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Intemperie, de Jesús Carrasco


Éste es un libro sorprendente. Y sorprende para bien, aunque sorprende. Jesús Carrasco es un autor nuevo y éste es su primer libro. Dice que ha tirado muchos escritos antes pero, viendo lo que le ha salido en su primera novela, o es un perfeccionista o no debería ser tan aficionado a la papelera. 

Intemperie es una novela que te interesa desde el primer párrafo. La novela propone de salida a un niño que se esconde como se escondería un adulto, en un agujero en medio del campo en donde tiene dolores, en el que pasa miedo y frío, en el que tiene que esperar a que pase el peligro que supone que le encuentren los que le buscan, y en el que la penuria es un peaje incomprensible si no media una buena razón. 

El niño ha salido de un pequeño pueblo que está en medio de la nada. Así es que ha salido a la nada. A la intemperie. A una intemperie quemada por el sol, agotada por la sequía, en la que no crecen más que unos pocos hierbajos para que se puedan mal alimentar algunos animales. Ha previsto en la huida algo de comida y agua, pero pronto se hacen insuficientes. Por casualidad encuentra a un viejo pastor, un cabrero que vive en esa misma intemperie con unas pocas cabras, un perro y un burro, y que sin hacerle preguntas le ayuda a sobrevivir. 

La razón de la huida no se conoce hasta casi el final del libro. No sabemos si el chico ha hecho algo malo, o por el contrario es víctima de alguna brutalidad y por eso huye. Esto evita que el lector se distraiga juzgando y deja la atención prendida en la dureza de la historia que te están contando en ese momento, no en la que fue o en la que podrá ser. Y la dureza es la vida a la intemperie, sin agua, sin comida, en un secarral angustioso en el que la huida se opone a la necesidad de encontrar el agua, como la espada y la pared. 

Pero hay más cosas en el libro. Muchas más. Los personajes tienen alma. Y decencia. Y luchan. Y resisten. Y encuentran la dignidad, la línea entre el bien y el mal, entre lo que debe hacerse y lo que no, la línea de la humanidad y de la rectitud. Sabemos que es en situaciones extremas en las que el hombre saca lo mejor y lo peor de sí mismo, y en este caso, saca lo mejor, mientras que es la comodidad la que trae lo peor, lo más canalla y lo más abusivo del ser humano. 

La novela está escrita de forma lineal, no hay idas y venidas en el tiempo. Tampoco hay nombres ni lugares, ni fechas, ni edades, ni nada que distraiga de lo principal, que es esa intemperie que reta a los hombres y los pone a prueba. El autor sabe jugar con la sorpresa, sabe intrigar y sabe medir los tiempos y la información. En cuanto a la forma, la prosa es sencilla aunque el autor busque en ocasiones palabras tan precisas como desconocidas de un mundo que nos es completamente ajeno, con las que nos quiere demostrar que ha querido conocer de lo que habla, haberse documentado y, sobre todo, ser muy cuidadoso con el lenguaje. Con todo, no permite que la escritura se sobreponga al argumento y a la historia, que me ha parecido excepcional. Léanla si se la encuentran, que está muy bien.


     CARMEN J.
                                                               

Yo no, de Joachim Fest


"Al mismo tiempo, y como suele ocurrir en periodos de crisis, aparecían por todas partes los más extraños profetas, doctores con ocultas recetas para salvar el mundo, predicadores de sectas y jardineros del edén que, con los ojos en blanco, preconizaban que la humanidad estaba abocada al hundimiento".

Este es un libro de memorias de Joachim Fest (1926-2006), si bien no nos cuenta ni mucho menos toda su vida, aunque sí tal vez la parte que políticamente es más importante y que tiene un mayor interés. Nos habla en prioridad de su infancia y juventud, y de cómo vivieron el nazismo en su familia. Nos habla fundamentalmente de su padre, de su “yo no” que da título al libro y que proviene de una cita de Mateo en el monte de los Olivos: “Etiam si omnes, ego non!" (aunque todos participen, yo no).

