La historia silenciosa, de Eli Horowitz, Matthew Derby y Kevin Moffett

2/28/2015 4 Comments

Un adiós en el aeropuerto. Un reencuentro inesperado en el portal de casa. El rogar por el siguiente primer beso. Los "llegas tarde" y los "no volverá a pasar". El "ponme otra" y el "una y no más". Los "ya no te quiero". Los "no te marches".
Utilizamos las miradas, los gestos y el silencio para comunicarnos continuamente. Lo utilizamos más de lo que incluso somos conscientes. Utilizamos el silencio como herramienta de comunicación cuando lo que sobra son las palabras. Cuando los sonidos ya no son suficientes. Cuando a un gesto le falta expresividad.

Desde que llegamos al mundo, nos enseñan a comunicarnos con palabras, con fonemas, gestos. Nuestra vida se basa en cientos de palabras, unidas las unas a las otras, que forman los recuerdos que nos encanta contar. Anécdotas de ayer que gracias a la comunicación, transmitimos al resto con la intención de que duren para siempre.
Pero ¿te has parado a pensar qué pasaría si nos quitaran eso? ¿Cómo veis una vida sin comunicación? ¿Y si el silencio con el que a veces nos comunicáramos tampoco fuera ahora una forma de comunicación? ¿Y si existiese un nuevo nivel?

La historia silenciosa comenzó siendo una aplicación móvil. Tres escritores formaron parte de ella, y ya sólo por esa razón, mis ganas de leerla me empujaban irrefrenablemente hacia su portada. El hecho de que fuese una historia de ficción basada en un futuro nada lejano, me dio la última palmada en la espalda. Leerme el primer capítulo, fue mi perdición.

Vaya manera de engancharme, amigos.

Eli Horowitz, Matthew Derby y Kevin Moffett nos introducen en un mundo que comienza a cambiar a velocidad de vértigo desde el momento en que aparecieron los primeros silenciosos. Niños y niñas que nacían sin la capacidad de comunicarse en absoluto con el mundo que les rodea, y niños que parecen ir convirtiéndose durante sus primeros años de vida. No hablan. No se quejan. No lloran. No dicen nada. Es como si la comunicación, de cualquier tipo, no existiese para ellos.

El Cerrito, California, 2011, nace Flora, la primera niña silenciosa de la que tenemos constancia. Su padre, viudo desde el nacimiento de ésta, nos irá contando cómo es criar a una niña silenciosa, darlo todo por ella y tratar, sin resultados, de empujarla a algún tipo de comunicación. Pero Theodore Greene no será el único que nos relate lo ocurrido. Éste pasará el testigo a los testimonios de otros padres angustiados, madres que se rinden, profesoras que sobrepasan la línea de su deber, jóvenes que desean ser uno más de ellos, doctores que buscan soluciones y otros que sólo buscan sacar su propio provecho de la situación. Todos ellos contados en primera persona y con una perspectiva distinta. Con la ayuda de todos ellos, conseguiremos ir conectando una historia que en principio podría parecer complicada, pero que, una vez que avanzas por sus páginas, resulta tremendamente clara.

En una América azotada por los movimientos políticos, el dinero y el poder, iremos viendo la evolución, durante 30 años, de esta enfermedad que no se sabe bien de dónde viene o hacia dónde va. ¿Dónde están los límites? ¿Acabará el mundo siendo un lugar lleno de silenciosos? ¿Conseguiremos, los que sabemos comunicarnos, dejar de hacerlo como lo hacíamos hasta ahora?

El libro me ha parecido de lo mejor. Un mundo de lo más original. Me he planteado dudas que jamás imaginé y me ha encantado verme envuelta en ese peculiar lugar. Me ha enganchado de principio a fin. Me ha hecho querer terminar para volver a empezar. Me ha hecho reír, pensar, emocionarme, enfadarme, me ha entretenido una barbaridad. Me ha hecho sentir. Ha cumplido, de cabeza, su deber como libro.

Es una recomendación fácil, estoy segura de que no dejará a nadie indiferente. Con una ciencia ficción de lo más real, estos tres autores nos llevan a un mundo del mañana con preguntas que bien podríamos hacernos hoy. Nos hacen que caigamos en las redes de desear comunicarnos en silencio, haciendo que sobre todo lo demás. Nos convencen de que el futuro, de aquí a un par de décadas, será tal y como lo describen. Nos sorprenden con invenciones que tienen todo el sentido y nos hacen detenernos cada equis páginas para decir aquello de "cómo me está gustando esta historia".

