado que reciben algunas mujeres que aparecen en algunos relatos.

"Ley de vida"; "Bâtard"; "La historia de Jees Uck"; "Amor a la vida"; "La fe de los hombres"; "Un día de alojamiento"; "Brown Wolf"; "Encender una hoguera". Estos son los ocho títulos de los ocho relatos que contiene este volumen. Todos ellos escritos con maestría; en algunos casos con la minuciosidad que solo es posible si quien escribe ha vivido y conoce bien los entresijos de lo que cuenta. London propone finales inesperados que, en ocasiones, son ya un alivio a tanto frío, a tanto sufrimiento o que mejoran el final que uno piensa que va a tener aquella historia. Y, en medio de esa violencia extrema, se alzan, a veces, comportamientos solidarios, actitudes compasivas... Ese hombre que ha viajado hasta los confines de Alaska y que se ve puesto a prueba hasta el límite, que muestra ese lado violento de lobo solitario, mantiene algunos comportamientos que certifican su condición humana. Y hay algunas lecciones, en ese sentido, que descubriremos leyendo esta colección de relatos. 

El Gran Norte, el Océano Glacial Ártico, el Mar o el Estrecho de Bering, Alaska, Klondike, Yukón... son nombres asociados a la fiebre del oro, la ambición, el sufrimiento, la lucha por la supervivencia y también la muerte… Una geografía poblada de alces deseados, de lobos temidos, de esquivas perdices nivales…; de un frío brutal, de congelaciones instantáneas, de soledades y fracasos; de ríos helados y trampas escondidas… Todo eso se hace presente leyendo estos relatos magistrales de Jack London que no te dejarán indiferente y, casi seguro, te animarán a tomar un atlas (en papel o en versión digital —Google Maps—) para recorrer con el dedo y la mirada el curso del Yukón y algunos de sus afluentes: Porcupine, Koyukuk, o las crestas del monte Mckinley y visualizar las recortadas y accidentadas costas de Alaska, mientras evocas momentos de la lectura. En todo caso, ¡abrígate, si decides sumergirte en estos territorios blancos!

Los mejores cuentos del Gran Norte. Jack London. ISBN: 9788496707610. Navona Editorial. Colección Reencuentros. Barcelona, 2008. 208 páginas. 12,50 euros. COMPRAR 'Los mejores cuentos del Gran Norte' en Amazon.

La cocinera de Himmler, de Franz-Olivier Giesbert

3/11/2015 3 Comments

Rose (al principio Rouzane, como su abuela armenia) es la protagonista narradora de este libro de título enigmático. Y estos son sus siete mandamientos (para que el posible lector o la posible lectora, vayan entrando en calor), devenidos en consejos fundamentales:

1. Vivid cada día como si fuera el último.
2. Olvidadlo todo, pero no perdonéis nada.
3. Vengaos los unos de los otros.
4. Desconfiad del amor: se sabe cómo se entra pero no cómo se sale.
5. No dejéis nunca nada en vuestro vaso, ni en vuestro plato, ni a vuestra espalda. 
6. No dudéis en caminar contra corriente. Solo los peces muertos la siguen.
7. Moríos vivos.

Con ese sistema de creencias y adhesiones, es más que evidente que estamos ante un personaje femenino de enorme fortaleza. Rose mira hacia atrás, desde sus 105 años de vida y va escribiendo sus memorias. Una larga vida llena de emociones fuertes, cambios de escenario y experiencias vitales al límite. No en vano, es una superviviente de tres de las más grandes catástrofes humanitarias del siglo XX: el genocidio armenio, el holocausto y el sangriento experimento maoísta.

La de Rose es una vida jalonada por la muerte. Ella misma, en el libro, cuenta que, en ocasiones, siente esa pesada presencia de todos los muertos de su vida: su madre, su padre, sus hermanos y hermanas, su marido Gabriel, sus hijos y otros compañeros posteriores, hasta su nieto al que no conocía... Una larga lista de personas que fueron importantes en diversos momentos de su existencia, pero que el destino (o la historia, como le gusta decir) borró de un plumazo, de la manera más brutal y terrible. Pero, a la vez, su empuje vital la hace ponerse siempre al lado de la vida.

