CRÍTICAS DE CINE Y DE SERIES
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Joyland, de Stephen King


Voy a pasarme todo el verano trabajando en un parque de atracciones de Alemania, así que he alquilado una habitación en un piso compartido de Rust, un pueblito alemán que no alcanza los 4000 habitantes. El alquiler no es demasiado caro y el piso está cerca del parque, así que puedo desplazarme andando y ahorrarme el dinero de los trayectos al trabajo. Comparto piso con dos chicas alemanas y un chico francés. Daniel, el francés, también trabaja en el parque de atracciones. Él llegó al pueblo el verano pasado y, terminada la época estival, decidió quedarse otro año más aquí. Según me contó el día que llegué, la culpable de que decidiera continuar viviendo en Rust fue Claudia, una de las chicas alemanas con las que compartimos piso, de la que dice estar “perdidamente enamorado”. Lo gracioso es que mientras que Claudia no hace más que deshacerse en afectos conmigo, no parece mostrar el más mínimo interés por el cursi de Daniel, de hecho creo que a veces hasta se olvida de que existe.

El otro día estábamos los cuatro tirados en el sofá viendo la tele y Claudia me preguntó que si conocía la historia de Joyland. Cuando le contesté que no, me contó que Joyland fue un pequeño parque de atracciones de Carolina del Norte que a mediados de la década de los setenta se vio obligado a echar el cierre, sumido en la más profunda bancarrota. Al parecer, años antes de la clausura del parque, una chica fue degollada por su propio novio dentro de la Casa Embrujada. Lo más tremendo de aquello fue que aquel tipo se las había ingeniado para salir de allí sin que nadie reparara en él. Claudia también me habló de Devin Jones, un joven universitario que se había desplazado hasta Carolina del Norte para trabajar en Joyland durante el verano del año setenta y tres, pero que finalmente había decidido cambiar sus planes y alargar su estancia. “Fran, se quedó más tiempo porque quería verla a ella, a la muerta. La gente decía que a veces se aparecía el fantasma de la chica”, me dijo con los ojos muy abiertos. Ante mi cara de susto, no pudo contener más tiempo el gesto serio que había mantenido durante toda la conversación y rompió a reír. “¿Es que nunca has leído a Stephen King, mendrugo?”. Me dio un ligero golpe en las costillas. “Te odiaré si no lees nada suyo este verano. Stephen King es uno de los mejores narradores que te puedas encontrar, él no te cuenta la historia sin más, te agarra con fuerza de la camisa y consigue meterte en ella”. Llevaba el pelo recogido y sonreía. “Está bien, leeré algo de Stephen King, pero ahora dime: ¿al final Devin consiguió ver el espíritu de la chica?”, le pregunté. “Tengo el libro en mi habitación. Entra y lo averiguamos, pero te aviso: no me gusta leer vestida”. Entré. La cara de Daniel era un poema.

Joyland. Stephen King. Random. ISBN: 9788415725084. 304 páginas. 11,95 euros. COMPRAR 'Joyland' en Amazon.

8 comentarios: Leave Your Comments

  1. Chan-chan.

    Este no lo tenía fichado, Fran, pero el argumento me llama la atención. Lo acabaré leyendo, porque King me encanta :)

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  2. Bravo por otra reseña - relato :)
    Sin duda tengo que leerme éste. Creo que tiene mejor pinta que nuestro amigo 'El pistolero'.

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  3. Ya me dirás qué te ha parecido cuando lo leas. Es muy cortito y se lee muy rápido. :)

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  4. Pues mira, yo no te recomendaría este libro para empezar a leer a Stephen King.

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  5. ¿Quieres pasar miedo?

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  6. Agradecería dormir por las noches :P

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  7. Si no quieres pasar miedo, te recomiendo '22/11/63'. Y si no te importa pasar miedo, te recomiendo 'It'. Estoy convencido de que cualquiera de esos dos te gustará. ;)

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