Con poco diálogo, pero muy acertado. Con citas que te grabarías a fuego en la piel. Con una narrativa ideal y una perfecta traducción al español. Con un sinfín de anécdotas, tanto divertidas como terroríficas. Momentos que te harán emocionarte, momentos que te entristecerán. Con gancho. Con ganas. Con todo esto, y muchas palabras en sus más de 500 páginas llenas de "cinco minutos más y lo dejo por hoy", Eli Horowitz, Matthew Derby y Kevin Moffett me han dejado con la boca abierta.

Una historia sobre el lenguaje, la comunicación y sus barreras. Una historia de cómo sería el mundo si no fuera nuestro mundo. Si fuera el de ellos, el de los silenciosos.

Sin duda alguna, uno de mis libros del 2015.


     MEL A. EZQUERRA
                                                               

Asterios Polyp, de David Mazzucchelli

2/27/2015 2 Comments

David Mazzucchelli es probablemente uno de los tipos más interesantes del mundo del cómic y, a pesar de ello, uno de los menos conocidos por el público general. Tras dibujar dos de las obras más grandes del cómic de superhéroes, Daredevil: Born Again y Batman: Año Uno (al que tanto debe el Batman de Nolan), ambas en 1986 y con Frank Miller a los guiones, a sus 27 años es aclamado como uno de los grandes talentos del cómic mainstream. Mientras le llueven ofertas para realizar cómics duros y violentos (eran los ochenta post-Dark Knight Returns y Watchmen, y los editores demandaban más obras de este tipo) decide abandonar el cómic, formar un grupo y tocar por diversos locales de Nueva York durante un año. Este hecho, que podría carecer de interés para el estudio de su obra, me parece importante para apreciar el carácter inquieto de nuestro artista.

A su regreso, su labor se orienta al cómic underground. Animado por Art Spiegelman (autor de Maus, el único cómic premiado con un premio Pulitzer) editará Rubber Blanket, una revista de efímera vida (tan solo tres números entre 1991 y 1993) que le darán poder total tanto a nivel de contenidos como de materiales de edición, lo que cada vez le interesa más (el cómic no sólo como medio sino también como formato, incluyendo cuestiones que normalmente quedan fuera del alcance del autor como tamaño o gramaje del papel) y en la que publicará magníficas historias como Big Man. Su dibujo se va haciendo paulatinamente más expresionista y menos figurativo. El color desaparece en favor de la bicromía.

Durante esta época comienza a colaborar con The New Yorker y publica junto a Paul Karasik una magnífica adaptación al cómic de la a priori inadaptable Ciudad de Cristal, de Paul Auster (y que impresionó al propio autor de la novela), lo que le ganará el favor del público ajeno al mundo del cómic y una cierta aura de autor de culto. Después de ello pasará una década y media de muy escasa publicación en la que imparte clases de cómic en la Escuela de Artes Visuales de Manhattan. Del resultado de la investigación para este trabajo, surge la obra que nos ocupa, Asterios Polyp.

Galardonada con tres Premios Eisner, y con una naturaleza manifiestamente didáctica, esta obra se dedica a desgranar una clase magistral sobre cómo escribir cómics. Contado en forma de primera persona omnisciente por un personaje que se nos revelará al poco de comenzar, nos narra la historia de un "arquitecto de papel", alguien que ha alcanzado una posición preeminente en el mundo académico sin haber construido un solo edificio. Al principio de la historia nos encontramos un evento dramático (un rayo cae en su bloque y quema su casa) a partir del cual la historia transcurre en dos líneas temporales, la pasada y la presente. Durante toda la narración, Mazzucchelli hace uso de multitud de recursos de todo tipo, desde el uso de distintas tipografías para cada personaje, hasta estilos de dibujo distintos para diversas situaciones, pasando por un magistral uso del color. Cada elemento está pensado meticulosamente con un fin narrativo de un modo que quizás pueda llegar a abrumar, puesto que no estamos acostumbrados a tal despliegue de técnicas en el mundo del cómic actual (ni en el independiente ni en el mainstream). De hecho, si hubiera de buscarse un referente para esta obra, el único cercano sería el célebre Entender el cómic, de Scott McCloud, si bien en su caso por tratarse de un manual (en cómic, eso sí), las técnicas se explican de una forma explícita, mientras que en este caso se muestran sin más, a modo de ejemplo práctico.