Sus experiencias “al límite”, empiezan cuando queda como la única superviviente de su familia en la masacre del pueblo armenio en 1915, siendo todavía una niña. Encontrada y regalada a un adulto, se ve viviendo y observando en un pequeño burdel para aprender cómo comportarse dando placer a los hombres que irán siendo sus dueños. Desde esa infancia endurecida, la niña Rouzane irá haciendo una lista de personas con las que piensa ajustar cuentas cuando sea mayor... De ese tiempo, negro y brutal, data su encuentro con Teo (nombre de una salamandra que encuentra en su huida y que le acompañará durante algunas décadas, como “confidente”), que le reconforta y acompaña. Desde las orillas del Mar Negro viaja hasta Marsella, a bordo de El Otomano, al servicio de Nazim Enver, prestada por su anterior amo.

Huida de Marsella y de su “protector”, se refugia en la Alta Provenza en casa de la pareja formada por Scipion Lempereur (campesino de Sainte-Tulle, dedicado a las ovejas, los melones y los calabacines) y de su esposa Emma (mujer culta, lectora, excelente cocinera...) quienes habían perdido a sus cuatro hijos en la guerra y que acaban por adoptar legalmente a Rose. “Por las noches, antes de dormirme junto a mi gato, leía libros como en casa de Salim Bey (su primer dueño). El que más me marcó fue Les Pensées de Pascal, del que Emma me había dicho que era, de todos los libros de ese género, el que más se acercaba a la verdad, puesto que llegaba hasta el final en todas las contradicciones: Dios, la ciencia, la nada y la duda”. Pasó cinco años sintiéndose querida y protegida, hasta la muerte de sus dos benefactores. La pareja que vendrá a la granja de los Lempereur a hacerse cargo de la misma, volverán a maltratarla hasta que decide huir con Gabriel, experto castrador de todo tipo de animales.

El encuentro con Gabriel (con antepasados judíos, desconocidos por él) será definitivo en ese tiempo en el que se había truncado la apacibilidad de la vida. Con él vivirá enamorada y feliz, dedicada en cuerpo y alma a su negocio de restaurante muy apreciado en Marsella; con él tendrá dos hijos, pero, finalmente perderá a los tres, tras una separación, querida por él y lamentada por ella (como consecuencia de algunos deslices sexuales con uno de los clientes del restaurante); coincidiendo con aquel tiempo en el que Europa volvió a sangrar bajo las botas despiadadas de los nazis. Y Rose, afamada cocinera, toda la vida entre fogones y otros ardores, acabó al lado de Himmler, uno de los personajes más odiados de aquel tiempo y viviendo otro episodio de violencia personal... Viajó a Nueva York para librarse de los fantasmas que la perseguían. De nuevo, abrió un local de comidas y allí se volvió a casar; a la muerte de su marido, viajó a China. En Pekín conoció, amó y perdió a Liu y regresó a Marsella, a continuar con sus negocios de restauración...

Su periplo vital la llevó de un lado a otro: Kovata (Armenia), Mar Negro, Trebisonda, Mediterráneo, Marsella, Alta Provenza, París, Berlín, Baviera, Berchtesgaden, Nueva York, Chicago, Pekín... y finalmente Marsella, desde donde escribe sus memorias. Las circunstancias de la vida y su sensualidad a flor de piel, le hicieron conocer a muchos hombres: Gabriel, Gilbert, Heinrich, Frankie, Nelson, Liu... que dejaron diferentes huellas en su cuerpo y en su alma. También conoció a otros, aquellos que fue apuntando en un papel a lo largo de su vida y que fue eliminando sin dejar rastro. Finalmente, cuenta en el libro: “Tras haber conocido a muchos hombres, había decidido, cumplidos los sesenta, pasarme a las mujeres”, fue cuando conoció a la maliense Kady con quien se emparejó también hasta la prematura muerte de esta.