Fest nos cuenta, a lo largo de las casi 300 páginas del libro, el ascenso del nazismo y el ambiente opresivo e irracional que se instaló en Alemania con el ascenso de Hitler. Y nos lo cuenta desde el punto de vista del resistente, del no alineado, del opositor, que también lo hubo. Su padre, profesor, católico y defensor de la república de Weimar con todos sus defectos, no se sometió al nazismo, a pesar de perder su trabajo y de convertirse poco a poco en un apestado social. Pero la peste estaba en el otro lado, y así trató de inculcarles estos valores a sus hijos, para evitar su contaminación. 

Nos habla de cómo su padre y sus amigos habían incurrido en la equivocación de creer que Hitler era un simple pandillero, un macarra con poco recorrido, que no llegaría muy lejos en la patria de Goethe y de Kant. Y también del dilema, una vez la guerra en marcha, de alegrarse de la derrota de los franceses, pero nunca jamás de la victoria de Hitler. Y da que pensar cuando, ya casi al final del libro, Fest se sorprende de cómo aquellos que estuvieron del lado de los nazis se sienten ahora libres de culpa y de cualquier reproche simplemente por reconocer su anterior adhesión en voz alta y con grandes golpes de pecho (Günter Grass, entre otros). Lo valiente hubiera sido no apoyarles, porque después, la vergüenza queda para todos.

Así que éste es un libro de memorias, y nunca mejor dicho, porque la memoria del autor cuenta, y cuenta mucho. No es la mirada de un niño, sino la de un hombre que recuerda. No es un libro de historia, sino de personajes reales en un marco histórico excepcional, y como tal debe leerse. No habla de su padre como de un héroe, sino como de un hombre recto, con principios irrenunciables, un hombre firme en lo político aunque también estricto en lo cultural y en el terreno de la educación. Y cómo ese padre, resistente y digno, les inculcó que oponerse a la barbarie era lo correcto, lo que moral y éticamente debía hacerse, aún a riesgo de perderlo todo. Fest nos habla de su padre con más respeto que cariño y con más frialdad que admiración. Y nos habla de sí mismo sin alharacas ni ditirambos. Fest nos dice: aquí tenéis un ejemplo, aquí está la prueba de que hubo también alemanes que no se rindieron a la locura, la prueba de que hubo hombres que tuvieron la lucidez de verla llegar. Ése es su libro, y ésa la memoria que nos deja. 

También nos habla Fest de sus lecturas y de su descubrimiento de la música. Y quizá ésas son unas páginas que se hacen algo pesadas, porque yo creo que el interés está en la mirada de la sociedad de Fest más que en su retrospectiva intelectual. Con todo, un libro muy interesante, escrito con amenidad y que me parece muy recomendable.


     CARMEN J.
                                                               

El regreso de Reginald Perrin, de David Nobbs


"Todas las mañanas, Reggie daba un paseo por la calle principal de Climthorpe, donde había siete sociedades de préstamo pero ni un sólo cine: Sic transit Gloria Swanson".

Le pedí a mi librera favorita que me diera algún libro que no me hiciera pensar mucho y con el que me pudiera reír un rato, miró la estantería y cogió este libro. “Lee esto, me dijo, te hará reír”. Y sí, El regreso de Reginald Perrin es un libro para sonreír y para reír, a veces con una carcajada, a través del absurdo y de situaciones descabelladas en un entorno de personajes completamente disparatados.

Este libro es la continuación de Caída y auge de Reginald Perrin. Perrin es un hombre aburrido de su vida y de su trabajo, en una fábrica de postres, que decide simular su suicidio y volver a su anterior vida bajo una identidad distinta. En El regreso..., Reginald se harta de hacer todo lo contrario de lo que quiere y lo que le gusta, y decide volver a su ser, o a su primera identidad. Y como consecuencia de ello, le echan de la fábrica de postres y tiene que emprender una vida nueva. 

Esa vida nueva pasa por un breve trabajo en una granja de cerdos, hasta que decide crear su propia empresa, Basura, al principio una simple tienda en la que vende todos los objetos inservibles y desechables que va encontrando a su alrededor y, con el paso del tiempo, una exitosa cadena en la que fabrican expresamente artículos absurdos y que no sirven de nada. Y no crean, que cuando le flojean las ventas aplica una solución infalible: sube los precios, y las ventas vuelven a su ser. 

El libro está lleno de diálogos descacharrantes y de personajes estrafalarios, y sus trescientas y pico páginas se leen sin querer, pasando desde luego un muy buen rato. 