El resultado de esto, no obstante ser una obra más cerebral que emotiva, y por ello quizás un tanto fría (puesto que surge desde un profundo conocimiento del medio más que desde las tripas) es, además de un tremendo ejercicio de virtuosismo narrativo, un magnífico ejemplo de las herramientas que hay todavía por explorar en el mundo del cómic, en lugar de limitarse a repetir estándares apenas modificados desde el nacimiento del arte secuencial. Precisamente por ello, esta obra debería interesar tanto a habituales del cómic en cualquiera de sus vertientes (ya sea mainstream o independiente) como a aquellos que consideran que este es un medio demasiado limitado para el público adulto (si es que queda alguien que piense así actualmente). En ambos casos será una grata sorpresa, no sólo como ejercicio de estilo, sino también por la bonita historia que cuenta, que sin ser apasionante, desde luego sostiene el interés de la lectura desde la primera página hasta el sorprendente final (del que evito hacer más mención para no estropear a nadie su disfrute).


(Esta reseña no hubiera sido posible sin el magnífico artículo David Mazzucchelli. El naturalismo expresionista, de Luis Miguel Lus Arana, publicado en la revista INKSIDE nº1).


     BLANCO HUMANO
                                                               

Seis enigmas para Sherlock Holmes, de Arthur Conan Doyle

2/26/2015 3 Comments

El hecho de hablar sobre Sherlock Holmes e intentar aportar datos que no se hayan puesto de manifiesto con anterioridad puede llegar a convertirse en una tarea harto complicada.

Y es que el detective más famoso de la Historia de la Literatura posee todas las herramientas para lograr cautivar al público, ya sea por medio de las adaptaciones cinematográficas, la serie de televisión o, haciendo uso de su manifestación más clásica, a través de la palabra escrita.

Con el fin de acceder a las historias del conocido personaje, la editorial Navona nos presenta Seis enigmas para Sherlock Holmes, de Sir Arthur Conan Doyle, con traducción y prólogo de José Luis Piquero.

He de decir que he disfrutado muchísimo leyendo esta selección de relatos, ya que me han acercado a la figura del personaje principal de una forma muy acertada y realmente amena. Uno de los puntos a destacar en este libro es el prólogo. Es curioso, pero me quedé con muchísimas ganas de descubrir más singularidades de las que ya de por sí José Luis Piquero nos expone al inicio de la publicación.

El libro está compuesto por un total de seis relatos pertenecientes a las ya conocidas novelas de Arthur Conan Doyle:

1. Un escándalo en Bohemia, perteneciente a Las Aventuras de Sherlock Holmes.
2. La Liga de los Pelirrojos, perteneciente a Las Aventuras de Sherlock Holmes.
3. Los monigotes danzantes, perteneciente a El Regreso de Sherlock Holmes.
4. El Ritual Musgrave, perteneciente a Las Memorias de Sherlock Holmes.
5. El carbúnculo azul, perteneciente a Las Aventuras de Sherlock Holmes.
6. La banda moteada, perteneciente a Las Aventuras de Sherlock Holmes.

Sin duda alguna se trata de una opción más que recomendable para todos aquellos que deseen adentrarse en la lectura del famoso detective del 221B de Baker Street.

Y es que ya sea por primera vez, o con el fin de reencontrarnos con esta eminencia de la literatura, siempre es agradable leer eso de:

“Elemental, querido Watson”.


     TIBIABÍN HERNÁNDEZ
                                                               

Intemperie, de Jesús Carrasco

2/25/2015 2 Comments

Éste es un libro sorprendente. Y sorprende para bien, aunque sorprende. Jesús Carrasco es un autor nuevo y éste es su primer libro. Dice que ha tirado muchos escritos antes pero, viendo lo que le ha salido en su primera novela, o es un perfeccionista o no debería ser tan aficionado a la papelera. 

Intemperie es una novela que te interesa desde el primer párrafo. La novela propone de salida a un niño que se esconde como se escondería un adulto, en un agujero en medio del campo en donde tiene dolores, en el que pasa miedo y frío, en el que tiene que esperar a que pase el peligro que supone que le encuentren los que le buscan, y en el que la penuria es un peaje incomprensible si no media una buena razón. 

El niño ha salido de un pequeño pueblo que está en medio de la nada. Así es que ha salido a la nada. A la intemperie. A una intemperie quemada por el sol, agotada por la sequía, en la que no crecen más que unos pocos hierbajos para que se puedan mal alimentar algunos animales. Ha previsto en la huida algo de comida y agua, pero pronto se hacen insuficientes. Por casualidad encuentra a un viejo pastor, un cabrero que vive en esa misma intemperie con unas pocas cabras, un perro y un burro, y que sin hacerle preguntas le ayuda a sobrevivir. 

La razón de la huida no se conoce hasta casi el final del libro. No sabemos si el chico ha hecho algo malo, o por el contrario es víctima de alguna brutalidad y por eso huye. Esto evita que el lector se distraiga juzgando y deja la atención prendida en la dureza de la historia que te están contando en ese momento, no en la que fue o en la que podrá ser. Y la dureza es la vida a la intemperie, sin agua, sin comida, en un secarral angustioso en el que la huida se opone a la necesidad de encontrar el agua, como la espada y la pared. 