Dice Rose sobre sus memorias: “Escribo por las mañanas, pero también por las noches, frente a un vasito de vino tinto. Mojo mis labios, de vez en cuando, por placer, y cuando se me va la inspiración bebo un trago para recuperar las ideas”. Y ahí la encontramos, protagonizando una novela que nos engancha desde el principio e incorporándose ya –una vez leído el libro y conocida su aventura– a nuestro bagaje de personajes singulares, contundentes, que viven en los libros, pero que ya nunca olvidaremos.


     MARIANO CORONAS
                                                               

El libro de los susurros, de Varujan Vosganian

2/11/2015 3 Comments

El libro de los susurros tiene un título que puede confundir... Leyéndolo, te das cuenta muy pronto de que bien pudiera haberse titulado El libro de los gritos. Porque lo que aquí se cuenta no es precisamente una acción poética o una historia bucólica. Aquí se pasan cuentas sobre un acontecimiento lento, pero brutal, como fue el genocidio armenio. Uno siente los gritos de desesperación de las decenas de miles de personas, de toda edad y condición, que fueron conducidas, como si fueran ganado, hacia una muerte terrible. Los armenios fueron expulsados de sus tierras y llevados, caminando, hacia su propio final: los que no morían por el camino, de sed, de enfermedades o de los golpes recibidos..., eran asesinados al final del viaje para el que no había destino geográfico concreto... El final siempre coincidía con la muerte.

En algunos pasajes del libro, el autor da un ligero descanso al lector o la lectora, permitiéndole recrear costumbres, gastronomía, el fotógrafo ambulante, la importancia de los libros..., en una suerte de contribución etnográfica, que diluye momentáneamente la tensión y la incertidumbre constante que rodea a la lectura y la suerte dramática que se adivina en el porvenir de la inmensa mayoría de los anónimos protagonistas: hombres, mujeres y niños que son abandonados a un destino terrible.

Llama la atención la increíble crueldad de las tropas otomanas y luego turcas (supuestamente protectoras y cuidadoras de los que eran conducidos...); y el hecho de animar a otras minorías: tártaros, chechenos, etc., a robar, violar y matar a los contingentes de famélicos armenios que eran conducidos a los distintos círculos de la muerte. “Qué diferencia entre la humildad de los que mueren y la soberbia de los que matan...”, llega a decir el narrador-autor. Los consulados de varios países europeos y norteamericano sabían perfectamente lo que estaba ocurriendo, y aunque transmitían informes a las metrópolis correspondientes, no hubo acciones decididas para acabar con una especie de ensayo de lo que años más tarde ocurrió a gran escala en los campos de la muerte del tercer reich; porque lo que cuenta este libro, ocurre en 1915. 

Este año, en abril, se cumplirá el centenario de tanta brutalidad. Es de suponer que asistiremos a actos de recuerdo de las víctimas, por parte de sus descendientes, y probablemente, a algún intento de conseguir que la cerrazón y la negativa turca a reconocer el genocidio armenio, se tambalee. Fue el 24 de abril de 1915 cuando centenares de intelectuales armenios fueron detenidos, secuestrados y en su mayor parte asesinados. A ese descabezamiento simbólico de la gente notable de la etnia armenia, le siguió ya todo lo demás: las deportaciones, las persecuciones y la muerte.

Leer este libro en invierno, produce además, una sensación física de frío intenso, terrible, porque uno imagina el deambular de miles de víctimas inocentes por las estepas centrales del Cáucaso o del interior de Turquía y de Siria, con una capa de escarcha o de nieve y temperaturas de varios grados bajo cero y no puede evitar sentir los latigazos del frío que se juntan con los que se reciben en el interior al leer tanta barbaridad, tanta crueldad, tanta desolación, tantos muertos...