Por lo visto hubo una serie de televisión hace muchos años basada en estos libros y en este personaje. Yo no conocía la serie, o tal vez no la recordaba, y supongo que ahora nos parecería, como todas las series de los años 70 u 80, un poco anticuada (he visto algún trailer en YouTube y da un poco de pereza, la verdad). Sin embargo, el libro vale la pena. Léanlo si se lo topan.


     CARMEN J.
                                                               

Malala. Mi historia, de Malala Yousafzai y Patricia McCormick


Malala Yousafzai es la ganadora del Premio Nobel de la Paz 2014 (junto con Kaliash Satyarthi), premio que le han concedido por defender el derecho a la educación de las niñas en Pakistán, y por extensión el derecho de todos los niños en el mundo. Hija del dueño de un colegio en el norte de Pakistán, sufre la llegada de los talibanes a la región, aunque antes ya vive en un ambiente en el que la mayoría de las mujeres, incluida su madre, no saben leer ni escribir y viven dedicadas al cuidado del hombre, que en el caso de estos retrógrados viene a ser como cuidar a cualquier animal de granja.

Malala cuenta con que su padre es un hombre de progreso que está a favor de la educación de los jóvenes, y eso le permite empezar a rebelarse desde muy pequeña. Cuando los talibanes llegan al valle de Swat, Malala tiene poco menos de 10 años, pero ya se da cuenta de que hay que alzar la voz contra esas bestias que primero aconsejaban cerrar las escuelas y luego ya, directamente, las dinamitaban. 

“Habían puesto la bomba de noche... un lugar en el que las niñas sólo querían aprender a leer y escribir y a sumar. ¿Por qué?, me preguntaba. ¿Por qué representa un colegio semejante amenaza para los talibanes?”

Naturalmente, la pregunta es retórica y ni se molesta en contestarla. Sólo en 2008 los talibanes volaron 200 escuelas. Y esta niña empieza a salir en periódicos y en medios, y crea movimientos civiles para tratar de detener la locura. Llega la guerra, es desplazada... Con 12 años es invitada por la BBC a escribir un diario sobre lo que estaba pasando en Pakistán, y bajo seudónimo describe el totalitarismo y lo denuncia en primera persona.

En 2012, cuando volvía de la escuela con otras compañeras, los talibanes le pegaron un tiro en la cabeza. Se salvó de puro milagro. Los talibanes quisieron callarla y no sólo no lo consiguieron: su historia ha dado la vuelta al mundo y hasta le han dado el premio Nobel, por si acaso alguien no se había enterado todavía de cómo están las cosas por Pakistán. Casi un final feliz.

Y digo casi porque este libro es un testimonio sobre la barbarie y el totalitarismo religioso. Sobre los que se llaman a sí mismos buenos musulmanes y no son más que un Pol Pot con turbante, un Goebbels con barbas, un virus de la peste con piernas y brazos. Porque Malala no deja de mencionar a Alá, no renuncia a su fe en ningún momento. No llama al odio, ni a la venganza: simplemente defiende la educación como método para el progreso de las personas, como un derecho de todos los niños en el mundo. Simplemente nos hace ver que creer en Dios no tiene nada que ver con firmar con el dedo, y también que la protesta pacífica puede ser más útil que la geopolítica de chichinabo.

El libro tiene como coautora a una tal Patricia McCormick que simplemente transcribe la historia, supongo, aunque le da al libro un tono algo infantiloide y un poco empalagoso, cuando la historia es de poner los pelos de punta. También es verdad que lo que cuenta es la increíble historia de una niña que resiste, lucha y vence.

Dice la editorial: La poderosa historia de Malala nos abre los ojos a otro mundo y nos impulsa a creer en la esperanza, la verdad, los milagros y la posibilidad de que una persona -una persona muy joven- puede inspirar el cambio en su comunidad y más allá. Y aunque sólo sea por eso, por su valor testimonial, vale la pena leerlo.


     CARMEN J.
                                                               

En la orilla, de Rafael Chirbes


Tiene Rafael Chirbes una manera de contar las cosas que es como si te abofeteara. Recio, áspero, sobrio, brutal a veces, contundente, pero al mismo tiempo lleno de fuerza, dominando el lenguaje, sabiendo lo que escribe, lo que se trae entre manos, usando el vocabulario como un martillo pilón con el que acompaña historias desabridas, muy duras, que no dejan lugar a la esperanza ni a la componenda, que no tratan de comprender ni de contemporizar, que simplemente narran, describen, cuentan lo que hay y te envuelven en aquello de lo que no tenemos escapatoria. 