Pero hay más cosas en el libro. Muchas más. Los personajes tienen alma. Y decencia. Y luchan. Y resisten. Y encuentran la dignidad, la línea entre el bien y el mal, entre lo que debe hacerse y lo que no, la línea de la humanidad y de la rectitud. Sabemos que es en situaciones extremas en las que el hombre saca lo mejor y lo peor de sí mismo, y en este caso, saca lo mejor, mientras que es la comodidad la que trae lo peor, lo más canalla y lo más abusivo del ser humano. 

La novela está escrita de forma lineal, no hay idas y venidas en el tiempo. Tampoco hay nombres ni lugares, ni fechas, ni edades, ni nada que distraiga de lo principal, que es esa intemperie que reta a los hombres y los pone a prueba. El autor sabe jugar con la sorpresa, sabe intrigar y sabe medir los tiempos y la información. En cuanto a la forma, la prosa es sencilla aunque el autor busque en ocasiones palabras tan precisas como desconocidas de un mundo que nos es completamente ajeno, con las que nos quiere demostrar que ha querido conocer de lo que habla, haberse documentado y, sobre todo, ser muy cuidadoso con el lenguaje. Con todo, no permite que la escritura se sobreponga al argumento y a la historia, que me ha parecido excepcional. Léanla si se la encuentran, que está muy bien.


     CARMEN J.
                                                               

A cuento de nada, de Rafa Pons

2/24/2015 2 Comments

Una de las grandes satisfacciones que da la lectura es enfrentarte a un libro con poca fe, o incluso con muchos prejuicios, y encontrarte entusiasmado por él. Ponerte a leer convencido de que el libro será aburrido o pretencioso o que te sacará de quicio y al terminarlo tener que reconocerte a ti mismo que te ha encantado. Miras la portada y casi ves cómo el libro te dice “mujer de poca fe, reconoce que te he molado”. 

Esto me pasó a mí con 'A cuento de nada'. Una noche de insomnio terrible en la que buscaba algo con lo que desahogar mi frustración y mi ira, se convirtió en una noche de placer acompañada por historias que resonaban en mi interior como si hablaran de mí.

Rafa Pons es músico y, como (casi) todos los músicos, en directo se viene arriba. En una de esas ocasiones de exaltación de la amistad musical, demasiado emocionado para percatarse de su torpeza, tropezó y se destrozó un pie. 

Hombre y músico, enfermo y en reposo obligatorio, aburrido y con su último disco ya compuesto, Rafa decidió volcar su tedio en esta colección de relatos. 

¿Cómo suenan estos cuentos? Suenan como canciones con letras que se te meten en la cabeza, que te enganchan, te aprendes y paladeas una y otra vez. Suenan como volver a casa.
Me tienes tan harto que necesito más.
Los relatos, variables en extensión, tratan sobre todo de amor y desamor, pero también de la muerte y de la enfermedad. Hay tristeza, rabia y humor. 

Voy a ser sincera, Rafa Pons no es Proust, ni Steinbeck ni Vargas Llosa, pero los relatos están llenos de frases con las que el lector se identifica. Breves pensamientos, destellos, sensaciones a veces agradables, otras no tanto, que todos hemos experimentado y que aparecen en los relatos asaltándonos como el estribillo de una canción que creemos que habla de nosotros y que no podemos quitarnos de la cabeza.
Con los ojos medio cerrados y muy harto, enciendo la luz dispuesto a asesinar a ese insecto cabrón y te descubro tumbada detrás de mí, silbándome en la oreja. Te mueres de risa. Eres idiota. Te amo.
Es un libro pequeño, menudo, ideal para llevar en el bolsillo del abrigo mientras se pasea o se espera a alguien y releer alguno de los relatos hasta aprenderlos de memoria, igual que se tararea una canción que se ha escuchado mil veces pero que sigue diciendo “algo”.
Me estoy empezando a preocupar. Creo que no consigues olvidarme.
Eso pasa con los relatos de Rafa Pons, no conseguirás olvidarlos, pero es que tampoco querrás olvidarlos.

A cuento de nada. Rafa Pons. Ilustraciones de José Correas Flores. Noviembre Poesía. ISBN: 9788494134159. España, 2014. 126 páginas. 10,98 euros.