Dice el autor que “El libro de los susurros no es un libro de historia, sino de estados de conciencia... Cosas como las que aquí se narran les han ocurrido siempre a gentes de todas partes. En realidad, El libro de los susurros, en su sustancia, vale para cualquier tiempo, como una coral de Bach, como una puerta estrecha por la que entran los hombres...”, lo que nos llevaría a reflexionar larga y profundamente sobre el precio que ha pagado la humanidad por la “construcción histórica de la civilización”.

Y quiero terminar esta reseña, con una cita (en el libro hay muchas para copiar y guardar) del principio del mismo. Dice el autor y narrador: “Los viejos de mi infancia tomaban el café a las seis de la tarde. El ceremonial de preparación dirigía ya la conversación por una vía reposada. Se hacían sitio entre los cojines. Se bebían el café sin prisas, sorbiéndolo ruidosamente y chasqueando la lengua satisfechos. Era el momento en que, a pesar de las emigraciones, de los recuerdos sangrientos y del paso del tiempo, el mundo parecía inalterable y sosegado y las almas, reconciliadas”. Un estado de ánimo admirable, después de la desaparición de más de un millón de compatriotas... Algo que parece imposible de lograr a medida que el lector asiste desolado al fluir de los acontecimientos.


     MARIANO CORONAS
                                                               

La biblioteca secreta, de Haruki Murakami

1/14/2015 1 Comment

Un adolescente acude a la biblioteca pública a devolver unos libros que tomó prestados. Es atendido por la bibliotecaria (“una mujer desconocida que leía un grueso volumen...”). Formalizada la devolución, el chico le dice que está buscando un libro y la mujer le indica que baje unas escaleras y se dirija a la sala número 107.

A partir de aquí, el protagonista comienza a vivir una experiencia kafkiana, una auténtica pesadilla que no logra explicarse... En los sótanos de la biblioteca se encuentra con pasadizos lúgubres, mazmorras húmedas y seres inquietantes como el hombre-oveja o la bella muchacha muda, con quienes va a relacionarse frecuentemente. Poco a poco, tomará conciencia de su situación y tratará de controlarla para salir de allí...

La adolescencia es un tiempo de desorientación, una travesía hacia el mundo adulto. El protagonista deberá hacer frente a los desafíos inesperados y dar ese salto en soledad, con valor y decisión..., porque la fantasía y la realidad se confunden, en ocasiones. 

Es una narración corta, absolutamente enigmática, ilustrada de manera notable por Kat Menschik que construye, con llamativos primeros planos de rostros y objetos y tonos cromáticos con predominio del negro, de la gama de marrones y toques concretos de rojo, un complemento estupendo a la narración.

...

No soy lector de Murakami, pero creo que esta historia es atractiva y recomendable. ¡Ah, y que nadie tema, a partir de esta lectura, entrar en las bibliotecas! Las hay con sótanos y desvanes, pero es difícil encontrar en el interior de ellas complicados laberintos que pongan a prueba tu capacidad de atravesarlos y no quedar atrapado en su interior... La adolescencia bien podría ser, de algún modo, un laberinto que hay que atravesar, con diferentes grados de dificultad para cada adolescente. 

De algún modo, el autor resume lo que digo en esta cita: “El peligro de los laberintos radica en que, hasta que no avanzas un buen trecho, no sabes si has elegido o no el camino correcto. Y cuando llegas al final y te das cuenta de que te has equivocado, ya suele ser demasiado tarde para retroceder”; cita que los editores han escogido también para colocar en la contraportada del libro.


     MARIANO CORONAS
                                                               

La utilidad de lo inútil, de Nuccio Ordine

12/17/2014 1 Comment

No recuerdo dónde leí este título, pero mi interés por conseguir el libro y leerlo fue automático. Tal vez fuera por la cantidad de veces que he pensado que hacía cosas “inútiles” y me dije: “tal vez halle aquí una explicación para desautorizarme o para proporcionarme argumentos que me permitan seguir pensándolo y haciéndolo, pero sin culpabilizarme…”. El libro es, en realidad, una especie de ensayo, trufado de citas y aportes de un innumerable listado de autores y autoras actuales y antiguos que han considerado que había que apostar por aquello que no necesariamente deba traducirse en rendimientos económicos, en beneficios contables.