En la orilla cuenta la historia de Esteban, un carpintero al que le estalla la burbuja inmobiliaria en plena cara cuando él ha decidido invertir todo lo que tiene -incluida la carpintería- en un negocio fácil, rápido, de esos que han sido barridos en estos últimos años, oportunidades que han pillado tanto a los que se han pasado de listos como a los pichones de la sociedad que han querido emular lo que veían a su alrededor. 

Esteban no culpa a nadie: él forma parte de esta misma sociedad corrompida y desquiciada por la codicia y el consumo. Pero si lo ha perdido todo es porque no puede perder nada más. Esteban ha fracasado. Quería a una mujer que se fue con el amigo, sin familia, con un padre idiotizado por la vejez al que tiene que cuidar, con unos puntos de referencia que han muerto y forman parte del pasado. Ahora sólo le queda el rencor, la desesperación disfrazada de odio, la amargura que le inspira todo lo que le rodea. 

En la orilla es la historia de una derrota. No es una historia sobre la crisis, como dicen algunas reseñas que he leído por ahí. La crisis es el telón de fondo, la chispa que enciende la hoguera si preferís, pero ya antes Esteban tenía cuentas pendientes, ya antes la ética de la especulación, la codicia, la podredumbre moral, la falta de valores, la hipocresía habitaban el pequeño pueblo de Olba y el imaginario Misent, paradigma de la especulación y el destrozo de la langosta de la construcción en la costa mediterránea. Esteban ya había fracasado en la vida, y da puñetazos al aire porque ya hace tiempo que no tiene nada contra lo que luchar.

Del mismo modo que el vendedor de muebles aspira a ser decorador, el carpintero aspira a ser escultor, a tallar la madera, material que sólo es superado en humildad por la arcilla. En sus sueños, el carpintero quiere esculpir piedra, bronce, hierro. Al despertar, Esteban encuentra las virutas esparcidas y el mobiliario barato, la misma vulgaridad de vida de la que quería escapar. Lo ha perdido todo porque ya no puede perder nada más. O tal vez sí. 

La novela es una obra extraordinaria. Dura, rocosa, nada amable, crítica, descarnada, pero apabullante y magníficamente escrita. Léanla, que vale la pena.


     CARMEN J.
                                                               

El pequeño Nicolás, de René Goscinny


Cuando yo tenía veinte años, decidí irme a estudiar a Francia los dos últimos cursos de la carrera. Yo no hablaba francés y tuve que hacer una inmersión salvaje, para, en poco más de cuatro meses, poder asistir a clase y enterarme de algo. La inmersión estaba destinada a que pudiera hablar y entender, pero no se puede ir a la Universidad siendo medio analfabeta, así es que también había que escribir. Me pareció una buena idea leer algún libro en francés para acelerar las cosas y entonces fue cuando me recomendaron leer Le petit Nicolas, porque, me dijeron, tiene un lenguaje infantil –y por lo tanto, fácil– y son muy divertidos. Y me hice fan y por eso he querido hablar de estos libros aquí.

El pequeño Nicolás es una serie de libros cuyo protagonista es Nicolás, un niño de 6 ó 7 años, escritos por René Goscinny, si bien se pone siempre como co-autor a Sempé, que realizó las ilustraciones con las que se editan los libros. En teoría se trata de literatura infantil, aunque yo siempre he sostenido que se trata de libros que los disfruta cien veces más un adulto, porque sólo un adulto puede reirse a carcajadas con la mirada a través de la que Nicolás nos cuenta el mundo: los libros están escritos en primera persona, y sólo de ese modo te trasladan toda la ingenuidad del pequeño Nicolás. Yo creo que esa es la clave del encanto de los libros del pequeño Nicolás, si bien las historias y las cosas que le pasan son muy divertidas. 