Cuadernos de guerra, de Louis Barthas

2/23/2015 1 Comment

Louis Barthas fue llamado a la guerra en agosto de 1914. Tenía treinta y cinco años. Se despidió de su mujer y dos hijos, de su trabajo de tonelero, y marchó a Narbonne, una fea ciudad militar del sur de Francia. Como la guerra devoraba víctimas, se le trasladó al frente en el invierno del mismo 1914. Durante los siguientes cuatro años vivió la guerra de trincheras.

Si hablamos de Louis Barthas es gracias a los cuadernos en los que dejó testimonio de la contienda europea. Esos carnets de guerre pasaron a su hijo Abel, que llegó a ser alcalde de su ciudad natal, Peyriac-Menervois, y posteriormente fueron entregados a su nieto Georges. Cuando Georges trabajaba como profesor de dibujo en Carcassone, mostró los cuadernos al profesor de historia del liceo, que utilizó ciertos pasajes en su actividad docente. La noticia de su existencia llegó a los oídos de Rémy Cazals, profesor universitario en Toulouse experto en la Gran Guerra, y que impulsó con éxito la edición de la obra en 1978.

Lo que diferencia la crónica de Louis Barthas respecto a otros testimonios sobre la Gran Guerra está dicho en su propia portada: Les carnets de guerre de Louis Barthas, tonnelier, 1914-1918. No estamos ante una obra escrita por altos mandatarios políticos o militares, ni tampoco por especialistas en la materia. Su autor, sin embargo, es un tonelero. Un oficio humilde que desarrollaba en el diminuto pueblo de Peyriac-Menervois, situado en una zona de producción vinícola. Allí, en una tarde calurosa del mes de agosto, Louis Barthas escucha el sonido de un tambor. Piensa que se acerca algún grupo de acróbatas, pero se trata de la llamada a la mobilisation générale. Mientras se despide de su familia asiste atónito a la felicidad general que suscita la contienda. Comienza así la historia del manuscrito.

La segunda gran singularidad de la obra está en el punto de vista. La narración de Louis Barthas es la voz de una trinchera: una voz colectiva, de hombres hermanados por sentimientos de afecto y miedo. Una voz manchada de tierra, que busca ser altavoz de los ideales socialistas y pacifistas de su autor, y por lo tanto una voz que lucha contra las mentiras de la propaganda, pero también contra la injusticia de los mandos militares. Las trincheras son campos de concentración con forma de pasillo: en ellos la intimidad está suprimida. Todo se sabe, y todos consideran a Louis su portavoz: el portavoz de los poilus («peludos»), apodo de los soldados franceses durante la Primera Guerra Mundial. Cada línea de su cuaderno, y son diecinueve en total, es una reivindicación de la dignidad de otras tantas voces anónimas. El testimonio de cuatro años sin poder dormir sobre un colchón. Mientras leo a Barthas sobre el mío, en la comodidad doméstica de una mesilla de noche, una lámpara y un dormitorio con mantas, me imagino a Louis Barthas en blanco y negro, pasando frío con su pelo cortado como si fuera un monje, su largo y algo ridículo bigote, el cuerpo combado sobre su cuaderno. Louis Barthas haciendo literatura sin pretenderlo, buscando que sus páginas sean el periscopio exacto de lo que sucede algunos metros más arriba. Y que las palabras, ordenadas en estructuras más amplias, sirvan para domesticar el caos, o al menos un alivio que equilibre el sinsentido de la batalla. Palabras por lo tanto como disparos de luz, que hacen más habitable un mundo que, ahí arriba, no lo es.

Los cuadernos están escritos en el acto, y siguen el desplazamiento de su autor, que es el de la propia guerra. Un movimiento contrario al de las agujas del reloj, y que le lleva primero en Narbonne, ciudad a donde llega como soldado de reserva. El ritmo de muertos acelera la reposición de tropas, y Louis Barthas pasa con rapidez a primera línea de batalla. Primero en la guerra de movimiento, luego en trincheras. Las zanjas le llevan a Artois, después a Verdun, escenario de la batalla más larga de la Gran Guerra, luego a Champagne y, finalmente, a Somme, una localidad situada a ciento cincuenta kilómetros al norte de París.

En Somme tiene lugar la batalla más sangrienta de toda la guerra. Se calcula que en los primeros seis minutos de la misma ya habían fallecido veinte mil soldados, principalmente británicos, y que fueron barridos por las ametralladoras alemanas. Cien años después se siguen encontrando cadáveres y objetos cada vez que se mueven tierras en esta zona del norte de Francia. Para el escritor inglés Geoff Dyer el siglo XX está concentrado allí: el monumento funerario levantado en Thiepval es una profecía. Un recuerdo del futuro.

