El Nicho de la Vergüenza, de Ismaíl Kadaré

6/20/2014

Ismaíl Kadaré conoce de primera mano la dictadura y la opresión de un gobierno. Por eso, aunque ama profundamente su Albania natal, se vio obligado a exiliarse a Francia cuando el régimen comunista que imperó en Albania tras la Segunda Guerra Mundial ofrecía pocas libertades para su escritura. Entendió que las dictaduras y la literatura no congeniaban bien.

Desde luego que, a través de su literatura, Kadaré nos ofrece una visión del Mundo que anhela la libertad, que en aquellas zonas donde no la hay, impera un aire ceniciento, carente de ilusión, gris hasta la profundidad. 'El Nicho de la Vergüenza' es el ejemplo de cómo el Estado autoritario, encarnado en el Imperio Otomano, es capaz de alterar las tradiciones, la lengua, la Historia... la vida normal de un pueblo, para sustituir la cultura nativa de ese territorio por la "oficial" del Estado.

Albania, situada en el extremo oeste de los Balcanes, justo al norte de Grecia, ha tenido una Historia marcada por las guerras y la sumisión a diferentes imperios. Sin duda el imperio que más trató de desmontar el edificio de la nación albanesa fue el de los turcos otomanos. 'El Nicho de la Vergüenza' relata de la forma más cruda y real posible uno de los instrumentos más feroces utilizados por el Imperio Otomano para desnacionalizar un territorio: el Cra-Cra. Un método exhaustivo, profesionalizado e integrado en la estructura del Estado que pretende la total eliminación de cualquier característica exclusiva de un territorio que no fueran las puramente musulmanas. 

Esa política del Cra-Cra era la imperante en aquellos territorios especialmente levantiscos, caso de Albania. Desde el siglo XIV (la novela se sitúa cronológicamente en la primera mitad del siglo XIX) cuando Skanderberg había protagonizado la más larga y conflictiva rebelión contra el Imperio, Albania era considerada una región problemática desde Estambul (capital del Imperio Otomano, antigua Constantinopla y Bizancio). Por eso era seguida con especial interés en la capital la revuelta que el bajá Ali de Tepelena, enviado por el Imperio para gobernar aquella región, estaba protagonizando durante el periodo que abarca la novela. Una revuelta egoísta en la que Alí solo pretendía demostrar su superioridad frente a Estambul, pero que apenas contó con el apoyo de la población albanesa, cansada de Cra-Cra y de años de continuas guerras.

En Estambul no solo las altas jerarquías del Estado estaban pendientes de lo que ocurriera en la lejana Shqipëria (en albanés), sino que la gran masa de población de la capital vivía pendiente del nicho de la vergüenza: un receptáculo público, situado en la plaza de la Media Luna rodeada de otros monumentos, cercana a otros edificios estatales importantes. La plaza del nicho de la vergüenza era un lugar de tránsito para turistas y lugareños, un trasiego de gente constante que Abdulla, guardián del nicho, nos cuenta en primera persona como un espectador más de aquella vorágine de gente engullida por la plaza, atraída por el magnetismo de ver en aquel nicho la cabeza del próximo que había osado contravenir las órdenes de la Sublime Puerta (la más alta jerarquía del estado: el sultán-emperador).

A través de "firmanes", el sultán-emperador sancionaba a aquellos altos representantes del Estado que incumplían su misión, o que defraudaban al Estado... o simplemente caían en desgracia. Aquí entra en escena el mensajero imperial encarnado por Tunxh Hata. Kadaré lo describe de forma siniestra, vestido de negro y con la barba teñida de alheña. Un autómata, la más pura encarnación del funcionario imperial que cumple con su cometido de forma expeditiva: cortar la cabeza de aquél que había recibido el "último firmán", y trasladarla en óptimas condiciones a la capital para ser expuesto en el nicho de la vergüenza.

A mi entender, Tunxh Hata es el personaje más aterrador de la novela. No solo por la imagen que construyes de la descripción del autor, sino también por el perfil psicológico que se ofrece. Un perfil marcado por la obsesión de cumplir su cometido que le lleva a entrar en estados de trance casi sexual. Unas crisis de desdoble de personalidad que sufre en la carroza que lo traslada junto con la cabeza.

La cuestión del lenguaje es algo que preocupa sobremanera a Kadaré. Como resultado del Cra-Cra, los pueblos desnacionalizados han perdido todo vestigio de su antigua cultura pero también de su lengua. En 'El Nicho de la Vergüenza' encontramos el testimonio de cómo un grupo de funcionarios del Estado se encargaba de la tarea de suprimir, una a una, todas las palabras que contenían el idioma del pueblo sometido. Una a una hasta reducir su lenguaje a un mero vestigio que con el tiempo se olvidará. El autor deja claro que esa perdida es insustituible. Perder el lenguaje para una nación es perder toda su cultura, historia, sabiduría... todo. En su lugar, un idioma "standard" reducido a unas pocas palabras sustituirá poco a poco el lenguaje y culminará de esa forma una extraordinaria tarea de borrado, de "reseteo" de naciones enteras.

Por la Historia sabemos que tras las Guerras de los Balcanes (entre 1912-1913) Albania se convirtió en una nación independiente, pero la novela no atisba nada de eso. Kadaré no quiere hacer una historia de Albania, sino bucear en sus orígenes para entender mejor el presente que le tocó vivir. Quiere resaltar que el lenguaje es el más perfecto reflejo de la existencia de una nación, de su vida y evolución, de sus luchas y amistades con naciones vecinas. 

'El Nicho de la Vergüenza' no es solo un lugar físico donde exponer las cabezas de aquellos que han sido condenados a la ignominia. Ese nicho se encuentra en todas y cada una de las acciones que coartan la libertad y abusan del autoritarismo. O así lo entiendo yo. 

El Nicho de la Vergüenza. Ismaíl Kadaré. Alianza Editorial. ISBN: 978-84-206-7257-1. España, 2009. 192 páginas. 8,95 euros. COMPRAR 'El Nicho de la Vergüenza' en Amazon.

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2 comentarios

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22 de junio de 2014, 21:49 delete

Estoy desacuerdo con tu comentario sobre la obra. A mí el libro me dejó sin habla desde el principio. Reconozco mi falta de conocimientos sobre aquella época histórica, pero lo que más me impresionó fue la facilidad para matar una nación, acabas con su lengua, sus fiestas y sus cantos y ya no hay nación. Un libro estupendamente bien narrado.

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22 de junio de 2014, 22:39 delete

Hola! No sé exactamente en qué estás en desacuerdo, pero yo coincido completamente con tu comentario. Gracias por leer el blog!

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