Las historietas del pequeño Nicolás son como chistes bien contados. Nos cuenta, con toda su inocencia, las cosas que le pasan a él y las que suceden a su alrededor. Sus aventuras en el colegio, o de vacaciones, las relaciones con sus amigos (entre los que están el gordo, el listo, el bruto, el rico, el vago), con su maestra, con sus padres, un ecosistema de personajes entrañables en el que Nicolás pasa su infancia y descubre el mundo. Y así, te cuenta que un día decide fumar con sus amigos y terminan todos enfermos; o que ensayan cantar la Marsellesa porque viene un ministro al colegio y montan tal lío en el ensayo que los encierran a todos en la lavandería para que el ministro no salga corriendo; o que le gusta una niña, o que se pega con otra; o las peleas entre los padres por su culpa, aunque él nunca comprende que es por su culpa. Y tú mientras tanto te partes, porque lo cuenta con la inocencia del niño, aunque se trasluce la fina ironía del autor adulto que lo escribió. El gran Goscinny, que creó también las divertidísimas historias de Astérix.

Yo los he leído en francés aunque también tengo alguno en español porque al volver a España me dediqué a recomendarlos a todo el mundo, y debo decir que traducidos pierden algo de su encanto y de su gracia. La serie es de cinco libros, creo, aunque también hay un libro de historietas inéditas que se editaron con posterioridad a la primera serie. Por eso, si conocéis un poco el francés y no habéis leído al pequeño Nicolás, intentadlo en el idioma original: finalmente, son libros para niños y, por lo tanto, el lenguaje es muy sencillo. Y si no, pues en español, que también os reiréis mucho.



     CARMEN J.
                                                               

Auto de fe, de Elias Canetti


Elias Canetti es premio Nobel de Literatura, y esta es la única novela que he leído de él. Será dificil que vuelva a atreverme con este autor, que me pareció un poco pesado, un poco excesivo, y un poco tremebundo. Y teniendo en cuenta que es dificil ser sólo un poco de estas tres cosas, me temo que no leeré mucho más de este señor, porque, respecto a mis gustos, el autor sólo puede ir a peor...

Novela dura, desagradable, por momentos incomprensible, y quizá un poco desmesurada. Canetti nos propone una reflexión sobre la locura de las obsesiones, la vanidad y el egoísmo tanto intelectual como material. Creo que la reflexión se le va un poco de las manos, y al final nos encontramos con una novela áspera, con personajes abyectos de una brutalidad desesperante, culpables todos en un mundo de malvados.

La novela está escrita en 1930 en Austria. En esos momentos, Austria venía de la época de la gran inflación, y está en un periodo de crisis económica, pero también crisis social, política y de valores que terminará en lo que todos conocemos. Un mundo duro y cruel, casi un Mad Max de principios de siglo.

La novela narra la historia de Kien, uno de los más reputados sinólogos del mundo, que tiene una enorme biblioteca privada de 25.000 volúmenes. Kien es un loco que no se sabe loco, porque él vive feliz en su locura. Su mundo son los libros. Él los considera seres vivos, con derechos, con vida propia. Hablan en silencio, hablan y son mudos. Así es que no le discuten, no le molestan, no le agreden. Un tipo para el que la ciencia es su verdadera religión y la patria es su biblioteca. Kien no cree en la felicidad “aquel objetivo vital despreciable de los analfabetos”. Es un hombre sin memoria afectiva, un tipo capaz de llevar su biblioteca en la cabeza. Solo cree en la ciencia y vive obsesionado con la ceguera, porque ésta le privará de los libros.

Con la idea de preservar su biblioteca, se deja engañar por Teresa, la criada, y se casa con ella. Y así cae en manos de la mujer, del demonio... Teresa tiene un papel central en la novela, y sin embargo se trata de un personaje plano, simple, sin matices, sin aristas. Es un objeto que se cosifica: es una falda azul. Es un ser odioso, con el que no hay compasión posible. Zafia, vulgar, egoísta, interesada, puta, mentirosa, ignorante, banal, capaz de compendiar todas las maldades de las mujeres de la historia universal en su solo personaje, sin que haya nada heroico a su alrededor. Tipeja mezquina, adefesio ridículo, si la desprecian, si la violan, si la pegan, si la insultan no nos importa, no nos conmueve. Personaje terrenal, odioso, hace comprensible la misoginia del autor y de los otros personajes.

Llegados a este punto, os podéis figurar el panorama del libro...