Pero Louis Barthas nos escribe desde el presente: es un soldado raso durante el día, y un cronista durante la noche. Cuando los compañeros duermen él alza la mano, detiene el tiempo, y lo escribe. La pluma roza el cuaderno, y lo perfora con una rugosidad de aguja de vinilo. Nuestros ojos escuchan lo escrito. La obra interesa de principio a fin, sin pausa, como una larga pesadilla a la que nunca vence la mañana. Pese a su homogeneidad, querría destacar el cuaderno de los días pasados en Somme, a mi juicio la parte más estremecedora, e incluso bella, de todo su pentagrama de violencia: «Sans arrêt le ciel était zébré d´éclairs, illuminé, embrasé de lueurs fulgurantes, de clartés brusques, le tout accompagné d´un grondement sourd et continu» («Sin tregua, el cielo se poblaba de rayos y de chispas, iluminado, inundado de luces fulgurantes, de violentos fogonazos, todo ello acompañado de un gruñido sordo y continuo», en la estupenda traducción de Eduardo Berti).

Para remontar la moral, algunas noches la banda interpreta valses y mazurcas. Su música es silenciada por cañonazos aislados, o bien ignorada cuando los oídos prestan atención a los compañeros que regresan del frente. En medio de ese mundo de violencia, Louis Barthas se eleva sobre los hechos, e intenta buscar las razones que mueven a la violencia: «Et nos chefs ne s´y trompaient pas, ils savaient bien eux que ce n´état pas la flamme du patriotisme qui inspirait cet esprit de sacrifice, c´était seulement esprit de bravade pour ne pas sembler plus poltron que son voisin, puis la présomptueuse confiance en son étoile, pour certains la secrète et futile ambition d´une decoration» («Pues bien, nuestros jefes no se equivocaban. Sabían bien que no era la llama del patriotismo lo que inspiraba nuestro espíritu de sacrificio. Era tan solo la voluntad de lanzar amenazas, pues nadie quería parecer más cobarde que el vecino. Era la presuntuosa confianza en su buena estrella, o, en ciertos casos, la secreta y fútil ambición de una medalla, de un galón»).

La guerra convirtió a Louis Barthas en escritor sin él quererlo. Uno acaba la lectura de sus Cuadernos sintiendo un egoísmo feliz: el disfrute raro de haber asistido a hechos terribles que ya no le alcanzan sino en la imaginación. Alzo la vista, me actualizo al presente, y me pregunto cómo sería hoy un libro de naturaleza semejante. Dado que la guerra sigue ahí fuera, en los bordes mismos de Europa, continúa idéntica la necesidad de expresar el miedo. La escritura se vuelca ahora en cadenas infinitas de whatsapps, en palabras abreviadas y emoticonos, en llamadas telefónicas, en videoconferencias desde ordenadores portátiles. Si alguien del futuro tuviera que leer nuestro presente, deberíamos sacar de las máquinas todo ese largo guión, y volcarlo en un cuaderno. El medio cambia, pero no su fondo.

Un siglo después de que terminara la Gran Guerra, los conflictos bélicos parecen más económicos, como si las vidas humanas cotizaran en bolsas de comercio. No hay declaraciones de guerra entre países, ni fechas que apuntar que indiquen el comienzo de una contienda: todo es más sutil pero todo es igualmente terrible. Porque un siglo después se mantienen la estupidez humana, el abuso de poder, el espionaje entre países y el engaño cruel a las masas. Hoy, mientras redacto estas palabras, puede que estén tecleándose otras idénticas en el interior de una tanqueta entre Ucrania y Rusia. Un joven que digita en su iPhone rodeado por el sonido sordo de la violencia. Al teclear, tal vez sin saberlo, ordena en palabras el miedo de una desorientación colectiva. Porque cada palabra de ese joven, como las de Louis Barthas, es una nota musical: una impresión sonora que tiene una cualidad duradera, que se guarda para siempre. Las palabras suenan: en las teclas de una máquina de escribir, en las de un teléfono, en las páginas combadas de un cuaderno, en los labios y en la mente de quienes las repiten mucho tiempo después. Louis Barthas iniciaba su relato con el sonido de un tambor. Lo termina, cuatro años después, con el goce sencillo de escuchar, desde su dormitorio, al viento agitando las persianas, o la lluvia doblándose contra su patio de baldosas. Leyendo los diecinueve cuadernos reconstruimos un pasado que produce vergüenza, pero que nos permite disfrutar de una música pacifista, y a ratos poética, como resistencia sonora frente al horror.