Llegados a este punto, convendrá tomar en consideración las palabras que el autor del libro deja escritas en la Introducción: “Existen saberes que son fines por sí mismos y que –precisamente por su naturaleza gratuita y desinteresada, alejada de todo vínculo práctico y comercial- pueden ejercer un papel fundamental en el cultivo del espíritu y en el desarrollo civil y cultural de la humanidad. En este contexto, considero útil todo aquello que nos ayuda a hacernos mejores”.

La verdad es que estamos ante un libro curioso. He dicho con anterioridad que era una especie de ensayo; aun así, si puede calificarse de ensayo, es un ensayo muy particular. Ordine, sin solución de continuidad, enlaza sus análisis y opiniones sobre distintos autores, con fragmentos textuales que ensalzan lo “inútil” o, por lo menos, ponen entre paréntesis y cuestionan que deba ser la utilidad quien oriente y organice los procesos creativos en el arte en general y también en la vida. Dice Théophile Gautier, uno de los citados: “Sólo es realmente hermoso lo que no sirve para nada. Todo lo que es útil es feo, porque es la expresión de alguna necesidad y las necesidades del hombre son ruines y desagradables, igual que su pobre y enfermiza naturaleza. El rincón más útil de una casa son las letrinas”.

Ordine rastrea obras y vidas y allí encuentra y presenta su extenso argumentario: Cien años de soledad y García Márquez; Petrarca y Dante; La isla del Tesoro y Jim Hawkins; Shakespeare y El mercader de Venecia; Aristóteles y Platón; Kant y Ovidio; Montaigne, Leopardi, Gautier, Baudelaire, John Locke, Boccaccio, García Lorca; Cervantes y Don Quijote… Dice el autor de este último: “Todas sus empresas están inspiradas por la gratuidad, por la única necesidad de servir con entusiasmo a sus ideales…”. Y seguimos con Charles Dickens, Martín Heidegger, Kakuzo Okakura, Eugene Ionesco, Italo Calvino, Emil Ciorán, Doris Lessing…

En otro momento del libro, su autor, escribe: “Sin esta dimensión pedagógica, completamente ajena a toda forma de utilitarismo, sería muy difícil, ante el futuro, continuar imaginando ciudadanos responsables capaces de abandonar los propios egoísmos para abrazar el bien común, para expresar solidaridad, para defender la tolerancia, para reivindicar la libertad, para proteger la naturaleza, para apoyar la justicia…”.
Físicamente, el libro consta de tres partes, una bibliografía y un apéndice. La primera parte lleva por título: “La útil inutilidad de la literatura”. La segunda parte se inicia con este encabezamiento: “La universidad-empresa y los estudiantes-clientes” y la tercera parte posee un título algo más enigmático: “Poseer, mata: «Dignitas hominis», amor, verdad”. El apéndice es un texto de Abraham Flexner, titulado de manera muy elocuente: “La utilidad de los conocimientos inútiles”.

“En los próximos años habrá que esforzarse para salvar de esta deriva utilitarista no sólo la ciencia, la escuela y la universidad, sino también todo lo que llamamos cultura… Porque sabotear la cultura y la enseñanza significa sabotear el futuro de la humanidad [...] Hace algún tiempo tuve la ocasión de leer una frase simple, pero muy significativa, inscrita en el tablón de anuncios de una biblioteca de manuscritos en un perdido oasis del Sahara: El conocimiento es una riqueza que se puede transmitir sin empobrecerse […] Al contrario, enriqueciendo a quien lo trasmite y a quien lo recibe”, escribe Nuccio. Si has leído esta reseña hasta este punto, estoy seguro de que te habrán entrado ganas de buscar, encontrar y leer este libro, como me pasó a mí en su día...