Pero hay otros personajes clave: Fischerle, un judío tullido, pobre e ignorante. Un ser socialmente inferior que está dispuesto a aprovechar cualquier oportunidad para salir de su inferioridad social, aunque eso suponga el engaño y el robo. Es un tipo muy literario, un personaje con muchos matices. El autor nos deja odiarlo, pero también admirarlo en su pillería, en su listeza al estafar a los demás, en su oportunismo. Otro personaje es Pfaff, un ser brutal, violento, elemental. Un siervo cuya única utilidad social es la fuerza. Y finalmente Georg, el hermano de Kien, que aporta el equilibrio, la racionalidad, y algo de compasión. Es el término medio entre un mundo atroz y otro inexistente.

Inicialmente, la novela se llamó El deslumbramiento, el cegamiento, no tanto para aludir al hecho de ser ciego como al hecho de ser cegado. La ceguera es un asunto recurrente en el libro, y es la obsesión del personaje principal. Después se llamó La Torre de Babel en las primeras ediciones, que es un título que tampoco está mal traído, puesto que el libro trata de la incomprensión entre los personajes, en la diferencia de lenguajes y de percepciones de la realidad y de los valores .Y finalmente, le proponen Auto de fe y el autor lo acepta. Un auto de fe era una ceremonia pública en donde los condenados por delitos contra la fe (herejía, blasfemia, apostasía) escuchaban sus sentencias. Los delitos eran muy diversos, y las condenas también, pero en la cabeza todos guardamos la condena a muerte en la hoguera, cuando realmente el delito era contra la fe y era muy grave y no existía arrepentimiento. La inquisición en Centroeuropa por otra parte tenía entre la mayoría de las condenados a mujeres.

Y esto es la novela: una muestra pública de condenados, de personajes que cometen delitos contra la sociedad, contra la fe, contra la moral, en donde las condenas son variadas en función de la “anormalidad” de cada personaje, de cada reo. Un libro muy poco divertido que deja un sabor de boca muy amargo.


     CARMEN J.
                                                               

Olvidado rey Gudú, de Ana María Matute


"Los hijos del Conde Olar heredaron la extraordinaria fuerza física, el áspero cabello rojinegro y la humillante cortedad de piernas de su padre.”

Así arranca Olvidado rey Gudú, la novela más querida de Ana María Matute, dedicada a C. Perrault, a los hermanos Grimm y a H.C. Andersen. Ana María Matute es una gran señora de las letras recientemente fallecida, y me gustaría rendirle un pequeño homenaje con la reseña de este maravilloso libro, uno de los que más me han emocionado en mi vida, con los que más he disfrutado y cuyo recuerdo siempre estará en mi memoria como el de un libro lleno de magia, de musicalidad y de fantasía.

Olvidado rey Gudú es un cuento. De casi 1.000 páginas, pero un cuento al fin. Es la historia del reino de Olar y de sus sucesivos reyes hasta llegar al rey Gudú, biznieto del Conde de Olar, nieto de Sirkosio, e hijo de Volodosio y de la reina Ardid, hilo conductor de la historia. Una historia por la que transitan hechiceros, duendes, ondinas, nobles, guerreros, caballeros, damas, damiselas, reyes y seres fantásticos. Una historia en la que suceden guerras, enamoramientos, maldiciones, secretos, olvidos, aventuras, conquistas, leyendas. Una historia situada fuera del tiempo, aunque se puede imaginar en la Edad Media. Una historia fuera del espacio, si bien las fronteras del reino de Olar están bien delimitadas entre un Norte misterioso y mágico, un Sur refinado y rico y un Este salvaje y brutal de donde procedían hordas de guerreros que sembraban el terror.

Olvidado rey Gudú es un libro en el que debajo de la fantasía se esconde la realidad de la vida y del mundo. Un libro lleno de fábulas y de símbolos. La crueldad, el miedo y el odio están tan presentes como el valor, la ternura y el honor, y Ana María Matute nos explica a los adultos las mismas lecciones que los grandes de la literatura infantil le contaron antes a los niños, sin permitir que se quiera o se defienda a ningún personaje, porque todos tienen el haz y el envés de la vida, que nos va cambiando y ofreciendo razones inimaginables para que nuestros actos tengan sentido.

Un libro escrito con una prosa comprensible, lleno de música, preciosamente escrito. Un lenguaje y una composición que te traslada a la magia, a la fantasía, a los sueños, a una atmósfera con la irrealidad necesaria para que no puedas espantarte ante la crueldad, para que no sientas tristeza, para que el poso de amargura que deja la historia se compense con la atmósfera de fantasía con la que está escrito el libro.