     DANIEL DILLA
                                                               

El dador de recuerdos, de Lois Lowry [VÍDEO]

2/22/2015 8 Comments

Sinopsis

La sociedad en la que vive Jonás es la perfecta descripción del mundo perfecto. Todo está bajo control; no hay colores, ni música, no hay guerra, ni posibilidad de elección. Cada persona se ajusta a las Normas de su Comunidad. Cuando Jonás cumple los 12 años y debe ser asignado a una profesión; es elegido para una función muy especial y única en su comunidad. En su formación descubrirá las verdades que subyacen bajo la frágil perfección de su mundo. Sugerente novela de ciencia ficción, sobre una sociedad utópica que sigue los pasos de las mejores novelas futuristas como Un mundo feliz, 1984, Farenheit 45… Considerado uno de los 100 mejores libros de la historia de la literatura juvenil, trata sobre temas tan importantes como la libertad, el control de la información, el miedo, los sentimientos, la amistad…








     SARA
                                                               

El jilguero, de Donna Tartt

2/18/2015 2 Comments

Theo Decker lleva más de una semana encerrado en una habitación de hotel en Ámsterdam, fumando sin parar, bebiendo vodka y masticando miedo. Es un hombre joven, pero su historia es larga y ni él sabe bien por qué ha llegado hasta aquí. Todo empezó diez años atrás, con una explosión en el Metropolitan Museum y la imagen de un jilguero de plumas doradas, un cuadro espléndido del siglo XVIII que desapareció entre el polvo y los cascotes. Quien se lo llevó es el mismo Theo, un chiquillo entonces, que de pronto se quedó huérfano de madre y se dedicó a desgastar su vida: las drogas lo arañaron, la indiferencia del padre lo cegó y su amistad con el joven Boris lo llevó a la delincuencia sin más trámites. Todo parecía a punto de acabar, y de la peor de las maneras, en el desierto de Nevada, pero no. Al cabo de un tiempo, otra vez las calles de Manhattan, una pequeña tienda de anticuario y un bulto sospechoso que ahora va pasando de mano en mano hasta llegar a Holanda para acabar...

Había leído opiniones muy diferentes de este libro. Algunas calificándolo del primer clásico del siglo XXI, otras decepcionadas, cabreadas incluso, afirmando que era una tomadura de pelo y que a la novela le sobran, por lo menos, la mitad de las páginas. Pero a mí me llamó la atención, más que la trama en sí, la autora, que no conocía, la historia de sus obras (una cada 10 años, todas un éxito rotundo), la disparidad de las críticas y el tamaño del libro. Casi mil doscientas páginas, ahí es nada.

Bueno, pues después de habérmelas devorado, me atrevo a afirmar, sin ninguna duda, que El jilguero es uno de los mejores libros que me voy a leer en toda mi vida. No de los que me he leído, o me estoy leyendo, de los que me voy a leer. Y lo digo en serio.

Hacía mucho tiempo que no me pasaba algo parecido (y eso que estoy bastante contenta con mis descubrimientos literarios del año pasado), que me obsesionaba con un libro de esa manera. Le he dado el coñazo a todo el que me ha preguntado y a todos los que no, lo voy recomendando allá donde voy, si me encuentro a alguien que se lo haya leído, me empeño en comentarlo, he buscado entrevistas de la autora, me he leído su historia, me he comprado sus dos libros anteriores... Una locura. Y con el libro en sí, he llorado, me he reído, he sufrido, me he alegrado, he vivido con el corazón en un puño. Impresionante. Increíble. Rozando lo enfermizo.

Así que ¿qué puedo decir? Sólo que lo leáis, que lo leáis y que lo leáis. No os lo perdáis, de verdad, porque merece absolutamente la pena.


     FÁTIMA CASASECA
                                                               

Las cinco máquinas simples, de Todd McEwen

2/17/2015 1 Comment

La obra de Todd McEwen (California, 1953) no empezó a ser muy conocida en países de habla hispana hasta que comenzó a ser traducida por Automática Editorial. De la mano de esta llegó en primer lugar, en el año 2013, Boston. Sonata para violín sin cuerdas (Fisher's Hornpipe), aunque el original se publicó en 1983. Y el pasado año 2014 nos llegó la traducción de su último libro, Las cinco máquinas simples (The five simple machines). 

Se trata de un libro compuesto por seis relatos bastante peculiares y originales. Cada uno de ellos está metafóricamente relacionado de alguna forma con cada una de las máquinas simples: la palanca, la rueda, el tornillo, la polea, el plano inclinado y la cuña (aunque algunos argumenten que esta es solo una mera aplicación del plano inclinado).

La presente es una obra de fricción, cualquier parecido de los personajes con individuos reales, vivos o muertos, es meramente mecánico.