Y, por si no tienes bastante con todo lo que aquí hay contenido, puedes sumergirte en la lectura de otro título muy interesante de Martha Nussbaum, 'Sin fines de lucro', al que se hace referencia en el libro de Ordine. Y es que los libros se van enlazando unos con otros y su poder de seducción nos impide, en muchas ocasiones, no caer en la dulce tentación de la lectura… Y que así siga y sea.

La utilidad de lo inútil. Nuccio Ordine. Acantilado. ISBN: 978-84-15689-92-8. España, 2013. 171 páginas. 9,50 euros. COMPRAR 'La utilidad de lo inútil' en Amazon.

Homenaje a Cataluña, de George Orwell

11/19/2014 Comenta

A pesar del título del libro, la tercera parte del mismo transcurre en el Frente de Aragón; una experiencia, la que vivió el autor en estos pagos aragoneses que le llevó a escribir párrafos como el que sigue: “Las milicias de trabajadores, basadas en los sindicatos e integradas por gente de aproximadamente las mismas ideas políticas, tuvieron el efecto de canalizar los sentimientos más revolucionarios del país. Yo había ido a parar, más o menos por casualidad, a la única comunidad relativamente grande de Europa occidental en la que la conciencia política y la falta de fe en el capitalismo eran más corrientes que lo contrario...” (página 108).

Un libro intenso, autobiográfico que nos lleva de los rigores tremendos del frente de guerra, viviendo en lóbregas trincheras, a la lucha por el poder en la retaguardia. Los rigores tremendos tienen que ver con las inclemencias del tiempo en campo abierto, con el armamento insuficiente, obsoleto o averiado y la escasa munición; con las esperas y los silencios, con el peligro de que un disparo lejano acabe con tu vida entre otras cosas. Es un libro escrito magistralmente y en el que, a pesar de la crudeza de muchas descripciones, también aparece el humor o una manera sorprendente y desenfadada de contar una peripecia vital de hondo calado. Orwell, con frecuencia, nos hace sonreír cuando escribe: “cuando nos fuimos de Monte Pocero conté los cartuchos y descubrí que en tres semanas había disparado tres veces contra el enemigo. Dicen que hacen falta mil balas para matar a un hombre, por lo que a ese paso necesitaría veinte años para matar a mi primer fascista”; y nos hace pensar, cuando habla del día a día, que recuerda lleno de “frío invernal, de uniformes harapientos de los milicianos, de rostros ovalados de los españoles, del tableteo como una transmisión en Morse de las ametralladoras, del olor a orina y pan podridos y el sabor de la fabada de lata devorada en un pote sucio...”

Orwell articula un relato personal sobre la Guerra Civil española, en la que participó como voluntario, desde diciembre de 1936 hasta junio de 1937. Cuando llegó a España, dispuesto a participar en una guerra en la que creía que Europa se jugaba no caer en las garras del fascismo, se enroló en las filas del POUM (un partido comunista antiestalinista, dirigido por Andreu Nin). En la primera parte del libro, Orwell relata las peripecias en el frente de Aragón (tanto en la sierra de Alcubierre, como en los alrededores de Huesca), donde un fusilero franquista le acertó en el cuello y una bala se lo atravesó, dejándolo un tiempo casi sin voz y malherido y así cuenta su salida del frente: 
“El 25 de abril nos relevó otra sección, entregamos los fusiles, liamos el petate y volvimos a Monflorite. (...) subimos de madrugada a un camión, cogimos el tren de las cinco en Barbastro y, gracias a que tuvimos la suerte de conectar con un tren rápido en Lérida, llegamos a Barcelona a las tres de la tarde del día 26. Luego empezaron los problemas”.