Literatura de primera categoría, por todo: por la historia, por cómo está escrito, por el trasfondo. Una maravilla. ¿No has leído Olvidado rey Gudú? Pues no sé a qué estás esperando.


     CARMEN J.
                                                               

Discurso sobre la servidumbre voluntaria, de Étienne de la Boétie


Etienne de la Boètie escribe este Discurso sobre la servidumbre voluntaria en su juventud, cuando tiene entre 16 y 18 años. El autor vive en un momento histórico complejo en Francia, mediados del siglo XVII, y tal vez su ensayo habría quedado en el olvido de no haber conocido a Michel de Montaigne y de que éste lo publicara una vez muerto el autor. Grandes amigos, inseparables compañeros, Montaigne no puede dejar ignoradas la lucidez y la profundidad que destila este breve ensayo sobre la libertad del hombre a través de una disección de su contrario, la servidumbre. 

El libro es corto, una treintena de páginas, suficientes para hacernos comprender la claridad y la contundencia de su tesis, y de ilustrarla con pasajes de la historia clásica. También toma algunos ejemplos de la naturaleza de los animales, algunas no muy afortunadas (cuando nos dice que el pez que es sacado del agua muere por falta de libertad, y no simplemente de oxígeno), pero otras muy convincentes.

De la Boètie nos dice que la servidumbre es voluntaria. Hay un consentimiento, la tiranía nace de la voluntad de servir, la opresión es engendrada por los propios oprimidos que terminan por acostumbrarse a vivir sin libertad. La idea del confort que tiene obedecer órdenes, vivir entre lo conocido, la falsa seguridad y la ausencia de riesgo del que vive sometido a otro, está en el origen de la servidumbre. “El que no ha gozado nunca de la libertad, no la añora.”

La primera razón por la que hay siervos es porque nacen y se les educa como tales. Dice el autor “la naturaleza tiene menos poder sobre nosotros que la costumbre”, y por bueno que sea aquello que sea natural, se pierde si no se mantiene. Y es que el estado natural del hombre es la libertad, y lo que nos diferencia de los animales es que nos convirtamos en siervos.

¿Y cómo nos convertimos en siervos? Pues para eso es necesario que se nos obligue o que se nos engañe. Y es que hay tres tipos de tiranos, nos dice De la Boètie: unos lo son por nacimiento, otros por conquista y finalmente otros por la elección del pueblo. Y unos tratan a sus siervos como esclavos, otros como presas, y los últimos como toros a los que hay que amansar. Y nos recuerda la historia de Ciro y los lidios, a quienes subyugó a base de proporcionarles burdeles, tabernas y juegos públicos. También recuerda un episodio tal vez más conocido, como es el disgusto, seguido de riguroso luto, que el pueblo romano llevó por la muerte de Nerón, que era un tirano de manual.

Tiene palabras para esos cuatro o cinco hombres que rodean al tirano, y que a su vez están rodeados de otros tantos, hasta completar el grupillo que sostiene cualquier tiranía. Tratan de buscar su favor, pero ni siquiera tienen la lucidez suficiente como para comprender que ellos serán los primeros en caer y en ser aplastados por la tiranía.

Este libro se acomoda a cualquier época y a cualquier ideología. O tal vez no, porque nos habla de la libertad pero sin adular al siervo, sin idealizarlo, sin presentarlo como una víctima, o al menos no tanto una víctimas de otros como de sí mismos (cuidado con los caudillos salvapatrias y los aduladores, porque suelen esconder a un tirano). Y no es sólo un tratado político. Cualquiera puede pensar en su entorno de trabajo, en esos pobres diablos que nos dicen con una sonrisa “yo soy un mandado” y que las preguntas complejas las resuelven con un “porque lo dice el jefe”. Y es que no hay nada más cómodo y sencillo que obedecer.

Al fondo, la libertad que hay que cuidar y alimentar. A través de la educación, y a través del ejemplo de nuestros mayores y del que les legaremos a nuestros hijos. Nos habla de la resistencia pasiva, de la no obediencia, del no acatamiento, como vía para librarnos de la servidumbre.

Ay, si no fuera por los inspectores de Hacienda...


     CARMEN J.