La temática de todos estos relatos es común: todos tratan de sexo. El sexo forma parte de cada uno de ellos, de forma más o menos importante, o más o menos metafórica. Visto desde diferentes perspectivas, en diferentes situaciones (algunas más surrealistas que otras). Pero, además de todo esto, encontramos muchos otros ingredientes: humor, amor, problemas de pareja... 

El humor del que Todd McEwen impregna cada uno de los relatos es un humor inteligente y satírico, repleto de dobles sentidos. Puede caer bien o no entre sus lectores, ya que considero que es un humor que no está hecho para todo el mundo, no por lo que tenga de inteligente, sino por lo que en ocasiones se puede ver como un poco irreverente. Así que todo depende del sentido del humor que tenga el lector y de los límites que permita en este aspecto. 

Os recomiendo este libro si queréis encontrar relatos diferentes a lo que (al menos yo) estoy acostumbrado a leer, y si creéis que vais a congeniar con el sentido del humor del autor, algo que a mí me ocurría en ocasiones, aunque en otras me dejaba un poco más indiferente. De lo que no me cabe ninguna duda, es que cualquiera podrá apreciar la originalidad de los relatos de este libro de Todd McEwen.


     CARLOS CARRANZA COMERCIO
                                                               

Las dos señoras Grenville, de Dominick Dunne

2/15/2015 1 Comment

Las dos señoras Grenville podría estar basada en una historia real, donde el personaje de Ann Arden, la viuda negra de Billy Grenville, hubiese sido en realidad Evangeline Crowell, casada con el multimillonario Billy Woodward. Pero podría ocurrir también que todo fuese producto de la imaginación de Dominick Dunne, el magnífico escritor que lleva y trae al lector por las más de cuatrocientas páginas de su novela. En ella, y de una manera impecable, como en un baile orquestado –de esos bailes de la alta sociedad norteamericana que tan bien sabe describir–, nos dirige al son de la sospecha y de la creciente antipatía –a la vez que atracción– por el personaje de la señora Grenville; sabiendo que el in crescendo rítmico de sus andanzas acaba justo como empieza, con su condena, la que toda la sociedad, incluidos sus lectores, le otorgamos desde el comienzo.

La historia está ambientada en el Nueva York de los años 40 y llega hasta finales de los 70. La familia de Billy Grenville es de las más adineradas de la ciudad, y del benjamín y único varón de la saga, se espera lo mejor. Hasta que éste, cansado de una educación demasiado rígida, y una madre demasiado controladora –la otra señora Grenville, podríamos entender, en el doble juego del título–, se enamora de una cabaretera, Ann Arden, rubia, explosiva y con gran experiencia en todo lo relativo a los hombres y en cómo conquistarlos. Desde el comienzo, Alice Grenville se opone a esta relación, no sólo porque el pedigrí de la bailarina no está a la altura del de su hijo, sino porque además, miente sobre sus orígenes, su nombre y hasta su edad. Ann, imparable en su deseo de ascender por la clase más alta neoyorquina, acaba hasta creyéndose enamorada de Billy, y no cesan hasta que la boda se lleva a cabo. En este momento es cuando la familia de Billy comienza a mostrar su perfil más interesante, y el que más justifica por qué su hijo acabó cayendo en los brazos de una mujer tan alejada de sus cánones. Capitaneadas por Alice, la matriarca, tanto ellas como sus hijas llevarán a cabo un juego de doble perfil, donde socialmente aceptan la decisión de su hijo, pero en su fuero interno se consumen de rabia hacia la nueva integrante del clan. La historia, como toda trama abocada al fracaso, continúa su huida hacia delante; llegada de hijos al matrimonio, fiestas de sociedad, negocios imparables, amistades exquisitas… hasta que las fisuras propias de quien construye en arcilla comienzan a aparecer, y en medio de una noche no exenta de alcohol y amenazas, Billy aparece asesinado, en lo que se supone un desgraciado accidente por parte de Ann. Es entonces cuando el clan Grenville jugará su papel más destacado; el de tapar las manchas de la que fue esposa de su hijo, y cubrirlo todo con el manto de nobleza obliga. Sólo un escritor –alter ego de Truman Capote y del propio Dunne– que no precisa conducirse con códigos diferentes a los que Ann entiende, desentrañará la verdad del caso, y mostrará, no sólo las miserias de la viuda negra, sino también las de todo el matriarcado creado en honor a Alice, la señora que encarna todo lo detestable de Ann y la falta de su propio hijo; a saber, el afán por mantener hierático un mundo tambaleante.

Para todos los que alguna vez hemos querido ser coetáneos de Capote y movernos en un swing permanente al son de Glenn Miller. La novela perfecta; la trama impecable; retratos de alta sociedad en la medida justa de su decadencia. Inmejorable.


     CHARO BEJARANO