Orwell reflexiona sobre la enorme diferencia de trato, de objetivos, de problemáticas entre el frente de combate y la retaguardia tranquila. Allí, las milicias luchaban contra un enemigo común: los franquistas; y eran solidarias entre sí, perteneciesen al sindicato que perteneciesen. En la retaguardia, en una Barcelona alejada del frente, las energías se gastan en la conspiración y en las guerras intestinas que no acaba de entender. Aquella Barcelona libertaria había dado paso a una ciudad en la que se fractura la izquierda y comienzan los recelos y la guerra interna. El POUM es declarado ilegal y él debe esconderse para no ser detenido y salir del país en cuanto pueda. Tras los sucesos de mayo del 37, contempla, atónito, cómo Barcelona se va viendo dominada por el autoritarismo estalinista del Partido Comunista, y en la que los principios libertarios de 1936 han sido suprimidos.
Más allá de la subjetividad con la que un autor narra su peripecia vital, el lector tiene la sensación de que quien cuenta está contando la verdad, que resulta honesto su relato y eso, tanto en este libro, como en otros del mismo autor lo convierten –de alguna manera- en un escritor moral.

En esta edición, el libro encarta 32 páginas de papel satinado, con documentos interesantes que completan o amplían el texto... Son fotografías, carteles, recortes de prensa (en castellano y en catalán) de aquellos años que, sin lugar a dudas, aumentan el valor del libro, del relato. Finalmente, mi recomendación a leerlo es total y absoluta, para quienes gusten de este género.


     MARIANO CORONAS
                                                               

La puerta de los pájaros, de Gustavo Martín Garzo

10/22/2014 2 Comments

"Hace ya mucho tiempo vivía en Portugal un rey que se llamaba Dinis. Tenía una única hija a la que puso de nombre Constanza. El rey había enviudado muy joven y solo vivía para hacer feliz a la princesa, que era el vivo retrato de su amada esposa. Constanza siempre estaba atendiendo a los pobres y a los más desfavorecidos. Era muy discreta, y prefería la soledad del palacio y la quietud de sus jardines al bullicio de los mercados y de las fiestas."

Así comienza La puerta de los pájaros, un título inspirado en una construcción que realizó Gaudí en Comillas (Cantabria). Un palacete que tiene un frontal con tres vanos o entradas: una para carruajes, otra para personas y un vano más pequeño (óculo circular) y en lo alto, para pájaros. Pero esto solo explica el título. ¿Y el contenido...? ¿Te gustan los cuentos o, como ya has crecido, han dejado de interesarte?

Constanza es una joven princesa de Portugal. Vive en un palacio, repleto de tapices, en los que se ven doncellas rodeadas de unicornios (esos seres mágicos que aparecen en algunas leyendas...). Esas doncellas, representadas en los tapices, parece ser –según cuenta la leyenda– que encontraban a los unicornios cuando se introducían solas en el bosque; de modo que Constanza encontró el modo de escapar sola al bosque al encuentro de alguno de ellos.

El caso es que estamos ante un libro curioso. Todo en él parece atractivamente antiguo: el tema, la historia, la apariencia física del libro y las ilustraciones de Pablo Auladell. Un libro que igual puede leerlo un adulto que un niño. Para una persona adulta es como un reencuentro o una despedida de la infancia. Hay, como decía, unicornios, princesas, doncellas, historias dentro de la historia, cascabeles mágicos, magos, reyes y una trouppe de gitanos húngaros... Dinis, Constanza, Merlín, Esmeralda, Amadís, Luzdelbosque, Placeroscuro... y una “cabecita sola”.

“... A menudo, Constanza se detenía en la sala de los tapices y se quedaba mirando a la bella dama. Había preparado para el unicornio la tienda más preciosa y le esperaba con timidez en su puerta...”

Martín Garzo nos invita a abrir la puerta que guarda nuestros recuerdos de infancia ¿para dejar entrar a los pájaros? Y nos sumerge en los cuentos que leíamos o escuchábamos de niños, articulando una historia de fantasía y magia y, aunque aparentemente ya no estamos en edad de leer cuentos, él se empeña en que lo hagamos. Que sintamos placer y curiosidad por conocer la historia de esta princesa portuguesa que pasó muchos años durmiendo sin que su cuerpo envejeciera; de los viajes que realizó dormida; de las personas que la cuidaron y de lo que ocurrió en el reino de Portugal, con un padre envejecido...

“Te darán a elegir entre la justicia y el amor –le dijo su padre, al cederle los asuntos del trono–; niégate a hacerlo. Ninguna de las cosas es nada sin la otra...”

Ya son pistas suficientes para que te decidas a leerla, en una de estas tardes de otoño, por ejemplo. La mejor garantía de que harás una buena elección es la prosa de Martín Garzo; un autor de sólida obra, que trata el lenguaje con exquisito cuidado y derrama su sensibilidad en todo lo que escribe.


     MARIANO CORONAS
                                                               

La pena máxima, de Santiago Roncagliolo

9/24/2014 1 Comment

La acción transcurre en un periodo de dos semanas, aproximadamente, mientras dura el Campeonato Mundial de fútbol de Argentina (1978). Félix Chacaltana (el protagonista de la obra Abril rojo, del mismo autor, Premio Alfaguara de Novela, 2006) trabaja en el archivo del Poder Judicial de Lima, capital de Perú, y es asistente de archivo. Félix, un hombre meticuloso en el desempeño de su trabajo, pero con dificultades para afrontar determinadas tareas relacionadas con el amor y las relaciones familiares, es el protagonista del libro. A lo largo de la historia, veremos cómo experimenta cambios notables. A medida que aumenta su protagonismo, aumenta también su dominio de las situaciones que le toca vivir; totalmente inesperadas para él, y muy lejos del trabajo rutinario y burocratizado del archivo.

Joaquín Calvo, profesor de universidad y amigo de Félix, aparece muerto. Y ahí comienza su viaje investigador intentando averiguar quién había matado a su amigo. En ese periplo irán apareciendo otras personas: la amante de Joaquín, Susana Aranda, esposa a su vez del almirante Héctor Carmona, quien requerirá los servicios de Félix para despejar algunas incógnitas o clarificar algunas informaciones. Conocerá al padre de Joaquín, un español llamado Gonzalo y otro español-argentino: quien bajo el sobrenombre de Mendoza, escondía su apellido Miralles. Conoceremos a la dominante madre de Félix y a su novia Cecilia, así como la relación singular que mantiene con aquélla y con ésta.

Los capítulos del libro –lo señalo como curiosidad- llevan por título los enfrentamientos deportivos de la selección peruana, en aquel mundial. El primero se titula “Perú-Escocia” y el penúltimo, “Perú-Argentina” (los aficionados de más de cuarenta años, recordarán aquel partido que acabó con la victoria argentina, por 6 goles a 0 y su pase a la final con Holanda…) Al hilo de lo dicho, uno de los protagonistas del libro dice en un momento: “Este país es incapaz de organizarse para nada útil, pero frente a un partido de fútbol, actúa con la disciplina de un ejército”.

En los años setenta del pasado siglo, los países del cono sur de América del Sur estaban comprometidos entre ellos en la “Operación Cóndor”, con la que pretendieron desarticular las alternativas políticas de izquierdas, usando la violencia sin límites y persiguiendo a sus militantes sin reparar en fronteras. Tiempos terribles, de detenciones masivas, torturas brutales y desapariciones. El viaje de Félix a Argentina y el “paseo” por las instalaciones de la Escuela Mecánica de la Armada (la tristemente recordada ESMA) ilustran un poco sobre todo lo anterior. Esta reflexión, ya para terminar, también es ilustrativa de lo que fueron aquellos lugares de detención y desaparición que mutilaron tantas familias y buena parte del futuro: “Chacaltana pensó que, al fin y al cabo, todas las ciudades están pobladas de fantasmas. Personas que ya están muertas recorren las calles de Lima o Buenos Aires, dejando pedacitos de su recuerdo colgados de las esquinas, dejando memorias que se van descascarando, como las fachadas, hasta terminar de desaparecer…”.

La novela se lee con interés y tiene una construcción que se entiende sin problemas. Los personajes van apareciendo a lo largo del libro, a veces, sin saber muy bien por qué; finalmente todos van a confluir y a relacionarse; en algunos casos de una manera sorprendente…


     MARIANO CORONAS